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Capítulo 12 Australia

enero 21, 2007

Una vez despega el coloso aéreo me estiro entre varios asientos
desocupados. Menudo lujo poder anclar todo mi cuerpo en el avión sin
tratarse de una business class.

Varias horas más tarde despertado por los primeros rayos matinales
desde las alturas, me asomo por la ventanilla para apreciar el paisaje
de costa, instantes antes de aterrizar en Melbourne.La vista parece
interesante al poder apreciar mucha zona montañosa y de costa.

Por fin en suelo australiano o mejor dicho en aeropuerto
australiano. Hay una espera de dos horas hasta el siguiente vuelo
dirección Sydney con lo que doy alguna vuelta por la terminal
semivacia a estas horas de la mañana. Presa del aburrimiento, por la
impaciencia busco una zona donde poder fumar un
cigarrito y tomar un café. Parece mentira, pero no hay ni un solo
centímetro cuadrado habilitado para dicho quehacer. ¡Eso sí! enormes carteles
avisando de la prohibición y de los detectores de humo instalados por
diferentes areas,sin olvidar de los dólares apenados para el que se
atreva a dar una calada. Me produce rabia al ver como está permitida
la venta de tabaco a precios astronómicos e incrementados hasta en un
80% de impuestos. Australia, parece que no empieza bien con esta
estúpida ley tajante y contradictoria. Leyendo algún folleto acerca
del país aminoro la espera al siguiente vuelo.

Una hora de nuevo vuelo,por suerte en ventanilla satisface a mi
vista, haciendo contemplar las minúsculas áreas terrestres desde el
aire. Los colores anaranjados del horizonte serán uno de los primeros
recuerdos visibles del nuevo país.

Me encuentro ya en la tan soñada Australia de mi juventud.Todavía
recuerdo cuando en mi etapa estudiantil, me enteré que era el país más opuesto
a España, y que, si se cavase un agujero en territorio español,dicha
perforación vería luz en suelo australiano.Quizás fuera precisamente
por ese máximo distanciamiento a mi país, uno de los motivos principales por los
que siempre me sentí atraído por este territorio. Se cree que Australia fue
descubierta en 1530 por los franceses pero su nombre se debe a que en
1606 la isla fue explorada por los españoles quienes le dieron el
nombre de Australia en honor a la Casa de Austria que reinaba en
España.
.
Al revisarme todo el equipaje, que es mi mochila, me encuentran toda
la artesanía de madera comprada en Bali. Una agente de aduanas algo
rellenita y seria, me pregunta que hago con todos esos productos de
madera prohibidos
en el país, por temas de plagas. Le respondo amablemente que son
regalos para amigos del mundo. No sé si ha sido por lástima o
compasión el hecho de que tras darme el pertinente aviso me
concediera la entrada al país sin requisarme la problemática
mercancía. ¡Prueba superada! A otros pasajeros asiáticos
les hacen dejar paquetes enteros de comida. Ya lo dicen siempre: con
la comida no se juega.

La rigurosidad en los controles no es máxima pues no me detectaron el pequeño
instrumento de Vietnam. Puntiagudo, afilado y de latón, que llevaba
encima mio y al que un perturbado podría haberle dado un muy mal
uso.Tanta tecnología en rayos X y no consiguen detectar algo así.
Eso que llevo unos 15 más de repuesto.

Ahora no se como acudir al centro de la ciudad. En el interior del aeropuerto
hay infinidad de puestos con todo tipo de folletos y publicidades. Uno
no sabe por donde empezar. También hay unas cabinas telefónicas desde
las que se puede reservar alojamiento y hasta te vienen a recoger al
aeropuerto de forma gratuita. Los precios medios más baratos, rondan
los 20 $.

¡Como duele pensar en la nueva diferencia de precios y cultura! Sin reservar
nada me dirijo a la salida en un día soleado con algo de viento. No
hace falta usar manga larga en febrero ¡Que bien!

El centro de la ciudad,está a unos 12 Km. de distancia. Lo más económico
como siempre, es el autobús de línea, aunque por aquí también hay los
llamados pickups, unas furgonetas de más de 10 plazas con
remolque trasero para los equipajes, que realiza paradas en todos los
establecimientos hoteleros, previamente reservados por los
pasajeros.

En la parada de autobús en la que espero, conozco a un asturiano de unos 40
años con sombrero de cowboy. Sospecho que es homosexual por alguna débil
gesticulación facial, su floreada camisa o por el inicio del festival
de gays y lesbianas de Sydney ( Mar di Gras). Mi nuevo paisano de
nombre Álvaro me comenta que estuvo en un par de ocasiones anteriores
en la ciudad.
Decido coger el furgón junto a él por 8 $ a modo de inversión ya que
me interesan sus recomendaciones en primerísima persona. De camino al
centro me explica que en esta ocasión ha venido para conocer el
carnaval tal y como ya había imaginado. Me pregunta si soy homosexual
a los pocos minutos de conocernos. Respetuosamente le respondo que
no. Espero que no tuviese ninguna esperanza puesta en mi. Otros lo
intentaron anteriormente sin resultados,como el caso de un señor bien
situado y educado de unos 50 años que conocí varios años atrás antes
de entrar a la escuela mientras hacia tiempo al inicio de las clases.
El osado personaje llegó inclusive a ofrecerme dinero por ir junto a
él a un hostal cercano a la plaza Cataluña, en pleno centro de
Barcelona, zona por la que existen multitud de chaperos y buscavidas
procedentes de las más diversas nacionalidades. La técnica de contacto
que emplean es la de esperar en un banco, a que se siente alguién en
el que el juego de miradas cómplices hablen por sí solas. Siendo un
crío recuerdo la conversación con ese que lo intentó, hasta que su
persistencia llego a tal punto que de las palabras paso a toquetearme
la mano con todo tipo de piropos persuasivos de convencimiento con los
que opte por no darme a la fuga y aprender algo de una forma de ver
las cosas diferentes a la mia mediante mi intrépida curiosidad. Su
elegante traje y corbata a modo de camuflaje no delataban en absoluto
sus intenciones, al igual que su reluciente anillo de casado que
podría llevar a la más absoluta confusión a más de uno. Durante la
charla ( como si de un pacto de paz se tratara) entre dos bandos
enemigos, el amable caballero de riguroso periódico bajo el brazo,me
explico que en esta vida hay que probarlo todo. Que uno no sabe lo
que se pierde hasta que no prueba cosas nuevas. Sin oponerme a sus
ideas,faltaría más intente hacerle recapitular que no tenía nada que
hacer con el que no piensa igual a él con lo que tras un par más de
intentos fallidos en su constancia por llevarme a su terreno le deje
solito en el mismo banco. No se que tipo de energía desprendo entre el
colectivo de homosexuales, a saber de entre las demás experiencias que
me sucedieron a lo largo de mi vida. Recuero también a otro que me
metió mano de entre un tortuoso trayecto de autobús del que tuve que
apearme por ser acosado en más de una ocasión por otro tipo que
aprovechaba cada frenazo súbito del transporte para rozarme mi
trasero. También al salir de una película de temática gay en la
filmoteca de Barcelona en el que fui convidado a un café por un
respetuoso colombiano que llego a pensar que por el mero hecho de
asistir a la película penso que no me tiraban para nada las mujeres.
En fin retornemos al país en el que estamos para continuar explicando
datos de la ruta, mi ruta.

El trayecto hasta el centro es corto e interesante urbanísticamente
hablando. Se nota la merecida fama con la que cuenta Sidney en cuanto
a su aspecto
limpio y ordenado.Da la sensación de ser una ciudad jóven.Y lo es,
pues a finales del siglo XVIII Australia en sus inicios era descrita
como una tierra lejana y poco atractiva para el asentamiento europeo,
pero para Gran Bretaña tenía un valor estratégico, especialmente
después de perder las colonias americanas. En 1787, el capitán Arthur
Phillip de la marian Real partió de Porstmouth, Inglaterra, con la
primera flota. Los once barcos transportaban un total de 759 presos.
Phillip llegó a la bahía de Botany el 18 de enero de 1788; allí se
encontró con uno de los mejores puertos naturales del mundo. En este
punto levantó la primera colonia europea el 26 de enero (hoy se
conmemora como el Día de Australia). Sydney fue el nombre del
asentamiento; se puso en honor del secretario del interior británico,
Lord Sydney, encargado de los planes de colonización. Por otra parte
se solucionaba el problema del gran número de convictos que poseía en
sus prisiones. Los suministros de comida procedían principalmente de
la isla de Norfolk, a casi 1.600 km de distancia. Después de 1825 la
isla funcionó como prisión de convictos que incumplían las leyes
coloniales; a partir de 1856, se convirtió en hogar de los
descendientes de los amotinados de la Bounty, que por entonces eran
demasiado numerosos para la isla Pitcairn. Asi no es de extrañar de
que con tan rapida colonización no vea durante mi llegada ningún
rostro aborigen por el camino. Como siempre los auténticos habitantes
no están visibles en el punto más estratégico del inmenso país.

Llegamos a King Kross, barrio jóven y de lo más barato para el
visitante. Álvaro tiene reserva en un pequeño hotel donde se alojó
durante su última visita. Acepto
encantado en acompañarle a visitar el establecimiento por si fuera de
mi interés,aunque lo que realmente me interesa no es el lugar sino la
nueva compañía que dispongo a modo de ahorrar mucho tiempo en el
factor búsqueda de cualquier información, sin olvidar que alguién de
la misma tierra es siempre una grata compañía. Ni tan siquiera
dispongo de una guía orientativa y no pienso comprarla, puesto que
como casi siempre, prefiero utilizar la boca y los consejos de la
gente que cruce a mi paso,sea para buenas o para malas
recomendaciones, ahi radica la importancia de descubrir los lugares.

Esperamos juntos en el hotel para ver la habitación mientras me
entero de que tiene 48 años, sin aparentarlos en absoluto y que es
delineante en el Ayuntamiento de Gijón. El hotel es muy correcto en
comparación a los de Asia y el precio de unos 20 $ ajustado en
comparación a lo que aprecie de los folletos de
información del aeropuerto. Ocupamos la misma habitación en la que
empezamos a desempacar cada uno lo suyo. Mientras Álvaro se toma una
ducha en el lavabo comunitario, me fijo en todas las camisas floreadas
y potingues de cremas y demás que ha dejado sobre la cama. Es cierto
eso de que los gays se cuidan mucho el aspecto estético a juzgar por
las marcas y detalles que observo.
Sin ser todavía mediodía descansamos un par de horas antes de ir a dar
una vuelta por los alrededores del barrio que también parece la zona
más alternativa de la ciudad, por la multitud de tiendas para adultos,
albergues gigantescos de buenos y coloristas grafittis por sus
paredes,restaurantes diversos etc.

Paseando hasta las centricas avenidas de la ciudad empiezo a notar un
mayor ambiente de cara al festival, que mañana tendrá su máxima
expresión, al ser el día grande o oficial.

Compro algo de comida en un supermercado ya que durante los próximos
días podría estar todo cerrado debido a la festividad. En la mayoría de
hostales te puedes preparar la comida en cocinas comunitarias.
Mi nuevo compañero de pelo canoso parece una muy buena persona con mucha
sensibilidad. Mi primer día junto a él ha sido un verdadero placer.
Es de noche y hace falta ponerse ropa de manga larga debido al
descenso soportable de la temperatura.

Sábado 6 de Febrero “Mar di Grass”. Acudo junto a Álvaro al centro de
la ciudad, situado a poco más de un cuarto de hora caminando desde
King Kross.En la calle Liverpool hay varios restaurantes españoles
bien situados.
Me hace mucha gracia al ver el cartel del “Spanish Club”, un
enorme restaurante de varios pisos, en el que realizan espectáculos de
música flamenca bajo las ondeantes banderas de España y Australia, al
exterior del edificio.Entramos para ver el ambiente. Se trata de gente
mayor, en su mayoría
jubilados, muchos de ellos de origen español. Conocemos al gerente
del local. Es un agradable sevillano que lleva varias décadas por aquí. Me
enseña la foto del rey y demás famosos españoles que se pasaron por su
restaurante como si de una embajada se tratase. Le comento como está
el tema de trabajo en Australia. Sin visa de trabajo es difícil por lo
que me comenta, aunque de fregaplatos no suele haber problemas- añade.
Sin necesitar a nadie por el
momento en su local me recomienda que acuda más tarde a otro
restaurante español en el que puede que necesiten algo de ayuda. Junto
a Álvaro y ahora en presencia de un andaluz me siento como en casa,
olvidándome por momentos de la tremenda distancia que me separa a
ella. La puerta del local se abre cuando aparece el que es un
guitarrista flamenco peculiar. Es el primo de la gran Carmen Amaya. La
historia de su vida, al más puro estilo de las películas de Alfredo
Landa me hace pensar que todas esas películas de la época,
ridiculizadas por el gran público joven, mantienen algún vínculo real
de lo que a varias personas les sucedió.

CORREGIDOOOOOOOOOOOOO
“…Hace ya muchos años teníamos contratados varios bolos por la
península cuando en uno de ellos
,concretamente en Torremolinos conoció a una joven rubia finlandesa
con la que finalmente se caso. Ahora da clases de guitarra en las
afueras de Sydney.Asimismo me cometa también que en sus inicios en el
país trabajo en restaurantes de la zona donde conoció a Paco de Lucía
del que me comenta que todo lo que aprendió sobre guitarra fue a base
de palos y medio obligado mientras sus amigos jugaban a la pelota
tras la pared de su casa. También conoció en persona al mismísimo Rock
Hudson del que dice era un gay total,de aspecto impecable y con
nombre real español por su ascendencia .Siempre andaba camuflado bajo
unas oscuras gafas para que no le reconociesen. También es amigo
íntimo de Arturo Fernandez, del que no sabe siquiera la fama que tiene
en España.Le pido el telefono de contacto para un posible reportaje
que se me acaba de ocurrir sobre españoles en la la otra punta del
mundo.

La lluvia continúa mientras continuamos esperando en el interior
del acogedor local.Tras amainar un poco el agua nos dirigimos al
siguiente restaurante recomendado en donde nos podrán ceder un buen
lugar para ver el festival. Al entrar en el restaurante de Raquel, una
madrileña que vino a hacer fortuna a Australia, preguntamos por ella.
Han plagado la cocina y se encuentra junto a los empleados y
familiares comiendo. Les comentamos que venimos en referencia del
Spanish Club para ver si en cuanto se inicié el festival nos puede
ceder un sitio para verlo. No resulta ser muy amable. No sé si por
estar en plena comida o que pero nos responde que no hay problema pero
que será difícil ya que en la entrada se amontonarán multitud de
personas que lo imposibilitarán. No me cayo muy bien la dichosa Raquel
y obesa hija como para preguntarle por trabajo.

La lluvia no para de caer, con lo que se me imposibilita el poder
tomar algunas fotografías.A medida que va cayendo la tarde, el centro
se va llenando de personas cogiendo sitio a ambos lados de la vía. Me
despido de Álvaro para ir por mi cuenta en busca de algunas tomas y
para vender posteriormente algunos cuadros de Indonesia.
En alguna tregua que da la molesta lluvia durante la celebración del
festival, en el que se empiezan a reunir multitud de rúas por las
principales avenidas de salida fotografío a algunas lesbianas y gays
sin tener el consentimiento de algunas personas que parecen estar
molestas al retratarles. Me pregunto si estarán de fiesta o solo para
exhibirse.
Caminando calle arriba calle abajo, encuentro un pequeño puesto a la
entrada del pasillo de una galería, donde hay un argentino haciendo
tatuajes de henna. Le comento como está el tema para vender, respecto
a la policía. Por lo visto no hay problema si se es educado.Por el
resto no hay un solo alma vendiendo en la calle, a excepción de alguna
persona suelta vendiendo paraguas de colorines. Esos sí que sabían que
en el caso de que lloviese tendrían el producto estrella.

La multitud se coloca junto a las vallas protectoras para ver las
carrozas, con lo que mi presencia para la venta pasa por momentos
casi desapercibida. Durante un par de horas de trabajo en el que
aprovecho para hacerme un bocadillo vendo tan solo 3 cuadros a 20
$austr.cada uno. Por cada cuadro tengo para pagar un día de
alojamiento. Hoy por eso no pagué el hotel.Y es que hay que ser
estúpido para pagar por anticipado la habitación sin saber a que hora
se llegará tras la fiesta. La hora de salida en los alojamientos de
Australia suele ser a las 10:00 de la mañana, dos horas antes que en
España, con lo que me esperaré en todo caso a esa hora para ocupar de
nuevo la habitación. La ventaja que tengo es que todo el equipaje está
ya en la habitación de Álvaro.

Al vender los cuadros ,calculo que tengo para los 4 siguientes días
con lo que plego de seguir vendiendo debido a la poca cultura
callejera que se palpa por estas tierras. Ahora entiendo porque los
australianos se vuelven locos durante las fiestas en España.

Compro una botella de vino en un colmado y me adentro en el meollo
del gentío para ver la desfilada. El espectáculo de las carrozas es de
lo más cult, lleno de gays disfrazados unos, medio desnudos otros bajo
la lluvia que parece no molestarles en absoluto. Tras disparar algunas
fotos se me para la cámara debido a alguna gota de agua que ha
penetrado en el interior. Me quedo en blanco sin querer pensar que se
ha podido estropear de nuevo al igual que la anterior en Tailandia .
¡¡¡Maldita agua!!!!!, es el peor enemigo para una cámara. Me protejo
al cubierto de un edificio mientras retiro en primer lugar la batería
para que no se produzca un cortocircuito y empiezo a secarla con mucho
cariño y esperanza. Tras unos minutos de espera al darle cual calor se
daría a un hijo con frío,la cargo y me vuelvo loco de alegría al
comprobar que funciona de nuevo.¡¡Menudo susto me había llevado!!!.
Decido no utilizarla ni un segundo más mientras caiga una sola gota de
agua por muy débil que sea.
Satisfecho por la resurrección del aparato, la guardo en la nueva
bolsa rodeada de las telas de Indonesia y me dispongo a dar un gran
trago de vino para celebrarlo. Casualidades de la vida, tras ingerir
el líquido se me acerca una jóven de muy buen ver la cual me solicita
fuego para encender su cigarrillo. Me comenta que es de Canadá y que
ha perdido a sus compañeros cuando instantes después me comienza a
besar de forma frenética ante mi asombro. Esto si que es una
celebración en toda regla,jajajaja. Continúo hablando durante unos
instantes hasta que regresa su grupito junto al que parece ser su
novio enfadado. En ese preciso instante desaparezco por la ya
evidencia de que es su pareja y regreso al mismo puesto al comprobar
que ya se han marchado. Al regresar un señor me comenta la situación
que acababa de ver. Y me dice algo así como menuda juventud la de hoy
día. Fue una situación estrambótica al fin y al cabo.

Son pasadas las 21:00 momento de mayor auge de la fiesta. El
desenfreno de algunos se inicia ya. Las colas de los locales por los
que paso son tremendas, pudiendo ver a todo tipo de gays desde los
llamados bears peludos a esas mariquitas de playa afeminadas a más no
poder, pasando también a los llamados leathers y thais, estos últimos
lógicamente de procedencia asiática y de rostros aniñados con el
cuerpo totalmente depilado. Los llamados leathers visten con trajes de
cuero de lo más sugerente, que asustaría al más valiente en un pequeño
callejón oscuro y solitario si no se tratase de un carnaval. En el
interior de algún local que diviso desde la calle, se ven a todo tipo
de parejas besándose como si de un espectáculo porno se tratase. No me
dan ganas de entrar a ninguno de los locales por los que paso ya que
son todos de pago y el ambiente no es de mi estilo. Al acabar las
carrozas transito por la calle que lleva a los Estudios Warner, donde
se va a iniciar una macro fiesta con miles de personas en su interior.
Solo la entrada cuesta alrededor de los 100 $. Mientras empiezo el
botellín que agarré en el avión pasan un grupo de 4 amigos algo ebrios
y de gran tamaño, uno de los cuales lleva el culo casi al aire. Uno de
ellos se para a tomar un trago junto a mí. Ha venido desde Melbourne y
me dice donde hay locales normales de fiesta y gratuitos. Ellos se
dirigen a uno de ellos que no está muy lejos.
El local al que entramos tiene varios pisos con música electrónica.
Ojalá hubiese mejor música tipo rock. El enorme chico del grupo al que
me junté no para de invitarme a cervezas al saber que tipo de viajero
soy. Acudimos a un nuevo local en el que dejo la bolsa en el mostrador
y me siento por fin sin ningún tipo de atadura para poder mover algo
el cuerpo, que ya era hora. En la parte alta del local hay lo que es
el primer joven aborigen que veo borracho perdido con un gran
pendiente dorado en una de sus orejas. Me recuerda al aspecto sin
faltar de la imagen de típico gitano con pelo corto por adelante y
largo por atrás y ese pendiente característico en algunos de ellos.
Parece un buen tipo mientras se mezcla con el resto de la gente
blanca. En España se vería extraño el hecho de ver a un gitano en un
local de esos modernos.imagino que los porteros ni lo hubiesen
permitido con la mierda esa de Reservado el Derecho de Admisión.Junto
al joven aborigen se encuentra su madre también borracha perdida y sin
parar de reír. Al presentarme me mete otro beso en los propios morros
a modo de bienvenida. Sinceramente preferí el beso de la canadiense.
Parece que sea normal por aquí que sea la hembra la que bese el morro
del hombre.
Acabamos en otro local, en el que me doy cuenta de que tras tantas
invitaciones a cervezas parece que haya algo que intercambiar.
Mientras el compañero acude al lavabo aprovecho para perderme por la
pista durante un rato antes de marcharme del local.
Son solo las 6:00 de la mañana y continúa la fiesta. Tengo tanta
hambre que me permito comprar un bocadillo en uno de esos locales
abiertos 24 horas para no esperar a hacérmelo en hotel. Son las 7:00
de la mañana y pruebo de colarme en el hotel. Al timbrar a la puerta
me abre un nuevo recepcionista al que no había visto al día anterior
con lo que me hago el tonto sin decir nada y me dirijo a la habitación
en la que ya se encuentra Álvaro descansando. Me comenta “menudo
festival “antes de acostarme rendido en la cama que me salió gratis
por hoy.
Sobre las 12:00 de la mañana llega un nuevo inquilino a la habitación
para ocupar la cama en la que me encuentro. Deshace su equipaje y se
marcha, permitiéndome dormir en la que ya es su cama. Que pena que
hayan metido a otro inquilino en la misma habitación que ya no podré
ocupar de forma gratuita mientras permanezca el asturiano.

Nueva jornada en la que me toca pagar habitacion.Concretamente una
habitación enterita con televisión y neverita para mi solo.Asi si que
da gusto pagar los 20 dólares australianos que cuesta.Tras el
confortable descanso de un par de horas me avisan de que la habitación
está reservada para un inquilino que llegará el mismo día ,quien la
ocupa pagando más por no tener ninguna compañía ajena.Menuda pena
dejar tan reconfortable habitación.No quiero pensar ni lo que debe
costar ocupar una habitación de mayor tamaño con algún pequeño lujo
como si de un mini apartamento se tratase y para una sola persona.

Mi nueva habitación la comparto con un ingles de unos cuarentay tantos
años,quién se encuentra leyendo relajadamente desde la cama
superior.Nos presentamos y comenzamos a charlar sobre nuestras
situaciones.La suya en concreto es la de que trabaja en un bar y en un
establecimiento durante medio año para el resto del año acudir junto a
su mujer de Laos y su pequeño de corta edad.Con lo que gana en medio
año por aquí se pasa otro medio en Laos junto a su nueva
familia.Instantes después de la conversación me acompaña a una pensión
en la que hay un tablón de anuncion para trabajos en hosteleria.No hay
mucha oferta a día de hoy.Solo se ven anuncios para compartir gastos
de viajes a otras partes del país.

Aprovecho ya descansado para acudir caminando hasta el centro a traves
de grandes avenidas ordenadas antes de llegar a Hyde Park y a la
archiconocida ópera de Sydney donde tomo las fotos obligadas desde
diferentes ángulos.Se nota que es la zona más turistica de todo
Australia,junto al embarcadero donde se toman los diferentes ferrys
hacia otras zonas de los alrededores.Camino sin parar durante horas y
horas llegando incluso a cruzar el tramo total del enorme puente desde
el que se divisa buenas vistas de toda la ciudad.Agotado por hoy dejo
parte de lo que me queda por ver del centro para el próximo día ya que
está anocheciendo ,momento que aprovecho para disparar alguna
panorámica desde lo alto del puente.

La nueva visita por el centro de la ciudad me hace empezar en una
agencia de trabajo temporal ,en la que no me prestan mucha ayuda por
lo que aprecio.Aprovecho para hacer internet desde la oficina con la
excusa de buscar una direccion que ni me anote.
Continúo adentrandome por las galerías Victoria, que da nombre al
estilo de las mismas.Su estilo es puramente ingles.Está compuesta de
unas 3 plantas de forma muy alargada y con un gran reloj de figuras en
movimiento en su centro.Vitrinas de cristal coloreado como el de las
iglesias y barandillas y materiales diversos de madera.También es muy
vistoso los rótulos con el nombre de cada tienda.

Junto a la proximidad de las galerias paro a tomar un café en un bar
sencillo cuyo gerente me reconoce el acento y me comenta que es de
Asturias.Le pregunto cuanto tiempo lleva y me responde que mas de 40
años.Aprovecho para pedirle ayuda en referencia al trabajo que
busco.Me dice que el no puede ayudarme ya que le sobra ayuda más que
le falta.Me ha caído bien y se nota que es sincero.Me invita al café y
me despido agradecido de un compatriota que aunque ande por estos
lares lleva su patria en el alma tal y como me explica.Que pena le
debe dar cuando recuerda su juventud y a su familia a la que puede
visitar imagino cada tantos años.

Conozco la zona de Chinatown compuesta de una sola calle principal sin
mucho encanto.En una de esas tiendas que aprecio de segunda mano
pruebo a vender la cámara pequeña y antigua reflex que llevaba para
emergencias aunque sin mucho éxito.

Caminar durante una jornada unas 8 horas se hace algo habitual aunque
también tiene sus momentos exhaustos,con lo que decido hacer algo
extraordinario como es coger el transporte público hacia King Kross,no
sin antes pararme a escuchar a un guitarrista del que alucino al darme
cuenta de que está tocando versiones de Neil Young en el ambiente
urbano que más lo asocio como es la entrada al metro .No lo hace nada
mal y solo por un puñado de míseras monedas que veo que le han caído
en media hora.No me atrevo a darle ninguna de las pocas monedas de que
dispongo ya que no se cuanto me sale el billete hasta mi zona y ya me
conozco la famosa ley de Murphy en la que por ayudarle a él me
fastidio yo sin poder alcanzarme a coger el transporte.No sería la
primera vez que me sucedería algo así.
Dos dólares es el precio que me cuesta el billete.Al llegar a la
pensioón me encuentro a uno de los inquilinos fijos por aquí.Es un
francés de unos 50 años de Lyon que también busca trabajo.Me comenta
que en Melbourne es mucho más fácil que por aqui.Viste con ropa de
andar por casa y me invita a un café mientras me enseña recorridos que
ha realizado por el país.
Le comento mi situación y acabo vendiendole un par de cuadros de
Indonesia .No se si me los ha comprado por ayudarme algo o porque
realmente le gustaban ,cosa que no note en exceso en su mirada.

No se que hacer .Sydney está visto y no quiero perder más tiempo por
aquí pendiente de un trabajo.Imagino que lo más fácil es trabajar en
poblaciones más pequeñas recogiendo fruta de cualquier tipo.

Me informo de salidas y precios dirección Melbourne.El precio es
inferior al que me esperaba unos 40 $ aus por un trayecto de 12 horas
junto a un flyer de un alojamiento con desayuno el 1 día.Quedan 2
horas para la salida,hay alguna plaza todavía y está a punto de
anochecer con lo que decido salir a la nueva ciudad de forma
precipitada.Regreso al hostal en el que no pagaré la nueva noche ya
que aprovecharé a dormir en el bus de dos plantas en el que finalmente
y para mi sorpresa no está casi nada lleno con lo que ocuparé varias
plazas para descansar lo mejor posible.En una de las paradas que
realiza para repostar veo el monumento del gran merino ,una oveja
típica de australia algo más gorda de lo normal.La pequeña población
no tiene absolutamente nada interesante excepto la estatua más grande
del mundo de la ovejita y una emisora tipo country junto a la tienda
de ropa que forma parte la estatua de unos 8 metros de altura.Parece
que les encanten estos tipos de records ,absurdos, pero que al fin y
al cabo hacen conseguir el objetivo que busca una pequeña población
,como es el hecho de que se les conozca por algo.La temperatura
nocturna por aquí es mucho más baja que en Sydney.

LLegada a primerísima hora de la mañana a Melbourne, donde los
primeros rayos de luz iluminan la nueva ciudad.Nada más bajar del
vehículo algunas personas recogen a gente en dirección al alojamiento
pertinente.Para el centro que busco no hay transporte,lo que me da
rabia hasta que averiguo que el motivo es porque el establecimiento se
encuentra a tansolo unos 400 metros.De nombre All Nations,debido a las
diversas nacionalidades de la gente que acude por aqui ,me hace
observar mientras realizo la reserva las varias plantas que ocupa el
edificio.Es realmente enorme para tan pequeña entrada en la que una
enorme bandeja de fruta al recién llegado.Quedan varias horas para
ocupar la habitación por el check in,aunque eso no es motivo para que
no me den habitación.En Sydney eso hubiese sido más difícil.
Aprovecho para descansar unas pocas horas en la habitación que me
pertoca en la que varias cabezas asoman en las demas literas ocupadas
de la habitación.Recompuesto tras unas horas de acomodamiento más
confortable que los asientos del autobús inicio la visita a la ciudad
a través de los tranvias gratuitos que recorren todo el sector centro
de la ciudad.El sistema de transporte gratuíto es original ya que solo
bordea toda la zona centro en un recorrido cuadriculado.Parece una
ciudad muy ordenada,de gente y ambiente más jóven que Sydney.Para mi
desgracia averiguo que el festival Moomba de Melbourne acabó el día
anterior a mi llegada.Que rabia me da que haya coincidido con el Mar
di Gras de Sydney.Pruebo igualmente de vender algún cuadro en una zona
próxima a unos grandes jardines en el que multitud de personas
practican piraguismo por el rio que lo atraviesa y donde algunos
operarios acaban de desmontar los escenarios del festival ya
finalizado.En unas cuatro horas vendo un solo cuadro,lo que me
permitira pagar la siguiente noche de alojamiento y
manutención.Finalizo mi primer día de visita a la ciudad cruzando a
pie alguna calle céntrica en busca de algún supermercado en el que
comprar algo de comida para prepararla en la cocina del hostal.Sin
mucho hambre como de costumbre ya que soy de esos que prefieren picar
varias veces al día acabo preparando dos sobres de nodlles tan
característicos y baratos para el viajero de estas latitudes. En España
no se siquiera si existen esos sobres de pasta pra calentar con agua
para tomarlo como un caldo con sus especias. El precio de cada porción
es de 0.5$ solamente. Acabo en el bar tomando la cerveza gratuita
de bienvenida con la que te obsequia el establecimiento. La mayoría de
la clientela del contiguo bar perteneciente al mismo hostal, esta
repleta de inquilinos del mismo centro. Conozco a un alemán de esos
rubios a más no poder que también viaja solo por Australia y a un par
de japonesas y americanos deseosos de beber una cerveza tras otra.

Busco anuncios en prensa para trabajos pero parecen serios,con lo que
imagino que solicitaran la visa de trabajo en la mayoría .En el tablón
de anuncios del hostal pocas ofertas laborales. Un anuncio indica de
informarse en una oficina del edificio para tramitar las visas
pertinentes tras previo pago de 150$. Prefiero evitar este pago
y continuar aunque sea vendiendo algún cuadro que otro para sufragar
los gastos básicos del día a día.

Sin tirar 150 dólares de menos en la cuenta ,camino por el centro de
la ciudad a ver que se cuece. Busco anuncios por las farolas en busca
de alguna oportunidad,pero por aquí la publicidad en farolas y paredes
son más para espectaculos que para trabajo.Mientras descanso en un
banco observando a los transeuntes se sienta junto a mi un señor de
cierta edad al que le expongo mi caso tras un rato de dialogo.Procede
de India tal y como lo testifica la fotografía de una de sus nietas de
profesión modelo en India (donde se meterían mujeres como esa cuando
esstuve por allí) aunque tiene toda su vida montada por aquí,aunque
ahora está ya jubilado. Está relacionado con el sector de la hostelería
y sorprendentemente me hace acompañarle a un bar cafetería en donde me
convida a una bebida y a un par de empanadillas sabrosas con algo de
picante.Me da su teléfono de contacto para llamarlo en un par de días
para un posible trabajo en la cocina de un contacto suyo. Más animado
que a tan solo una hora anterior veo la ciudad de otra manera. Averiguo
en pleno centro y de casualidad un centro de ayuda en donde se puede
dejar equipaje sin pagar aunque sorprendentemente hay menus de comida
a precios nada regalados. Camino alrededor de los paseos junto al río
atravesando el diminuto barrio chino junto a edificios modernos de
negocios. Los callejones por los que atravieso son al más puro estilo
de películas americanas de grandes urbes como Nueva York. Con algo de
hambre me paro como excepción en una hamburgesería de cuyo nombre
prefiero no mencionar por la evidencia en donde resultan hacen una
oferta idónea para gente como yo.La oferta es una promocion de que hay
un 33% de posibilidades que al pedir un menu salga un premio seguro en
alguno de los productos típicos.Sin llegar a pedir el menu abro el
papel de un vaso de refresco en el que para mi sorpresa pone
hamburguesa con queso gratis.Espero en otra mesa a que se vayan los
clientes que ni siquiera abriron el papelito insertado en la tapa del
refresco y las patatas en el que para mi 2 sorpresa hay un 2 premio de
unas patatas gratis. No me lo puedo creer de tres papelinas me han
tocado una hamburguesa y unas patatas.Mucha gente parece no haberse
enterado de que hay dicha promocion de productos gratuitos.La oferta
de productos gratuitos dura hasta dentro de un mes con lo que me veo
comiendo en parte gratis durante las próximas semanas .Con el estomago
más lleno acabo la jornada acudiendo a una feria de turismo cercana en un
pabellon ferial junto a un gran parque cercano. La feria consta de
varios expositores de países cercanos como Nueva Zelanda donde
contemplo unas fotografias de naturaleza extraordinarias que espero
verlas en directo en unos 2 o 3 meses. De regreso al hostal paro
nuevamente a sentarme en un banco donde contemplo a la gente caminando
en busca de lagún bar donde pasar el inicio de la noche. Es Viernes y
esta algo animado pero no me dan ganas de salir. Se sientan junto a mi
dos jovencitas bien arregladas y de pequeña estatura con aspecto de
tailandesas a las que pregunto sobre su procedencia. Resultan ser de
Malasia y llevan muy poco tiempo por Australia en busca de trabajo. Al rato
se nos acerca un señor con un folleto sobre Jesús al que le comento
que ojala sea ese personaje el que nos ayude a encontrar algo de
trabajo. Me comenta entre risas que solo tengo que creer en algo para
conseguirlo y me llama a un numero de información donde me pueden
pasar más telefonos de información para mis propósitos.

En el bar del hostal donde acabo pasando parte de la velada
compartiendo algunas jarras de cerveza con compañeros de cuarto me
comentan que son fiestas en Adelaida,cosa que me motiva para acabar de
vender algún cuadro de forma rápida e idónea.Decido poner punto y
final a Melbourne en cuanto me levante al día siguiente.

Realizo el check out donde solo me han cobrado 10$ de los 40
que debía. No digo nada, como debería honestamente decir, pero tampoco
me sobra el dinero, que puedo necesitar para asuntos más importantes.
Los horarios hacia Adelaida son por la tarde con lo que aprovecho el
día para visitar el barrio de
San Kilda junto a un pequeño parque de atracciones junto al mar, que
contemplaron mis ojos a través de los folletos informativos que hojee
en anteriores ocasiones.Se nota que es un barrio más jóven debido
imagino a los precios más bajos del suelo inmobiliario.La zona de
playa no es nada especial y las calles son de lo más normalitas.

De regreso al centro de Melbourne, para recoger la bolsa y tomarme una
ducha que me es permitida fuera de horario, tomo el nuevo autobús
también en esta ocasión semi-vacío en el que me aguardan 11 nuevas
horas de viaje que aprovecharé para descansar ,ahorrandome el
respectivo alojamiento.

LLegada a la nueva ciudad australiana de Adelaida.Sin disponer de
ningún tipo de información donde alojarme busco alguna información en
la misma estación de autobuses.Al no permitirme dejar el equipaje en
la estación hasta que encuentre un establecimiento, me toca cargar
todo a hombros con la esperanza de no tardar mucho en encontrar
algo.Mientras camino por las calles completamente vacias de la ciudad
me voy cruzando con algún borracho de regreso a su hogar.Es síntoma de
que realmente hay fiestas donde espero poder trabajar algo.Comparo
algún que otro establecimiento ya que los primeros que localizo o
están completos o son algo caros.Finalmente encuentro una casa
particular reformada para hostal.Ocupo una habitación compartida con
dos chicas alemanas y dos camas más vacias.El propietario de la casa
tiene cara de poca cordialidad.Me sirvo el desayuno bajo su atenta
mirada como si estuviese pendiente de estar a la espera de que haga
algo mal para recriminarmelo.Me cargo la bolsa pequeña con los batiks
de Indonesia para comenzar la busqueda de un lugar en el que ponerme.

Mientras camino hacia el centro de la ciudad me percibo de la
estructura urbanistica de la ciudad.Grandes calles tipo avenidas con
edificios o comercios de un par de plantas de altura.Al llegar a lo
que parece una calle solo peatonal del centro me para para escuchar
alguno de los conciertos que se estan realizando.Destacable y
rememorable el concierto de unos irlandeses con faldas ,gaitas y una
especie de laud electrico tocando versiones de rock de una forma
curiosa.Acabo escuchando todo el concierto debido a que es un estilo
innovador que me agrada mucho.Tienen un cd a la venta que no me
permito comprar por el momento aunque me tienta comprarlo sin pensar
que sale al mismo precio que una noche de alojamiento.Tras el
concierto me acomodo en un banco de un gran parque donde realizan
algunos espectaculos circenses.No hay ningún vendedor ambulante,lo que
me hace estar algo inquieto.Sin problemas a la vista saco la mercancía
para mostrarla al visitante.Se que no tengo la mejor presentación para
el producto pero amontonando las telas sobre un plastico de forma
visible encima de la hierba ya reclama la atención y curiosidad de
algunas personas.No tengo idea de que precio poner.Imagino que variará
en función de la persona interesada.Unos 20 dólares australianos para
los bien vestidos y 15 para los jóvenes ,los que me regateen o al que
simplemente me caiga bien.Una hora sin vender un solo batik me hace
replantear si cambiarme de sitio o desistir por hoy.Al fin una señora
de cierta edad se interesa por las telas las cuales parece conocer
según me dice.Pasándolas una tras otra hace que otros vianantes se
interesen por el producto.Le vendo un par de cuadros a 30 dólares.Ya
tengo para otra noche de alojamiento y la comida.Un par de horas más
de trabajo me hace tirar para 4 días más.Me verifican varias personas
que hoy es el último día de las fiestas en Adelaida ,lo que me hace
estar alguna hora más trabajando ya que sin fiestas el volumen de
ventas disminuye en picado.Porqué la gente comprará más durante las
fiestas.Estar predispuesto a gastar dinero no tendría que reservarse
unicamente durante las festividades populares o cualquier otra
índole.He conseguido reunir dinero para aguantar una semana de forma
tranquila.Prefiero ir vendiendo de esta forma a medida que voy
recorriendo diferentes lugares que no establecerme en un solo destino
para realizar un trabajo estático.A falta de un par de horas más de
luz ,recorro la transitada King William Street para contemplar algún
que otro espectáculo humorístico o musical.Un dato de interés para el
viajero en Adelaida es que existen varias líneas de autobús gratuitas
para promocionar las conexiones por el centro de la ciudad.

Por la noche en el hostel no hay casi ningún inquilino en el salón
-comedor para ver algúna película por televisión.

Averiguo un hostal más barato ,más grande y con muchos más inquilinos
de temprana edad.Esta situado en Cannon street junto a la estación de
autobuses .Como diantres no lo vi cuando llegué a la ciudad.Me hubiese
ahorrado una caminata considerable.Me instalo en un cuarto con unas
seis personas más ,en su mayoría ingleses.La mayoría de la gente del
hostal está a la recerca de algún trabajo en el campo.Me informan de
que es bastante fácil conseguir un trabajo por la zona.Poco a poco voy
intimando con un grupo formado por Sarah una joven inglesa de 22 años
algo alocada y hippy, Mark un chico de Manchester de 34 años,Steve de
Birmingham con 24 años y GJoey un jóven japones algo peculiar.Por la
noche en el hostal se organizan actividades como torneos de ping pong
,el cual gano obteniendo una pizza de regalo.El albergue dispone de un
bar propio en el que tomo alguna cerveza junto al nuevo grupo en el
que me he integrado.La mayoría del grupo se pasa el día en el hostal
ya que conocen la ciudad al llevan varios días en ella a la espera de
obtener un trabajo.Aprovecho para visitar la cercana población de Port
Adelaida situada a unos 10 Kilómetros de distancia.Nada más llegar me
meto de cabeza a un puesto de información turístico para ver que hay
de interés ya que me da la impresión de que realmente no hay mucho que
ver.Minutos más tarde atentido por una de esas viejecitas típicas con
aspecto de bonachona me cerciono de que no hay casi nada de
interés.Una pequeña zona portuaria de carga ,donde acuden delfines que
no veo y un sencillo y pintado faro rojo.Camino en dirección a la
playa situada a unos 3 kilómetros de distancia.A veces es interesante
detenerse en zonas sin atractivo para el visitante para darse cuenta
de que hay muchos más lugares para visitar ,aunque estos no salgan ni
en las guías.Si en algo me doy cuenta en mi andadura por esta zona
sería de que lass casas parecen ser de segunda residencia con lo que
tambien puedo apreciar otro estilo de vida muy parecido a mi forma de
verlo a España.La zona de playa es normalita aunque la vegetación
mejora mucho a la zona de costa.Mientras camino de regreso a la parada
de autobús unos jóvenes me invitan a tomar una cerveza en el jardín de
su casa.Están haciendo mudanzas.Hablandoles de mi periplo por Asia me
explica uno de ellos que al igual que mi amigo Luís también contrajo
malaria por unos días.Me comentan también que en los próximos días se
celebra en la misma playa un campeonato de cometas conocido en dicha
población.

De noche en el hostal el grupo me comenta que la busqueda laboral
les ha hecho perder algunas monedas y tarjetas telefónicas .Les
entrego varios anuncios recortados de revistas que he ido
acumulando.La mayoría son de recogida de fruta.

A través de un folleto me entero de la existencia de uno de los
parques o reservas de animales en libertad más importante de
Australia,el Clealand Wildlife Park.Su importancia radica en la
preservación de especies en peligro de extinción como los
archiconocidos Koalas o los wombats o diablos de Tasmania,sin
olvidarnos de los diferentes tipos de canguros como el rojo o el azul
de aspecto algo mas pequeño al conocido por todos.Alquilo una
bicicleta para acudir hasta el parque situado a unos 40 kilómetros de
distancia.Tres horas de recorrido me hace acercar a una zona forestal
con muchos pinares de aspecto mediterráneo aunque de mayor tamaño y
altura.La entrada al parque sale por unos 8 euros al cambio.Siguiendo
el mapa del parque me acerco hasta la zona en la que habitan los
Koalas.Veo el primer Koala de mi vida y me hace gracia pensar que más
de uno habrá hecho miles de kilómetros para ver a estos marsupiales
tan estáticos y protegidos a la sombra sin casi moverse a excepción de
cuando recogen alguna rama de eucalipto que forma parte de su
principal dieta.Realmente parecen muñecos de peluche,sobretodo las
crías de aspecto mucho más pequeño y gracioso con su color grisacio y
su nariz que parece ser de plastico negro y suave.Mientras les observo
una de sus cuidadoras saca a uno en brazos ,momento que aprovecho para
acercarme y poder tocarlo y sobarlo para saciar la curiosidad de saber
lo que se siente al tocar a un ejemplar de animal en vias de
extinción.El tacto al tocar su pelaje es muy suave.Sin querer paso mi
mano por su cabeza hasta que la cuidadora me avisa en tono alto de que
eso no es bueno para el animal.Me quedo con la duda de porque se le
puede tocar todo el cuerpo y no la cabeza,en fin alguna lógica algo
absurda habrá.Me tomo la foto típica y obligada solo junto al
animal,sobretodo al saber que en la proximidad al terreno en el que me
encuentro los visitantes deben abonar unos cuantos sólares más para
tomarsela junto a un decorado de fondo con dibujitos tontos montado
para el turista .Continúo la visita por el parque en el que la
multitud de canguros me hace dar cuenta de que no estan realmente en
libertad.El motivo,estan totalmente parados,sin poder ver realizarles
esos saltos de libertad de varios metros de distancia.Están totalmente
acostumbrados a la presencia de los humanos ,los cuales les dan comida
comprada en el mismo parque.Uno de los canguros a los que me acerco a
máss no poder está sentado a la sombra en una postura muy cómica ya
que tiene las dos patas delanteras cruzadas en aspecto similar a la de
una persona sentada de brazos cruzados.Otro de los canguros esta
chupando las pocas gotas de agua que brotan de un surtidor destinado
para el riego.En la zona de los canguros hay multitud de emus,esas
aves muy parecidas al avestruz pero de color más oscuro.Me acerco con
algo de respeto hata un par de metros para fotografiarlas ,su mirada
amenazante me hace tirar hacia atrás para evitar su más que posible
picotazo.Continúo el recorrido con los diablos de Tasmania.Hay un par
de ejemplares muy activos y sonoros a través de sus fuertes rugídos
malvados que hacen honor a su nombre.También hay wallabies y
wombats,XxXXxXxXxxxxXXXXXXXXXXXXXX DECIR QUE TIPO ANIMAL ES

,cuerpos espines enormes ,pelícanos y reptiles completan el resto de
animales del parque que en conclusión me ha merecido la pena su visita
al ver en conclusión que en definitiva los animales están más en
libertad que en cualquier parque zoológico.De retorno a Adelaida cruzo
por campos de fresas y viñedos.Al llegar a la salida de Adelaida
donde arrende la bicicleta pierdo el último bus en dirección al centro
con lo que no me queda otro remedio que caminar unos pocos
kilómetros.Al llegar al hostal los compañeros me comentan que es
posible que todos puedan trabajar en la vendimia a través de uno de
los anuncios que les pase.Me hace gracia probar el trabajo junto a
ellos con lo que en unos días me enrutaré a probar aunque no dispongo
de visa de trabajo como ellos que si la disponen al ser ingleses.

En nuestro último día en Adelaida acudimos a Gleneng,una población
costera de veraneo cercana ,la cual ya visité varios días atrás.Para
llegar a ella se puede tomar un tranvía de época por un 2 de dólares
con posibilades de retornar de forma gratuita si el regreso lo
realizas en un intervalo de menos de 3 horas.Los promotores del
tranvía son jubilados de la tercera edad ,quienes estan orgullosos de
poder dedicar su tiempo en la promoción de tan digno transporte.Las
playas no tienen nada que envidiar a las de Barcelona y en ella hay
multitud de personas realizando Kite surf,con un viento de fuerza
considerable para realizar tan hermosas maniobras acrobáticas.Nos
tiramos en la arena durante un rato y me imagino el frío el que debe
hacer en España en pleno invierno.Parece mentira que el clima pueda
afectar al estado de ánimo.Sin ganas de continuar en la arena tumbado
sin nada que hacer ,me voy a a dar una vuelta por el paseo marítimo
mientras observo alguna bonita casa costera de aspecto colonial
inglés.

A última hora de la tarde me encuentro de nuevo al grupo en la
estación de autobús de Adelaida ,donde tomaremos una línea regular
dirección Barossa Valley (zona vinícola de fama internacional ),donde
nos confirmaron la posibilidad de trabajo en la vendimia.A dos horas
de distancia y 10 $ aus. más pobre, se encuentra Tanunda,un pequeño
pueblo de paso.Hemos quedado en la gasolinera de la zona donde el
capataz nos vendrá a recoger.De golpe aparece un truck que para ante
nosotros .Es el capataz con gorro y aspecto de cowboy.Me siento como
si estuviera al más puro estilo tejano.Nos metemos todos en la
camioneta destartalada hacia la caravana en la que nos aloja.Unos se
montan la tienda de campaña y otros dormiremos donde podamos en el
interior de la caravana.Es de noche y la temperatura baja varios
grados.Recorremos las instalaciones de la fabrica donde se encuentra
la maquinaria que transforma la uva en vino.Tras la visita acabamos
tomando unos vinos de la casa Murray en la entrada de la tienda
oficina.Hablando sobre vinos sale la zona de la Rioja,la cual parece
conocer bien por pertenecer al gremio.Me hace gracia pensar que una
zona tan pequeñita de España es conocida desde la otra punta del
mundo.Unas risas entre vino y vino nos hace dar cuenta de que nos
gustaria ir a algún local con algo de ambiente pero el problema es que
nos encontramos en medio de la nada con lo que resulta algo difícil.

Nos despertamos al alba y comenzamos el trabajo a las 8:00 de la
mañana en cuanto llegan el resto de trabajadores procedentes de canada
y inglaterra en su mayoría.El trabajo obviamente es sencillo aunque se
necesita practica para hacerlo de forma rápida .Los primeros cortes de
los racimos de uva hacen gracia pero tras unas cuantas horas se hace
monótono y aburrido.Menos mal que se puede ir hablando con la gente y
tomar alguna que otra uva para refrescarse .Paramos media hora para
comer y continúamos el trabajo en el que me llevo un pequeño corte en
el pulgar con motivo de la competencia que hacía con uno de los
compañeros para saber quién
llenaba primero un cesto.Al acabar la jornada recogemos las
pertenencias para buscar un alojamiento en el que instalarnos.Acabamos
en un camping alquilando una caravana para los cinco.El precio sale
por 18 $ por persona y día .Le comento al grupo que lo veo excesivo
con lo que permaneceré solo unos días hasta que encuentre algo más
económico o en tienda de campaña gratis.Una vez instalados vamos a
comprar comida a un supermercado y a visitar un poco los alrededores
del pueblo.Realmente mientras caminamos nos damos cuenta de que no hay
nada que hacer en este pueblo,esto puede ser aburridísimo.Preguntamos
a unos jóvenes en skate si hay algún bar o pub por la zona y nos
comentan que solo hay un par.Menos mal que estamos en grupo para
divertirnos algo entre nosotros mismos.Son las 20:00 de la tarde y el
supermercado está cerrado.No tenemos nada de comida y solo hay un par
de restaurantes caros por la zona.En uno de ellos se anuncian todo
tipo de comidas alemanas,por lo visto hay una colonia alemana
importante en esta parte del interior de Australia.Le preguntamos a
uno de sus encargados donde podemos conseguir comida y nos responde
que no hay nada a estas horas .Nos dice que esperemos un minuto a su
vuelta con una barra de pan y unas salsas.Algo es algo aunque parece
más un detalle mísero que de ayuda si procede justamente de un
restaurante.Nos quedamos todos con hambre a la espera de un nuevo día.

Para ir al trabajo situado a unos 10 kilómetros debemos tomar un
taxi.Esto es un gasto considerable para tener que realizarlo de forma
diaria.Desde luego en Australia si que es idóneo tener un transporte
propio ya que las distancias para cualquier cosa o destino son siempre
más largas a las acostumbradas.Rutina y monotonía son las palabras que
más definen a la vendimia.Por las tardes no hay nada que hacer más
que dar alguna vuelta por la única calle del centro del pueblo
mientras se cruza por algunas de las pequeñas iglesias cristianas en
las que un cartel deibujado de Jesucristo en la cruz advierte con un
grande texto Recuerda :Jesús murió por ti.Desde luego no entiendo como
se pueden ser tan descarados de anunciar algo así.¿Será para dar
esperanza a una zona de alta tradición evangelica que igual está
perdiendo fieles a medida que pasa el tiempo?.Imagino que la población
por aquí irá decreciendo con el paso del tiempo.La sensación que me
invade por momentos en esta zona es la de soledad y tristeza.Me siento
algo nostálgico de estar alejado de los mios pero al mismo tiempo
considero que es bueno valorar estos momentos ya que si algo se seguro
es que no podría permanecer mucho tiempo aquí por cuestiones de
personalidad.Me sentiría estático y deprimido.

A razón de unos 80 $ diarios finalizo la semana sin nada en que poder
gastarlos.Acudimos al pequeño bar de estilo escocés para tomar algunas
pintas y acabar en el camping en el que conocemos a otros visitantes
de la zona ya sea por trabajo en otras empresas agrarias o viajeros
que están de paso.Un fin de semana realmente vacio a excepcion de
caminar por alguno de los valles de la zona.En el inicio de la nueva
semana el capataz me pregunta acerca de la visa de trabajo .Le
respondo que no dispongo de ella y me comenta que a final de la
jornada me dirá si puedo continuar con ellos.Por lo visto hay varias
inspecciones lo que les puede ocasionar multasconsiderables e incluso
el cierre de la fábrica.Al no estar expuestos a arriesgarse me
comunican que no puedo continuar en el trabajo.A decir verdad no me
preocupo lo más mínimo.Poniendo fin a mi estancia en Barossa
increiblemente el grupo tampoco está satisfecho con el trabajo.Entre
los transportes ,alojamientos y demás no sale tan a cuenta y eso sin
olvidar que no hay relamente nada que hacer en la zona.Todos abandonan
el trabajo al día siguiente de forma voluntaria.El día de más no
pagado me comunica que me lo enviarán por correo .Imagino que se
despreocuparan al no haber firmado ningún tipo de papeles.Aprovecho
para recoger un último racimo de uva en espera de que me dure varios
días.

Tomamos de casualidad el último bus de retorno a Adelaida.Mientras el
grupo duerme en el interior del caluroso vehículo que no dispone de
aire acondicionado asimilo lo bonito que es el haber conocido a un
grupo de diferentes nacionalidades,personalidades y edades para viajar
en busca de unas metas y experiencias personales enriquecedoras que me
hace comprender lo valioso que es compartir en definitiva el momento
presente que uno vive.Es por esto que el tiempo que más valoro en la
vida es el presente y no el futuro,en todo caso un poco el pasado para
mejorar mi futuro como persona.Al llegar de nuevo a Adelaida se
instalan de nuevo en el mismo hostal.No deseo permanecer más tiempo en
la ciudad con lo que me permiten dejar las bolsas en un cuarto a la
espera de saber mi nuevo destino todavía sin fijar.Decido poner rumbo
de nuevo a Melbourne donde mirare un bono mensual para viajar por
otras zonas del país.Sin poder tomar ningún transporte por las horas
que son debo permanecer la noche en Adelaida.El grupo decide organizar
una fiestecita en el hostal .Acudimos a una de esas macrotiendas de
licores tan típicas,símbolo de que se está en uno de los países más
consumidores de alcohol del mundo (en especial de cerveza).En el
enorme salón del hostal hacemos una reunión junto a demas inquilinos
de diferentes nacionalidades.No hay manera de dar con un español.Se
nota que no viajamos tanto como alemanes,ingleses o del resto del
norte de Europa.Mientras las risas cómplices fluyen entre nosotros,
algún huesped del hostal nos avisa de que no pueden dormir debido al
ruido que ocasionamos.Ponemos punto final a la reunión .No dispongo de
habitación con lo que decido quedarme en el sofá del salón hasta que
Sarah me invita a ocupar su cama con la frase donde cabe uno caben
dos.

El grupo ha conseguido un nuevo trabajo muy bien remunerado pero con
un problema para Sarah.Se trata de un matadero carnico.Le intentan
convencer para que lo intente pero va en contra de sus convicciones.No
soportaría ver constantemente como se matan a los animales para el
consumo.Reservo billete de retorno para Melbourne en el que Sarah
decide acompañarme al rechazar el nuevo trabajo,eso que era realmente
una buena pasta.Me pregunto si habrá decidido retornar a Melbourne
para estar junto a mi.Me sabría mal que pensara eso cuando la veo como
a una buena amiga.

RETORNO A MELBOURNE

Sarah y yo nos despedimos del grupo en una sucursal de banco donde
necesitan abrirse una cuenta internacional para el nuevo trabajo.Tras
tan efusiva despedida tomamos asiento en el atobús.Con parada para
cenar algo en la típica cafetería de un pueblo fantasma entablamos
contacto con un agraciado y madurito holandes que vive en Melbourne y quien nos
facilita un contacto para trabajar o buscar alojamiento. Desde la
parada de llegada tomamos gratuitamente una minivan para acudir al
mismo albergue que estuve la vez pasada.Espero que no se acuerden que
en la última ocasión me cobraron mucho menos.Descansamos un rato en el
cuarto y acompaño a Sarah a visitar el centro de la ciudad tomando el
tranvía gratis que ya conozco en dirección centro. Nos separamos ya
que ella debe hacer una entrevista de trabajo.Me siento en un banco
mientras los rasgueos de unas guitarras flamencas empiezan a sonar.No
me lo puedo creer el tema que estoy escuchando es entre dos aguas del
gran Paco de Lucía.A la gente en Australia parece gustarles el
flamenco.Les debe resultar tan diferente.Al acabar el concierto me
acerco al grupo formado por un Australiano de raíces y con acento
colombiano ,un madrileño y un italiano de Calabria.Me comentan que
tocan unas 3 veces por semana para cubrirse los gastos.Mecomentan
también que la policía no pone muchos problemas a los que trabajan en
la calle.Me despido del que ha sido el primer español que conocí en
Australia hasta la fecha ,mientras un aborígen algo borrachin empieza
a bailar al comenzar de nuevo el concierto.¡Qué gusto me ha dado
hablar un rato en castellano!

Sorprendentemente a Sarah le han cogido en su primera entrevista de
trabajo.Se dedicará a la promoción de una ONG con la labor de
conseguir nuevos socios.También ha conseguido alojamiento gratuito en
una casa ocupada en StKilda de aspecto muy tranquilo y situada a tan
solo 100 metros de la playa.Es increíble ver como en tan solo un día
ha conseguido trabajo y alojamiento gratuíto.

Por mi parte pondre rumbo final a Melbourne en dos días en cuanto
adquiera el ticket de tren para recorrer parte de Australia durante
todo un mes.

Me contactan en el hostal a través de un anuncio que publiqué en el
tablón de anuncios donde ofrecía los batiks.Me compran un par de ellos
con lo que poco a poco me los voy sacando de encima.A este paso me
quedarán pocos para llevar o vender en España.¡Ojalá!

Nueva despedida en este caso de Sarah,con la que compartí divertidos
y rememorables momentos.Voy a adquirir al fin el bono mensual para
recorrer parte del oeste de Australia.Al ir a sacar el dinero del
cajero me encuentro con que me da error.No me lo puedo creer ,no
dispongo de casi nada en metalico.Llamo a la sucursal en España sin
éxito.Estoy realmente preocupado al probar en otros cajeros y ver que
el problema persiste.No entiendo que es lo que pasa con la dichosa
tarjeta.Desesperado acudo al consulado de España al ser temprano con
la esperanza de que no se encuentre cerrada con tan raros horarios
mini matinales como suelen hacer.Por suerte esta abierta.Planteo el
problema .La señora de atiención al público ,española algo agobiada me
hace esperar al cónsul,quién tiene que estar al caer.Tras esperar
media hora me comenta que llegará dentro de 1 hora casi con total
seguridad.Salgo del consulado hacia la cafetería de enfrente donde
esperaré leyendo la prensa.No me puedo creer lo que acabo de leer en
la portada del periódico.Un ataque terrorista ha sacudido un tren con
centenares de muertos.Me quedo perplejo ante la noticia con ganas de
chillar a los cuatro vientos.La situación de mi estúpido problema con
la tarjeta me hace dar cuenta de la tontería que se trata en
comparación.Tras leerme los artículos de varios periódicos del país
llego a la conclusión de que el atentado ha tenido que ser provocado
por todo el tema de los apoyos a EEUU en la guerra de Irak.Parecía que
la cosa no iba con nosotros .

De retorno al consulado espero unos pocos minutos hasta que entra por
la puerta de la entrada quien creo que es.Un señor de aspecto
impecable con el pelo rasurado y acompañado de una señora japonesa se
me presenta como cónsul para exponerle el problema.Antes de nada le
digo que hacía tan solo una hora atrás lo veía un problema y ahora lo
veo solo una tontería.Le comento que la tarjeta parece estar bloqueada
y no me permite la retirada de fondos,con lo que necesitaría llamar a
la central en España o a algún conocido para que me averigue el
problema urgente ya que no dispongo ya casi nada de metálico ni
siquiera para llamar y mucho menos para comer o pagar el
hostal. Realizó la llamada sin éxito de nuevo y acabo hablando con
familiares que me mirarán el problema.Al ver que no he podido hablar
con la entidad bancaria me regalan una tarjeta telefónica de 10 $
.Momentos antes de salir del consulado la señora japonesa resulta ser
la mujer del cónsul,quién con un español perfecto me dice que me
espere.Que no puedo estar sin un solo dólar ni que sea para pagar al
menos el alojamiento de la noche.Abriendo el bolso y extrayendo su
cartera ,se dispone a darme algo de dinero.La situación me produce
algo de verguenza ,pero ante una urgencia o mejor dicho necesidad
vital no se debe ver de ese modo.De golpe veo como saca un billete al
cambio de unos 60 euros que me entrega como si fuese calderilla para
ella.Se nota que eso de la diplomacia les va bien a unos pocos.Con el
billete en mano y agradeciendole el detalle hasta que se lo pueda
devolver me responde que no me preocupe que para eso están los
consulados.Salgo anonadado del consulado sin creerme de que forma más
tonta se me soluciono el problema.Ahorá tengo de sobras para los
gastos de varios días y no para pagarme una sola noche de hotel con lo
recibido tal y como pensaría la mujer del cónsul.

Finalmente me comentan del banco que han mirado y solucionado el
problema pero que deberé esperar unas 24 horas para poder retirar el
dinero.Otro día más en Melbourne me hará recorrer parte de lo ya
conocido aunque con otros ojos más tranquilos al solucionarse el
problema.Del atentado me comentan familiares que el gobierno dice que
el responsable del mismo ha sido ETA.¡Que hijos de puta hacer algo asi
cuando no era si quiera su forma de actuar.Antes mataban al que
consideraban sus enemigos ahora ya a cualquiera solo por su maldita
causa.Acudo a una agencia de viajes de nombre Peter Pan donde realizan
buenas promociones para captar clientes como el hecho de que te dejan
usar Internet gratuito y te regalan condones y caramelos solo por
entrar en su agencia con la excusa de informarte sobre un destino
dentro del país.Por mi parte solo uso internet sin desear ninguna
información.Busca más información sobre el atentado y aprovecho
también para responder algunos mails.Por la noche en el hostal hay
botellón de vino barato de un pack de 5 litros.Uno de los compañeros
de cuarto se lía con otra compañera del cuarto y se van a la
habitación juntos hasta que el resto de los compañeros se cercionan de
la locura apasionada que están realizando.Con las luces encendidas y
sin parecer que les importe están haciendo el amor en una litera bajo
la presencia del resto de compañeros anonadados.Algunos comienzan a
reirse pero ni por estas ponen fin a la labor.Yo deseo acostarme con
lo que me tumbo en mi litera en espera de que los gemidos no vayan in
crescendo. Desde luego solo podían ser un par de inglesitos los que
realizan algo así.

Último día en Melbourne en el que adquiero por fin el ticket de tren mensual
para estudiar a través de los folletos los posibles destinos a
los que tengo derecho. Los precios de un mes rondan los 200 $ gran
parte del presupuesto mensual pero tambien he pensado que con eso ya
tengo cubierto gran parte por no decir la mayoria de todos los
transportes y alojamientos que dispondre en este mes que me aguarda.

Para celebrar mi despedida en la ciudad me permito el lujo de ir al
cine para ver un documental .Me descuentan un par de dólares sobre el
precio de venta al enseñarles la tarjeta del Racc ( compañía de
asistencia para vehículos) como si de una escuela o universidad se
tratara. Al fin y al cabo uno es estudiante de la vida hasta que deja
de respirar. El documental es el Billabong Odissey, los campeonatos
del mundo de surf a lo largo de algunos de los mejores spots del
planeta para la práctica de dicho deporte. Entre los destinos más
reconocidos, aptos para las pruebas puntuables se encuentran
Australia, Sudafrica, Indonesia, Mexico y España ¡sí, sí España !
concretamente Mundaka una bellísima
población costera y pesquera próxima a Bilbao, donde se junta el cantabrico con
la ría de Urdaibai, hecho que hace que se forme un oleaje limpio y
ordenado a través de una de las mejores olas izquierdas del mundo con
un recorrido de hasta 500 metros y una altura en temporadas altas de
más de 5 metros. Al menos asi era, hasta que recientemente y a raíz de
un dragado y un vertido de arena cambiaran el canal de salida original
de la ría.
La ría desembocaba rozando la ribera izquierda de la bahía, mientras
la ribera derecha estaba ocupada por vastos arenales, que generalmente
adoptan la forma de flecha. La explicación se debe a la existencia de
corrientes marinas de poniente próximas a la costa que, al rozarla,
provocan contracorrientes de menor velocidad que hacen sedimentar la
arena en la ribera oriental de la bocana. Pues bien, lo que ha
ocurrido es que la morfología natural del estuario (el canal de
desembocadura bien arrimado a la ribera izquierda y los arenales en la
derecha), gracias a la cual surgía la famosa ola, ha sufrido un cambio
drástico por la intervención del hombre cuando se culminó el mayor
dragado de la ría de los últimos 25 años. Se extrajeron 243.000 metros
cúbicos de arena con objeto de facilitar la salida al mar de los
barcos del astillero. La naturaleza no ha encajado bien el enorme
deposito de arena realizado con lo que si no se toman las precauciones
necesarias las cosas iran lamentablemente a peor. Espero que pueda
recuperarse lo antes posible. Sobretodo al recordar mis estancias en
mi antigua furgoneta amarilla aparcada junto a la misma iglesia de
Mundaka donde pasaba varias semanas al año durante las fiestas de
Bilbo o algún Septiembre en el que durante las primeras horas de la
mañana acudia al mirador de la ría con esas majestuosas vistas
naturales con la finalidad y el factor sorpresa de ver si había olas
para practicar tan ansiada y libre actividad como es el surf.

Al salir del cine completamente vacío avanzo mis últimos pasos por el
paseode cercano al urbano río Yarra en el que solo observo un solo espectáculo
del Comedy festival de Melbourne. Por aquí los espectáculos imagino
serán de pago y no callejeros con lo que no parece que en la ciudad
haya un festival de la risa. Si de caso sería un festival cómico de
interiores y no de exteriores en el que el ambiente de la ciudad
tendría aún mayor vida.

GRAN CARRETERA DEL OCEANO

Armando mi bolsa en el hostal tras trazarme una ruta aproximada para
el resto del mes observo que no hay itinerarios posibles a la zona en
la que deseaba empezar mi marcha. La cosa parece que empieza bien. Por
lo que veo la zona del Great Ocean Road no esta cubierta en el bono
debido a que parece ser de visita obligada con lo que aprovechan a que
si se desea realizar la visita se haga en excursión de un día en
cualquier agencia si no se dispone de vehículo. Intento a primera hora
del nuevo día conseguir algún contacto de gente que ofrece su vehículo
para compartir los gastos hacia un mismo destino. No tengo suerte ya
que resulta imposible al ver que ninguno de los varios carteles del
panel del hostal acuden a esa zona durante el día de hoy. Me informan
en la recepción que no hay solución posible a menos que se acuda en
viaje organizado en autobús, la modalidad más barata. Me indican un
par de ofertas y acepto la más barata y apunto de cerrarse de partir
en una hora por la módica cifra de unos 30 $. Estoy algo enfurecido ya
que no puedo dar uso a mi primer día de bono. Son las 8:00 de la
mañana cuando espero en la esquina de la calle cuales damas de la
noche y para colmo bajo la lluvía que parece despertar. No se
sinceramente porque me he decidido a realizar esta excursión. La zona de la
Great Ocean Road bien que sacia mi curiosidad pero tampoco
es para tanto más cuando el día no acompaña. El autobús llega de forma
puntual. Subo rapidamente para no mojarme más de lo que ya
estoy y me alegro al poder estirarme entre los últimos asientos, pero mi
alegría dura poco cuando veo que todavía falta gente por recoger de
otras paradas.

Dejando al fondo los medianos rascacielos de Melbourne y con el
transporte repleto de gente de cierta edad o puras parejas (soy el
único ocupante que viaja solo) entramos en la autopista rumbo a
Torquay (no confundir con la ciudad de mismo nombre en Inglaterra
donde nació Agatha Christie) primer alto en el camino en el estado
sureño de Victoria. En esta parte de la costa salvaje de swell
imponente – seguro hay unos jovenes realizando su clase matutina de
surf mientras les contemplo tomando un café y unas pastas que nos
ofrece la compañía de viaje. No hay mucho oleaje en está primera zona.
La envidia me corroe mucho más en la siguiente parada que realizamos,
el spot de surf de Bells Beach, playa que imagino le sonará a más de
uno ya que es aquí donde comenzó la aventura para las marcas Rip Curl
y Quiksilver que se dieron nombre desde que se celebraran las primeras
competiciones del circuito mundial desde el año 1973.
La voz del guía anunció que solo disponemos de 10 minutos para la
visita. Más vale eso que nada. Tras bajar súbitamente por los
escalones de madera hacia la playa me paro en lo alto de un segundo
mirador para fotografíar las buenas derechas que aquí se producen.
Parece mentira que las condiciones del oleaje cambie tanto respecto a
zonas cercanas como la de Torquay. No paro de realizar fotos como
buenamente puedo con mi pequeño zoom optico de x3. Jamas se debe
emplear en cámaras digitales el zoom digital por mucho más que te
acerque al motivo. Ya caí una vez y la mala calidad por no llamarla
nefasta me ha hecho olvidarlo de por vida. Apuro hasta el último
minuto y tiro rápido por los escalones,esta vez de subida hacia el
autocar. Como era de esperar ese que viaja solo y resulta ser el más
joven de todo el tour llega es el ultimo pasajero al que todos reciben
con aplausos por los escasos minutos de mi retraso. La verguenza no me
invade en absoluto. No se puede decir que haya tardado en exceso
cuando me he debido retrasar un par o tres de minutos. Las risas del
resto de ocupantes quiero pensar que son complices y no de burla o
bronca como me imagine de un principio. Será por la avanzada edad de
algunos de los ocupantes lo que me hace pensar en la primera
impresión.

El tiempo empeora desde mi rincón extremo del transporte con
calefacción y bajo los sonidos emergentes de una pareja de japoneses
que debo reconocer me ponen de los nervios en algunos momentos, como
cuando les veo fotografiar el mismo asfalto de la carretera,
fotografiarse juntitos ante cualquier burdo motivo o resultando tan
correctos que hasta te ponen los pelos de punta para mal.

Llegamos a Port Campbell, la parte más conocida de la Great Ocean Road
ya que alberga las maravillas naturales más conocidas de este lado del
país. Entre ellas la más popular es la conocida como los Doce
Apóstoles. Se trata de 12 torres de piedra caliza que han quedado en
medio del océano tras milenios de años de firme erosión fueron
separadas de tierra firme. Desde los diferentes miradores sobre la
costa sólo es posible ver 7 de ellas, ya que las otras quedan ocultas
a la vista y sólo es posible verlas desde el mar o desde el aire (si
se dispone o se alquila un helicóptero, claro). En nuestro caso la
visibilidad se podría resumir en nula, el aire y la bruma del mar es
máxima. La mayoría de los pasajeros han optado por no saler ni del
autobús (con eso lo digo todo). Armado con una bolsa de plástico de
mercado, mi anorak y un impermeable que uso a modo de empleo de la
cámara intento avanzar ante las máximas ráfagas del gran Dios Eolo,
quien parece no me da la más mínima tregua para retratar el territorio
que invade. Soy cabezudo y solo consigo retratar el London Bridge ante
las contantes gotas que se almacenan en la carcasa de mi cámara. Se
trata de una formación rocosa en forma de puente, lo que no entiendo
porque diantres incluyeron lo de London. ¡Será que no hay puentes más
parecidos en formas en todo el planeta! Hace unos años una de las
partes al descubierto formaba otro puente. Se cayó y tuvieron que
rescatar a unos turistas que se quedaron en el otro lado.

La mejor manera de haber conocido la zona hubiera sido tomar un
automóvil para recorrer la Great Ocean Road, de eso no me cabe la
menor duda. Las paradas que hubiese realizado hubieran sido múltiples
como también la cercana Phillip Island (lugar del Gran Premio de
Australia), la Península de Mornigton o simples zonas de eucaliptus
que albergaban varios Koalas en libertad sin ningún tipo de
vigilancia. Espero no estar dando ideas malas para el que deseara
secuestrar de su habitat a alguno de esos simpático peluches. Somos
muchos a los que se nos pasaría por la cabeza algo así sin pensar de
un principio en la mala fe que eso acarrearía a estas mascotas
australianas. Antes del retorno parada obligada en un
restaurante-buffet de un pueblo semi-fantasma cuyo nombre ni siquiera
puedo recordar en donde las pertinentes comisones para la agencia
incrementan sus fondos monetarios. En mi caso y sin faltar con mi
barra de pan y embutido estoy servido.

El día ha sido completo comparando algunos de los extensos prados del
camino recorrido de más de 500 Km con paisajes de la más profunda
Escocia. Solo unas pegas puedo decir de mi trayecto personal: la falta
de independencia y la climatología.

WAGA-WAGA

De llegada a Melbourne me instalo en la misma estación de trenes para
tomar el primer tren que pueda para salir de la ciudad. Me entero de
que con ´mi bono está incluido zonas como Brisbane o Broken Hill y las
conexiones en autobús me están permitidas. Descansando unas horas en
los duros asientos de la terminal doy espera para poder reposar más
placidamente entre las cuatro amplias butacas libres del tren para acudir
hasta Waga-Waga. Por fin tras unas horas de viaje puedo divisar esas
extensas praderas aridas australianas que asociaba al típico paisaje
del país. Como era de esperar ante la poca población existente del
país la mayoría del terreno se encuentra sin construcciones a
excepción de alguna que otra granja en medio de la nada lo que me hace
pensar en esas formas de vida tranquilas apartadas de cualquier
población cercana.

Waga Waga no es más que un mediano pueblo de calles más bien anchas
con comercios a ambos lados al más puro estilo americano. En una de
las tiendas hay un enorme anuncio de golf sobre una pelota del mismo
deporte de varios metros de diámetro. Debe ser la pelota más grande de
golf del planeta. Hay una tendencia en el país a reproducir
objetos,animales o productos a tamaños gigantes como para reivindicar
de que por aquí todo es máximo en cuestión de tamaños.

Bordeo a pie todo el pueblo hasta llegar al camino que recorre un
agradable y pequeño parque natural a lomos del río sobre el que
descansan algunas gruesas ramas de algún gigantesco árbol.

Aprovecho para acabar la comida que poseo. No hay un solo alma en toda
la zona y eso es justamente lo que me agrada. Se trata de un punto
nada turísitico al que no mucha gente puede decir que ha parado.

Explicar algo de waga waga???????????????????????????????

KATOOMBA

Con mi visita finalizada acudo de nuevo a la estación para tomar el
siguiente tren dirección Sidney a 2,5 horas. De la famosa ciudad tomo
el tren especial que acerca hasta la simpática ciudad de Katoomba
donde se encuentran las famosas Blue Mountains.

Katoomba es la ciudad más visitada en la zona de las “Montañas
Azules”, sin embargo no fue hasta el año 1879 que la ciudad comenzó a
ser conocida, cuando J.B. North abrió la mina de carbón Katoomba. El
carbón era obtenido de las laderas de las montañas cerca de “Orphan
Rock”, y para su transporte era utilizado un vagón accionado por
cables que se desplazaba lentamente hasta la cima. Acudo a un puesto
de información turísitca junto a la estación en el que tomo algún
pequeño plano del recorrido.

Inicio la jornada a pie cruzando todo Katoomba rumbo a las Blue Mountains.
Las “Montañas Azules” realmente tienen ese color. Esto es debido a una
fina niebla que desprenden los eucaliptos, y según como este la luz
del sol se aprecia un tono azulado desde alguno de los inmensos
miradores con vistas a todo el valle. Los senderos de descenso son muy
agradables en este soleado día que acompaña. Por el camino observo
algún que otro lagarto semiescondido entre la basta vegetación.

El origen de estas rocas, como el origen de casi todo en Australia lo
explica una leyenda aborigen: “El mito de las tres hermanas” 3
formaciones rocosas escarpadas y alineadas una de otra. Resultaría un
salto impresionante para todo aquel paracaidista extremo que no le
importe caer sobre la copa de los mismos árboles.

En la misma zona donde se localiza la “Ruta Escénica”, se encuentra la
magnífica “Scenic Skyway” (Ruta Escénica Elevada) que opera sobre el
recorrido original que viaja a través de la ladera de la montaña.
Dicha ruta cuenta con el primer teleférico para transporte de
pasajeros construido en Australia en el año 1958. El recorrido se
desarrolla dentro de un vagón construido en aluminio con capacidad
para 30 pasajeros, que cruza el Valle de Jamison a una altura de 300
metros, por una distancia de 350 metros. Su seguridad ha sido probada
a través de los años, transportando miles de pasajeros desde su
apertura, sin haber sufrido nunca fallos técnicos. La Ruta Escénica es
la línea ferroviaria más inclinada del mundo y actualmente es una de
las atracciones turísticas de Australia. Por mi parte realizo toda la
travesía con las únicas herramientas tecnológicas que poseo: mis
piernas. Horas y horas de caminata me hacen apreciar el bello paraje
natural. Aprovisionado de una pequeña botella de agua y sin nada de
comida paso el resto del día caminando hasta la zona de cascadas
situadas al atravesar unos extensos jardines. Nuevo descenso hasta la
parte más baja posible del recorrido justo donde cae la fina agua de
la cascada. El terreno esta algo fangoso por momentos lo que me hace
embrutecer mis botas de montañas, las cuales deben estar hoy
agradecidas a que les de tan buen uso. De modo silencioso fotografío
a un enorme ave bebiendo el agua de entre las rocas de la cascada.
Imagino que es un Kea ,esas enormes aves con cara de loro y cuerpo de
águila.

Sin darme cuenta está apunto de anocher. Me queda bastante camino de
retorno con lo que inicio la subida antes de que la desorientación me
invada ante la cada vez más cercana oscuridad. Se dice que la forma
más fácil de desorientación para un ser humano es en un bosque de
noche con lo que al no desear comprobarlo mis pasos avanzan más rápido
de lo normal. La visibilidad se acorta a mitad del camino. El tono
azulado de entre el interior de la vegetación me hace entender a la
perfección de donde proviene el nombre de la zona. Grito para escuchar
el eco de mi voz que reverbera de forma máxima mientras avanzo ya
oscurecido. Por momentos imagino lo fácil que podría ser perderse del
camino. Llegado al punto inicial me doy cuenta de que tengo el honor
de ser la última persona que sale del parque. Prueba superada.

Atravieso nuevamente la calle principal de Katoomba buscando alguna
tienda donde pasar las fotografías a cd mientras hago tiempo para
tomar un nuevo tren del que no se todavía que nuevo destino tomar.
Aprovecho las distancias largas de noche para aprovechar a dormir
entre los vagones casi vacíos. No hay por lo normal mucha viajando de
noche, lo cual me va perfecto para mis propósitos.Mi nuevo destino
será Brisbane, punto que me va a la perfección por la hora matutina de
llegada.

BRISBANE

Amanezco en Brisbane cuando me despierta una de las trabajadoras de la
compañía ferroviaria. Hoy necesito buscar algún sitio donde alojarme
ya que necesito lavar la ropa y asearme de cuerpo entero. El clima es
simplemente perfecto, se nota que desde Brisbane hacia todo el
territorio norte el clima es ya tropical. De la estación subo a una
furgoneta gratuita que me acerca hasta un hostal económico de
mochileros. El precio de 20 $ me servira para varios fines como
descansar, descansar y descansar. Este backpacker es de lo más
acogedor. Son como especies de mini apartamentos con balcón, tv y
nevera e incluso cuenta con una agradable piscina. Todo un lujo para
lo que yo busco pero de vez en cuando…

Duermo un par de horas en la litera superior de las cuatro que forman
la habitación. El resto de camas están ocupadas por las mochilas de
unos canadienses imagino, que ¿por qué lo imagino? Por los banderines
de Canadá bordados en las mochilas. Dan la 13:00 del mediodía y me
apuro para visitar el centro de Brisbane. No me gusta empezar las
visitas a una ciudad tan tarde pero cuando uno está exhausto por las
jornadas anteriores el reposo se hace obligado.

Caminando por la capital del estado de Queensland atravieso por el
puente Victoria desde donde se puede tomar un CityCat (catamarán)
para visitar el predio South Bank, el centro de espectáculos y cultura
de la ciudad. Una barca situada justo en la mitad del río dispone de
una amplia pantalla de cine. Que forma más original para ver una
película al aire libre, desde dentro de una barca sobre las aguas.En
un reportaje ví que es en el mismo río Brisbane donde habitan unos
escualos de metro y medio de longitud, sin que eso imposibilitará a
que pequeños críos realizaran esquí acuático por sus aguas.

Brisbane fue construida en 1824 como una colonia penal y se
convirtió en la capital al fundarse Queensland, en 1859. Un incendio
la destruyó casi completamente en 1864 con lo que todavía es una
ciudad más joven de lo normal y eso se nota algo. Una cosa que me
llama la atención son los postes de electricidad urbanos pintados por jovenes
artistas. Es una muy buena idea de arte callejero que redecora parte del
mobiliario urbano. Cada poste es un diseño diferente de colores y
formas vivas e incluso abstractas. En todo caso cualquier color es
siempre más bonito que esos feos grisáceos de orígen.

El centro de negocios de Brisbane está repleto de restaurantes finos,
cafés al aire libre, modas, espectáculos y jardines. El Myer Centre
ofrece una amplia gama de boutiques para compras, mientras que el
casino ubicado en la antigua casa de la moneda, Conrad Treasury
Casino, está abierto las 24 horas.

Por entre algunos rascielos agradables sin exagerar y bien ubicados
junto a orillas del río llego hasta el Botanical Garden xxxxx
xxxxx
xx
x
xx
De entre los árboles que fotografío escucho una voz salida de entre
las ramas superiores. Es un hippy muy hippy que me pregunta si me
gustan los árboles. Al responderle afirmativamente me invita a subir
por entre las gruesas ramas como si de su casa se tratase. El joven se
llama James y no para de fumar marihuana junto a algunos de sus
libros con los que tanto tiempo pasa escondido de entre la altura de
los arboles. No se si será para que nadie le vea pero su idea de paz
no está del todo mal ya que no puede molestar a nadie, bueno solo a
alguna que otra zariguella, ese enorme marsupial con aspecto de rata
que tanto habita por el parque abasteciendose de alimentos
encontrados entre las papeleras tal y como comprobé con antelación
cuando tome una foto a uno de ellos justo al salir de la papelera y
sin ningún tipo de reparo parecía plantarme cara. Al explicarle a
James la historia de Richard, el australiano que trajo los
masajeadores de cabeza a España, parece que se le han encendido los
ojos. Por muy hippy que sea uno el dinero siempre manda para esos que
parece no importarles. Ya me encontre con varios casos así y no
existen casi excepciones. El único caso que me viene a la cabeza es el
de una señora que se dedicaba a hacer trueques en la vida sin disponer
de nada de dinero . Fue un artículo que leí de la contraportada de un famoso periodico español. No se si será cierto o no , en todo casi hasta que no lo vea no lo creere posible.

Acompaño a James hasta donde se desvían nuestros caminos. Por unos
momentos llegue a pensar que podría vivir incluso en los árboles que
tan incómodos me han resultado por una simple hora de uso. Al
despedirnos y tras saber sobre mi largo viaje me regala una bolsa con
varias latas de comida que no me deja rechazar. Tampoco era para
tanto. Con nueva comida en la bolsa pero sin ganas de prepararla
acabo tomando algo de pasta en un restaurante chino centrico
ya que cansa digerir tantos días lo mismo. La animación en la calle es similar
a la Barcelona pero en pequeño. Alguna estatua de mimo que veo me hace recordar a las varias de ellas que hay situadas por las Ramblas de mi ciudad, sede mundial y pionera en eso de las estatuas vivientes. Nada más llegar a la habitación caigo rendido
en la cama sin ganas siquiera de tomar nada en la terraza del hostel. Otro sábado que me pierdo sin hacer nada de noche. En España eso me habría resultado imposible.

Me levanto hora y media más tarde de la hora de salida oficial para los inquilinos y no me abonan los 3$ de deposito de la llave. Converso con la recepcionista amablemente pero parece que no hay nada que hacer. Se pone terca en que he sobrepasado la hora y punto. En efecto me la pase al no tener despertador y haber dormido más de lo normal por el cansancio de los días anteriores pero tampoco he sido un impedimento para ningún nuevo inquilino, pués habían literas libres en varias habitaciones. Menudas reglas más tajantes y absurdas. Haciendo tiempo para tomar el autobús del hostal que acerca gratis hasta la estación aprovecho para leer y agenciarme una guía de viaje perteneciente al mismo recinto a modo de trueque por los 3$ que les he regalado.

Retorno al centro al permanecer cerrada la estación por un intervalo de 3 horas. Aprovecho a dar la última vuelta cercana al museo de bellas artes o la state library. Al ver a un pobre anciano sentado en una esquina a la sombra le regalo la guía de viajes de su propio país para que se la lea, la vuelva a regalar a un tercero o que tal como deseo la pueda vender por unas monedas.

Tengo casi dos horas hasta partir con lo que respondo algo aburrido las preguntas de un católico que reparte folletos, quien me explica que se ha recuperado de una enfermad y proclama el mensaje del Señor. Acabo la conversación mostrando mi billete de salida de la ciudad en cuanto me pasa un guía de centros católicos del país. Nunca entendí por qué algunos proclaman el mensaje del Señor,en la misma calle, en vez de acudir a un hospital a hacer compañía a los enfermos. ¡Eso sí es ayuda!

Con una última hora de tiempo la apuro visitando gratuítamente el museo de Arte Contemporaneo. En la misma entrada tras atravesar una enorme recepción veo a varios ancianos sentados en una de las salas. Me adentro para ver de que se trata y no es más que un video de archivo de los inicios urbanísticos en Brisbane. El momento es nostálgico cuando aprecio las miradas de los ancianos rememorando entre susurros épocas pasadas. Que auténtica pena no poder reflejar en una imagen algo así. Lo correcto para reflejar esa nostalgia hubiese sido un vídeo discreto de sus miradas frente al monitor.
Dentro del museo realizo internet, también gratis durante un máximo permitido de 15 minutos. Me parece que tendré que vistar más museos.

TAREE

Unas 9 horas de travesía me hacen llegar a Taree nada más salir el sol. El tren como casi siempre, estaba vacío para mi suerte en lo que a reposo entre asientos se refiere. La pequeña localidad de apenas 30000 habitantes no merece mi especial atención más que por una rápida vuelta alrededor de su gran río antes de que retorne nuevamente a la estación en busca de otro destino.

NAMBUCCA HEADS
Casi tres nuevas horas me son necesarias para entrar en Nambucca Heads. La estacion no es más que una pequeña parada en la que no existe ni un solo puesto de ningún tipo. Escondo la mochila entre unos matorrales, aprovisionandome de todo lo que me merece un especial valor en la bolsa de mano y inicio un recorrido de a pie hasta la zona de costa, la que no se a que distancia se encuentra. Tras avanzar hasta la carretera diviso al fin la costa a unos 3 kilómetros. El pueblo es pequeño y muy similar al de la gran mayoría de los que ya llevo recorridos. Sus construcciones de madera les dan un aspecto de artificialidad, aunque el entorno natural les salva en parte. Se nota la poca historia que hay por la zona. Parece más bien un sitio de veraneo o desconexión. Unos manglares me anuncian el inminente oceáno situado a escasos minutos. Avanzo por un pequeño puente de madera junto a una débil barca de paseo a remos en plena armonia con el paisaje. Ya diviso el inmenso azul del Pacífico en esta tarde que parece querer amenazarme con tormenta. Fina lluvia me refresca hasta los centenares de rocas pintadas que caracterizan esta zona. Con los colores más saturados que uno se pueda imaginar, entra en contacto la obra del hombre con la naturaleza. Todas las rocas que se encuentran ancladas como barrera de costa o espigones están totalmente pintadas con motivos diversos. Algunas también se encuentran escritas con mensajes de enamorados, las firmas de sus autores o simples poemas o palabras.

Las pinturas sobre rocas me han hecho recordar a las pinturas sobre piedra de la preciosa localidad asturiana de Llanes. Con la obra los “Cubos de la Memoria” su reconocido Agustín Ibarrola, ese mismo tipo de la txapela sobre su cabeza impulso un aumento del turismo en dicha población. El artista vasco también realizó pinturas en árboles de la reserva de Urbadabai en el que sus coloridos anagramas, a mi modo de ver simples, pero con gracia, fueron repintados con palabras amenazantes por ese grupo terrorista cuyo nombre no pienso publicitar.

El radiante color frío del atardecer en las rocas junto al oceáno queda guardado en la memoria de mi cámara antes de que ponga punto y final a mi visita. Ahora me toca regresar por el mismo camino pero a la inversa para ver si alcanzo a tomar un nuevo tren a otra zona antes de que caiga la noche. La noche me alcanza antes de poder retomar mi mojada mochila de los frondosos arbustos donde la amage, bajo la atenta mirada de unas bellas flores de color violeta radiante. No hay conexiones hasta la 1:00 de la madrugada y ni un solo alma al que poder preguntar. Es un momento de total soledad en el que no puedo hacer absolutamente nada más que esperarme al nuevo día. No hay siquiera ni un solo bar cercano en el que poder dejar la bolsa, beber algo, leer o distraerme. Es tan temprano que presa del aburrimiento opto por comer los restos de comida que guardaba antes de estirar una sabana sobre la gruesa hierba cercana y bajo matojos que me serviran para protección en caso de que llueva durante la noche. Me introduzco en mi simple saco a la intemperie pensando en lo que daría por tener una mini-tienda de campaña en este preciso instante en el que las gotas de agua inician a brotar sobre mi. Esperando por si la cosa va a peor, para estirarme sobre el cemento de la parada de tren, la situación parece no agravarse con lo que me mantengo en el mismo lugar bajo las ramas y los sonidos de animales del bosque vecino con los que no deseo soñar.

He podido dormir un par de horas antes de tomar el tren rumbo a cualquier otra zona cercana que tenga más gracia a la que me encuentro.

COFFS HARBOUR ,SAWTELL Y URUNGA

A tan solo media hora de trayecto está Coffs Harbour. Nada más apearme encuentro un jardín contiguo a la estación de tren en el que sin pensarmelo me estiro para dormir en lo que parece un entorno más protegido y agradable que el bosque anterior en el que me encontraba. Me despierto bien temprano pero no por mi propia voluntad sino por la de un insecto que me pica en el labio. Tengo un fuerte escozor durante 15 minutos debido a la picadura del misterioso insecto. Imagino que habrá sido una avispa dandome los muy buenos días. Como cambian los paisajes de la noche a la mañana. Parece todo más hermoso de lo que me imaginaba en la oscuridad de la noche. Me encuentro en una verdosa, primorosa y pequeña ladera algo descendente que parece ser privada en cuanto veo los columpios de unos infantes. Dejo mis pertenencias a un trabajador de la estación y tomo un tren rumbo a visitar poblaciones de costa cercanas. A Coffs Harbour regresaré de noche ya que supuestamente imagino que desearé hospedarme en algún hostal debido a las imperiosas necesidades que ya me tocan como es el lavado de la ropa y ¿por qué no ?una cama decente y blanda en la que poder dar tregua a mis huesos.

Siguiente parada Sawtell. Los paisajes de costa son ya otra cosa y para mi deleite hay unas considerables y bellas olas. Camino por la extensa y solitaria playa de arena blanca y compacta por la lluvia, con los restos de extrañas y oscuras medusas de hasta medio metro de diámetro. A lo lejos, diviso una señora jugueteando con su perro. Una mascota como esa sería mi perfecta compañía en muchísimos momentos. Que envidia me entra al verlos tan cómplices el uno del otro. Finalizo por completo esta playa pero me apetece caminar mucho más, con lo que asciendo por un pequeño camino ascendente para divisar las vistas de la siguiente playa aun más larga, en el que las olas rompen de forma más ordenada, hecho que hace que tres surfistas surquen entre ellas. La lluvia se inicia de nuevo en este buen día algo borracho de furor por algunos momentos. Utilizo sabiamente la gruesa manta que me apropie del hostal en Sydney y me siento sobre una roca aguardado en lo alto ante tan bellas vistas. Lo único que me hace falta ahora es un buen café bajo la ligera lluvia en el que el humo del caliente líquido emergiendo del vaso le diera ese toque final a la estampa en la que me encuentro adherido.

Un surfista que sale del agua me dice las buenas condiciones que se dan hoy en la zona mientras realiza una descanso antes de volver a meterse. Unos pescadores inician la jornada justo cuando me retiro para acudir hasta Urunga a solo un cuarto de hora en tren.

Este nuevo territorio sí que merece la pena. En estas tierras habitadas por aborígenes antes del asentamiento europeo, se nota la fuerza indómita de la naturaleza al iniciar el recorrido por la laguna que se une junto al mar a un kilómetro de distancia. Esta zona ha despertado mi interes con lo que decido pasar todo el día por aqui. La flora a base de manglares es excepcional, al igual que las amplias especies de aves que por aquí habitan. Y es que ante todo, esto es un merecido parque natural. En temporada alta imagino que el turismo se incrementara al alza en cuanto observo algún camping de caravanas por el que transito para acceder hasta la costa mediante un camino de madera de 600 metros. Las aves están tímidas en asomarse con lo que me conformo en divisarlas a lo lejos. Una vez llego a escasos 100 metros de la playa debo tomar una determinación a realizar, pues la lluvia esta vez se incrementa y pasa de ligera a gruesa en muy pocos minutos. Me siento tan a gusto que me acerro a un árbol amigo que me da protección durante más de una hora que aprovecho para pensar en la magia de la naturaleza en un momento de máxima soledad. Para muchos ésto sería un auténtico problema pero para mí es un momento de lo más oportuno para reflexionar y sentirme parte del paisaje.

La lluvia me da un respiro para poder visitar sus salvajes playas con débiles dunas ante el mar bravío. Tomo las pertinentes imagenes de forma rápida para mi archivo particular, antes de guardar la cámara de la forma más protegida posible en el interior de mi bolsa envuelta por la manta a modo de mayor seguridad, ante la humedad de la lluvia. Retorno al punto inicial del paseo bajo la intensa lluvia. Muchos pensarían que estoy loco al caminar de forma tan lenta mientras me mojo sin parar pero para mi es más de locos el ir corriendo sobre las ligeras tablas de madera resbaladizas con las consecuencias que eso repercutiría en una mala caída para mi persona o para la cámara. Al llegar de nuevo al camping me meto en un lavabo para secarme algo la ropa empapada y el exterior de la bolsa. Algo más sexo tomo un paraguas que alguien acaba de tirar a la basura para emplearlo en mi camino hasta la estación.

Hoy es el día indicado para albergarme en una pensión. Y con la humedad que llevo encima todavía más. Al llegar a Coffs Harbour busco entre los folletos de la estación algún hostal al que llamar para saber si tienen plazas. Tras media hora de espera una chica inglesa me viene a recoger en furgoneta para llevarme al hostal que ofrece este servicio de forma gratuíta. Para mi sorpresa el hostal está a menos de 20 metros de la misma playa. Eso que era lo más barato que he visto. Las habitaciones son de cuatro literas, aunque la que me dan está totalmente libre para mí. Me tomo una ducha caliente durante más minutos de la cuenta. Sé que en Australia tienen problemas de sequía, y conciencían a la población en no dar un mal uso a este bien tan preciado pero duchas calientes tampoco es que me tome cada día con lo que me autojustifico sin más. Tras lavarme me tumbo en la litera superior de forma relajada mientras veo un programa cualquiera de la televisión con la que cuenta el cuarto. Dan la hora de cenar y no dispongo de nada para comer. A estas horas está todo cerrado a excepción de algún restaurante cercano que rehuso por no gastar más de la cuenta. Encuentro un puesto de pizzas en el que encargo una para llevarme al hostal. El hambre me supera y antes de llegar a la pensión doy el último mordisco a la fina masa de ingredientes variados. Ordeno la ropa que necesito llevar a lavar el próximo día y finalizo haciendo algo de Internet a muy lenta velocidad aunque sin ningún motivo de queja ya que las conexiones son gratuitas. Antes de acostarme me tumbo por unos minutos en la playa cercana a mi habitación para ir cogiendo el sueño en espera de no quedarme dormido sobre la arena justo hoy que dispongo de cama.

Duermo de maravilla bajo el blando colchón de mi aposento hasta que llegan los nuevos inquilinos del cuarto. Un chico japonés y otro suizo. Ambos llevan consigo mismos sus respectivas tablas cortas de surf. Viajan por todo el país siempre con sus tablas a hombros. Aquí la verdad es que no la hubieran necesitado, pues en el mismo hostal te las dejan de forma gratuita si eres cliente. Soy el primero en entrar al agua para hacer algo de deporte antes de que entren demás surfistas. A las dos horas de pillar alguna que otra ola y habiéndo dado remadas sinparar para aprovechar el tiempo, me cambio para recorrer Coffs Harbour. Me podría haber pasado más tiempo en el agua pero con tantas cosas por ver me sacrifico y substituyo la tabla por la cámara. Ese es mi nuevo deporte al que absolutamente cada día le doy uso de forma gustosa.

Recorro el total de la playa hasta subir monte arriba, de donde diviso las vistas generales de la costa. Buscando motivos que fotografiar, estos parecen no querer salir. La distancia a los primeros planos de los cabalgadores de olas es demasiado larga para el objetivo de mi cámara. Cuantas veces he pensado en viajar únicamente con todo tipo de accesorios para la cámara como diversos objetivos,filtros o trípode. Las fotografias se multiplicarían, lo que me daría más trabajo a realizar al poder obtener todo tipo de posibilidades aunque con la contra de varios kg más de carga que mi cuerpo no podría soportar de forma habitual.

Me tumbo a descansar en lo más alto del camino, bajo la sombra de un débil arbusto. Al despertarme, no me puedo creer lo que veen mis ojos. Una especie de lagarto al que en máximo silencio intento fotografíar sin éxito al advertirse el animal de mi curiosa presencia en su terreno. En un intento desesperado por reencontrarmelo entre las hierbas me topo con una culebra de medio metro que de forma inmovil parece decirme que me retire. No quiero ni pensar que un minuto atrás estaba tumbado a escasos centímetros de ella con todo lo que eso podría haberme derivado durante mi descanso. Inicio el descenso a la civilización no sin antes tomar una toma vertical de un grupo de gabiotas en su máxima expresión de libertad al sobrevolar las olas frente a los acantilados.

Mi siguiente parada es rumbo al big banana ( El gran plátano) Otra de esos símbolos que identifica a la región en muchos de sus folletos. Parece que la única identidad que poseen muchos pueblos de Australia sean esas estructuras de animales,frutas o demás de tamaños desproporcionados como si de un récord guinness desearan para atrapar más al visitante. Frente al plátano gigante sonrío al imaginarme con segundas el otro significado que esa fruta puede tener, y más al estar situado frente a un pequeño parque de atracciones junto a una plantación, ésta vez real de la sana fruta amarilla.

He caminado varios kilómetros con lo que retorno de camino a mi morada, no sin antes abastecerme de víveres en una gran área comercial por la que me pierdo entre la multitud de sus comercios de renombre internacional, mientras busco lo antes posible la salida.

Al llegar al hostel, contemplo que no hay nadie por la zona. Tengo la llave de la habitación y no he pagado la jornada que pertoca, con lo que ante tal confianza por parte de la gerencia, decido ser honesto conmigo mismo y tomar mis pertenencias de camino a la estación donde buscaré algún nuevo jardín en el que dormir. Me podría haber quedado perfectamente en la misma litera y abandonarla al día siguiente temprano sin pagar, pero en vez de eso he preferido dar las llaves a los compañeros de cuarto antes de despedirme de ellos.

De nuevo en la estación, más solo que la una, lo que me hace reflexionar en calma tras averiguar del folleto de trenes que en unas tres horas llega un tren rumbo a Tweed Heads, el primer destino más madrugador al que decido visitar sin tenerlo planificado.
Me estiro sobre la hierba esperando despertarme en un par de horas para no perder el tren. Mi cerebro no me falla y me despierta a modo de alarma a falta de media hora para partir. A veces es curioso como el mejor despertador esta en la misma cabeza quien con muy poco margen de error te avisa de que te pongas en pie si realmente deseas levantarte por el motivo de importancia que sea.

Tweed-Heads

Llegada a Tweed Heads, como no podía ser de otra manera a primera hora de la mañana. Estoy ya en la famosa zona costera de la Gold Coast, bonito nombre sonoro para lo que ya me esperaba como esos enormes edificios de costa veraniegos a lo Benidorm. Todo es puro turismo de masas o como ya me advirtieron, de plástico en honor a nuevo turismo de cirugía o silicona que parece querer invadir el reciente siglo XXI.

Doy una vuelta por el paseo hasta entrar al espigon de rocas en el que reposo divisando el oceano antes de poner punto y final a mi rápida visita a esta población.

fALTA xxxxxxxxx Y PASA A

Día 16

Pongo pie en Canberra, esa ciudad que ostenta el título de capital de la isla más grande del planeta y no Sydney como muchos pudieran pensar de una lógica inicial. No me da la sensación de grandeza cual capital de este próspero país. No es ni medio día y no encuentro ningún sitio donde instalarme. Con un aspecto algo rural aprecio que las distancias de las avenidas son de lo más anchas adornadas con propiedades particulares y no enormes edificios comerciales. El hecho de ser capital hizo que creyera en un desorbitado flujo de movimiento de desarrollo aunque más bien parece todo lo contrario cuando se observa más zonas naturales como diversos parques o los jardines abiertos que albergan muchos de sus hogares. En ese aspecto ha sido una auténtica sorpresa pero para ver casitas particulares esperaré mejor hacerlo en otra vida.

Siguo caminando en busca de un maldito lugar donde asentarme, ni que sea para una sola jornada. A cada paso que doy trás más de una hora de caminar, mi cuerpo se resiente por momentos arrepintiendose de no haber dejado la bolsa en las taquillas de la estación de un principio. El tema es que debo hacer orden en ella tras la anárquica situación en la que se encuentran todas las prendan, en su muy particular competición por ver cual ostenta el título a la más arrugada.

Al fin diviso una casa con cartelito de acomodación incluído. Lo encontré sin preguntar a nadie pués está todo casi completamnte desértico. Imagino que tendrá algo que ver el que sea un domingo, uno de mis días menos predilectos cuando pienso que por mucho que formara parte de un día festivo, en mi ciudad siempre me dio la sensación de ser una jornada de despedida final antes de empezar el fatídico lunes tan odiado por la inmensa humanidad. Simepre hay que estar con los más débiles , por eso lanzo una lanza a favor del hermoso y radiante lunes ¡ todos con el!

La casa acomodatoria es enorme cuando entro en su interor y avanzo tras pasar por su bar estilo cowboy a modo de entrada, donde algunas personas malgastan sus monedas en las máquinas de colorcitos. No encuentro la recepción por ningún lado. Me planto hasta las puertas de las mismas habitaciones y pienso en esconder la mochila en cualquier lugar y caerme en cualquier rinconcito algo escondido. Su suelo de moqueta marrón lo veo hasta confortable para reposar estirado unas horas. Escondo la bolsa en un pequeño cuarto de limpieza pero pienso que realmente al ser tan temprano no mece la pena perder el día permaneciendo cerca de aquí con lo que retomo la bolsa de nuevo y empiezo a preguntar donde está la dichosa recepción. Me indican qeu es el mismo bar de maderas e iluminación más bien oscuras e íntimas donde solicitar la información pertinente. Una vez me adentro hasta la barra observando el rostro de unos tipos trabajadores tipo camioneros co sus enormes cervezas y cabezas en ángula algo caído me atiende una simpática moza de pelo rubio quién me da malas noticias. Más que un hostal parecía una residencia de cuartos alquilados por temporada, más que por días. No obstante obtengo información del Victor Lodge, una casa cercana la cuál sí esta libre. Su precio 20 euros con el ya famoso bed&breakfast. Serán unos 10 minutos más de avance para comprobar que en este caso si disponen de habitaciones libres, con lo que cuentan precisamente es con inquilinos. Tan solo hay ocupados un par de esos cuartos compartidos con lo que me toca uno enterito de 4 camas para mi solo. Descanso un par de horas mientras se la lavadora está haciendo su trabajo con mi ropa. Una vez tengo todas las prendas limpias y las reordeno en el interior de mi bolsa hasta saber dios cuando me tocará de nuevo llega a mi habitación un nuevo huesped procedente de Singapur y al más puro estilo de informático avanzado. Parece algo reservado hasta que le comento que estuve en su minúsculo país. Parece que tiene muchas ganas de conversar, pero yo en estos momentos prefiero conocer más que hablar con lo que me despido hasta la noche y comienzo a dar mis primero pasos en dirección al Parlamento, uno de los mayores edificios gubernamentales de la ciudad. El centro me resulta algo pequeño ates de tomar una avenida que se dirije en forma líneal sobre un puente hasta el Parlamento avanzando por enormes extensiones de parques situados junto a un enorme lago central con géiser incluído y la sombra de una gran antena de comunicaciones situada a lo lejos. Me siento en uno de los bancos del parque frente al lago donde fotografío a gente haciendo footing o pedaleando bajo los multicolores tipo arcoiris del espectro producido por la evaporación de los altos chorros del géiser. Mientras permanezco sentado me recreo con la imagen de un anciano dando clases de pesca a su pequeño nieto.

Llegado al Parlamento, entro en el mismo, debido a que es gratuíto. Hay varias salas de comités de lo más grandes y lujosas como el símbolo de poder que quieren transmitir. En su segundo piso, una serie de grandes retratos de los diversos líderes políticos del país invanden sus paredes dejando en un lugar privilegiado al cuadro que representa la jornada en que la Reina de Inglaterra creo entrega en asamblea las llaves del país de forma simbólica. En otras de las salas que visito me alegro al ver que poseen cuadros tribales de colección de los auténticos y más puros habitantes del país; los aborigenes. Sus tamaños alcanzan hasta los dos metros de ancho o más con motivos típicos y característicos de sus ingeniosas obras algo puntillistas aunque con falta de los nuevos colores que hoy emplean en sus obras como el rojo ,naranja o amarillo. El color predominante es el marrón clásico. Doy un último vistazo a otras salas del edificio, encontrandome separado de un grupo de turistas acompañados con guía, que se encuentan delante mio caminando todos en fila india como corderitos justo cuando uno de ellos tropieza de forma algo cómica bajo las risas de sus compañeros. Para acabar subo hasta la terraza superior del Parlamento donde una estatua de la Reina de Inglaterra vigila a los clientes del pequeño bar.

Vuelta de retrno por la misma avenida del puente hasta llegar al pequeño centro de la ciudad. Al pasar junto a un casino un elegante señor me pide algunos dólares de forma más que educada. Con las pintas que llevo se me hace raro que sea él quién me pida dinero. Parece que lo haya pedido todo en el juego.

Antes de acostarme me reencuentro con el joven de Singapur con quien desayunaré a primera hora de la mañana antes de partir a mi nuevo destino; Merimbula.

MERIMBULA

En la estación de autobús compruebo que faltan varias horas para la salida del nuevo transporte, lo que me hace tomar mi tiempo para ordenar las imagenes de la cámara y reordenar los escritos de mi pequeño cuaderno de viaje. Una vez partimos serán necesarias 3 horas de carretera para llegar a Merimbula al atardecer. Hoy debo buscarme una acomodación natural en alguna de las playas de la pequeña población. Escondo la blsa bajo unos arbustos de la apacible y slitaria playa para caminar hacia el centro para llamar a varios amigos con el saldo que todavía dispongo en mi tarjeta telefónica. Casi media hora de conversación me hace agotar todas las llamadas a varios de mis añorados compañeros quienes me provocan una relativa tristeza al escuchar sus voces. Cuanto me agradiaría estar con alguno de ellos en estos momentos.Tras la conversación acudo hasta mi playa particular para acostarme. Es demasiado pronto para dormir con lo que paso el rato jugueteando con la cámara con la que experimento nuevas tomas de mi rostro ante la oscuridad bajo unos disparos de flash con segunda cortinilla del obturados para dar a la foto una apariencia fantasmagórica al salir 2 veces mi cara en la misma toma; una con rostro de asombro o pánico y otra con aspecto de terror como si expulsara un espíritu desde mi boca. Hay que ver con lo que uno pasa el rato en ciertas ocasiones. Ahor sí es hora para dormir con lo que abro mi querido saco para meterme en su calentito interior bajo la suave brisa del mar provocando que no me despierte hasta el bonito y nuevo amanecer. El mágico color naranja del cielo y el tranquilo azul del oceano me hacen valorar el auténtico espectáculo de la vida. Por aquí he leído que hay delfines con lo que me adentro hasta la misma orilla de sus tranquilas aguas deseoso de escuchar alguno de ellos. Sería el no va más levantarse bajo los sonidos de tan lindos cetáceos xXxX
xX
xX
XX
pero parece que no hay suerte por hoy. La mejor temporada para verlos es de mayo a noviembre. Son solo las 6:45 de la mañana y ya estoy listo para buscar alguna cafetería para acabar de despejarme antes de decidir un nuevo itinerario. Merimbula es pequeñito pero parece una población con encanto por la tranquilidad que se siente en el ambiente que la rodea junto al suave balanceo de sus barcas amarradas en segunda línea de mar. Solo hay cuatro casas adornadas de muchas flores en sus entradas. Hay un pequeño bar abierto con vistas a la en teoría parada de autobús.

COMA

En cuanto tomo el único autobús que llega hasta este rincón de Australia su chófer ( el mismo con el tome mi último trayecto) me indica que a partir de Coma (2,5h. de recorrido) todas las plazas están ya reservadas. La verdad es que no me extraña nada cuando ves que es el único medio de transporte para los que no disponen de vehículo propio.

Coma es la capital de las Snowy Mountains, una de las únicas zonas de Australia donde la nieve permite la practica del ski. Hace años jamás hubiera creído que se pudiera esquíar en un país como Australia, cuyo imagen está más reflejada por el representativo rojizo de sus carreteras australes que por la blanca nieve. Se tiene que pensar más en que cuando un país alberga montañas que rozan los 3000 metros siempre hay nieve en sus picos. Tal como sucede en el Mauna Kea de Hawaii o en otros países tan remotos como Marruecos o Irán en los que también hay construídas pistas de ski para el asombro de muchos que jamás lo hubieran creído.

Al bajarme en Coma lo primero que busco es una oficina de información donde poder saber si hay alguna alternativa para salir de aquí en cuanto haya dado una rápida vuelta por sus cuatro calles. Parece que la cosa se complica puesto que solo hay una posibildad de tomar otro autobús dirección Canberra a un precio desorbitado de unos 50 dólares por una sola hora y media de trayecto. Deberé retroceder dirección sur de nuevo pero hacia otro destino diferente al de Coma a final de la tarde, siempre que hayan plazas disponibles en su único autobús de retorno.

Capítulo 11 Indonesia

enero 14, 2007


Compro el billete de barco en la Terminal de ferrys de Singapur dirección Batam por unos doce dólares, por un recorrido de sólo 45 minutos. El día está algo nublado, aunque la temperatura es templada.

Llego a Batam a las diez de la mañana. Amenaza tormenta, no obstante, hay una temperatura agradable. No puedo salir de la isla hasta el día siguiente: la salida en dirección a Sumatra se encuentra al otro lado de la isla y los horarios son a primera hora de la mañana. No tenía planeada la estancia aquí. A ver qué sale.

Esta pequeña isla cercana a Singapur dispone de un aeropuerto que goza de status de libre comercio, por lo que cuenta con infraestructuras de lujo, que pasan inadvertidas para el viajero de mochila que se dirige a Sumatra. Es importante saber los horarios de salida de los ferrys con dirección a Dumai, en Sumatra, debido a que hay un embarcadero de llegada y otro de salida a unos 40 kilómetros de distancia.

No hay ningún autobús hasta el centro de la isla, a unos veinticinco kilómetros, y los taxis son caros para lo que es territorio indonesio, ya que aquí se mantienen todavía los mismos precios de Singapur.

Me quedo en la Terminal durante más de una hora, pensativo, en uno de esos momentos con los que uno no cuenta en el camino. Realmente no sé qué hacer, pues no deseo que surjan gastos con los que no contaba.

Hablo con alguno de los trabajadores de la Terminal para buscar soluciones o esperarme a ver si me pueden acompañar hacia el centro .No me ofrecen mucha ayuda y decido empezar la ruta a pie .Me cargo la mochila ante la expectación de los trabajadores y empiezo el camino. Tras caminar durante una media hora, empieza a caer una débil lluvia .Sigo caminando con el incesante peso y bajo el agua .Por la poco transitada carretera me para finalmente uno de los trabajadores de la Terminal. Le doy las gracias por recogerme. Le comento que con que me acerque lo más cerca posible de su trayecto ya esta bien .Al llegar al centro, y ante mi sorpresa, me pide algo de dinero. “Menuda jeta tiene este grandullón” pensaba en mi interior. Parece que no se entera de nada de lo que le digo y me sigue pidiendo el dinero con el que parecía que ya contaba .Le comento que no tengo nada en metálico y me espera a que realice el cambio de divisas. Me acompaña a una agencia de cambio y le doy unos dos dólares al cambio. Por lo menos me acompañó también a cambiar dinero.
Indonesia esta empezando mal, pues nada es como me pensaba, el tiempo no acompaña, los precios no son los que imaginaba y la gente es muy persistente.

Durante la búsqueda de un lugar en el que caer, la gente se me hace realmente muy pesada. Voy caminando de un sitio a otro cerca de la carretera, buscando como siempre el alojamiento más sencillo. Los hoteles en los que pregunto por curiosidad, salen por unos quince o veinte dólares. Todas las motocicletas se van parando ante mi presencia, ya que un extranjero con mochila es un objetivo fácil para sacarse una propina al acompañarle.

Empiezo a estar realmente agobiado. La persistencia llega a ser tan continua que acabo respondiendo que no y no en una actitud nada amigable. Sigo buscando, pero todos los hoteles en los que pregunto son caros y nadie sabe (o no quiere decirme) dónde hay sitios más económicos. La gente aquí no me ayuda absolutamente nada. Sigo dando vueltas sin parar en la búsqueda. Como no encuentre nada de lo que busco, pensaré en dormir al raso en un lugar apartado, pues aquí la gente no me inspira nada de confianza. Ahora camino sin ni siquiera mirar al que me pregunta desde su coche o moto, tocando sin cesar sus escandalosas bocinas. Estoy empezando a perder la compostura porque llevo así más de una hora y media. Desde luego, ahora entiendo lo duras que deben ser las torturas psicológicas, ahora que mi cabeza está a punto de explotar. Finalmente acepto la ayuda de un chico que me informa de un hotel económico. Me acompaña en su coche hasta un hotel que solo cuesta 7 dólares con televisión incluida y todo. El hotel es de los más dignos que encontré hasta el momento. Quedo con el joven para que al día siguiente me acompañe a la Terminal de salida a primerísima hora de la mañana. Es estudiante de informática y por la noche trabaja en un local nocturno.

Me siento feliz de poder descansar a mis anchas y ver por fin algún programa en televisión (de vez en cuando, la verdad es que apetece). Justo ahora dan un concierto de un guitarrista oriental que toca versiones de los Shadows. Aprecio poder escuchar y ver algo que para mí es de tanto interés como un buen virtuoso de la guitarra. Desde la ventana de la habitación, totalmente vallada con alambre de espino, escucho el sonido de la lluvia, cada vez mas intensa, antes de caer la noche.

Tras unas 3 horas de descanso, y sin nada digerido en todo el día, decido salir del hotel para cenar algo y llamar a mi madre, ya que hoy es su cumpleaños. Cuando me dispongo a salir del hotel, el recepcionista me comenta que es peligroso salir sólo a esas horas y llama a un compañero que decide acompañarme personalmente a buscar un locutorio. Supongo que deseará alguna propina, como todos, pero al no solicitar sus servicios le dejo que haga lo que quiera. Justo al descender de las escaleras externas del hotel, totalmente empapadas, me resbalo y me golpeo de forma contundente y sonora el centro de la espalda y los brazos con el duro borde del escalón. La sensación que me invade en mi interior es realmente horrible. Me cuesta mantener la respiración debido al golpe, imagino afectó a los pulmones. No me puedo reclinar ni tumbar hasta que, tras unos minutos de intenso sufrimiento, compruebo que no me roto nada.

Parece que el destino no esté hoy de mi parte. Tras una tregua con el tema del hotel, parece que Indonesia sigue empezando mal y va cada vez peor. Acabo consiguiendo llegar al locutorio, y hablo con mi madre en voz baja (debido a la respiración) durante unos gustosos 4 minutos por menos de 3 dólares, sin comentarle el problema para no preocuparla. De vuelta al hotel compro alguna pasta para comerla en la cama, donde esperaré que mañana sea un día diferente.

En la oscura madrugada me viene a recoger el joven que me lleva a la Terminal. Por el camino me explica sus ideas de viajar por Australia. Al llegar a la Terminal me obliga a darle la mochila para llevármela tipo porteador. Me niego, comentándole que se puede quedar tranquilo ya que le daré su propina una vez me devuelvan el cambio del ticket. Le doy unos tres dólares del cambio, y me pide más amablemente. Me cae bien y le veo con ganas de realizar su sueño, así que lo subo a cinco
El precio del recorrido de Batam a Dumai sale por doce dólares.

A ver como empezará Sumatra, pues lo que es Batam espero que me quede olvidado de por vida.

Justo al entrar en el interior del barco me encuentro al grupo, sentaditos uno junto al otro sin mezclarse con los demás, y todos con sus nuevos aparatitos de reproducción de CD. Les saludo sin mucho entusiasmo debido a que no me esperaron en la Terminal del ferry de Singapur. Lo arreglamos y salgo a la cubierta del barco a involucrarme con locales para obtener información en primera persona sobre cualquier dato que pueda ser de mi interés. En la cubierta sólo se encuentran hombres que fuman sin parar. Hablo con un grupo de jóvenes y conecto rápidamente con uno de ellos que viaja junto a su hermano pequeño. Me invita a fumar y me explica cosas sobre Sumatra. Entro más tarde al interior del barco, donde están pasando en los caóticos monitores que, milagrosamente, todavía funcionan, una película de peleas callejeras, sobre bandas de tuk tuks (los pequeños carros motorizados típicos de Asia). Las maniobras de los mismos son realmente exageradas a modo de curiosos efectos especiales bastante reales y bien logrados.

Ya me encuentro en la isla de Sumatra, la quinta más grande del planeta y la tercera del archipiélago Indonesio, con una dimensión similar a la del estado español, y una serie de intereses colonialistas que no lograron, hasta principios del siglo XX, la unión de la isla bajo el mismo poder político.

Me encuentro ya en plena Swarna Dispa (o “Isla de oro” como antiguamente se le conocía) donde la fauna, la flora y las etnias abarcan ese factor de merecida importancia en la isla.

A la llegada al embarcadero de Dumai, la gente insiste para que cojas sus medios de transporte. Cogemos dos ciclocarros hacia la estación de autobús. Me siento mal al ver el esfuerzo de un pobre hombre de cierta edad pedaleando con el peso de 2 personas.

Con sus zonas polvorientas de pequeños comercios en mal estado, Dubai carece de todo interés. La estación de autobús ni existe, pues sólo hay un autobús junto a un comercio, en el que aprovecho para comer un par de alitas de pollo. El autobús con dirección a Bukkitingi cuesta cuatro dólares por diez horas de viaje.

Como anécdota relevante contaré que, a las dos horas de trayecto por zonas poco pobladas y alguna industria petrolífera, el autobús se para de repente en medio de la nada, por un supuesto problema del conductor con la compañía. La gente no sabe explicar qué ocurre, pero, debido a su gran tranquilidad frente al retraso, parece que esté acostumbrada a este tipo de problemas. La zona en la que nos detenemos se llama Duri, según dicen.

Para pasar el aburrido rato, fotografío a unos pequeños que se vuelven locos ante la luz del flash y al verse en la pantalla de la cámara. El problema parece que va para largo y los pasajeros comienzan a reclinar los asientos para dormir. No entiendo nada.

Ya han pasado más de dos horas y la gente empieza a dormirse. Deben estar tan acostumbrados a estos inconvenientes que no les deben suponer ningún problema laboral.

Mientras estoy jugueteando con los pequeños a los que fotografié, empiezo a escuchar el sonido del rasgueo de unas guitarras. Mi constante curiosidad me hace acercarme al lugar, junto a una pequeña tienda de alimentación, donde se encuentra un grupo reunido ante una larga mesa; entre ellos, el conductor del autobús. Contemplo los rasgueos de esas dos guitarras con alguna cuerda de menos producidos por las largas uñas de sus propietarios. Cantan canciones populares de la región, de sentimiento entristecido, como si de una mezcla entre el fado y folk se tratase. Saco mi pequeña y fiel armónica y les acompaño como puedo, compartiendo unos agradables e inolvidables momentos musicales, uniendo nuestras almas en un momento para mí grato y mágico. Hay un total de unas diez personas, entre ellos un militar, el propietario del comercio, un anciano que se adormece por momentos, un niño algo rellenito, una comerciante y un joven con camisa del presidente Suharto, algo emocionado y contentillo por el whisky que bebe, de marca Columbus, mezclado con naranja directamente de la botella. Su sabor no es muy fuerte si se está acostumbrado a las marcas europeas. Les saco fotografías y grabo un video que les muestro en la televisión del comercio. No se acaban de creer el ver su propia imagen reflejada en el monitor, observando sus gestos y sus voces mientras cantan. Me hacen repetir el video con más canciones y me ofrecen continuamente comida y bebida. Están todos estupefactos y emocionados a más no poder. Entonces, uno de los jóvenes me dice una frase de esas de las que uno jamás podrá olvidarse en su vida:”Eres como Jesús, con tu oscura melena y tu barba parece que hayas bajado del más allá para compartir unos ratos de felicidad junto a nosotros.”
Me siento bien, ya que empiezo a ver y sentir el sentimiento, complicidad y costumbres de la auténtica gente de Indonesia. Por si fuera poco, intento imprimirles fotografías sin saber si funcionara la máquina, cuando ante mi sorpresa vuelve a funcionar nuevamente.

¡No se puede pedir más! Indonesia ahora sí que empieza bien .El día anterior horrible, y este nuevo, maravilloso.

Ya de retirada, subo al autobús para descansar, pero están todos los asientos ocupados. Regreso al comercio en el que me habían ofrecido casa. Me acompañan a la casa de mi nuevo amigo, quién me saca una colcha para dormir en el suelo, donde dormiría mucho más cómodo que en el autobús. El joven duerme en el suelo también, dejando incluso a su mujer sola en la habitación (la única de que disponen en la pequeña casa de 4 tejas). Al cabo de una hora viene uno de los guitarristas a avisarme de que el autobús va a salir. Son las cuatro de la mañana y marchamos para volver a parar tras una hora trayecto.

Por aquí se deben tomar las cosas con mucha calma, así funcionan por estos mundos, y nadie de fuera lo puede cambiar.

Ahora sí que me toca reclinarme en el asiento para dormir algo antes del amanecer. Me despierto a las diez de la mañana y almorzamos algo en una pequeña tienda junto a la carretera. Miramos a ver si hay otra solución para poder llegar a nuestro destino algún día. A las once se pone el motor en marcha para poner por fin rumbo a Bukkitingi. Ahora, el trayecto es del todo interesante. Terminaron esos caminos polvorientos para pasar a la frondosa y verde vegetación, en unos extensos parajes naturales. Nos sentamos en la parte posterior del autobús, donde se acuestan los conductores cada vez que se turnan. Nos hacemos amigos de uno de los conductores. Un gordito simpático, vago y peculiar. Hacemos más paradas en medio de la carretera por obras, y unos simpáticos jovencitos suben al autobús para vendernos botellines de agua. Felices de sus ventas junto a su profesor de inglés (quien nos traduce lo mucho que les guata nuestra presencia), les saco fotografías, algo que parece encantarles.

¡Por fin! Llegamos a Bukkitingi tras 38 interminables horas de trayecto.

Desde luego, la idea inicial de haber llegado a Sumatra a través de Melaka (Malasia), como comenté al grupo, hubiese sido más rápida y barata, aunque puede que sin estas vivencias que, al fin y al cabo, son los momentos gratos por los que uno recordará realmente un viaje (eso sí, si no hay prisas).

Buscamos y comparamos camas nada más llegar. Los precios van desde los dos dólares a los nueve, siendo este último precio, de un hotel con televisión propia (equivalente a un 2 estrellas y media en nuestro país).

Tomamos un merecido descanso tras dos días sin estirarnos del todo, para luego recorrer de pleno el centro de Bukkittingi, junto a sus callejas de construcciones que rememoran el no tan lejano colonialismo holandés, que duró unos 350 años, antes de producirse conflictos armados contra la ocupación con revueltas como la de Aceh. Estamos en plena cultura Minankhabau, donde la sociedad se rige de una forma matriarcal, o lo que es lo mismo, por transmisión de línea materna. Es un dato realmente muy curioso teniendo en cuenta que la mayoría de sus habitantes son de religión musulmana (aproximadamente un 85%). El Islamismo se difundió en Sumatra a finales del siglo XIII. No precisamente por las armas de los conquistadores árabes, sino por el atractivo de una fe igualitaria que se adaptó a las costumbres y condiciones locales. Fe igualitaria que se palpa en la amabilidad de sus gentes. La mujer es la que realmente lleva las riendas. No es que se aprecie este hecho a rajatabla pero, por ejemplo en la oficina de turismo, la persona que me atendió me comentó que era cierto que su mujer llevaba la economía familiar. Esto no es nada nuevo, en cualquier país desarrollado la mujer es la que administra en muchos casos el capital, pero aquí los títulos familiares son exclusivos y hereditarios para ellas. Visito el reloj de la plaza junto al mercado para luego visitar los alrededores Sianok Canyon junto a Luís, no sin antes hacer una serie de paradas de emergencia en servicios públicos debido a necesidades vitales de vientre tan normales en algunos casos. Hoy es festivo, al tratarse del año nuevo chino, y las gentes pasean por los alrededores naturales, limpian sus motocicletas en el río o juegan al fútbol, como era el caso en el que jugamos un amistoso junto a unos jovencitos eufóricos con nuestros regateos, y en el que la admiración por nosotros se debe a las estrellas pertenecientes a la liga española. Mientras voy cruzando el río (tal como decía la canción de un tema que dejamos grabado de himno junto al Money Is Money en los regateos) conozco a una señora que espera a sus críos, que están revolcándose por la fría agua del río, y me explica, como todos, un poco de su vida y me invita a su casa. Lástima que ya pagué el hostal, pero me deja una tarjeta en la que su marido se anuncia como topógrafo junto a su dirección, en espera de que le haga una visita algún día.
Durante el transcurso de la mañana, multitud de personas me saludan con un típico “hello Misterrrrr”, intentando entablar una conversación en idioma sajón para practicarlo, supongo que porque que cada vez se dan más cuenta de que, poco a poco, empieza a subir el turismo, por lo que saber bien el idioma será importante en un futuro. Y es que aquí está todo por explotar todavía, aunque espero que continúe así por mucho tiempo (si no, al menos podré presumir de haber estado en esa etapa auténtica anterior, antes del desarrollo turístico por el que, si llegara el caso, dudo que la población dejaría de dar esos tremendos saludos). Por los alrededores de las majestuosas vistas del inmenso cañón se encuentra el parque Taman Panorama, en el que hay varios primates copulando o colgados de las ramas. Conocemos a un grupo de jóvenes estudiantes, felices de conversar y poder fotografiarse con nosotros, que nos llevan y nos explican un poco los datos de las Japanese Caves (unos túneles japoneses a modo de antiguas galerías que fueron construidos estratégicamente por los nipones durante su invasión en la II guerra mundial).Hoy es otro de esos días en los que disfruto con la cámara a modo de recuerdo para mi archivo eterno. Hoy toca pizza, pues no todos los días me encuentro con la posibilidad. Es un local joven en el que te organizan algunas salidas de interés, como a las islas Mentawaii o Nias, para la práctica de surf en uno de los pocos territorios casi salvajes que todavía quedan por estos mundos (por eso los precios también son salvajes para lo que es la economía local). La idea me tienta aunque no me lo voy a permitir, pues esta enfocado de cara al turista, con lo que pierde parte del interés y de los ahorros antes de mi vuelta. La pizza era buena aunque algo pequeña, pero sin olvidar la tan repetida palabra en estos meses: barata. Conocemos un chico holandés (¿por qué será?) que se alberga en el hostal y que se dirige a la zona de los lagos, la que espero que sea mi próximo destino. Acabamos en otro local para tomar el ya tan asiduo Pancake de Chocolate, localizable en la mayoría de países recorridos, donde me enseñan un libro de tremendas fotografías de Pulau (isla) de Siberut, que forma parte de las Mentawaii. Me empiezo a fascinar por el tema debido a que allí se localizan tribus de máximo interés antropológico. Nos comenta que le faltan justo tres personas para cerrar el grupo de visita, pero el precio es similar al anterior. Por un momento, los tres amigos nos quedamos mirándonos el uno al otro para decidir algo. Ángel y Luis lo pensarán con la almohada. Por mi parte, decidiré realizarlo, pero por libre y más adelante, en carguero. Sigo ojeando el libro, en el que veo fotografías de las tribus lijándose los dientes a lo drácula como símbolo de belleza, aprendí que comen primates, perros e incluso murciélagos de hasta dos metros de envergadura. Cada vez tengo más claro el visitar la zona. Lo encuentro una experiencia personal realmente interesante.

Me despido de Luis y Ángel de nuevo, ambos irán en dirección a Yakarta, en Java.
Por mi parte, yo cojo un pequeño autobús por 0,10 dólares en dirección a la estación central para ir a visitar el lago Maninjau. El pequeño autobús está completo, hay poco espacio en el interior debido a las grandes bolsas con alimentos u objetos de algunos de sus ocupantes. Hay una hora de trayecto, y me apeo antes de la llegada para bajar la cuesta que lleva hacia el lago volcánico, desde donde se divisa todo el esplendor del valle que hay a su lado.
El descenso al lago es maravilloso y reconfortante, en un ambiente de máxima tranquilidad y rodeado de una frondosa vegetación. Una vez en la entrada, sigo bordeando el lago de un lado a otro. Los hogares de la zona son rudimentarios pero de simpáticas construcciones rodeadas de amplios campos de arrozales. Sigo por la carretera, donde me encuentro un enorme dragón de Komodo tostándose al sol, sobre el tronco de una palmera que se asoma al lago. Esta especie única, caracterizada por ser carroñera y bacteriológica, puede llegar a medir más de tres metros de largo y pesar 160 kilos, pero aún así puede alcanzar los 20 kilómetros por hora. Se sabe que vivian hace 15 000 000 de años en Indonesia y Australia y yo ya lo había visto en Melaka y Sumatra. Cuando advierte mi presencia deja la palmera y se dirige hacia mí. Me separo unos metros del borde de los matorrales para poder echar a correr en caso de que el lagarto saliese de entre el follaje, ya que está constatado que unas ocho personas perecieron al convertirse en el menú del animal. Se sabe que el éxito de su búsqueda en el alimento se basa en su fino olfato para detectar presas débiles o infectadas que, por mucho que le huyan, siempre son encontradas gracias a que pueden detectar el olor de la sangre a varios kilómetros de distancia.
Las ramas de los árboles son enormes y las gentes de la zona son muy afables y cordiales. Retrato a algunos comerciantes junto a los que descanso de tanta caminata en una de esas banquetas que sitúan junto a su tienda. Camino y camino, aprovechando lo que queda del día antes de coger el último autobús de regreso a eso de las 18:00, ya que no sé si resultaría fácil que te recogiera alguno de los pocos vehículos que suben por la carretera hacia Bukittingi. Tomo algo en un pequeño y acogedor café-restaurante cuyo dueño tiene, a modo de adorno, unos enormes y curiosos nidos de pájaros dignos de estudios para los más recatados ingenieros. Me encuentro totalmente solo en el café y el hombre me comenta que no hay muchas visitas de extranjeros, cuando observo que su hijo lleva una camiseta de fútbol del Valencia, entonces les comento de dónde proviene. Le pido información sobre la isla de Siberut debido a mi desconocimiento de la zona y la poca información que hay (sólo disponible a partir de agencias, que te la cobran) para poder visitarla. Me da datos de algún habitante de la isla para que me ayude en lo posible de su parte. Acudo rápidamente hacia la inexistente parada del autobús, justo en el cruce de la carretera ascendente, frente a un comercio con un gran rótulo y dibujos que hacen referencia al sida, y me cruzo con varios escolares con sus velos o sus negros gorros. Es la hora en el que todos los alumnos acaban la escuela. Uno de los grupos de niñas me sonríe tímidamente, tapándose de la vergüenza en el momento en que me ven la cámara. Ya empezado el atardecer me instalo en el único hueco del pequeño autobús de retorno y me asomo incómodamente por su fina ventana, golpeándome sin cesar a causa las curvas de la subida, pero obteniendo como recompensa ese hermoso atardecer de un paraje al que le prometí volver en otra ocasión.
Vuelvo a cenar en el badulak café del día anterior, dónde prometo a uno de sus jóvenes propietarios una vuelta al día siguiente por los alrededores, gestionada por él mismo. Después de cenar algo me adentro en la barra y hablo con otro joven, enamorado de la música occidental, que me muestra orgulloso cd de guitarristas. Le propongo un cambio de información para conocer algún guitarrista de Indonesia, pero, según él, no son buenos. Por mi parte, le dejo anotada una decena de excepcionales guitarristas españoles, desde flamenco a rock, para que los busque por internet y yo pueda escucharlos cuando vuelva a su local. Éste está medio lleno, aunque es bastante reducido, y está decorado con máscaras y telas de la zona. Uno de los clientes me comenta que es un fotógrafo portugués de surf al que envían en ocasiones a la zona para realizar reportajes .

Me despierto por mi cuenta a eso de las nueve, cuando le dije al chico de recepción que me despertara a las ocho. No sé si se le pasó o no se enteró, el hecho es que ya no llego a la visita que prometí al chico del bar. Acudo para excusarme y le comento lo que me sucedió. Me dice que haga la visita por libre alquilando una motocicleta. Acudo a uno de los pocos puestos de alquiler pero empieza a lloviznar y prefiero no alquilarla por la inseguridad y que no están provistas de seguro por accidentes.
Acudo a la ya conocida estación de salida de autobuses, donde altas voces humanas anuncian las salidas más inminentes, entre ellas mi destino. Hoy acudo a un pueblecito, famoso en la zona por sus costumbres propias de tejidos artesanales koto Baru. Me bajo en medio de la carretera, justo en un desvío que lleva al pueblo, a unos 4 km al fondo. Tengo todo el día para tomármelo con calma. Empiezo a caminar en su dirección y advierto una escuela en el que todos sus alumnos se encuentran en su hora de recreo, con sus cortos uniformes de color café anaranjado. Al percibirse de mi cercanía empiezan a abalanzarse hacia mi, curiosos, con varios “hello mister” y “what is your name” en medio de multitud de risas. Les realizo los masajes y se derriten, haciendo que salgan las maestras ante tales gritos de exaltación. Parte de los vecinos de los alrededores advierten también mi presencia y se asoman con curiosidad. Fotografío sin cesar a los jóvenes apiñados y, tras probarles el masajeador, me despido efusivamente. Al rato de la caminata pasa junto a mí, por el pequeño camino de tierra, un señor con su antigua motocicleta, que me ofrece subir con él para llegar al pueblo. Contemplo el paisaje acompañado por el ruidoso motor de la motocicleta. Llegamos a su pequeña tienda de golosinas, donde me presenta a su familia y vecinos. Su pequeño comercio esta al final del pueblo, junto a una mezquita, muy próximo a su pequeño hogar; allí me muestra orgulloso algunas fotografías de su familia, y concretamente de su hija, a la que no para de besar con motivo de su triunfo en un concurso musical. La pequeña, junto a su inseparable amiga no se separa en ningún momento de mí. No sé por qué, pero me siento como si fuera un descubridor de talentos que le concede una oportunidad. Posee unos rasgos realmente bellos y exóticos, aparte de que es algo coqueta y se siente feliz con su imagen. Acudimos de nuevo a la tienda, donde pruebo alguna pasta de la zona y toco la armónica ante su presencia .Les hago masajes y les intento imprimir una fotografía antes de percatarme de que no funciona mi impresora. Les comento que voy a dar una vuelta por lo alto del pueblo y me acompaña junto a sus hijos. Por los alrededores hay máquinas de elaboración de azúcar extraído de las cañas. Son máquinas de lo más rudimentario, que harían las delicias de algún museo de maquinarias antiguas. Me corta una caña para saborear su dulzura interna. Me va presentando uno a uno a los pocos que frecuentan la zona norte: desde esos leñadores que se extrañan de mi presencia hasta esa familia con su crío apoyado de la pared de la casa, en una actitud mística y pensativa. Regresamos a la tienda y allí me encuentro a una nueva, pequeña y simpática vecina que no para de reírse. Una de las adolescentes me pregunta si estoy casado. Al responderle en negativa su familia le comenta algo riéndose, lo que le provoca cierta vergüenza ante el interés mostrado en mí. Antes de despedirme me enseña su taller junto a su complicada máquina tejedora y la de su vecina, que está tejiendo unas telas batiks. Regreso a pie hasta la carretera, donde intentaré que alguien me recoja en dirección a una zona próxima en la que hoy me comentaron que se hacen luchas de búfalos, típicas de algunas zonas de Indonesia. Mientras vuelvo, respiro la paz de los alrededores, cruzándome a algún señor que está sacando a pasear a su búfalo como si de un perro se tratase. Diviso a un pequeño en una charca, con su neumático de plantas y cañas, que avisa a su familia de que ha visto a alguien diferente, imagino. Se despiden de mí con los brazos en movimiento. Me quedaría con ellos un rato, pero no dispongo de tiempo suficiente. Por estos parajes podrías emplear semanas sólo en conocer a todo aquel que te saluda. Llego al final del recorrido (o lo que es lo mismo, a la entrada al pueblo) donde se encuentra una enorme sinagoga junto a algunas casas de la zona con arquitectura de tejados en forma de las puntas tan típicas de Sumatra. Al llegar a la carretera cojo una furgoneta que me recoge en buena dirección. Me comentan que en una hora comenzarán los combates (solamente se celebran los miércoles y sábados a partir de las 16:00). Al llegar a la zona donde se celebra contemplo que no es ni siquiera un pueblo: sólo hay cuatro casas. Todos son varones, a excepción de un par de camareras con las que tomo un café. La gente empieza a hacer apuestas en masa a favor de una de las bestias. Son combates físicos en los que la victoria es para el animal que consigue hacer huir a su adversario. El campo de combate está enfangado y rodeado de una penetrante vegetación selvática. Los cuidadores de los animales no se separan en ningún momento de ellos, y les hacen constantes caricias en espera de sacar un provecho económico. Tras fuertes gritos, empieza el combate y las bestias deslizan sus cabezas de enormes cuernos para imponerse. Se realizan únicamente dos combates de unos quince minutos cada uno. Las salpicaduras de fango producidas por las patas de los animales son continuas. En el primer combate no huye ningún animal, pero en el segundo es divertido ver como huye despavorido el perdedor a lo largo de los alrededores de las casas. Los más jóvenes empiezan a seguirlo y me recuerda a los encierros de Pamplona. Finalmente, amansa la huida y un jovencito, en actitud victoriosa y de poder, lo ata para su retirada. Había imaginado el combate más arriesgado, lógicamente al provenir de una tierra en la que la tradición hace que sea una lucha a muerte injusta entre humano y animal. Regreso de nuevo a Bukkitingi en otro furgón, esta vez pagando.

Recojo todas mis pertenencias para dirigirme otra cálida mañana a Batusanghkar en un trayecto de una hora. Deseo visitar el King Palace, una de las enormes y antiguas casa de punta más antiguas de la zona. Recojo a un motorista que me acompaña con todo el peso de la bolsa en la parte delantera de la pequeña motocicleta. Se va realmente incómodo, y encima empieza esa imprevista lluvia que hace que paremos de urgencia en la primera caseta que vemos. El motorista hubiese continuado ante la intensísima lluvia de no ser por que le quise invitar a un café para hacer tiempo antes de de continuar. Tras treinta minutos de espera tomando ese copi(café ) del archipiélago de sobre y de dulce sabor, en esa casa cualquiera del camino en el que dejo la mochila guardada hasta mi regreso, partimos de nuevo. El trayecto hasta nuestro destino es de unos 15 km. El palacio es realmente espectacular y hermoso. Con techos de puntas, detalles coloristas en las maderas granates y un pequeño museo en su interior con objetos de época. El palacio, solitario, se encuentra en medio de una especie de valle, donde se encuentra algún comerciante con bebidas multicolores tostadas al sol. Unos jóvenes visitantes se fotografían junto a mí como si fuese más reclamo que el palacio en si. Hacemos trasbordo de motocicleta para acudir a Balimbling .Todo el trayecto hasta ahora (unos 30 km.) por sólo un dólar. El joven motorista me acerca hasta lo que es la casa más antigua situada en Balimbling, de 400 años. Me acompaña a su interior donde doy a su joven propietario tirado entre la paja del interior de la casa algo de dinero para la conservación de la casa. Finaliza el recorrido en lo que es la carretera principal a la espera de coger un autobús regular, por donde no ve que pase ningún otro vehiculo. Tomo un refresco cerca de un grupo de patos que cruzan por la carretera, y a los que fotografío (una simpática estampa, ya que aparecen junto a un grupo musulmanas esperando el vehiculo). Los aldeanos no paran de preguntarme curiosidades sobre el país del que procedo. Les explico algo de las celebraciones taurinas ante su total incredulidad y me hablan de lo que todos ya saben de mi país: del dichoso futbol, y en concreto, del embajador representante acabado en s Raúl Gonzáles. Sin esperar mucho acudo a Omilin (lago Singharak) como último punto de visita del polifacético día. Al llegar, el recibimiento es eufórico .El conductor del autobús avisa de mi presencia a la gente. La sensación de recibimiento es de estrella de cine, pero deseo pasar desapercibido el resto de la tarde, recorriendo parte del nuevo y hermoso lago, donde cuesta apreciar dónde empieza el azul del cielo al fondo. A las siete de la tarde me entero de que no hay transporte para dirigirme a Padang. Me encuentro al conductor que me trajo aquí, y comentándole el porqué me dijo que era la hora en que pasaba el último. La razón era que deseaba que me quedara en la zona a dormir con ellos .La verdad es que en ese momento no tenía ganas de tanta amabilidad, cosa de la que me arrepentí más adelante. Les comento que estoy muy agradecido pero es importante que acuda a la capital de la zona. Me pongo a hacer autostop junto a ellos y, tras una media hora sin que parase ningún coche, doy una pequeña patada a la mochila en señal de rabia, por la pérdida de tiempo (con buena causa, eso si) que me han causado. Para demostrar la sensibilidad de la gente puedo decir que noté su preocupación, e incluso susto, al dar la patada a la bolsa. Desisto en el intento y cuando casi me he decidido a quedarme con ellos, me empujan a un autobús que no llega a Padang pero sí va en su dirección. Tengo sólo unos segundos para decidirme, ya no sé qué hacer realmente, pero mi empeño natural de adelantar kilómetros por las noches para visitar el máximo de zonas por las mañanas me empuja a subirme al transporte. Me despido tristemente de todos, dándoles una bolsa de pastas a medio acabar.
La gente en el autobús se ríe continuamente. Parece que se rían de mí, pero no es así. Me siento al final, junto a unos jóvenes que están durmiendo hasta que se despiertan al escuchar las risas de los pasajeros delanteros. Les pregunto a los jóvenes dónde se dirige el transporte, enseñándoles una hoja señalizada que llevo encima. Me señalan el punto en Padang Panjang. Me quedo ya tranquilo del todo al saber que efectivamente voy en buena dirección. Me despiertan a la llegada.
El pueblo no tiene atractivo, no sé si será por la noche, por no poder contemplar los parajes que puede que lo rodeen. Justo al bajar al arcén me señalan un coche que arranca y me hacen corren en su dirección antes de que se marche. Resultó ser un coche cualquiera que su dueño utiliza a modo de taxi en hasta la capital. Me pide dos dólares, regateo a uno y acepta sin pensarlo mucho. La distancia es corta pero el tiempo no: tardamos unas dos malditas horas, con ocupación máxima en la parte posterior del vehiculo (seis personas más bolsas sólo en el asiento trasero) y en lo que ha sido uno de los peores trayectos que he hecho nunca.
Al llegar busco alojamiento urgente, pero lo poco que me encuentro está completo debido a que es festivo. Paro a tomar algo en un Kentucky, del que ya ni siquiera recordaba su existencia. Mientras me tomo las alitas junto a la entrada del local, los trabajadores empiezan a recoger el local para cerrarlo. Ofrezco una alita a uno de sus empleados, quien, al verme con la mochila, me pregunta si tengo sitio donde dormir. Le comento que todo lo económico que vi está completo y me ofrece ir a su casa. Por supuesto acepto, y espero a que acaben de recoger.
Acudimos a una tienda en la que deja unos aparatos insecticidas y subo a su moto para ir a su casa, que se encuentra a la salida de la ciudad. Nada más bajar de la moto voy a la parte posterior de la casa, y de repente escucho el arranque de la moto. Lo primero que me viene a la cabeza es que la arrancó para marcharse con mi bolsa, cosa que me extraña al saber donde trabaja. Por suerte, me equivoque al dudar de el, pues sólo la estaba cambiando de sitio. Acabamos de comer alitas y más alitas que cogió del local junto a bolas de arroz, y me prepara una esterilla con mantas en el suelo de la entrada de lo que, en mi país, se consideraría una barraca más que un hogar. Tiene toda la pared llena de pósters de fútbol de la liga europea. Me enseña su Corán e interpreto por sus palabras que me ayuda porque así debe ser según su religión. Nos fumamos un cigarro juntos (pero no revueltos) entre algunos comentarios medio adormecidos.
Los llantos de un pequeño me despiertan al amanecer. Se trata de su sobrino, que se encuentra junto a su hermano y su cuñada mientras ésta prepara el desayuno. Desayunamos juntos e intento imprimirles una fotografía, sin éxito: la impresora esta ya del todo muerta. Me ducho con el agua que extraigo del pozo de la casa, entre cuatro paredes de cemento, y después acudimos juntos al centro en autobús. Al ver que no tengo monedas sueltas me lo paga encantado, diciéndome que hoy por ti y mañana por mí. Nos despedimos, no sin antes darle un billete de 2000 rupias que no me acepta hasta haberle insistido hasta en unas cinco ocasiones. Ojala cada día pudiese pagar a algún local las ayudas prestadas, sale muchísimo más barato que alojarte en un hotel y encima te ofrecen comida, bebida y compañía. Es el mejor intercambio hospitalario que puede haber.
Busco desesperadamente un centro en el que descargar las fotografías en un CD, ya que tengo la memoria de la tarjeta casi completa. Mientras espero dos horas hasta que me las pasen dejo la mochila en la tienda y almuerzo algo en una tienda próxima, cuyas empleadas acaban sentándose junto a mí, interesadas en mi periplo viajero. Por aquí se nota la poca presencia de extranjeros, y eso que me encontré a un americano de Texas que hablaba un español fluido y que vivía por la zona, ya que se había casado con una bajita indonesia que me presenta orgulloso. Estoy haciendo tiempo antes de informarme sobre cómo ir a Siberut cuando, al salir de una tienda para comprar agua, me topo con dos jóvenes estudiantes con chaqueta y corbata, y uno de ellos no para de pedirme cigarrillos. Le invito a unos cuantos, pero el joven no para y acabo negándome a darle más. Me acompañan hasta la zona de la playa principal de Madang, con sus mesas verdes encima de la arena, que me recuerda a los antiguos chiringuitos de Barcelona. La playa no es que tenga mucho encanto, y tampoco hay mucha gente paseando por allí. El joven de los cigarrillos es realmente repelente y engreído. Me hace saludar con un salam malecum a todas las jovencitas con las que se cruza, como si fuese un trofeo que quiere mostrar. El otro joven es mucho mejor persona y no para de preguntarme datos sobre mi país. Estudia informática y se le ve aplicado para tener solo 17 años.
Acudo a la tienda de fotos, recojo el CD por dos dólares y les muestro unas fotografías a los empleados en el interior de su estudio fotográfico. Las contemplan como si se tratase de algo lejanísimo para ellos, cuando son de otros países cercanos a Indonesia.

Hasta aquí mejorado por Miriam

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Al salir de la tienda se ha producido un incendio cercano en una casa y la gente esta exaltada .No dejan acercarse y cojo un tuk tuk direccion a Bungus a unos 20 km de donde creo hay barcos direccion Siberut.El paisaje hacia Bungus no esta mal pero el problema es que no parten barcos en esta epoca .Me paro en el unico comercio del embarcadero en el que me hago el desesperado para ver si hay alguien que sepa de algun conocido que acuda en alguna pequeña embarcacion propia.Abte la imposibilidad retorno hacia Padang de donde si salen justo hoy.El coche que me recogio en la carretera me deja en una estacion de servicio cercana donde pruebo el masajeador a las simpaticas empleadas ,a las cuales animo en lo que es su trabajo aburrido según sus bocas.Al llegar al puerto compro el billete por 4 dolares pero faltan 2 horas para partir .Contemplo a la gente cargando las mercancias en el bote .Me introduzco en el pequeño barco de carga .Esta repleto de bolsas enormes demercancias ,motos etc…Antes de partir como algo en el bar del embarcadero donde su dueño me da informacion sobre contactos en la isla a modo de guias ,algo necesario para su visita debido a los peligros que hay en ella .Desde animales venenosos a todo tipo de terreno de jungla peligrosa.Me comenta que hay guias a los que han pagado 3000 dolares algunas productoras de television por solo una semana.Eso es una fortuna por aquí y ahora entiendo el buen trabajo audiovisual que se puede realizar con dinero ,pues donde hay ayudas de este tipo sera donde se consiga acudir a las zonas mas interesantes e inaccesibles de la zona.Valoro mas por eso mi ejemplo de querer hacerlo sin ningun tipo de gastos en ese sentido.Supongo que seran productoras internacionales reconocidas ,ya que se deben pagar impuestos especiales para la filmacion en su interior ya que esta toda protegida al tratarse de un terreno excepcional en el que todavia quedan algunas de las pocas tribus reales de asia (los mentawaii).Me pasa el contacto de un familiar por el que tengo que preguntar en la isla de su parte.No pienso hacerlo ya que me generara mas gastos.Al partir me pongo en la proa en el que la gente se empieza a tumbar .Hay algun pequeño camarote para los que pagan el doble pero no me interesa encerrarme .Prefiero mezclarme entre la masa.Tras pocos minutos de travesia ya conozco a un grupo de personas ,desde una señora con su preciosa hija de cabellos castaños naturales .Algo extraño por aquí y de lo que se puede presumir mucho.La jovencita me trae recuerdos de mi hermana en su infancia.Uno del grupo me empieza a enseñar enormes langostas de una pinta deliciosa .Les hago masajes y el resto del barco mira hacia nuestra zona de donde salen las carcajadas constantes.Al tumbarme toco la armonica mirando al cielo lleno de estrellas bajo la marina brisa del mar y las voces de los que me rodean con cantos populares.Me hacen posteriormente cantar algo de mi tierra y me lanzo con unas entonaciones graves con las que dejo a todos perplejos sin tener por eso una gran voz.Este es otro de los momentos magicos por los que seguro que recordare de nuevo Indonesia .Ojala la vida estuviese llena de estos momentos para valorar los que no fuesen tan buenos y no al reves como pasa.Empieza a llover una fina lluvia que asocio a la del chirimiri del norte y se meten todos en el interion.Me quedo solo al descubierto saboreando el momento que nada ni nadie me va a quitar.Ni siquiera la lluvia .Posteriormente observo desde el exterior al centenar de ocupantes en la cubierta durmiendo en el suelo llenos demantas.Los fotografio y parece que fuesen cadaveres todos repartidos y doblados por todas partes.

A eso de las 6 de la mañana llego a Siberut bajo la lluvia ahora intensa .La gente empieza a descargar las mercancias ya que hasta dentro de 5 dias no sale el siguiente barco.Alguno se mete tremendo resbalon por el agua.Me protejo bajo un arbol y no se lo que voy a hacer.No tengo informacion de nada,esta lloviendo y por aquí no hay siquiera alguna casa proxima .Me emto en el camion con las mercancias que se dirije imagino al centro.Uno de los ocupantes del barco al que me encuentro me comenta que es guia y le comento que solo deseo informacion primaria .Me hace acompañarle a un bungalow junto a una playa en el que tiene su oficina ,la cual no consta mas dde una mesa y tabla y algun papel .me empieza a explicar la necesidad de un guia para penetrar en el interior de la isla.Por el momento ya lo pensare ,ahora de momento me quedo en la cubierta junto a su oficina en el que me dicen que es un hostal aunque a principio ni me lo creo al no haber nada.La lluvia hace que me instale aquí aunque mi proposito era quedarme en la misma playa a modo de habitaculo natural .Tomo un café en el porche del barracon bajo la lluvia .En cuanto cesa voy junto al ya adjudicado guia a recoorrer la zona.Pues es necesariamente obligado su presencia al ver el tipo de terreno en el que me encuentro.Al inicio de la ruta contemplo aterrado la profundidad del barro fangoso en el que me encuentro decido entonces utilizar escarpines para no destrozar las bambas.Los primeros pasos son algo aterradores al hundir tus piernas por el fango ,llegando algunos momentos a cubrirte hasta casi 1 metro pensando literalmente lo de que la tierra te va a tragar ,nunca mejor dicho.Llegamos tras un par de kilometros a la aldea de Sakelo en la que veo al primer homble flor o mentawaii.Lleva finos tatutajes tradicionales alrededor de su cuerpo con motivos tribales que representan temas como el sol o el mar al que se encuentran tan ligados.Su estatura es bajita,su carácter simpatico y sus delgados ojos azules.Comento al guia mi deseo por conocer todas las zonas mas interiores de la isla ,aunque me comenta que sale caro por el tema de la gasolina y de ser unico viajero sin compartir gastos.Por ejemplo unas 2 horas en canoa atravesando el rio unos 15 dolares .Decido que al dia siguiente realizare una parte del itinerario en canoa.Descanso en el cuarto de la casa del anciano mentawai junto al guia en el suelo con una esterilla tras comer magnificas frutas exoticas recogidas por los alrededores .Una de las frutas es parecida al mango.La piña es mucho mas sabrosa de lo normal.En una de las paredes de la casa hay una fotografia antigua del anciano ,en su epoca joven durante una caceria tambien hay un arco que emplean para las cacerias de primates .La choza contigua es algo mas espaciosa y adornada a modo de amuletos de craneos de todas las tallas de los primates y jabalis.El terreno a partir de la aldea de Sakelo es todavia mas profundo y fangoso al encontrarse junto al rio Bofonan.Me comentan que por la zona hay serpientes venenosas que han matado a algun poblador .Tras la siesta a la indonesia empezamos una pequeña ruta mas interior de unas 2 horas .hasta llegar a otro poblado en el que viven los familiares del guia.Acudimos a la choza de sus padres en donde me los presenta.Hay unas 8 personas una anciana con cara extrañada su madre tambien adornada de tatuajes tradicionales y su padre recien llegado de Padang donde le operaron al no poder tratarlo en la isla con las medicinas tradicionales que usan con todo tipo de plantas .De ahí que los llamen los hombres flor ya que todos sus ritos, adornos ,complementos,artesanias y remedios curativos los basan en la gran variedad de plantas de las que conocen todas sus propiedades transmitidas de generacion en generacion.El padre me comenta que fue a la ciudad solo para su operación ya que no les gusta nada la cultura tan antagonica de las grandes poblaciones en desarrollo.Fuman todos como cosacos esos cigarrillos liados con hoja de platano a los que llaman banana lee .Su sabor es parecido al de un puro .Los cigarrillos de paquete por eso son traidos de la ciudad y son realmente horribles con un olor y gusto parecido al del anis .Mientras les grabo y fotografio la hermana del guia no se encuentra a gusto con mi presencia ya que me percibo de sus serias miradas.El resto del grupo son muy agradables .Empiezan a discutir entre ellos pensando que se trata del tema de que les retrate hasta que les pregunto respondiendome que se trata de la infidelidad de la mujer del guia ,la cual le engaño con otro hombre.Aquí son todos muy religiosos y tienen nombres biblicos como por ejemplo el del guia que se llama Cornelius.Tras el poblado continuamos un 2 de horas mas la ruta hacia Muara Siberut ,la zona mas poblada de toda la isla .Durante el trayecto hacia la zona pasamos por campos y zonas de jungla en la que hay alguna porteria de futbol hecha con 3 troncos.En Muara Siberut compramos provisiones para la proxima ruta antes de retornar en moto al punto inicial de todo recorrido.Por el transporte en moto de unos 3 km te cobran 1 dólar.A la llegada me meto un baño solo en la hermosa playa virgen y solitaria.La sensacion de plenitud personal es grandiosa .Tras el baño recorro parte de la larga playa hasta que diviso al fondo un grupo de pequeños chapoteando en la orilla.Al a cercarme a ellos salen de la orilla para jugar conmigo .Les saco varias decenas de fotografias mientras saltan al agua justo al inicio del hermoso atardecer que colorea la calidez de sus caras .En la choza que me instalo vemos una pelicula indonesia malisima de tematica romantica con fuertes dosis de belicismo y karate antes de que cierren el suministro electrico .Solo hay unas horas al dia de suministro en el que aprovecho para cargar las baterias.Tras la pelicula acudo a mi barracon en el que tienen mosquitera y varias velas encendidas.

Un nuevo dia empieza con el despertar de la intensa y normal lluvia matinal .La diviso y contemplo estirado en el suelo de la choza entre el chasquido de las tejas de maderas. Me preparan el desayuno antes de la partida hacia el interior de la isla.Acudimos de nuevo a Sakelo donde esta la canoa para partir.Ya han conseguido gasolina para la larga canoa .Tras varios intentos desperados de arranque del motor,iniciamos el recorrido por el oscuro y fangoso rio Bofonan ,cruzando varias especies de grandes aves y un lagarto de Komodo o similar saliendo del rio.Este recorrido si se hace especial y no como el del Mekong plagado ya de barcas y turismo.Aquí estas solo tu y nadie mas que tu.Tras una media hora hacemos un alto en una casa perdida de las manos de dios .Me pregunto como puede haber gente viviendo tan alejada de lo que es el centro de las pequeñas aldeas anteriores.Hay 2 jovenes en la choza que preparan café. Tienen una guitarra de mala de calidad a la cual doy uso .Se quedan perplejos por los 4 acordes que toque y tras el café les anote en un papel para su practica.Tocamos musica de indonesia con acompañamientos de palmas y armonica.Una sola hora de parada y ya te sabe mal dejar a esos con los que te pasarias varios dias en compañía.

El color del rio es todo el tiempo igual o incluso mas oscuro ,da miedo caerse en su interior.Debe haber de todo.Tras otra hora de itinerario ,esta vez pasando por varios meandros del rio,paramos para empezar la aventura a pie.A los 2 primeros minutos la verdad sea dicha ,me acojono con la profundidad de la tierra .Ahora el suelo se te engulle hasta casi 1 metro en algunas ocasiones.Por aquí estaran acostumbrados pero a mi me cuesta .No paro de pensar en la muerte tan horrible y despiadada de la propia tierra en el que no dejarias ninguna señal de tu existencia.Atravesamos palmeras con pinchos enormes.La presencia de un guia que se conozca el terreno es repito de nuevo obligada si no eres un suicida.Todo el terreno enfangado de nuevo y las palmeras cada vez mas arrimadas entre ellas ante los machetazos de Cornelius para abrir el paso.Acaba cansandole el brazo de tanto golpe de machete para hacer el camino.De golpe pasamos junto a una pequeña serpiente amarrilla .Guardamos silencio y la decapita con el machete .Me comenta que es mortal y no me hace ninguna gracia.Ahora estoy mas paranoico con lo que me rodea ,ya que es facil la picada de una serpiente a mi modo de ver ,eso que el guia hace todo el camino descalzo .Cruzamos tambien junto a mas pacificos y enormes ciempies.Una vez llegamos a la otra parte del rio la tierra se desliza y se abre debido a la humdad por la proximidad al agua del rio.Se resbala que da gusto ,todo el cuerpo esta ya manchado de barro por todas partes ,pero dicen que el barro es saludable ,no .Solo espero que no haya sanguijuelas.Y ahora en el rio sin poder cruzarlo al otro lado que le pregunto .Yo por ahí ni me meto .Entonces empieza a silbar y aparece en una pequeña canoa rustica un indigena con taparrabos

que nos pasa de uno a uno al otro lado del rio ,como decia la cancion.La canoa es tan estrecha que paso panico solo de pensar que me caigo al rio .No ya por mi sino por el material y la camara .Justo al inicio del nuevo trayecto esta la choza del indigena y su familia .A la zona la llaman Lupa aunque solo esta su choza junto a varios cerdos,gallinas y vacas por los alrededores.Nos instalamos en la choza en la que preparamos noodles naturales y arroz sin olvidar del sugerente café convertido ya en todo un vicio.Tras la comida preparada con fuego de leña y un rato de reposo necesito lavarme un poco el resto del barro que tengo en mi interior.Para quitarmelo me indican que vaya al fondo de la parte posterior de la choza.Me imagino un baños sin lujos cuando lo unico que veo es el mismo rio y una vasija con la que lavarse.Mientras me lavo desnudo me imaguno a una criatura saliendo del agua con la intencion de devorarme.El escenario es dantesco .Ya como nuevo me descalzo en el interior de la cabaña para mostrarles los escarpines o botas de surf de neopreno .Todos me piden que se las regale pero son las unicas que tengo y les he cogido cariño.Lo que les regalo es el instrumento de Vietnam con sonido de didgerido.Hacemos tiempo mientras me muestran trucos de ingenio o magia que aprendieron .Leen folletos que conservo de anteriores itinerarios .A la hora de dormir contemplo lo que se viene haciendo habitual ,mi nueva cama el suelo .La verdad es que me duermo de una aunque me despierto algunos momentos de la noche con el rugido de los enormes cerdos que duermen justo debajo de donde estoy asentado.Me pongo a pensar en la situacion que estoy viviendo y me doy cuenta que es algo real que me hace sentir como si hubiese retrocedido en el tiempo y espacio a otra epoca y zona completamente diferente a la que estuve acostumbrado.

Al levantarme veo al nativo sentado en el suelo con unas finas ramas de palmera creando las pulseras que utilizan.Me la enseña una vez acabada y le encargo si me podria hacer un par de decenas por 10 dolares .Feliz como una perdiz empieza a arrancar hojas de palmeras para fabricarmelas durante el trayecto de la nueva ruta.Iniciamos el nuevo recorrido en el que el terreno sigue estando fangoso a más no poder.Durante la travesia a otro poblado sigue diseñando las pulseras a medida que va caminando tras la marcha,ahora con la ayuda de su señora.Desde luego para ellos 10 dolares debe representar un montón de provisiones traidas de la ciudad.Llegamos a la casa de unos familiares donde me acaban de constrir las pulseras entre 4 personas .Intento aprender pero desisto debido a la dificultad.Me comentan que se necesitan 2 semanas para aprender el proceso de fabricación y técnica de acabado.Probamos el tapioca,una especie de patata frita o hervida de sabor dulce.Hacemos la tipica siesta a la española.Continuamos hacia Muara Siberut pasando por pequeños puentes de bambu de unos 10 cm de ancho que harían las delicias a los que tienen tendencias suicidas.Tardo más de 5 minutos en atreverme a cruzarlo ya que hay unos 5 metros de altura sobre el oscuro río.Finalmente tras saber que no hay otro camino de retorno y dandole todo el material al guía por si me cayera ,ya que tengo más probabilidades que él me decido a cruzarlo de una forma segura pero respetuosa planificando el agarrarme al tronco fuertemente si me cayera ya que no hace mucha gracia caerse al fondo .Le comento si la gente que conoció no tenia miedo a todos estos inconvenientes y me comenta que las chicas sobretodo.Tambien me comenta que algunas personas que cruzaron por aquí se rompieron alguna pierna o fallecieron por picadura de serpiente.Ahora me quedo más tranquilo.Por fin salimos de la jungla y nos adentramos en algo de lo que se podria llamar civilización .Ganas tenia de llegar tras 2 dias enteros por el interior de la autentica jungla que jamás hubiese imaginado lo duro que es vivir en su interior si no se está acostumbrado.Al llegar a la choza base pido mi armonica y aparato de masajes antes de hacerme el equipaje y me comentan que el chico al que se la deje para que practicara se la llevo consigo a Sipora,una zona alejada de la isla .Les comento que solo se la preste para que practicara .Me quedo triste hasta que me comentan lo feliz que vieron al pequeño practicando con el instrumento .Solo espero que de ahí salga un futuro armonicista———– y que algun dia comente en agradecimiento que un extraño al que conocio de un pais lejano se la regalo.Si supiera que me costo 100 dolares.Esto me paso al pensar que el joven era de la zona ,nunca hubiese imaginado que solo estaba de pasada.

Una vez embarcado en el carguero de retorno me encuentro de nuevo a la simpatica señora que conocí a la ida.Me pide de nuevo que toque la armonica ante la presencia de nuevas compañías pero oh,le comento que ya no la poseo que se la llevo un pequeño .Ahora le toco el único instrumento que me queda ,el diapasón de Vietnam.Esta vez me paso la mayor parte del retorno durmiendo en la cubierta junto a unos señores que apuestan dinero a cartas.Cornelius no se por que parte del carguero anda.Antes de llegar al puerto de Padang acuden a alta mar 2 canoas para llevar a los que pagen hasta la entrada al puerto ya que la marea es baja a estas horas para el carguero que no puede entrar a puerto .Busco rapidamente a Corne para cogerlo ya que la espera sino es de varias horas y la verdad tras medio dia en barco ya tengo ganas de poner pie en tierra.Finalmente acabo encontrandolo y subimos a los botes.No me queda nada suelto y paga él por los dos 1 dólar.Una vez llegado al puerto buscamos un banco para pagarle los servicios de ayuda y guía que me presto en la isla .No me cambian los ultimos euros que me quedaban y acabamos en un hotel para cambiarlos aunque la comisión es siempre algo superior.Le pago lo debido unos 60 dolares por todos los gastos que tuve de comidas tabaco pulseras alojamiento traslados y carguero.Me despido de él y me dirijo rápidamente al aeropuerto para informarme de vuelos dirección Jakarta.Necesito sacar dinero en la términal para pagar el vuelo pero el cajero no me acepta la tarjeta y cojo rapidamente un tuk tuk para probar en un centro comercial cercano si funciona la dichosa maquinita.Tras retirar el dinero y pagar los 28 dólares del vuelo espero 2 horas hasta la salida del vuelo de una hora y media de duración.

La llegada a la capital de Indonesia es caotica.Gente y bullicio por todas parte y bajo lluvia.Cojo el autobus direccion Jalam Jacksa ——-calle tipica para presupuestos ajustados en pleno centro de Jakarta rodeada por el Museo Nacional y el monumento nacional—-.El Youth Hotel cuesta unos 3 dol..Ceno en un puesto callejero un plato delicioso de arroz con tortilla y cebolla por menos de medio dólar.

La visita al centro de Jakarta no es de mi gusto .Cada vez tiendo más a visitar zonas con menos poblacion y otros intereses a conocer.Sigue lloviendo débilmente pero continuado.Lo veo todo insignificante y no realizo casi fotografías.En la zona del National Monument esta lleno de carros a caballos a la espera de poder recoger algún visitante al que pasear por el recinto .Recorro todos los alrededores del centro pero no me siento cómodo en esta metrópoli.Sigo caminando cuando me para un vigilante jurado al que no entiendo nada lo que me comenta.Imagino que sería curiosidad sobre mi procedencia .Al decirle que soy fotógrafo me empieza a posar en medio de la calle como si por una fotografia pudiese saltar a la fama.Le hago la fotografía sin mucho enfasis y me despido dirección a la terminal de autobuses más cercana para recorrer algo de la ciudad a suerte.De vez en cuando me da por coger un autobús sin saber su destino ,a ver si las casualidades de la vida me hacen ver algo diferente al azar .Cruzo un puente para entrar a la estación en la que veo unos jóvenes que realizan tatuajes en medio del puente sin ninguna medida de higuiene.La estación ,me atrevería a decir que fue la más caótica que vi hasta el momento .No es excesivamente grande pero esta todo revuelto .Averiguo antes de tomar cualquier autobús, las salidas dirección a Bogor,donde se encuentra uno de los más importantes jardines botánicos del planeta .Cansado de la desinformación que me dan me subo en un autobús en el que uno de sus ocupantes situados cerca mio me ofrece gratis unas empanadillas y un botellin de agua, imagino al verme sudando y extranjero .Me siento junto a él y me pregunta hacia donde me dirijo ,le comento que a cualquier parte y me explica que esta línea pasa por zonas de grandes centros comerciales.Es de Timor ,una de las zonas más pobres de Indonesia debido a conflictos por las disputas de gas,donde una vez más EEUU asoma la cabeza. Se dirije a visitar a su hija a un hospital,de ahí el motivo por el que lleva comida como presente para ella.Bajamos juntos a la zona de centros comerciales ,me acompaña con la intención de que luego le acompañe al hospital a visitar a su hija..No lo tenía planificado pero ahora que lo pienso me apetece entrar a un gran centro comercial a ver algunas rarezas o productos diferentes .Al menos me distraeré el resto de la tarde en algo que forma parte de la cultura urbana como es el consumo.A más hacia tiempo que no visitaba un centro ,puede estar bien.Nos adentramos en el immenso Golden Triangle Shopping.La mayoría de productos de la entrada son téxtiles ajuntados a porrillo como si de las rebajas se tratase en el que los clientes lo revuelven todo.Miro precios de articulos de tecnología comparandolos a los de mi país,lo veo más barato pero no tanto como hubiese imaginado.Mi nueva compañía empieza a ser algo pesada parando a jovencitas que le ponen mala cara por lo general.No entiendo que les dice y no me lo aclara que digamos.En el supermercado no conozco ningun producto de la zona con lo que acabo viendo muchas cosas pero sin comprar nada.Disfruto más comiendo en la calle junto a cocineros .Es más humano y distraído.Cansado de centros comerciales en los que me he pasado más de 1 hora a modo de distracción me despido rápidamente del señor respondiendole que no tengo tiempo de ir al hospital por un motivo del que ya ni recuerdo.Le dejo mi mail para cualquier cosa y me cogo el mismo autobus de retorno.

He decido ir a visitar Bogor a tan solo 1,20 de la capital .Hay varias tarifas de tren .Compro la más económica aunque todos me advierten del peligro de robos a extranjeros.La verdad es que no recomendaria viajar en la clase económica .La diferencia de precio es el doble aproximadamente,aunque estamos hablando de un par de dólares más o menos con lo que no vale la pena ir en medio de un tren hasta los topes como sardinas realmente y bajo la atención de todas las personas que dirijen sus miradas al jóven con la enorme mochila por si no llamara la atención del todo.Sospecho de todo el mundo ,al haberme puesto algo paranoico cuando me dijeron varias personas si estaba loco al coger la clase económica .Veo a todos con cara de malos ,barriobajeros o como se les quiera llamar .No me atrevo siquiera a sacar fotografías del lleno del tren que haría las delicias de un famoso concurso fotográfico de España sobre dicha temática.Con eso lo digo todo.Se me pegan varias jóvenes a mi lado ,lo que me hace desconfiar a modo de sospecha.Recuerdo que me dijeron algunas palabras a lo que les respondí poniendo tono grave y con cara de pasota .No entiendo .No se si sería por la cara de malo que puse o por el acento grave que fingí pero el hecho es que no siguieron hablandome y eso es raro por esos mundos donde te insisten con cualquier cosa en una conversación.Me quedé sorprendido, al ver como pequeños viajeros ,algunos diría de tan solo 5 años,usaban la parte posterior exterior del tren agarrados a los hierros o en la cubierta superior ,ya que es la clase más economica para viajar.Bueno más que económica ,gratuita ,solo faltaría ya que arriesgan sus vidas por ahorrarse un maldito dólar .Así son las cosas realmente y encima se les ve felices como si de una proeza se tratara cuando la mayoría de la gente les critica al no verlo bien.Pero lo más triste es que las compañías ferroviarias lo permiten al no poner ningún sistema de seguridad o por lo menos protecciones en las zonas donde se agarran.Varios pequeños murieron en travesías según me comentaron,sin ser un hacho demasiado aislado.Que ganas tenía de llegar .Al apearme me comentan que debo coger un transporte dirección los jardines pero ese truco ya me lo conozco y me dirijo a pie .No se si esta realmente lejos ,pero no importa ,también me gusta caminar y visitar otras zonas cercanas.Paro a comer algo en una pequeña hamburgesería local para coger fuerzas y engorgar los kilos que debí perder en el tren.El problema es que cargo con la mochila a todas horas al no saber a que alojamiento dirijirme.

Ya estoy en el majestuoso jardín botánico de Bogor ,tras previo pago de 1 dólar.Es lo mejor hsta el momento que vi en Java.Immesamente majestuoso ,con especies de todo el planeta debido al clima especial de la zona para la conservación y desarrollo de las especies .Al ser día festivo ,se encuentra repleto de musulmanes sin la presencia de ni un solo extranjero .Solo locales o de otras poblaciones cercanas dentro de la misma Java.La gente se reune en el interior de los jardines para pasar el día,pasear,comer,jugar,etc…La gente que se cruza junto a mi es realmente amable ,casi todos me saludan.Algunas chicas jovencitas de buen ver me paran solicitandome el sacar una fotografía junto a mi.No me lo puedo creer que sean tan felices por aceptar a fotografiarme junto a ellas .Alguna me da incluso su dirección con la excusa de que le envie la foto .Me siento ante tal situación como una estrella famosa aunque se que es feo decirlo ,pero es la verdad .Por este parque tan repleto de gente y tan reconocido a nivel da flora esta carente de visitantes occidentales .Solo me cruce junto a un Noruego junto a su guía particular,del cual recibí algun consejo o información gratuita sobre el parque.Me despido de ellos que van a comer para después regresar a la ciudad ,donde él reside por 4 meses por trabajo.Caminando por algunos de los múltiples caminos del parque voy apreciendo las especies de árboles llegadas de todas partes del planeta.Paso un puente que atraviesa un río para entrar en una zona al final del recinto donde multitud de personas descansan estirados sobre la hierba rodeados de plantas multicolores.Tras el delite durante más de 3 horas recorro los alrededores de Bogor sin mucho atractivo que comentar.Hago tiempo sin saber donde caeré por la noche hasta que voy a mirar el correo elecrónico de internet ya que llevo una semana aislado sin contactar a nadie.Al abrir el correo no me puedo creer lo que leo .Según el correo de Ángel ,Luís ha contraído malaria y tifoidea.Me quedo de piedra al ver la dichosa y maldita palabra odiada por todos los viajeros .Los que se sientan aludidos sabrán a que me refiero.Mi estancia en Java es el peor momento de todo el viaje .El día es gris ,llueve y mi gran amigo ha caído enfermo.En el correo me dice que van a regresar a Barcelona.Por unos momentos la idea que ronda por mi cabeza tengo que reconocer que es la peor que podría ocurrir.

Por si todavía estan en Jojakarta decido coger un autobús de retorno a Jakarta ,ya que desde Bogor no hay conexiones para la segunda capital de la isla.Voy rápidamente a la estación donde me encuentro al señor noruego comprando el billete en clase business.Esta vez ni me lo pienso,vale la pena pagar el doble por un vagon en el que no esta del todo lleno y donde uno se puede sentar tranquilamente conversando.Llegado a Jakarta me entero que justamente hoy se celebra el Ramadán y no se puede salir desde la capital ya que esta todo cogido por la festividad.Me comentan que dirijiendome a otro punto como por ejemplo Bandung puede que encuentre algun billete durante la fecha tan señalada.Me arriesgo y compro en la estación de Gambin el billete por 4,5 dólares por un trayecto de unas 3 horas.El nuevo tren esta medio vacio con lo que aprovecho para reposar parte del trayecto estirado en varios asientos.En Bandung es imposible salir direccion Jojakarta.No se si coger un transporte público .Saldrá carísimo pero ante un problema de tal magnitud no tiene importancia.Llamo al hotel Meliá de Jogjakarta donde se encuentran alojados mis amigos y hablo con Angel ,quién me comenta que estarán más días en la ciudad a la espera de nuevos análisis y la llegada de los padres de Luís .Me comenta también que ya no sufre tanto como los primeros días en el que las altas fiebres le provocaban dolor a la luz estando encerrado en el cuarto con todas las ventanas cerradas.Me quedo algo más tranquilo y le comento que mañana estaré al fin junto a ellos.

Ahora en Bandung es imposible salir de la ciudad ,es tarde y la estación está ya cerrada.Busco algún alojamiento estando todos por los que paso completos debido a la festividad.Busco durante más de 2 horas hasta que desisto yparo a comer algo en un Kentucky para decidir donde dormire .El problema es que no se si hay algún campo o terreno cerca de donde me encuentro ya que en la ciudad no deseo dormir por si acaso.Al entrar en el local es´tan cerrando pero me sirven amablemente para llevar.Mientras como la comida en el exterior solo ante la presencia de algún vianante que pasa junto al local me empieza a mirar un jovencito de unos 16 años al que le pregunto si sabe donde puedo ir a dormir por las cercanías y me responde que si quiero puedo ir a su casa junto a su madre y hermanos.No me lo puedo creer ,esto si que es una nueva casualidad en el último momento.Se repitió la misma historia que en Padang ante un chico de la misma edad y en la misma cadena de alimentación .

Vamos caminando hacia su casa sin permitirle que lleve mi mochila .Sol faltaría.La casa está algo alejada ,pero eso es lo que menos me importa en esos momentos.Vive junto a su madre abuela y 4 pequeños hermanos.Me explica que es una uténtico placer alojarme tal y como indica su religión respecto a lo de acoger al que lo necesita.Cada vez me doy más cuenta de la bondad del Islam.Habla un inglés perfecto y no para de preguntarme palabras en español ,las cuales anota en su pequeña agenda.El interés que tiene es admirable.Me comenta que quiere ayudar a su familia en cuanto tenga un buen trabajo.Duermo en el suelo junto a él y al amanecer está toda la familia y algún vecino curioso espectante sobre el nuevo inquilino ,ya que la zona donde me encuentro no es nada centrica y no debe pasar ningún extranjero por las cercanias.Desayuno junto a su familia y me lo llevo al centro donde debo grabar un nuevo cd de fotográfias.Está mañana me siento bien ,ya que intuyo que mi amigo Luís se pondrá bien .Me dirjo a la estación de autobús para ver las salidas a Jojakarta.No hay nada hasta el final de la tarde,asi que aprovecharé para ver algo de la ciudad junto a mi nuevo amigo.Me hace de interprete en la tienda de fotografia donde me deben pasar las fotografías a cd .Tardo por eso más de 2 horas en encontrar la tienda donde me las pueden grabar ya que en todas las anteriores no se podia grabar debido a que me comentaban que mis tarjetas digitales tenían virus .No puedo fotografiar nada ya que tengo todas las tarjetas llenas .Que buena ayuda que tengo a mi lado .Ojala siempre fuese asi.Pudiendo tener un guía jóven que te ayuda en todo lo posible siendo de clase baja y no perteneciente a ninguna compañía turística en el que les deben dar unos míseros porcentajes de los beneficios por el trabajo.Visitamos el centro aunque no hay mucho que ver.Aquí se nota que jamás paso un extranjero por sus calles pues solo con el percibirse de las miradas de sus ciudadanos uno se da cuenta.Vamos a comer a un pequeño puesto que me recomienda.Recojo el cd y una fotografia que le imprimo de su familia y regresamos a la casa para hacerme la bolsa y hacer algo de tiempo antes de coger el autobús .Por el pequeño callejón de su casa esta lleno de pequeños amigos de sus hermanos los cuales dejan sus bicicletas en el suelo para entrar a la casa para verme con cierta timidez.Les saco fotografías y se las enseño por la pantalla y se vuelven locos haciendome garotas—————— .Les pruebo el nuevo masajeador que me fabrique algo sencillo con alambres de hierro y las carcajadas no cesan .Acabo duchandome entre 4 paredes de cemento junto a un pozo a modo de ducha al igual que en Padang y emprendo la marcha a la estación seguido por los pequeños junto a sus bicicletas hasta el final del desvio de la callecita en el que no paran de levantar las manitas a modo de despedida .El jóven amigo se queda algo triste aunque le dejo mis datos y una bolsa con pastas que compre para su familia en un comercio cercano.

Hago algo de tiempo cerca de la estación subido en puente de peatones donde observo la cantidad de vehiculos que cruzan la carretera ,la mayoría son taxis de color verde———-.Compro en unos puestecitos callejeros junto a la estación unas bolsitas envueltas de arroz con vegetales para el viaje.

El trayecto en autobús es de media jornada sin contar la hora de pérdida por el hecho ya normaliado de los pinchazos.El calor en el interior del vehículo es sofocante incluso de noche debido a que no posee aire acondicionado.Hay posibilidades de viajar con aire acondicionado pero eso sí ,si lo pagas .A esos de las 5 de la madrugada me despiertan para que baje del autobús .Pregunto si hemos llegado a la ciudad pues por aquí solo se aprecia campo y barracas.Me hacen bajar rápido del autobús ya que no puede perder mucho tiempo en las paradas.No se donde coño me encuentro .Pregunto a algún madrugador que veo por la carretera y me aconseja tomar otro autobús para ir al centro de la ciudad ya que estamos en los alrededores.No hay siquiera parada .Por aquí funciona simplemente parando a todas las furgonetas taxis para preguntarles si llegan hasta el centro.

Ahora en el centro debo encontrar el hotel en el que se alojan mis amigos .Pregunto sin parar por la famosa cadena hotelera española y nadie parece entenderme .Entiendo que un hotel de 5 estrellas no sea el más indicado para preguntar.Cada vez que le pregunto a alguién o no sabe o ni me contesta o quiere que coga un taxi cuando ni siquiera se a que altura queda.Imagino que los que no me responden o no me indican será por el pensar que hace extranjero con mochila dirijiéndose a un hotel de lujo .Acabo en otro autobús que me deja cerca del hotel caminando algo cansado los últimos metros.Al entrar en el hall me siento totalmente aparte y descentrado ya que todo es lujo ,buenas vestimentas y ambiente calmado ante la presencia de mi algo desarraigada……………….ropa y pinta junto a mi maletita la mochila .Me miran extrañados el personal de recepción hasta que les pregunto por Mr Piera .Me comentan ahora ya con mejor cara que se encuentra en el hospital .Me angustio al volver a pasar por mi mente lo peor que le puede ocurrir a un ser humano.Me avisan un taxi urgente dirección al hospital.En tan solo 5 minutos se planta en la entrada del centro donde sin pensarlo le pago sin pedir el cambio de un importe aproximado al del trayecto de Bandung –a Jojakarta.Puedo jurar que es este uno de los pocos momentos en el que derroche algo de dinero al tratarse de un caso serio como el que ocurría.En la nueva recepcción me comentan que se encuentra en una de las habitaciones del fondo del pasillo .Les pregunto como se encuentra aunque no me entero de lo que me responden.Entro rápidamente en la habitación sin luz en el que el pequeño reflejo de la terraza me hace ver a Luis tumbado en la cama al que despierto ya que se encontraba durmiendo.Le noto algo débil de fuerza y con voz derrotada.Se alegra que viniera lo más rápido que pude.Le hago compañía ya que dormir lo que es dormir le cuesta por los dolores .Paso toda la mañana junto a él hasta que hago turnos con Ángel para repartirnos la compañía.Lo más duro parece que ya lo ha pasado .

Recorro posteriormente el centro de Jojya para encontrar alojamiento y poner nuevamente a punto las tarjetas fotográficas.Mientras me distraigo por la capital cultural y universitaria de Indonesia me para en medio de la calle un supuesto guía de la oficina central de turismo para informarme sobre datos de la ciudad.Le comento que no estoy interesado ya que vine para visitar a un amigo enfermo a la espera de su retorno a España en los próximos días,en cuanto venga su madre a recogerlo junto a un médico español de su família.El guía ante la evidencia ,deja de insistir dejandome su tarjeta e indicandome que siempre esta por la misma zona .Regreso al hospital donde finalmente me instalo para estar el mayor tiempo junto a Luís antes de su finalización del viaje.El tratamiento es tremendo a base de unas 12 pastillas por dia,aumentos y bajadas de temperaturas,malestar general,etc…

La madre de Luís no puede llegar por el momento debido a que fue al aeropuerto con el pasaje pero sin saber de el nuevo requisito para entrar en Indonesia como es el visado de unos 20 dólares creo recordad.Lo implantaron hacia pocas semanas.También es casualidad.Al no dejar embarcarles tendrán que esperar otros días hasta que lo consigan.El vuelo por eso no lo han perdido.

Luís ,algo angustiado debido al retraso para se repatriación——nos comenta si alguno de los dos desea acompañarle a Barcelona,para estar ahí unos dias de visita para más tarde regresar a Indonesia.Si hace falta se va pero es tonteria otro gasto considerable cuando su familia llegará en los próximos días.

La habitación del hospital no está nada mal con su televisión ,fuente de agua y pequeño jardin comunitario.Me lo tomo como unos días de descanso debido al intenso trote que llevaba acumulado ,visitando el máximo de zonas posibles.

La estancia sería aburrida si no fuese por el hecho de estar juntos,mirando televisión ,escuchando radio ,escribiendo,haciendo masajes a Luís y dando alguna vuelta por los alrededores de la ciudad para distraerse.

Parte de mi estancia en Jojakarta la aprovecho para visitar la ciudad,a través del Sultan Palace,casas de marionetas llamada puppets con formas de brujas ,utilizadas para representaciones típicas de títeres.Para ver los talleres donde las fabrican no hace falta mirar ninguna guía ni folleto ,solo paseando por la calle ya te vendrá alguién que te recomiende un centro donde las reproducen ,para en el caso de que si compras una reciba su comisión pertinente.El proceso de fabricación es algo laborioso y detallista.Las fabrican con piel de cerdo o vaca (muy resistente y fuerte) y el precio oscila los 8 dólares.Otra de las actividades que empleo en momentos sueltos es visitar centros de batiks ,ese material utilizado para hacer telas ,tejidos ,cuadros y demás con motivos relogiosos,tribales o de figuras representativas de la zona.Jojakarta es el centro de batiks de todo Indonesia junto con la pequeña población de Solo———-.Las pinturas o adornos están hechos de cera liquida y los colores son normalmente muy coloristas y saturados.En las tiendas donde venden batiks se puede apreciar su realización en todo el proceso antes de ponerlos a la venta.Los precios varian en función del artista.Desde los 2 dólares los realizados por jóvenes discípulos a maestro a los cientos de dólares los realizados por los ya maestros consagrados.El tamaña de los cuadros también varía ,aunque por lo general el tamaño medio considerable es de 45 por 45cm.Una advertencia de interés es el hecho de que gran parte de comisionistas callejeros ,te liarán con cualquier excusa para que visites el centro para el que trabajan ,con excusas del tipo son los mejores batiks de la ciudad,los más baratos ,nuestro centro permanecerá cerrado a partir de mañana porconvocatorias de exámenes de sus artistas,etc….Esto es todo mentira ,un centro serio permanece siempre abierto y por lo general se encuentran en unas calles algo alejadas del centro.

Durante uno de esos paesos me vuelvo a encontrar a ese supuesto guía de la oficina de turismo ,preocupandose por la salud de mi amigo y comentandome que acudamos al consulado de nuestro país para que concedan un visado urgente para la madre.Se comporta amablemente conmigo ,aunque se que la finalidad es llevarme a una tienda batik.Acepto solo para comparar diseños y precios,pero en cuanto me comenta que el centro permanecerá cerrado durante los próximos días le digo sin cortarme, que es una lástima ya que mañana es cuando debo decidir donde comprar algunos cuadros ya que en dos días marchare de la ciudad.Es ahora donde le pillo su intención cuando me comenta que mañana se puede abrir la tienda por unas horas solo para mi.Desde luego son descarados pero amables comerciales.

Hoy Luís se encuentra algo mejor aunque con molestias en la cabeza y en los oídos.Su estado de ánimo es más optimista aunque algo débil todavía.Ahora le preocupa el hecho de que meta pinta de enfermo cuando embarque en el avión ya que en teoría está completamente prohibido salir de un país con virus ,aunque no sean contagiosos y más sino te dan el alta ,aunque por lo visto en dos días se lo pueden conceder para seguir el tratamiento en Barcelona.Una de las enfermeras parece que le ha cogido cariño según el trato que le dispensa.Eso siempre es bueno por lo menos .Sigo haciendole algún masaje en la espalda aunque sea solo por pasar el rato.Con las temeridades que le invaden no cesa de pedir el termómetro a los enfermeros varias veces al día ,aunque hoy ya no tiene nada de fiebre ,pero las variaciones de temperatura en su cuerpo son cambiantes de un momento a otro.

Son las 6:30 de la mañana mientras aprecio desde el final de la habitación acomodado en una colcha en la que duermo las piernas del doctor durante su visita diaria a Luís.Ya estoy despierto con lo que aprovecho para prepararme el nuevo día. Hoy pasare la mañana en el pueblo Kaliurang ,base para explorar las cercanías del majestuoso volcan Merapi.Tras un trayecto de una hora llego al ultimo tramo de carretera desde donde existen múltiples caminos en medio de jungla para ver el volcan.Al inicio del camino se encuentra una aceptable cascada en el inicio del denso y verde follaje del bosque.Hay pocos visitantes por la zona .Conozco a un grupo de estudiantes femeninas todas envueltas de interminables velos que no hacen apreciar del todo sus rasgos humanos a excepción de la cara y manos.Son procedentes de Solo una población cercana .Me acompañan un tramo del recorrido sin parar de reírse ante mi presencia.El día está algo nublado ,aunque por momentos sale el reflectante sol que ilumina el paraje desde su interior.El recorrido que escojo al azar es de unos 4 kilómetros por el interior del bosque impenetrable para todos los rayos de luz solar.En la parte más alta del recorrido contemplo al fin las recompensadas vistas del gran volcán junto a la vegetación que le rodea.Inicio el descenso de forma logicamente más rápida para regresar de nuevo al hospital ,donde relevo a Ángel.Hoy el paciente come la habitual comida procedente del hotel Meliá ,donde le trataron fenomenalmente incluso visitandolo varios de los gerentes de la cadena durante varios días para comprobar su mejoría.Por mi parte tengo el antojo de pizza que encargo desde el mismo hospital.Paso toda la tarde haciendo compañía al mejorado paciente en los últimos días previos al alta médica.En el penúltimo día de mi estancia junto a él visito el poblado de costa Paranglitis a otra hora de distancia de la urbe .Las playas no son paradisíacas pero tiene su encanto con sus salvajes olas ,arena negra volcánica,carros arrastrados por caballos en la misma playa y las casas de bambú ancladas encima de la arena.Tomo un cope (café) frente a la playa en un vaso no muy pulido y con varios y minúsculos insectos mezclados con el oscuro azúcar.Contemplo la tranquilidad de la zona mirando el oceano bajo la brisa marina que te obliga a darle durante un rato al pensamiento.Camino a ritmo de paseo por la orilla descalzo retratando a alguno/a que se cruza en mi camino y paro a comer algo en la entrada de la casa de una simpática anciana que me sirve un plato de arroz y 2 huevos con tortilla junto a un refresco por 1,5 dolares.Retorno a la entrada del pequeño poblado de mar donde reposa una escultura junto a un cartel que indica el peligro de las corrientes para los bañistas.Espero la llegada del pequeño autobús que re retorne de nuevo a la ciudad ,mientras conozco a algunos conductores de otros transportes que paran por la entrada.El camino de retorno es agradable pasando por infinitos arrozales y pequeños poblados en los que contemplo desde la minúscula ventanilla del colectivo a varios escolares ,leyendo los periodicos que enganchan en las paredes.A la llegada a mediodia ,la luz es fabulosa para la fotografía.Amenaza tormenta,con lo que aprovecho para disparar bajo la luz del oscuro pero intenso cielo,las bicicletas que pasan desde el mismo punto de la carretera.En una hora de espera me doy cuenta de la diversidad de tomas que se pueden realizar a un mismo objeto como la bicicleta.Pues no hay una sola igual ,ni con la misma función ,ni color etc..Cada bicicleta pienso es una historia particular .Camino en dirección al hospital cruzando la vía del tren donde saludo y converso con el———— Espero la llegada del tren para fotografiarlo desde el cruce de barreras.Sigo caminando y caminando hasta que de repente se me cruza corriendo un señor desnudo por medio de la misma carretera.Imagino sería una especie de vagabundo con trastornos ,aunque se le veía algo feliz.Ese fue uno de los momentos en los que me arrepentí de no tener preparada la cámara ,ya que hubiese sido una de esas instantáneas divertidas y curiosas con las que la gente se queda.Nuevo relevo en el hospital hasta que al final de la tarde llegan por fin los padres de Luís.Se les ve tranquilos ,imagino que el peor susto ya lo pasarían en Barcelona cuando les comunicaron la noticia.Acudimos su padre,Ángel y yo al Meliá donde nos alojamos,mientras su madre se aloja en el hospital.Cenamos en el mismo hotel en lo que es la mejor comida de todo el viaje hasta la fecha.El almuerzo a base de buffet libre tampoco esta mal,aprovechando a comer en cantidad y calidad ,cosa rara.Hoy Luís se instala de nuevo en el hotel mientras Ángel aprovecha a dar sus últimas vueltas por la ya conocida ciudad ,donde ambos hemos permanecido el mayor número de días de todo el recorrido.Él cogerá hoy un vuelo para iniciar el recorrido desde el ansiado Bali.Yo me quedaré un día más junto a Luís para continuar via terrestre por Java dirección Bali.Aprovecho mi último día para ver los últimos centros de cuadros batiks en la calle centrica de Marlborou en espera de decidir como siempre a última hora

Última buena cena hasta dentro de un tiempo junto a Luís y su família.Me acordaré por mucho tiempo de ese Nasi goreng (arroz frito con huevo pollo y especias) Dormimos juntos en la que es su última noche del viaje con algún que otro pequeño mareo u rascaduras en su piel pelada bajo la retransmision de un partido de la liga española mediante el canal internacional mientras yo prefiero dormir debido a mi desinteres por el deporte del balón.Instántes más tarde me despierto contemplando como se ha quedado dormido a medio partido (ese es un buen síntoma).

Miro en mis últimas horas batiks en tiendas y más tiendas.Sin decidirme del todo, acudo al estrecho callejón de Tirtodupiran mucho más baratos , donde decidir la cantidad de cuadros que compraré.Finalmente decido comprar alrededor de un centenar en un centro en el que todos los empleados me ayudan a desenmarcarlos,mientras sigo mirando uno a uno tomando algún café y refresco al que me invitan .La intención será intentar venderlos en Australia para subvencionar parte de los gastos.Se me ha hecho tarde y me queda una sola hora para coger el tren dirección Surabaya.Se lo comento a los empleados de la tienda ,uno de los cuales me acompaña amablemente en su coche hacia el hotel donde recojo la bolsa y dejo a los padres de Luís unos cuantos cd,s para que me los transporten a Barcelona.Me despido efusivamente de Luís y su familia,los cuales volarán con un par de escalas hasta Barcelona donde le trataran para recuperarse lo antes posible y ver si puede iniciar el nuevo recorrido desde Australia ,uno de sus destinos preferidos.

Cojo rápidamente una bicitaxi por 0,3 dol.hasta la estación a 10 minutos .Otro trayectito ,esta vez de 5 horas.El ticket sale por menos de 5 dol. Llego antes de la medianoche en lo que parece otra ciudad en la que no tengo ningún tipo de información ,con lo que empezare a buscarla de boca de las gentes que vaya parando en la misma estación.Mi intención es ir dirección Probolingo donde se encuentra el Volcan Bromo.Dejo la mochila en un pequeño bar de la estación y averiguo que no hay ya ningún tren de salida.Solo cabe la posibilidad de autobus,pero el problema ahora es que la estación de bus se encuentra a más de 20 km y el único transporte que puedo coger son los taxis .Decido no arriesgarme a tirar el dinero en un taxi para que luego resulte que no hay tampoco autobuses.Me voy caminando desde la estación a la carretera principal con un cartelito anunciando mi destino.No paran coches,pues pasan muy pocos a estas horas.Uno que me para me acerca hasta un gran mercado donde empiezan a reponer el género y donde puede que alguno acuda en esa dirección.Pregunto a unos cuantos sin suerte y posteriormente agotado desisto buscando algún sitio donde dormir.En pleno centro no me quedo ni de broma.Camino preguntando por curiosidad en algunos hoteles por los que paso .Sus precios 20 dolares.Imagino que serán muy decentes por lo que eso representa aquí.Sigo caminando hasta que pregunto a unos vigilantes de seguridad de un edificio de algo de turismo alguna indicación donde poder descansar tranquilo.Me comenta que junto a ellos es una forma segura .La verdad es que tienen razón que más seguro que junto a alguién que encima se dedica a la vigilancia.Compro unas pastas para invitarles y me invitan a café mientras escuchan atentos curiosidades que les explico de mi viaje y de mi tierra lejana.Aguanto un par de horas más despierto hasta que descanso en unos escalones junto a la pequeña caseta de vigilancia metida dentro del mismo edificio tras unas rejas.Me despiertan a las 6:00 de la madrugada para acompañarme a la estación de autobús.Desde luego que gente más maja que se puede llegar a conocer cuando menos lo esperas y a la que siempre les estarás agradecidos por su humilde ayuda.

El nuevo transporte en minifurgoneta,desde la pequeña zona de Probolingo cuesta solo 70 centimos por 2 horitas más de nuevo camino ,esta vez de día donde pasar el rato contemplando las vistas rodeadas de verdes valles montañosos pasando por alguna curvita de lo mas cerrada que he visto.Ya en Bomo la temperatura es baja debido a la altura a la que se encuentra.Desayuno en un alojamiento de los pocos que hay de madera con música que ponen susu jóvenes trabajadores de Los Rolling Stones,grupo al que adoran (¿porque será?).Les dejo la bolsa sin saber si me quedaré a pasar la noche por aquí.Será cuestión de decidirlo al final de la jornada si veo que me queda algo pendiente de interés por ver.La vista al volcán es realmente bonita ,misteriosa y enigmatica debido al entorno solitario que lo rodea.Me recomiendan que haga los 4 km hasta la zona y la cima en uno de esos pequeños caballos que te alquilan los lugareños,pero prefiero hacerlo caminando en un enclave tan señalado.Hace realmente frio y mucho aire con alguna espontanea tormenta de arena que te imposibilita por unos minutos divisar el horizonte.El camino es amplio ancho y de oscura arena volcanica junto a alguna debil vegetación.Llegado a la parte baja del volcán hay un pequeño templo y una tiendecita donde poder coger fuerza con alguna pasta de chocolate y más café para despejarse más.Acude a mi un viejecito ,de esos con cara nostalgica,triste y humilde ofreciendome un ramo de flores como símbolo de ofrenda para a la llegada a la cima arrojarla al interior del majestuoso volcán .Hay escalones junto a oxidadas barrandillas que te ayudan a subir a el .El olor del azufre——- desde la cima no es muy agradable aunque se con las vistas.Hay un pequeño muchacho que vende ramos a los pocos visitantes bajo un cartel que avisa del peligro por asomarse de una forma imprudente .Tiene cara triste y solitaria.Le enseño el ramo que ya adquiríy decido dividirlo en dos una para arrojarla y la otra para el muchacho para que saque un nuevo ramo.

Me siento en la cima durante media hora sin hacer absolutamente nada ya que es el momento idóneo para quedarse quieto.Retorno de nuevo por el mismo camino junto a un chico australiano al que conozco que va también dirección Bali.Llegamos juntos al pueblo aunque decido no quedarme para ver más y más zonas y aprovechar otra noche durmiendo en algún transporte para no pagar alojamiento aunque sin poder ver esos paisajes hermosos que se contemplan en los trayectos.Visito un pequeño museo por llamarlo de alguna manera en el que hay alguna piedra volcánica y alguna ilustración con datos sobre el volcán.

Como un nuevo nasigoreng con mucho pollo y espero al transporte que me bajará .El jóven australiano lleba 4 años viajando en solitario por el mundo junto a su guitarra.Espero cruzarmelo de nuevo en algún nuevo punto.La bajada de regreso es tremenda con un conductor loco del volante hasta el extremo que la gente se quiere bajar del mismo si no aminora la velocidad.

De nuevo en la estación de Probolingo buscando información para ir a un nuevo punto de Java ya más fronterizo a su vecina Bali.Los vendedores no me inspiran confianza ante su insistencia.Eso siempre lo tuve claro .Acierto averiguando que los precios a los que me dejaban los billetes eran mucho más caros y ante mi enfado observan como decido ir por libre haciendo dedo .Tras solo 5 minutos de espera me para un coche al que subo mientras me despido sonriendo a esos revendores que me la querian jugar .Les grito en castellano que os jodan ,total aquí ni te entienden y uno se desahoga un poco .La verdad es que les deseo que les vaya mal cuando clavan a la pobre gente el doble de los precios reales.El nuevo conductor no se dirije a mi destino aunque si en la misma dirección.Algo me ahorraré pués.Al cabo de una hora me deja en otro punto desde donde me recoje un camión de mercaderias que se dirije a Bali.Llegado tarde a Banyuangui como último punto oriental de Java no hay forma de continuar dirección Gragajan ,inicio para la zona de Gland ,uno de los más famosos spots de surf del planeta.Busco entonces algun sitio donde poder descansar.Tomo algo en un pequeño puesto callejero desde donde me intentan llevar a algún alojamiento por 25000 rupias más 5000 por el traslado en coche.Me armo cansado la mochila y continuo recto a la busca de algo cercano y barato y en solo 10 minutos de pateo encuentro una especie de motel por una 3 parte más barato .Disfruto bajo una ducha caliente mientras se cargan todas las baterias de la cámara .

Hay un trayecto de unos 5 km hasta Gragajan .A la llegada me dirijo a la solitaria playa desde el pequeño puesto de entrada al parque nacional de la zona ,caminando por eso un par de kilómetros hasta que contemplo a la llegada algunas olitas decentes para mi nivel .No hay un solo alojamiento a la vista aunque tampoco hace falta pues por aquí no pasa ningún forastero .Contemplo a unos jóvenes cabalgando las olas hasta que me advierto de la presencia de un señor que se está cambiando para entrar al agua con su tabla .Me comenta si me gusta el surf ,a lo que le respondo que en parte es por eso por lo que estoy aquí.Espero a que salga del agua junto al resto,en donde me presenta a todo el grupo de jóvenes ,entre ellos su hijo del que está orgulloso de cómo le da a la tabla.Me ve con la mochila y me lleva en su motocicleta hasta su cercana choza de tan solo unos 10 m2.Me comenta que su entorno está relacionado con este bonito deporte ,dando algunas clases en temporada alta por ejemplo. En la zona se le conoce por el apodo de Papá.Me dan de comer en el que será mi nuevo alojamiento por unos días.La decoración de la choza tiene algún antiguo poster de celebridades del surf .Me pone en su pequeño monitor un cdroom de lo más antiguo que hay a modo de tesoro .Es un report de unos 5 minutos solamente sobre un campeonato mundial de surf que se celebró en la zona hace tiempo.Se nota que lo ha visto en repetidísimas ocasiones .La música de fondo es de guitarras surf a lo Dick Dale ,momento que aprovecho para grabar el interior de la casa con ambiente sonoro incluído.

Duermo junto a él en el suelo dejando la habitación para su señora y el crío.Duermo algo mal debido a la gran cantidad de mosquitos que te van despertando con el zumbido de sus revuelos.Me pongo algo de repelente del bote todavía sin acabar,al que la verdad no le di el uso que merecía ,tras contemplar el infortunio de Luís.

Para al morzar le acompaño a comprar los tan normalizados bualangs o saltamontes de la zona ,los cuales frien para comer a todas horas .En cuanto pruebo el primero me aficiono a ellos que no veas.El sabor me recuerda al de una patata con sabor a pollo,ja ja.!!!Visitamos a continuación a unos familiares de él, trás tomar un gran café en el puesto de unos amigos suyos cercanos.En el interior de la casa familiar algo más grande que la suya hay una guitarra destrozada de la que consigue sacar dulces melodías ,incluída el tema tan típico de Scorpions ——————-.Parece mentira que pueda sacar un sonido tan decente.Lo intento pero me es imposible desprender un sonido a su misma altura con el rasgeo de un trozo de plástico .Ahí se nota que solo unos pocos consiguen sacar sonidos con el sentimiento interior.Aprovecho al menos para grabarle la canción ,la cual le muestro estupefacto en el monitor de la casa ante la vista de algunos vecinos de la zona .La emisión es todo un acontecimiento para ellos ,mientras les contemplo la felicidad y unión que les provoca.Qué pena que no haya un solo comercio con ordenador para grabarles un cd con varios vídeos !!!!! Es ya mediodía cuando nos dirijimos juntos a la playa para hacer surf .Tiene unas 4 tablas destartaladas con las que nos adentramos al agua junto al grupo de su hijo.Me siento tan bien.Por aquí no tienen absolutamente nada pero son tan felices .Como terapia para olvidar los problemas estaría bien para mucha gente ya que por aquí no piensas en otra cosa que el presente.A la 3 ola que me pasa consigo cogerla bien ante la bedición del grupo que ya me considera uno de los suyos.Son unas 2 horas mágicas que recordaré ya de por vida.Salgo un poco antes que ellos del agua para grabarles algo para ponerselo en la televisión posteriormente.Reunen a unas docenas de vecinos como si de una sesión de cine se tratase para ver las imágenes en moviento y con sonido.

Mr Papa es un auténtico cachondo ,la gente se nota que le quiere mucho y no es para menos .Es un gran tipo de esos peculiares al que uno le coge cariño enseguida.Su carácter abierto amigable y bondadoso es digno de ser reconocido para crear escuela.Recuerdo en los paseos que me llevo en moto los gritos de guerra que emitía en señal de víctoria y alegría a rebosar.En su jerga clásica hay varias palabras del portugués como mimosa ,gustosa o brigado ,las cuales emplea sin parar desde que las aprendio de algún surfista brasileño al que conoció tiempo atrás.

Una de la jóvenes vecinas de la zona me invita a solas a su casa sin entender mucho de que se trata la situación .Parece estar muy interesada en mi hasta que averiguo que está casada.Me invita a tomar algo en su casa para saber acerca de mi .Menuda experiencia .Otros tantos vecinos se van turnando para acojerme unos momentos en su casa donde mostrarle imágenes de mi camino para satisfacer su lógica curiosidad acerca de esos mundos tan desconocidos para ellos.

Por aquí es normal despertarte temprano ante los cánticos musulmanes emitidos por los micrófonos de la calle a modo de despertador en el nuevo día que comienza .Es un sistema curioso y original al que me habitúo rápidamente.Estamos algo agotados por eso y continuamos durmiendo un rato más ante las rascaduras de las nuevas picaduras de mosquitos.Es tremendo la cantidad de insectos que le dan a tu sangre por aquí.Me sirven más saltamontes mientras les presento a familiares a través de algunas fotografías.Desde luego se quedan todos enamorados de mi familia y en especial de mi hermanita Marta .Alguno de los jóvenes me comentan que les pase sus datos para escribirle algún correo.La deben ver tan diferente en cuanto a rasgos se refiere!!!!Ahora me llaman el number one tras coger mejor las olas que el día anterior.No me importaría quedarme muchos más días por aquí pero quiero conocer tanto que dejaré marcado este lugar como zona preferente para poder repetirla algún día.Los halagos hacia mi persona son cada vez más fuertes.Es feo decirlo pero me hacen sentir como a un Dios.

Hoy a tocado hacer una sesión a modo de karaoke desde su monitor con una bonita canción muy melódica.Mi pronunciación les hace sacar a todos los invitados unas continuadas risas cómplices.Me arranco con un par de canciones más mientras me graban con la cámara.

Me quedaré todavía un día más de lo esperado para coger más fuerzas antes del inicio de Bali.

Practico un poco más de surf hasta que un jóven que me quiso sorprender se fue involuntariamente debido a la fuerte corriente hasta una zona alejada en el que las olas eran mucho más grandes y peligrosas.Salimos todos del agua para subir hasta lo alto de una colina en el que avisarle del peligro y para indicarle por donde debía salir .Avisan a gente para que en el caso de que no pudiese regresar le fuese a buscar alguna embarcación cercana.Finalmente consigue salir del agua por otro borde varios centenares de metros de la entrada principal .Se ha llevado un auténtico susto aunque no le da la gravedad oportuna que pudo haber sido.Su hermano está rabioso con él por el susto provocado.

En mi último día conozco a un jóven que me informa acerca de Kuta en Bali ,zona en la que trabaja alquilando vehiculos.Ha llegado a Gragajan por un tema de herencia que debía, resolver al haber fallecido su padre unos días atrás ,en un inafortunado—accidente de moto .Me explica lo caótico que está todo por allí ,recomendandome la visita a otra zonas de mucho más interés.Es hora de despedirse de esos a los que cogí cariño .Me organizo la mochila con la ropa lavada y planchada por la señora esposa de Papá.Me acompañan en dos motocicletas hasta la parada de autobús a unos 20 kilómetros en donde debo coger transporte para pasar con el ferry a la nueva isla ansiada de Bali.Mientras espero la llegada les invito a comer 3 Nasi Goreng en una parada frente a la carretera.Al despedirme de Papá con un fuerte abrazo le choco la mano en la que le introduzco unos billetes por valor de unos 15 dólares ,por todas las ayudas prestadas.Sé que está pasando por problemas sin que su carácter empeoré.Espero que le puedan servir para arreglar unas piezas que necesitaba para lo motocicleta.Subo al autobús mientras se pone a tocar feliz una guitarra de un pequeño aprendiz de la calle en señal de despedida.Me quedo realmente algo triste por el que ya considero a un amigo de por vida .Mucha suerte en todo!!!!!!, amigo Papá….

Ocupo como siempre que puedo la parte posterior del autobús ocupando dos asientos .Está bastante lleno de gente que se dirije a Balí por algún tema de comercio de mercaderías.

Una vez llegado al embarcadero ,varios autobuses y camiones se adentran en el interior del barco .Es un trayecto de unas 2 horas momentos que aprovecho para sacar algunos sonidos con el pequeño didgerido de Sapa .Los sonidos me ayudan a sacar la curiosidad de los que me rodean ,en su mayoría jóvenes a modo de poder empezar un diálogo abierto sobre mi procedencia para de esta forma poderles sacar cualquier información que me sirva de ayuda en la nueva isla.

Por fin ponemos pie en Bali al descender el autobús en tierra con destino hasta la capital Denpassar.Es ya de noche por lo que no podré apreciar casi ningún tipo de vista en el recorrido .El inicio del trayecto lo veo bastante rural ,imaginandome que la fama de Bali la tendra solo la zona turística del extremo sureste de la isla.El trayecto se hace agotador con unas 4 horas de trayecto cuando los kilometros son solo un centenar.Llegado alrededor de las 2 de la madrugada a la terminal ,el aspecto de la misma no es confiable .Solo hay algún pesado tal y como me comentaron en Gragajan que empieza a insistirte en llevarte a donde solo él quiera.Mochila al hombro manteniendo el tipo y a caminar de nuevo en busca espero de algún lugar cercano .Junto a la estación veo un par de hostels .Pregunto de referencia en los 2 para comparar ,los precios son exactamente iguales con lo que tanteo en el 2 la rebaja a de una tercera parte ,al notar que no está muy lleno.Acepta y me instalo placidamente con lo puesto mientras dejo la maquina a cargar para el nuevo día en la nueva isla.

Denpassar es realmente horrible ,no merece la pena su visita a menos que sea por algo concreto.Busco uno de los multiples bancos para descambiar pero ante la espera decido tirar a otro banco vecino.Recorro un poco el centro de la capital sin ningún interés y decido tirar para Kuta para no perder ni un segundo en la desinteresada ciudad.Los transportes por aquí son los bemos ,una especie de furgonetas repletas de pasajeros en su interior.Por aquí si que se lleva el aprovechamiento de pasajeros .Me imagino desde el interior del transporte en el que me siento enclaustrado y apretado como mala cosa a esos conductores de las ciudades desarrolladas sin ningún ocupante más en su vehículo.Viva la polución!!!!!!!

El bemo se vacía con lo que aprovecho para contemplar el paseo por la playa de Kuta .No se a donde me dirijo .La verdad es que me da igual mientras permanezca eso sí cerca de la playa.Me comentaron la calle famosa de Poopies Lane I o II ,aunque por allí todas las calles parecen tan turísticas y parecidas con lo que debe dar lo mismo una calle que otra en cuanto a precios de cama.

El conductor del bemo me cometa que ha llegado a la parada final en la que espera a que suban nuevos pasajeros.Tiene todos los brazos tatuados con rostros en color .La de dinero que debe costar tatuarse tanto centimetro de piel!!!!.Por Asia tuve la impresión de que el tema de los tatuajes está más y mejor considerado que en Europa en cuanto a arte se refiere.Imagino será en parte por una cuestión ancestral ya que imagino que por Europa varios siglos atrás no se decoraban sus pieles como lo harían por aquí cuando el sector textil no tenía ningún tipo de repercusión.

Me aconseja por eso, la zona en segunda línea de mar, un poco más barata lógicamente que la de primera línea junto a la playa.Me espero a que arranque para bajarme un poco más adelante para no ir caminando con mi compañera trasera de 20Kg y la delantera de unos 7Kg.El bemo que tome a modo de transporte desde la primera parada hasta la última a modo de trayecto turístico solo me costo 0,80 $

Todos los alojamientos que por aquí si se pueden considerar hoteles ya que es lo único que hay rondan los 5 dólares .Lo veo caro ,aunque pienso que será por el tema hiperturístico de la demanda que hace que se puedan permitir esos precios sin perder clientes.Consigo finalmente un hotelito con mi habitación propia con baño incluído y 2 camas por solo 3 dolares con desayuno incluido y una pequeña terraza con jardín común.Menudo lujo y chollo he encontrado ,de vez en cuando aunque solo sea por cambiar se agradece.

Salgo rápidamente del perfecto rincón para mi descanso dirección playa atan solo 5 minutos a pie.La calle en la que me alojo es casualmente y sin saberlo Poppies Lane II.

Nada más llegar a la playa noto un golpe en la espalda .Se trata del chico australiano que conocí en Bromo.Sabía que volvería a coincidir con él ,jaja.Me comenta que hoy hay una competición de Karate .deporte del que es aficionado.Le comento que no me interesa la lucha en especial mientras tomamos una cervecita junto a la playa.Hoy acudirá al aeropuerto para ver si consigue una oferta de última hora retorno a Australia en last minute.

El centro de Kuta está abasallado—-de turistas llegados de todo el mundo ,aunque por proximidad los que más lo repletan son los japoneses y australianos.Como es típico en todos los sitios turisticos donde se vive en base a lo que generan los extranjeros se debe prevenir ciertos asuntos del que aún sabiéndolos de antemano por bocas de otros uno es propenso a caer.Me refiero al tema del cambio de divisas y más concretamente en mi caso en el que acudí a una de esas casas de cambio en el que la diferencia al cambio es mucho mayor que en los bancos.La agencia de cambio era una pequeña tienda de artículos variados en el que un gran cartel anunciaba a la entrada del local el tipo de cambio que realizaban .La diferencia era tan brutal respecto a organismos oficiales que quise probar suerte a ver si era posible .Realicé un cambio de 50 dólares el cual entregué al empleado con cara de avispado.Éste me entrega en cambio en varios billetes pasando uno tras otro delante mio.Hasta aquí todo bien ,hasta que sin poder creerlo sales contando nuevamente el cambio sin que este te cuadre .Hubo una diferencia en mi recuento de 12 $ de menos .De inmediato entro enfurecido a la tienda exigiendo que retorne el billete de 50 .El ya estúpido del empleado ni se digna en disculparse como si de un fallo humano se hubiese tratado .Me intenta convencer de aplicarme otro cambio menos atractivo pero aún mayor que en el banco.Me niego en rotundo con mi nuevo billete el cual visiono bien que no sea falso y salgo de la tienda tocandome la mejilla en señal despectiva a ese desgraciado que debe dar el palo a multitud de turistas de todo tipo.Total si cuela cuela y si no devuelve el billete.Al salir chillo a dos jóvenes que entran al comercio con intención de cambiar dinero BE CAREFUL WITH THE CHANGE ,IS FALSE!!!!!!! Para a continuación girar el cartel de la entrada que anuncia el cambio.Desde luego se ha de reconocer que el cambiazo me lo hizo de forma limpia y rápida a lo trilero .Ojalá le diese rápido al movimiento de la mano para haberle hecho caer en su propia trampa.

Conforme con el nuevo cambio que me da una casa seria pienso eso de que más vale poco y bien que mucho y mal.

Busco centros y centros donde poder descargar las tarjetas con las nuevas fotográfias .Los precios rondan los 6 $ de media por la grabación a cd .Es carísimo si pensamos que se puede dormir por la mitad del precio.Busco hasta que me topo una casa de fotografia que me lo deja a 3 $ para finalmente rebajarlo a 2 por realizar 2 cd y prometerles que realizaré más grabaciones en adelante.

Mientras me dirijo al hotel para dejar los cd ya grabados me encuentro por otra acera a Ángel ,quién lleva ya varios días por la pequeña isla .Cree tener fiebre sin mucha seguridad junto a sus característicos dolores de cabeza.Espero que no sea paranoia por lo que le sucedió a Luís.Su hotel está mucho más alejado del centro pagando la misma cantidad que en el mio.Quedamos para la noche en mi hotel donde tomaremos algo antes de salir de fiesta.

Doy paseos por la playa de Kuta la cual aprecio que no es tan paradisíaca como uno piensa.El color del agua no es transparente y las palmeras no se cuaentan a millares que digamos.

Una vez me encuentro con Ángel vamos juntos a pequeños comercios callejeros para comprar botellines de wiskhey por 2,5 $.Acabamos tomandonoslos en unos escalones junto a la avenida principal en el que se encuentra un vigilante privado con el que conversamos sin que haya ningún tipo de problema por consumir en la calle.Mientras tomamos el alcohol rememorando vivencias apreciamos a dos chicas próximas a nosotros .Mi idea inicial fue pensar que eran prostitutas.Ángel estaba más seguro de que no lo eran desde un principio y acertó aunque se puede decir que en el fondo eran interesadas ,pues la chica con la que conversé me comentó que jamás había estado con un chico de Indonesia porque no le gustaban .Tras acabar bebiendo todos juntos a cudimos con ellas al Paddys ,local en el que los extranjeros pueden entrar gratis y las chicas locales deben pagar la friolera de 7,5$ cada una .Supongo que será por las muchas prostitutas que llevan a sus clientes al mismo local ,con lo que en definitiva es como si todos pagasen al fin y al cabo.Pasamos de entrar y camos por la calle en busca de otro local que aunque el sistema sea igual por lo menos que salga más barato .Total la fiesta aquí es turística total con lo que me da absolutamente igual un local que otro.Acabamos en el típico ,tópico y turistico Hard Rock Café ,en el que por lo menos deicen que hay concierto de rock en vivo.Hacemos algo de cola mientras nos comentan que jamás han entrado en este local .El precio es de 4 $ cada uno ,o sea 0,5 $mas caro que el anterior .Son los precios aleatorios que cada uno debe marcar.Les pagamos la entrada como si de un favor se tratará aunque se debe reconocer que es feo hacerlo pudiendo pensar que es a cambi de algo.Así funciona el tema por allí .Lo tomás o lo dejas.Tomamos una sola copa debido a los altos precios del alcohol en el interior del recinto ,aunque llevamos una pequeña reserva en un pequeño botellín al cuál dimos uso disimuladamente.El concierto no estuvo mal del todo.Se trataba de un grupo indonesio potente.Me sentía como en esos conciertos a los que acudía de jovencito en el que los botes y los movimientos de cabeza estaban a la orden del día.La cara de las chicas era de entusiasmo.Se notaba qu no había regentado mucho el local .

Me despierté al día siguiente con algo de resaca debido a la falta de costumbre del líquido y acudo junto a una de las chicas y Ángel a un centro comercial en el que quiere comprarse algo de ropa .En todo momento estuvo bien aconsejado por la jóven indonesia en cuestión de ofertas en precios y tiendas.

Acabamos los 3 en el bonito a tardecer mientras tomamos un helado junto a la playa contemplando la caída de la noche .

Es el último día de Ángel en Bali .Mañana partirá a Sydney junto a Jazz ,la cuál interrumpirá su itinerario durante un mes por visitar a su madre en Bruselas a la que operarán en breve.Aprovecho para darle la libreta del diario y un par de cd para mi mayor garantía segura de que no se extravíen.

Nos despedimos nuevamente esperando coincidir en algún punto de Australia.

Continúo en Kuta en el que va a ser mi mayor estancia en un mismo punto a modo de campamento base para recorrer diferentes zonas partiendo de la buena ubicación intermedia en la que se encuentra del resto de zonas.Alquilo con asiduidad motocicletas para trayectos largos y bicicletas para los no tan largos.

Visité la zona de Ulluwatu en la punta sur de la isla ,a una hora de Kuta.Aquí se encuentra un templo elevado a 300 m del nivel del mar junto a los rocosos acantilados de la zona que da nombre a uno de los mejores spots de surf en cuanto a tamaño de olas se refiere .Para acceder a Ulluwatu se debe pasar por un bosque repleto de simios con los que se ha de andar con ojo por la mala reputación de hurtadores que merecidamente se han ganado. Reflexiono en solitario sentado en una banqueta en lo alto de la colina desde donde contemplo la inmensidad del oceano ,mientras un par de surfistas experimentados se deslizan a lomos de las enormes olas que se suceden .Visito el mismo día el templo de Tanah Lot y sus alrededores en un incesante trayecto tortuoso y lento por el tráfico de varias localidades por las que atravieso,aunque los arrozales y paisajes compensan.Dicho templo es de los mas característicos y más reflejados en esas estampas de postal de Bali.Está situado en una roca a modo de islote con el atractivo de verlo bordeado de agua o no ,en función de las mareas .La entrada cuesta menos de medio dólar y su visita vale realmente la pena por el entorno y la situación en la que se encuentra junto a esas enormes olas que le dan ese aspecto más salvaje todavía.Junto al bello conjunto de templos se encuentra un campo de golf desde el cual se puede acceder desde su interior a divisar parte de la costa cercana.Ya anochezido regreso dirección Kuta atravesando ese camino de retorno con el agravante de que ahora la visibilidad es casi nula,los mosquitos que te rodean se cuentan por miles y la carretera se hace más dura obligando a desacelerar constantemente para no tener ninguna sorpresa.Tras varias pérdidas por el camino de retorno logro con casi un par de horas más de tiempo llegar al punto de partida donde acudo rápidamente a devolver la motocicleta a un puesto de alquileres callejero .He pasado 2 horas del tiempo acordado respecto al descuento en el precio de 3 dólares con seguro entre comillas .Tuve la excusa perfecta y cierta de que realmente me había perdido sin pagar nada más de lo que me solicitaba uno de esos comerciantes pesados que te vende o alquila vehiculos,ropa o demás objetos.La situación para esos a los que les gusten los paseos tranquilos por la calle, garantizo que por allí se encontrará con todo lo opuesto y antónimo al término calma.

Ceno en el puesto que ya hice oficial el Nasigoreng diario cuando ante mi sorpresa escucho a un grupo cercano a mi mesa hablando en castellano.Les escucho durante un rato hasta que noto que uno es vasco por el acento y de golpe les suelto Vascos!!!!.Uno de ellos se gira afirmandolo con la cabeza positivamente.Había acertado con uno ,el otro chico era de Barcelona y su pareja una joven con rasgo exótico de color de París.Acabamos de cenar a la vez y tomamos algo de beber durante un par de horas comentando vivencias de cada uno.La pareja vive en Londres donde ahorran medio año para viajar largas temporadas.El otro chico resulta ser de Vitoria,de nombre Enrique pero con una característica peculiar como es el hecho de que posee unos rasgos de piel más morenos de lo habitual ya que su madre fue una de las primeras indonesias que fue a España al casarse con un vasco que competía en Java en un torneo de pelota vasca o frontón.Había pasado largas temporadas por Java debido a que tenía familia de sangre por parte de su madre.Había trabajado de modelo en Jakarta ganando una pasta para lo que es esto y rodeandose de ese mundillo del que según él es fácil entrar si eres extranjero.Tenía que ayudar a los familiares por parte de su madre con parte de sus ingresos .Algo de lo que cada vez estaba más desconforme .Hablaba perfectamente el bahasa—————-,no muy complicado según decía.

Me comento que estuvo enamorado de una famosa actriz de culebron indonesio ,tan famosos en el archipiélago con la que estuvo anteriormente en Bali .Ésta ganaba unos 4 millones de pesetas al mes y según me explicó ,pagaba los estudios de 150 niños.Eso sí que es apadrinar ,aunque claro a ese nivel ya se podrá.

Alguna horita de surf para no perder la costumbre realicé en la playa de Kuta junto a Enrique y un mejicano que vino a Bali exlusivamente a aprenderlo .Me pregunto porque se gastaría tanto dinero cuando en Méjico hay muchos sitios idóneos como por la zona de Oaxaca.Los locales son un poco engreidos .Eramos varios en el agua lo que me dificultaba de coger todas las olas que deseaba.No me gustan las masificaciones .Solo de pensar que en la zona de Gragajan estaba completamente solo en el agua!!!!.Con lo inmenso que es el oceano y todos se dieron cita por aquí.Que horror!!!! Es lo malo de los sitios conocidos que perdieron ya su identidad por la explotación turística.Los que más frecuentan el agua son turistas japoneses ,de esos que se las dan de modernillos debido al status de su economía,con sus peinados fashion de la última onda absurda y ridícula desde mi punto de vista.Me pongo enfermo ya que yo no soy como esos que necesitan el mejor bañador de colorines y el mejor material para mostrar ,cuando luego encima la mayoría son auténticos negados para un deporte que no se asemeja al suyo nacional como es el sumo.A ver si engordan esos tipitos y se hacen un moño para competir.

El precio de una tabla minimalibu sale por 2,5$ al día ,bueno por medio día si pensamos que se negocio al jóven que las arrendaba a media tarde y no a primera hora.En función de a que hora la alquilas ,estos te pueden aplicar un descuento o no en función de los ingresos que han generado durante el mismo día .Hay días muy buenos según me comentaban y algunos no tanto como ese día en el que empezo a diluviar ,momento que aproveche para alquilar una a más bajo precio y sin estar con la multitud.Tras la sesión individual quede junto a los 3 nuevos compañeros para salir a cenar y a tomar unas copas.

Paso caminando el resto de la tarde sacando alguna fotografía de la zona de playa .Me desconecte durante un par de días de mi compañera la cámara ya que le di un par de días de vacaciones en una zona en la que no tiene mucho que hacer.

Me arregle con la camisa más decente y un pantalon que guardaba para la ocasión ,ya que la mayoría estan agujereados por todas partes.Con lo guapo que me puse el destino no lo acepto cuando al salir a cenar para encontrarme con el resto empezó a producirse una intensa lluvia que me pillo en medio de la calle en el que en algunos tramos estaba totalmente inundado el terreno por el que únicamente se puede pasar.Llegué al restaurant empapado a más no poder.Tendré que esperar a que se seque mientras ceno ya que el nivel del agua esta más alto cada vez para regresarme de nuevo.

Mientras cenamos compartimos informaciones sobre trayectos de interés para el resto.

En el caso de —————y su pareja me entero que han estado en multitud de destinos con lo que aprovecho para preguntarles sin cesar curiosidades y datos para recordar algún día.También les intercambio mi información ya que sus próximos destinos son los que fueron los mios iniciales.

Tras la cena y unas cervezas la ropa no se ha secado del todo pero me da igual porque todavía sigue lloviendo algo con lo que ya no seré el único empapado.Enrique que se conoce bien la isla nos lleva a algunos de sus locales predilectos .Me comenta que en la discoteca donde ocurrio el atentado ,un dato de relevancia que nop dieron los medios de comunicación es que solo se permitía la entrada a los extranjeros ,con lo que los terroristas se pueden decir que lo tuvieron un poco más fácil para difundir su mensaje.Uno de los locales a los que vamos es el local que se encuentra junto al Paddys .Tiene forma de barco y sirven unos batidos enormes de lo más curioso aunque algo caros.Por un día no pensaré en el ahorro y tomare lo que tenga que tomar y ya !!!!! Hay un concierto en vivo de una exhuberante indonesia muy arreglada de voz dulce.A continuación vamos a un bar en el que hay un Karaoke con un par de grupos de ingleses y australianos borrachos .La relaciones públicas es alemana y sabe español .Me quedo horrorizado al saber que lo aprendió durante sus estancias veraniegas en Lloret.

Cantamos los tres una canción de los Red Hot Chili Peppers junto a la banda en vivo de acompañamiento instrumental.Se une un inglés imbécil que no suelta el micrófono ,dandoselas de estrella con careto de idiota perdido a lo cantante de Oasis al cual parece que imita.Se nota esa mentalidad inglesa en el ambiente.Nos graba la novia de——–con mi cámara cantando un tema antes de que me despida de la banda y de su guitarrista al cual le filme un buen solo y del grupo al que despedí en la discoteca Gogos casi llena en un día cualquiera entre semana.Un año atrás jamás hubiese pensado que sería el primero en retirarme.No por cansancio ni nada de eso ,sino porque el ambiente no era el idóneo para mi persona.No puedo aguantar muchas horas en esa clase de sitios tan infectados de turistas de la nueva era,mezclados con prostitutas y grupitos de niñatos tostados .

Pago los 15 dólares por las 5 últimas noches en el hotel Beniyasa I y grabo otro cd en la tienda a la que prometí que regresaría.

Me dispongo a continuación a coger un bemo cargado de nuevo con el peso dirección a Sanur donde dejo el equipaje en un pequeño bar para recorrer un tramo de la playa.Por esta zona los complejos son más lujosos para esos turistas de dinero .Hay varios jóvenes con piraguas en el mar.Otra zona más o menos cubierta antes de dirijirme en una nueva bemo a Denpasar ,donde paran todos los transportes para iniciar nuevos trayectos a todos los puntos de la isla.Junto a la estación debo coger un 3 bemo que me lleve a Padang Bay donde se encuentran los ferrys dirección Lombok.Cuál fue mi sorpresa al ver de nuevo a ———,el cual no consiguió un billete de regreso a Australia.Tomamos algo de beber en la estación mientras esperamos cada uno su bemo .Por aquí hasta que no se llena un transporte hasta los topes ,este no arranca.El motivo es que sus propietarios se esperan a que se llenen para tener más ganancias.El método es curioso cuando vas viendo como insisten a la gente a convencerles a que lo cojan ,cuando se ha de pensar que una persona solo lo cogerá si ha de acudir a una zona concreta.Tras la espera de una hora sin ningún tipo de prisas por mi parte se medio llena el vehículo que decide finalmente partir a su destino.El trayecto es de unas 2 horas de duración por unos 70 Km de distancia y 2 $.Al llegar al embarcadero compro el ticket aunque un cartel avisa del retraso de 2 horas en la salida a la nueva isla.El billete del pasaje de 5 horas es de solo 1,5 $.Como algun pequeño cono de arroz envuelto en papel mientras me estiro con la mochila a modo de almohada a reposar algo ante la presencia del resto de pasajeros locales.

Me quede adormilado hasta que me despiertan para no perderlo.Durante el trayecto la gente se estira entre la multitud de asientos de colores de plastico algo incómodos para descansar.Me adentro al interior donde hay una sala para tumbarse al suelo para estar al menos estirado de forma completa.

La llegada a Lombok Labuan se produjo antes del amanecer .Sin ninguna información de cómo moverse ni a donde ir me adentro en una choza bar que estan abriendo donde me tomo un par de copis o cafes indoneios típicos de sobre de un sabor y aroma muy dulce y aromatico.Decido tirar para la punta suroeste de la isla tras confirmarme en el bar que vale la pena la visita a esa zona.El problema en la nueva isla es el tema de transportes ya que no hay ninguna infraestructura de cara al visitante.Me adentro pasada una barrera de entrada al camino por el que circulan los pocos vehiculos que se aprecian .Me pongo a hacer autostop aunque no parece facil conseguirlo rápidamente por los casi nulos transportes que pasan.Se para tras un cuarto de hora de espera una bemo que me quiere cobrar lo que precisamente me quiero ahorrar.No se dirije ni siquiera a mi destino y me comentan que hasta esa zona es dificil llegar con transporte por los malos tramos inaccesibles.Me da más emoción realizarlo todavía .Ahora llegar hasta ahí será algo personal.Ante las adversidades persistencia.Se para mientras iba caminando pausadamente por el camino un camión de obras que se dirije en la misma dirección .Me comenta que cobra algo y acepto antes de perder alguna hora más caminando.El trayecto realmente es malo a más no poder ,pero la vegetación virgen hace del entorno un lugar especial de esos por los que encanta cruzar.Se para finalmente en un poblado ,donde todos vienes a saber que hago .El conductor me comenta que no avanza más ,cuando todavía faltan unos 10 km y le pagué los 2 $ acordados hasta el final del destino.

Me enfado por el leve engaño u le comento que me devuelva el dinero o tire para adelante .La carretera se ve mala pero se puede pasar perfectamente .Arrancamos de nuevo hasta que a tan solo 4 km se encaya el vehículo en lo que es ya el último tramo inaccesible para los vehículos por la cantidad de tierra que hay .

Me siento algo culpable de haberle hecho venir hasta aquí pero que no me hubiese dicho que el precio era hasta el final sino hasta unos 5 km antes.Ayudamos a hacer contra peso para desencayar la rueda pero sin éxito.Finalmente otro vehiculo lo remolca con cuerda para hacerle retroceder unos metros atrás.Le agradezco que me haya traido hasta aquí .El resto lo realizaré a pie a través del fango cueste lo que cueste pero mi empeño en llegar es máximo cuando solo faltan pocos kilometros.Mientras avanzo un señor junto a su carreta arrastrada por un equino me lleva hasta el poblado .El terreno es muy blando con multitud de insectos que viven en las zonas de arena humeda perforada.

La llegada en un carro es de lo más curiosa al contemplar las primeras casas del poblado de Bangko Bangko hechas de bambú o———– de la misma zona .No entiendo como pueden aguantar .Son solo cuatro palos extendidos a modo de sujeción.Hay pocas chozas pero la zona es realmente hermosa ,natural y lo más importante tranquila.

Le invito a un refresco por la amabilidad que ha tenido conmigo mientras descansamos algo junto a la hermosa vista de una pequeña playa y sus preciosas embarcaciones de tipo patin tradicional con colores claros en plena armonía con el entorno.Por aquí se nota que le dan a la siesta ya que están todos tirados a la sombra en la misma playa.Dejo la bolsa en la caseta donde nos quitamos la sed y empiezo a caminar a ras del agua limpia y clara .Alguna embarcación parte para ir a pescar.Parece que es la unica actividad ede la que viven .Es pues un poblado de pescadores .

Al final de la playa hay algún débil manglar por el que cruzan unos pequeños niños desnudos riéndose.

Sigo caminando por un camino en obras que te lleva al otro borde de la montaña por el se se encuentra la nueva playa donde las olas van en aumento.La zona de Bangko Bangko es muy reconocida por los surfistas de todo el mundo,que acuden en barcos privados solo para coger olas sin ni siquiera mezclarse con sus gentes.Hoy no hay absolutamente ni un solo surfista por aquí .Está claro que solo vienen unos pocos de dinero y en temporada alta .El nombre por el que se le conoce en la jerga del surf a la zona es Desert Point y razones no faltan ya que es una zona totalmente desierta.Durante mi andanza me cruzo con un jóven muchachin junto a su ternera a los cuales fotografío mientras sus miradas parecen estar conectadas en una simbiosis perfecta.La dirección de ambas miradas,el plano y la forma son tan parecidas que es para asustarse.El chico lleva una sandalia diferente de la otra y una gorra de una famosa petrolera española.Me solicita un cigarro con tan solo 13 años ,se lo concedo sin saber si he hecho bien aunque le digo que es malo para él.Sigo hasta el final de la nueva playa ,allá donde unas negras rocas te cortan el camino.Me tumbo un rato junto a la orilla ya que el momento lo requiere.Toda una playa fantástica sin ni una sola persona.Imagino que en un tiempo cuando el desarrollo turístico haya invadido Lombok podré decir con orgullo que estuve totalmente solo en nueva playa infectada por el nuevo turismo.Regreso con mucha calma al poblado en el que algunos de sus lugareños arreglan algunas redes de pesca.Me tumbo otro rato contemplando el minúsculo poblado y sus patines mientras pienso que voy a hacer.Esto está visto y me gusta .No se si quedarme a dormir por aquí esta noche o probar otro destino aún sin conocer.Por aquí no hay absolutamente ni electricidad,ni camas ,ni nada.Solo con decir que el agua la transportaba en el carro la persona que me recogió.

Decido ir a otro sitio solo por el hecho de ver más y más porque desde luego por aquí me quedaba encantado .El retorno ahora lo realizo a pie tras despedirme de los aldeanos ,los pobres que pensaron que me iba a quedar a dormir por ahí.Imagino que me hubiesen convidado a algunas de sus chozas .Al verme cargar con la voluptuosa mochila en mis apenas 62 kg para retornar por la senda durante 4km se quedaron estupefactos.El camino se hace duro en realidad debido al extremado calor que te hace sudar todavía más por el peso y al terreno fangoso por el que me cubro hasta la mitad de las rodillas pasando algún apuro por si me resbalara y se mojara el material.El calor es cada vez mayor .Para peor desgracia no llevo ningún líquido con lo que las paradas son continuas .Tras los lentos pasos cruzando por palmerales de ensueño lluego junto al inicio del camino ya algo asfaltado en el que un grupo de pequeños obreros pican piedra.Espero localizar algún transporte que me acompañe no se ni adonde.El hecho es no darle más a las piernas que ya trabajaron suficiente por la jornada.Sin ni un solo vehículo por aquí decido parar junto a una caseta para beber algo .No hay nadie y me siento rendido en una tabla a la espera.Hay un pozo pero sin cubo .La sed es máxima tras unas 3 horassin probar una sola gota de agua.Voy a una casa contigua en la que tienen refrescos .Les compro un par sin preguntar siquiera lo que cuestan .Ahora lo difícil sera regresar a Labuan para coger otro transporte para Labuango Lombok.Al fin pasa una camioneta que ni siquiera se para ante mi presencia.La familia de la casa no entiende lo que quiero hacer hasta que les explico que a eso se llama autostop y es la única forma de poder seguir si no se quiere caminar por un par de días .Me comentan entonces que ha de pasar una bemo en mi dirección ,pero que si no la coge nadie más su dueño cobra mucho más para facturar .Les digo que seguiré con el dedo que no es problema y a malas empezaré el camino a pie.Justo llega a la casa el coche de un familiar con algún regalo para los pequeños .Parece que es el cumpleaños de alguno o algo así.El nuevo conductor me comenta que no coge el cohe hasta el día siguiente pero que no me preocupe porque tiene que pasar en breve algun bemo.Efectivamente pasa un bemo pero logicamente por el tramo en el que me encuentro esta totalmente vacía .Hablo con su conductor para saber el precio.Me cobra una burrada y le digo adiós hasta que se me ocurre decirle solo hasta el pueblo siguienta a una media hora .La verdad hice bien ya que si hubiese querido ir del tiron sin la espera a más pasajeros me hubiese salido por lo que pagarian entre 15 personas.Imaginad como van por quí las cosas.Al parar en el primer pueblo me da tiempo a comer tranquilamente pescadito frito y alguna gamba algo reseca antes de que suban demás pasajeros.Todo el pueblo flipa mirandome mientras como algo.La situación me pone incómodo,con lo que pido una bolsa y me lo envuelvo todo para comermelo más adelante de una forma más pausada,tranquila y duradera.

Desde Labuango Lombok cogo un ferry más a altas horas de la noche dirección Sumbawa la nueva isla contigua.El precio del ticket es de 3 $,con transporte incluido que enlaza a la capital—————-Bessa.El paisaje desde el ferry antes de amarrar es tranquilo y agradable ante la visión de algunas pequeñas islas .Parece que la isla merece la pena .En dirección a Bessa el verde puro y frondoso de la isla predomina ante el azulado cielo.Llegado a la terminal de Bessa donde se encuentrana algunos pequeños locales en los que se puede comer algo.Escojo el más alejado regido por lo que parece que son tres hermanas.Los tratos que me dan son de lo mas cordiales y afectuosos .No hay nadie de nadie con lo que me preparan algo de comer de forma rápida .Están encantadas de mi presencia incluso a una parece que le dispararon la flechita de cupido al notar que me mira de una forma especial .Tras la comida ,mientras me baja la digestión tomo un café junto a ellas les saco alguna foto ,no sin antes maquillarse y poniendose unas gafas de sol.Eso debe ser un símbolo de mayor belleza para ellas ,pero la verdad es que empeoran algo,jaja.Como cambian los canones de belleza según la zona.Más tarde les pongo las fotografías a través del cable usb en el pequeño monitor del comercio.Se vuelven locas de alegría.Les dejo todo mi material para dar una vuelta y averiguar las conexiones hacia Dompu,zona cercana ala playa que quiero visitar.Bema no parece muy atractivo hasta que me entero preguntando que la ultima conexión hacia Dompu sale de inmediato desde la misma estación anterior.Regreso rapidamente a ella para averiguar y efectivamente ,esta a punto de salir en cuanto suban algunas personas más.Les comunico a las chicas del bar el precio que cuesta y no me saben decir hasta que les pongo el símbolo del dinero en un papel.Calculo el cambio a un par de dólares y me despido de ellas con pena ,sobretodo de la más jóven ,la cual penso que me quedaría a dormir por aquí.Esa era mi intención al principio ,pero no hay mucho atractivo por aquí y deseo conocer demás zonas.Seguro que me hubiesen ofrecido su hogar.Al subir al autobús me dicen que son 3 $,pero conmigo no pueden jugar ya que les enseño el papel escrito por las jóvenes en su idioma en el que indica 2 .Entiendo que quieran cobrar más ,pero no a mi,que se lo hagan a esos que jamás veran vestidos de corbata.Otras 5 horas de camino en el nuevo medio abarrotado y abrasante.Al llegar a la estación a 5 km de distancia un grupo de locales parece estar esperandome para coger sus motocicletas a modo de taxi hacia mi destino.Hoy no quiero gastar ni un centavo más con lo que se acabo pagar por algo.Se me ponen pesados pero con cariño.Hay un pequeño puesto de vigilancia ,en el que me cobijo de todos ,aunque el policia es amigo de todos y siguen insistiendome y preguntando curiosidades.Hay más de 30 personas que se acercaron y más que van viniendo para ver al pobre perdido ese de fuera.El vigilante me comenta que me puedo quedar a dormir en el puesto .No hay nada mas que 2 m cuadrados de tablas ,pero al menso es seguro o eso que creía cuando tras dos horas se le acaba el turno para marcharse .Me recomienda que no me quede solo ,al ser peligroso a altas horas.Joder ahora no se que hacer .El imagino conocera más a la gente de aquí .Tomo una motocicleta para acercarme al centro en 20 minutos por lo mismo que me costo el autobús por 5 horas.El jóven que la conduce va rapidisimo .Le obligo a descender la velocidad o me apeo ,ya que con las 2 bolsas no lo soporto.Al dejarme en un alojamiento cerca del centro que disponen de camas me quiere cobrar más de lo acordado.No se si no se entero o que ,todo el tiempo me afirmaba con la cabeza sin entender nada imagino.Me quiere cobrar casi el doble y me enfado ante la presencia de algunos jóvenes que se encuentran sentados en la terraza del hostal.Me salgo con la mia tras algún que otro chillido.Me justifico después con los demas inquilinos explicando que han sido muchas horas de transporte en este día sin dormir casi nada y que me la intentaron jugar un jóven motorista,el conductor del bus etc……Les digo ¿porqué me cobran más si soy de Indonesia? De golpe empiezan a reírse ante mi curiosa afirmación.Sin haber probado bocado casi me tumbo en la nueva cama sin ganas de ir a buscar un sitio donde cenar.El reposo largo debido al cansancio acumulado hace que me despierte más tarde de lo normal,a eso de las 12:00 de la mañana y me acuerdo cuando eso suponía un madrugón tras una noche de fiesta por Barcelona.Por aquí es todo lo opuesto ya que pienso en las 4 horas que perdí en la cama en vez de seguir la ruta en busqueda de saciar de más imágenes a la retina de mis ojos y recuerdos para la memoria de mi mente.

Acudo al centro de Dompu donde me comunican tras un intento fallido en el unico cajero de la zona que es un día festivo.No me lo puedo creer ya que no llevo casi nada encima .Tras varios intentos en la dichosa maquinita sin resultado exitoso ,inicio la busqueda de alguna persona que me cambie algún dólar por rupias________.Me informan que debo acudir a Bima donde hay algún cajero de más y casas de cambio .Dejo la mochila en un pequeño hospedaje en el que me alojaré al pensar que hoy no podré llegar a Huu con todo el nuevo lío en el que me he metido sin comerlo ni beberlo.El trayecto de 1 hora en bemo es de una gran intensidad de verdes arrozales y azules playas.No lo aprecio como hubiese deseado debido a los nervios de solo pensar que tendré que recurrir a los últimos dólares que llevaba de emergencia para llegar hasta el lunes.La estación final en la que me apeo se encuentra al inicio de la pequeña ciudad.Camino hasta la parte más céntrica donde se encuentran los bancos pero hasta por aquí están todos cerrados.Pruebo uno tras otro hasta que al intentarlo en el 3 o 4 me doy cuenta de que la cosa está mala .No entiendo porqué no me deja sacar dinero.reclama los servicios de emergencias de uno de los bancos pero para nada .Acudo al interior del mismo sin poder buscar una solución.Me aconseja cambiar los dólares en casa de cambio ilegal.Me da un contacto para que me indiquen donde podre descambiar.Sigo buscando alternativas a través de información en hoteles en los que no me pueden cambiar dólares .Eso que pensaba que en todos los hoteles había servicio de cambio de moneda.Me pasan la dirección de la tienda clandestina en la que me podrán ofrecer el cambio de moneda.Tras recorrer calles y calles medio vacías por la festividad llego a la tienda de artículos de regalo donde me lo pueden cambiar .Les pido todo tipo de informaciones para ver la solución más ventajosa.Te cobran un 10 por ciento de comisión por euros y un 5 por dólares .Descambio 30 dólares del billete de 50 para tener un único billete verde para la última emergencia o necesidad.La comisión no me ha parecido excesiva cuando imaginaba que rondaría un 20 por ciento o algo así.Tras eliminar el ya olvidado problema grabo nuevo cd por 2 dólares en una tienda que hay en la misma calle.Me hacen subir al piso de arriba donde tienen una habitación con ordenador donde podré grabar el cd.Es una casa privada que cuenta con un ordenador y maquina de revelado analógica a modo de negocio de la zona.Con un solo ordenador ya te montas el negocio por aquí.El jóven que me lo organiza todo en su habitación mira las propias fotografías de su zona como si se tratase de una zona lejana y pérdida.Qué bien que me siento ahora con la tarjeta digital vacía en busca de registrar nuevas tomas .Aprovecho a soltar algún billete a cambio de materia nueva para el estómago en un pequeño restaurante vacío que me sorprende con la calidad de sus platos .Igual era tanta el hambre que tenía desde hacía un día que todo me supo a gloria.

Camino por Bima de retorno a la estación para retornar a Dompu.No hay mucho que ver por aquí .Me ha resultado una ciudad muy pequeña y con poco encanto aunque con un justo aprbado.Cruzo el pequeño puente que me adentra en la estación para coger un nuevo bemo partiendo al minuto exacto de subirme en el.Justo empieza a llovisquear unas pocas gotas ,lo cual será fenomenal para refrescar algo el sofoco en el caldeado ambiente.Más de la mitad del trayecto me la paso asomado a la ventana disparando sin parar a todo el recorrido en busca de guardar alguna toma aceptable sin mucho movimiento por la velocidad del transporte.Es ya media tarde de sábado mientras transcurre el lento tiempo por el pequeño pueblo de Dompu, aprovechando para mirar el correro en el único local de Internet ,en el que realizan cursos de informatica elemental como si de una carrera se tratase.Por la noche tras cenar en un pequeño local con emisión indonesia de un serial de esos que se tragan tanto y un programa de espectaculos variados retorno al hostal en el que algunos de los jóvenes trabajadores están tocando la guitarra y tomando tragos .Ni me acordaba de que hoy es sábado y que por aquí celebran también un día festivo con alcohol y música.Me invitan a una copa y a que cante algo de mi tierra.A eso de la 1:00 de la madrugada se plega el espectaculo como si de altas horas nocturnas fueran.Al comentarles que en mi país lo normal es acabar a eso de las 6:00 de la mañana ,no lo pueden creer.Uno de los jóvenes empleados de largo pelo rizado me comenta tras darle a unos virtuosos rasgeos de guitarra que tiene un grupo de música o algo así.Recuerdo también la canción que más se saben por aquí como es el mismo tema de Scorpions ———que tocaba Mr Papa.

Nuevo día radiante en el que ya por fin me dirijo ala zona de playas de Huu o Lakey Peak .Desde Dompu se debe coger una moto (ya que por aquí no hay siquiera taxis )que te lleva desde la zona en la que te encuentras hasta la parada de bemos ,que no es más que un trozo de tierra en la que aparcan un par de estos transportes.El interior del bemo está lleno de pescado a modo de aromaterapia local .Me acomodo en la parte posterior vacía ,no por mucho tiempo hasta que un jovencito junto a su pequeño hermano s sientan junto a mi.Es un pequeño de lo más listo y maduro que recuerdo .Con una mentalidad mucho mayor que la que corresponde a su edad me comenta que desea estudiar mucho para tener un buen trabajo y sacar a su familia adelante.Estoy seguro que lo logrará con lo que le ayudo a ampliar su cultura con datos sobre mi país que retiene por sus respuestas de forma magistral.Casi todo el trayecto lo paso hablando con él bajo la atenta mirada de su pequeño y encantador hermanito con su gorra puesta del revés.Poco antes de llegar a Huu ,se para el bemo para apear a todos los pasajeros los cuales deben continuar a pie o en motocicleta.El jóven y su hermano se encuentran junto a unos amigos para pasar unos días de vaciones solos por la zona haciendo acampada por libre sin la supervisión de ningún adulto.Eso que el grupito de amiguetes solo cuentan con solo 12 años de media.Me aconseja todos los bungalows donde me puedo alojar ,aunque le respondo que ya tengo pensado uno de referencia que me dio el guitarra del día anterior ya que trabajo en el y me dijo que saludara a los propietarios de su parte .

Por mi parte continuo en una moto taxi hasta la playa situada a 5 minutos .Los parajes son extraordinarios ,haciendo que la zona sea otro de esos lugares de excepción ideal para recomendar al nuevo viajero.Las olas que diviso desde la moto en el pequeño carril junto a la arena son realmente perfectas y ordenadas.Que buena pinta meten ¡!!!!!Una vez llegado al bungalow lestarri les doy la referencia del guitarrista y me hacen un precio especial de solo 2 $ por un bungalow propio con 2 camas y baño .Dejo rápidamente la bolsa y comienzo a caminar a lo larga de la playa.Hoy toca descansar algo observando la zona para poder hacer surf al día siguiente.El calor es insoportable para una larga caminata,aunque el esfuerzo merece la pena.Caminando varios kilometros por la carretera conecto con uno de los spots de surf en el que hay unos pocos metidos .Les contemplo fotografiando con una gran envidia pensando en lo que disfrutare al día siguiente.El nivel de los surfistas es realmente bueno.Sigo caminando esta vez de retorno al bungalow adentrandome por caminos junto a pequeños riachuelos ,algunas casetas sencillas ,y cruzando por playas de rocas.También me cruzo a algunos asustadizos bufalos que empiezan a esconderse al avistarme y alguna cabra que me planta cara de modo desafiante.Al llegar al bungalow acudo a que me preparen algo de comer realmente bueno .Todo te lo apuntan para pagarlo en cuanto finalices tu estancia.Son listos al pensar que hay gente que se quedaría mucho más tiempo del que piensan por la tranquilidad que se respira.Ponen la película naufrago a modo de cine para los pocos huespedes que nos encontramos.

Vuelvo a almorzar algo con vistas al oceano divisando las primeras olas del nuevo día.Hoy me alquilo una de las tablas cortas que tienen por 1 $ por unas 3 horas por poner un precio cualquiera según ellos.Remo cruzando la zona coralina hasta llegar a la ola .De cerca es realmente mucho mayor de tamaño .Me siento muy respetuoso ante la grandeza de su tamaño ,intentando cogerla en varias ocasiones sin mucho éxito.El problema es que voy en tabla corta a la que no estoy acostumbrado ,el tamaño es superior a lo normal y son muy verticales antes de la formación de tubos.Cogo alguna por unos metros resultandome más dificil el retroceso hacia atrás al tener que atravesarlas por su interior .Me llevo algún pequeño susto al ser arrastrado por algunas y decido practicar en otra zona en la que el tamaño es aún mayor .Hoy solo he remado que ya va bien pero no puedo decir que disfrute del deporte en si debido a la dificultad que aquí se requiere.Aotado y extasiado me retiro al atardecer momento que aprovecho para sacar alguna foto de la linda puesta .Hoy tienen pescado buenísimo para cenar junto al predilecto pancake de chocolate que también preparan por aquí ante mi sorpresa.Otra película bajo la brisa marina y a descansar bajo la enorme mosquitera que tieneninstalada en la cama.

Otro almuerzo como dios manda ante la vista que jamás olvidare conociendo a un adulto australiano shaper(fabricante de tablas de surf).Me quedo perplejo al ver a un jovencito de la zona con tabla ,saliendo del mar tras coger unas muy buenas olas .Le fotografio en espera de que se convierta algún dia en una estrella del mar.Motivación y calidad no le falta .Hoy alquilo una tabla longboard en otro bungalow ,aunque aquí tampoco es ideal para este tipo de tablas .Es una zona para surf extremo de tablas cortas para realizar y practicar todo tipo de maniobras ,de esas tan vistosas y equilibristas.Unas 4 horas de deporte me dejan rendido antes de llegar al bungalow en el que la dueña se pelea con una de las camareras con pinta de esquizofrenica ,la cual le estira de los pelos y comienza a chillarle ante la espectación de algun huesped.La estancia por aquí resulte ser muy provecha siendo uno de esos lugares a los que espero volver algún día en el que deseo que continúe todo igual sin ningún tipo de masificación.La cuenta por 3 días con todo incluído me sale por 18 $ no sin antes intercambiar un par de camisas que me lavo el dueño ,siendo de su agrado por la 2 sencillas pero nuevas camisetas con el logo de la zona .Cojo desde el mismo bungalow una motocicleta venida por los mismos dueños en el que me aplican una tarifa fija de menos de 2 dolares por todo el trayecto de regreso hasta Dompu en más de 3 cuartos de hora con la mochila entre las piernas del piloto.Llegado de nuevo a Dompu acudo al local de internet para ponerme al día mientras escucho los sonidos de un grupo en el local contiguo .Se trata del guitarra del hostal en el que me aloje .Me invitan a escuchar una sesión mientras les grabo para verse más tarde en el monitor del estudio.Son 2 guitarras y un organo tocando versiones de rock americanas.El estudio de música es de lo más sencillo .Le sujeta el micrófono otro señor al no disponer ni de artilugios para sujetarlo.Me despido del grupo con un fuerte abrazo a sus encantadores miembros y me dirijo caminando hacia la estación parando en una pequeña charca tras cruzar el interior de un hogar al escuchar los chapuzones de unos pequeños .Fotografío sin parar a los pequeños antes de que me acudan todos los vecinos a investigar mi procedencia sin poder salvarme de varias preguntas de sus gentes que me hacen perder algo de tiempo sin saber siquiera si parten transportes de regreso a Lombok .Mi intención anterior era llegar hasta Kómodo ,la pequeña isla vecina antes de Flores donde se encuentran esos extingidos dragones de hasta 3 metros de longitud ,carroñeros y bacteriologicos por excelencia.

Está a punto de caer la noche con lo que cogo un bemo hasta la estación ante la sorpresa de que ya no parte ningún transporte durante el día ,con lo que o me quedo por aquí o levanto el dedo en busca de algún vehículo .Junto a la estación hay un camión de mercadería que se dirije hasta Bali.Aceptan llevarme en su interior aposentandome en la cama interior tras los asientos de los 2 conductores que se van turnando.Tengo transporte y cama a la vez .No me lo puedo creer!!!!!Disponen de un grave claxón al cual le dan mucha viva como si el camión fuese el rey de la carretera.Son muy cordiales conmigo .Compartir un trayecto junto a dos transportistas es peculiar y simpático al tenerlos de referencia como si de 2 transportistas españoles se tratasen en cuanto a sus formas de actuar se refiere.Paramos a cenar en un local de carretera que bien se conocen .La ambilidad de la familia que lo regenta es envidiable .Me tratan demasiado bien siendo todo halagos .Me parto con uno de los canductores que resulta ser medio sordo haciendome chillarle en dirección a uno solo de sus oídos.Les invito a la cena por menos de 3 $ y continuo el trayecto tumbado en la cama posterior de la cabina .

Me despierto en lo que es el interior del ferry con lo que me doy cuenta de que sin quererlo encima me ahorre el pago del mismo al ir en el interior del vehículo .Esta saliendo todo bien .Demasiado bien para ser verdad .Continuación del día en la cabina con varias paradas en puestos peculiares de la carretera formando parte de la población obrera.Hoy llueve un poco con la salida del arcoiris mientras desayunamos en un puesto a base de enormes cafés para despejarnos.Sobretodo ellos que tienen larga travesía por conducir.Me ofrecería para ayudarles a manejar pero la dimensión del camión hace que me desista no sin antes preguntarles si requieren la ayuda de mis manos al volante sabiendo con antelación la respuesta.Les hago una fotográfia junto al camión,la cuálque revelan en un pequeño puesto de fotográfia del camino .Otro detalle que sale de mi parte en respuesta al agradecimiento por alojarme junto a ellos.

Al llegar a la terminal de ferrys de Lombok a Bali justo se cierra la barrera ya que no les permiten el paso por la dimensión del vehículo pesado.Deberán esperarse al siguiente barco durante varias horas.No se si esperarme pues el hecho de viajar con ellos me sale a bajo coste.Decido coger el ferry antes de esperarme al siguiente tras una calurosa despedida nostálgica.Cuatro horas de nueva travesía hasta la llegada a Padang Bay en Bali,donde cogo un bemo dirección Sanur con los mismos conductores que la última vez al mismo punto.Calculando lo que me ahorré con el camión me sale la friolera de unos 30 dólares .Una tercera parte de muchos sueldos del archipielago.

Sanur es algo más caro que Kuta al ser una zona algo más exclusiva .La media de los pequeños hoteles sale por 5 dólares aunque consigo una rebaja a 3,5$Recorro algunas de las calles de la zona junto a las tiendas.Hay varias terrazas para relajarse tomando alguna copa por la noche .

Regreso de nuevo al antiguo hotel de Kuta donde me instalare por unos días más a la espera de realizar mi última ruta por la isla.Alquilo una tabla para disfrutar todo lo que no conseguí en Huu para a continuación ir a visitar la surf art gallery .(Una galería de pintura de surf que resulta estar cerrada)Paseo por las calles de Kuta en un día en el que me apetece ver algo de masificación y doy largos paseos por la orilla de la playa mientras observo a unos jovenes metiendo mortales con un simple bodyboard en la misma orilla junto al inicio del agua.Uno de esos jóvenes que arrenda tablas me insiste en saber donde me alojo para compartir ganya(marihuana).No me inspira confianza y lo evito de forma educada mientras me comenta que el otro día era el amigo de un jóven que no me permitio fotografiarle.Hoy la ocupación hotelera es de solo el 25% según me comentan por lo que se hace más tranquilo pasear sin tanta masificación de turistas.El agua de la playa está mucho más limpia que la última vez.El motivo fue que las intensas lluvias en Java afectan a las aguas de esta isla dandoles un aspecto mucho menos limpio.

Hoy es viernes y me dan ganas de salir ,aunque no hay mucha gentec on lo que decido hacer internet y seleccionar las fotografías tumbado desde la cama del hotel.

Con mucha urgencia debo cambiar la fecha de salida de Bali a Sydney al decidir pasar una semana más en Bali para conocer el territorio norte.Me meto uno de esos madrugones ya normales en el viaje para ir a visitar Sanur donde se encuentra el complejo hotelero Grand Bali ,desde donde debo cambiar la fecha del vuelo desde du oficina de viajes y no desde el aeropuerto como intente hacía ya varios días.No hay vuelos directos con lo que cambio a uno que hace escala anterior en Melbourne .Ya tranquilo habiendo cambiado la fecha tan solo un dia antes de la salida que me tocaba recorro un trozo de la playa de Sanur junto a sus lujosos complejos en primera linea de mar y con algún que otro turista tstandose al sol junto a la proximidad de varias embarcaciones típicas indonesias.Por aquí hay mucha oferta lúdica de deportes de mar y todo eso montado para el extranjero.Regreso a Kuta para dejar preparada la mochila que guardare en recepción tras alquilar una moto por varios días a razón de solo 3,5$ por día con seguro incluído.Doy mi última vuelta por la playa de Kuta minetras me consiguen la moto en un día que amenaza tormenta .Los colores fríos y grisaceos del cielo sobre la playa son muy fotogénicos .El aire es fuerte con lo que ya no hay nadie por la playa.No se si será el mejor momento para marcharme en moto a la zona norte.

Inicio mi recorrido a motor junto a una bolsa pequeña atada a la motocicleta con todo lo necesario que necesitaré los próximos días.Que alivio que da quitarse el engorro del acostumbrado peso de la mochila por unos días.El primer trayecto es de Kuta a Denpassar con alguna peuqeña perdida en el camino para iniciar la conticuación a Ubud ,donde llego 1,5hora más tarde.A mi llegada a la villa ,a mi modo de ver con mucho encanto y con la merecida fama de la capital cultural de Bali recorro el centro en motocicleta en busca de un lugar donde montar el campamento base para los próximos días.Encuentro a la tercera uno de esos alojamientos con encanto y a un precio irrisorio .Esta ubicado tras un salon de belleza que regenta su propietaria donde realizan masajes y tratamientos algunas de sus jóvenes empleadas .Me acoje de una forma cariñosa presentandome a su familia y empleadas.Me da la que es la mejor habitación según ella para que me encuentre como en casa al no haber casi ningún huesped más.Me encuentro de lujo en la que es la mejor habitación que alquile por menos de 3 dólares ,desayuno incluído.

Paseo con mucha paz por las tranquilas callecitas junto a hermosos y peuqeños templos donde realizan ceremonias y espectáculos de danzas ,marionetas etc….En Ubud hay multitud de talleres artesanales aunque sobretodo trabajan mucho con artesanía de madera.Son auténticos artistas de las manos y las formas.Lo aprenden de generación en generación .

Salgo de Ubud hacia KlengKung——–para visitar su templo con pinturas tradicionales de dioses y demonios ubicadas en el mismo techo del templo junto a sus poderosas esculturas de divinades místicas ,máscaras antiguas que ponen los pelos de punta,dagas y instrumentos musicales parecidos al xilofón——

No se encuentra absolutamente nadie visitando el templo .Tampoco hay ningún tipo de vigilancia en su interior .Aquí un ladron lo tendría muy fácil aunque seguro que alguna de las energías que habitan en su interior a modo de vigilancia invisible los maldicerían—— en su propia contra .Tras salir del templo para coger la moto me cruzo con un grupo de escolares en la carretera de lo más encantadores con sus sinceras e infantiles miradas .El siguiente alto en el camino me lleva a otro templo,esta vez algo especial al encontrarse situado en el interior de una pequeña cueva habitada por millares de murciélagos .Esta ubicado a tansolo 100 metros de la playa y se llama Goa Lawa———- muy solicitado para ceremonias en la única isla hinduísta de Indonesia.En el interior de la cueva hay un pequeño altar y en el exterior complejos más trabajados arquitectonicamente.Los murcielagos desprenden un mal olor ena medida que más te acercas a ellos,imagino debido a sus excrementos.Algunos están colgados de formas inverosímiles a la misma salida de la cueva bajo el calor del sol,otros todavía revolotean por el interior.

En este día cualquiera en que visito el templo se celebra una ceremonia en el que varias familias se encuentran arrollidadas de cara al templo orando con las palmas de las manos levantadas y abiertas.Varios de los fieles son mojados con agua en señal de bendición.Los trajes que visten para la ocasión son coloristas y exóticos realizados de finas sedas.Los varones acuden en la parte posterior al descubierto de algunos camiones.la fruta es un elemento muy empleado en las ceremonias.Se encuentran en enormes vasijas o cantos en forma de copa, ordenados y muy bien distribuídos,siendo transportadas por mujeres desde la parte superior de sus cabezas.Al finalizar la ceremonia me quedo solo en el templo junto a una simpática niña que se asoma tímidamente y sonriendo desde una de las puertas de la salida del templo.Debe vivir por las cercanías ya que se le ve muy habituada al templo.

Continúo hasta la cercana playa de arena negra en donde me encuentro a uno de los grupos visitantes de la ceremonia mientras comen y beben a la sombra de unos árboles.Es una playa tranquila sin un solo turista por la inexistencia de infraestructura hotelera.Al regresar a la motocicleta para continuar la travesía ,observo que los más jóvenes de las ceremonia se van acomodándo en uno de los camiones mientras les fotografío bajo sus cómplices sonrisas.

Acudo a Kusanla ,una pequeña aldea de pescadores más al sur donde se encuentran sus jóvenes aldeanos tejiendo las redes de pesca .Las embarcaciones que aquí se encuentran juegan un gran contraste al comparar sus blancas maderas junto a la oscura arena haciendo que resalte enormemente el claro color de las embarcaciones.

Se me acerca corriendo un grupo de de niños muy alegres solicitandome alguna moneda .Están realmente locos de alegría al verme.Alguna pequeña me ofrece alguna de sus propias pulseras por alguna moneda.Otra me regala una sin pedir nada a cambio.No se si se trata de una estrategia comercial pero se le ve tan maja,humilde y sincera que le regalo otra pulsera que llevo en la bolsa para posteriormente comprar una caja de pastas y una botella de refresco que comparto con todos ellos como si de un cumpleaños se tratase.Desde luego parece realmente mentira con que poquito se les puede hacer felices a los más pequeños .En el comercio donde compro el banquete infantil se encuentra la anciana madre de la vendedora con los arrugados senos al descubierto.Tengo entendido que se trata de una antigua costumbre en el que algunas ancianas pertenecientes a otra época totalmente diferente a la actual no tienen reparo en ir al descubierto tal como hicieron durante toda su vida cuando imagino no contaban con camisetas con los logos de marca que se encuentran ahora por todas partes.Muchas de esas ancianas eran agricultoras de esos extensos arrozales de la zona.Saco la cámara sin poder realizarle una fotográfia al no permitirmelo ,hecho que debo respetar aunque con pena de no poder una evidencia que en muy poco tiempo ya se encontrará totalmente extinguida.Me despido bajo el ruido del motor de todos los pequeños con sus altos brazos levantados en unas gestas de despedida inolvidable para continuar la visita a un tercer templo a las afueras de Ubud.Su nombre es el de Goa gaja————.Se caracteriza por su esculpida estatua en forma de enorme cara endemoníaca.En su pequeño interior poco iluminado se encuentra alguna pequeña ofrenda de flores .En la parte contigua al templo se encuentra una señora que me convida a un poco coco frito recién hecho.Me recuerda a esos platos de migas tan típicos de Aragón,a base de pan molido junto a uvas que tanto le gustaba preparar a mi padre de descendencia aragonesa.

Acabo el completo recorrido en uno de los 2 bosques de monos que se encuentran en Bali ,situados en las inmediaciones de Ubud.La entrada cuesta solo 1 $.Amedida que te vas adentrando en el interior la iluminación empieza a desparecer por la abultada vegetación rodeada de centenares de pequeños monos acostumbrados por naturaleza a la presencia humana.Es simpático observarles en su habitat natural mientras se rascan,juegan o trepan.Mientras fotografío a una pequeña cria en el que uno de sus hermanos le va estirando de la cola bajo la bronca de su madre escucho un acento catalán tras de mi.Me giro reaccionariamente diciendo ,¿catalanes?.Obviamente me confirman mi suposición .Es una pareja que lleva un par de meses por Tailandia e Indonesia .Resulta ser el vocalista y líder de Lax,n Busto uno de los grupos de música de más tirada en Cataluña.Me cuentan que estuvieron en la full moon party de

Ko-Panghan en Tailandia.Al despedirme bajo la invitación a alguno de sus conciertos le digo la palabra resistiré,tema de una de sus últimas canciones de un ritmo pegadizo .Me adentro más en el interior del bosque en el que me comentaron que existen unas tumbas hasta que decido cobijarme bajo el techo de un local cerrado por la fina lluvia que comienza a caer.Esperando al cese de la lluvia cada vez algo más fuerte,me distraigo junto auna vendedora de flautas artesanales que me insiste repetidamente en una especie de juego del perro y el gato a que le compre alguna a un precio cada vez más bajo.Es un tiempo muerto en el que no se puede hacer nada por la lluvia con lo que acabo junto a un bohemio trotamundos francés de nombre Joel y a la vendedora que finalmente consigue endosarnos alguna flauta de palo de bambú hueco en su interior y fabricada de la forma más sencilla posible pero al fin y al cabo artesanal y a un precio de risa de menos de medio dólar.Joel se dirije a Perth tras pasar largas temporadas por Sudamerica.Ha estado en Bali trabajando y aprediendo nuevas técnicas de masajes energéticosAl finalizar la lluvia aparco la moto en el interior del hospedaje para ir caminando en busca de alguno de esos muchos restaurantes ,esta vez no callejeros.Tengo antojo de un buen plato de carne con patatas ya que imagino que en Australia no me lo podré permitir en muchas ocasiones.Después de la merecida cena acudo a un local en el que realizan espectalucos Kechack—–en el que unos 80 locales representan rodeados en círculo tras una fuente luminosa de fuego cantos sincronizados y movimientos representativos junto a la representación de algunas bailarinas balinesas adornadas con ropajes dorados y conos dorados sobre la cabeza interpretan actuaciones y danzas del bien y el mal,este último representado por actor con máscaras enormes de formas diablescas de antiguos personajes míticos de leyendas.El maquillaje es muy empleado en los actores.También realizan un espectáculo final de trance en el que un chico pisa y repisa las brasas ardientes con sus pies.La fuerza mental es la que rige y soporta el sufrimiento y dolor por las quemaduras.

Por Soria recuerdo que hay espectaculos de gente que pisa brasas similares aunque caminando mucho más rápido que como lo hacen por aquí.El espectáculo dura sobre las 2 horas por un precio de 5 $.Se ha de reconocer que hay algunos pocos momentos en la representacion algo aburridos al no entender nada de lo que hablan .

Es hora de conocer algo de la zona más al norte de la isla .Reservo la misma habitación para dentro de unos día cuando retorne de nuevo a Ubud como punto de partida antes de coger el vuelo a Australia.

Recorro algunos de los extensos y verdes arrozales situados en la zona centro –norte de la isla, que adornan esas estampas típicas de muchas tiendas de recuerdos .Adentrándome con la motocicleta por el interior, da auténtico placer atravesar sus campos descendentes de formas escalonadas y ordenadas.El objetivo es atravesarlos para llegar por una carretera secundaria con encanto hasta Besaki,donde se encuentran el conjunto de templos más grandes de toda la isla.La entrada al recinto sale por 0,7$ quedandome perplejo de que cobren 0,5 $por el uso de cámaras.A la entrada me acuden jóvenes que me comentan que debo contratarles para la visita guiada.Les comento que deseo visitarlo solo.Me responden que no es posible aunque no me lo creo hasta que compruebo que varias familias que lo visitan van acompañadas de algún guía.Le comento que deseo visitarlo solo de una forma rápida para que no me de más la lata pero me sigue respondiendo que no es posible.Como puede ser que no se pueda visitar un sitio religioso de forma individual si quisieras por ejemplo reflexionar o orar.Nos ponemos ambos nerviosos buscando una solución.Finalmente le comento por cuanto sale la visita guiada. Un 2 de $ me comenta.Le propongo darle 0,5$ que acepta por no acompañarme ,aunque finalmente decide acompañarme .La verdad es que no deseaba visitarlo de una forma rápida como le dijo.Era una simple excusa para evitar sus servicios.Mientras empiezo a subir los escalones junto al guía comprueba que realmente no lo visito de una forma rápida .Me va explicando algún consejo aunque le digo amablemente que si lo desea vaya a buscar a otro cliente ya que la informacion la tengo en un folleto.Me comenta que no lo estoy visitando de una forma rápida ,a lo que le respondo que en mi país esto es una visita rápida .Una visita lenta sería parar largos minutos ante cada punto de interés.En el interior de uno de los complejos del templo en la parte más baja estan celebrtando una ceremonia por un funeral .No está permitida la entrada a nadie aunque consiguo sacar alguna toma desde lo lejos.Al cabo de 5 minutos tras comprobar que me lo tomo con calma se despide de mi presencia pudiendo hacer la visita solo como quería de un principio .No por falta de respeto a los guías sino por el simple hecho de que no porto ninguna familia y no deseo hacerle perder tiempo ni tener gastos añadidos.Subo hasta la parte más alta del complejo disparando multitud de disparos con la cámara.En la zona superior del templo madre hay un jardinero que me acompaña hasta la zona no permitida en la zona todavía más superior.La vista desde lo alto es realmente mágica y misteriosa bajo la leve neblina que rodea al conjunto.Hay unas rejas que abre lo cual me hace sentir realmente privilegiado.Obviamente se que deberé darle alguna moneda pero me merece la pena por ver algo que en teoría no está permitido.Con la visita al mejor templo de visita totalmente obligada.continúo hacia Batur por carreteras estrechas aminorando la velocidad de la moto constantemente.Bajo la nueva lluvia que se produce me paro a tomar unos típicos noddles en un pequeño puesto del camino desde donde se divisa a lo bajo el hermoso lago volcánico de Batur mientras un vendedor de cahorros de San Bernardos me intenta colocar uno de forma inútil.Continúo haciendo nuevas paradas en cuanto vuelven a caer las nuevas gotas de agua.En una de las paradas un grupo de agricultores totalmente mojados descienden de la parte trasera del camión que los transporta de los campos de trabajo.Continúo hasta Abang con una niebla cada vez más pronunciada que me hace desistir por la nula visivilidad.En cuanto se despeja un mínomo desciendo hasta Kedisan ,la pequeña población junto al maravilloso lago.Enclave perfecto para el inicio de los trekkings por los alrededores.El primer alojamiento que veo me parece muy correcto junto a una buena terraza con vistas al lago.Bajo un oscuro atardecer en una zona de no muy altas temperaturas en la que se hace necesario el empleo de alguna prenda más de vestir, mientras te parece absurdo estar en la calurosa isla de Bali doy una vuelta de reconocimiento alrededor de un tramo del lago para tener una idea de lo que veré con más detenimiento el siguiente día.Junto al lago hay dos muchachitas que se agarran cariñosamente en cuanto les fotográfio.

Acomodado en el comedor del hostal donde sirven platos variados ,aprecio que tienen problemas con la electricidad.Me comenta uno de los empleados que por aquí es algo normal los apogones eléctricos debido a los movimientos sísmicos constantes de la zona ,incluído un pequeño temblor que note mientras comía tranquilamente los buenos alimentos.Algo de lectura en la habitación mientras espero que se cargue la cámara desde el comedor ya que en la habitación no llega la electricidad.Al acostarme lo hago recubierto de varias mantas al haber bajado todavía más la temperatura nocturna.

Recorrido por los alrededores del lago por uno y otro lado hasta pequeñas poblaciones cercanas contiguas siempre al lago.Los transportes por la zona son mínimos ,lo cual hace la travesía más tranquila y pausada.

En las poblaciones deel camino hay algún templo y fuentes termales empleadas a modo de jacuzzi por la alta temperatura.Algún que otro pescador y varios agricultorres a través de los campos por los que atravieso.Retorno de nuevo por el mismo camino de la ida para subir hasta lo alto de la carretera principal donde está construído el apreciado templo Batur,regido a la entrada por un husky blanco.No se si está permitida la entrada.Hay algún cartel sin traducción con lo que tengo ya el motivo para cruzarlo al no entender lo que está escrito .Todos los templos de la isla se puede decir que son muy similares ,varía más que nada el tamaño de sus estátuas u pilares .Desde una parte del templo se divisa a lo lejós el lago del que me despido.Alguna que otra vendedora ambulante de ropa me ofrece sus productos mientras arranco la moto.

Me dirijo dirección Lovina con infinidad de paradas en el nuevo recorrido producidas por la insistente lluvia o puntos de interés que van surgiendo a medida que avanzo.

Antes de llegar a Kubutanbahan hago una parada obligada al ver como transportan a un cerdo por la carreterra al que sospecho se lo que le van a hacer.Les pido permiso para asistir junto a ellos a lo que es la matanza de un cerdo al borde la carretera y ante la presencia de pequeños de todas las edades.Justo el señor que conozco con el cuerpo totalmente tatuado me explica que es un rito de celebración por la muerte de su padre.Están todos felices .Jamás se pensaría que son los preparativos para un funeral .Y es que los funerales hindus no ven tristeza como el occidental tras la muerte de un ser .Eso sí ,siempre que muera de forma natural ,tal y como me comenta .Si se muere por circunstancias trágicas no se palpa alegría en el ambiente,según me sigue comentando.Les doy la razón en su forma de actuar ante la muerte .Pienso que es difícil tener el mismo planteamiento en los paises desarrollados por la educación recibida desde pequeños ,pero que poco a poco se debe ir asumiendo el acto natural como algo lógico de una transición de una etapa ,intentandolo ver sin más lamentos que los del interior de uno mismo en recuerdo de los momentos vividos con el ser fallecido.La matanza del cerdo es tremenda al trocearle por todas partes bajo los litros y litros de sangre que desprende el cuerpo.Posteriormente meten los restos troceados en diferentes vasijas para preparar lo que será el banquete familiar.Uno de los enormes tipos que realizó la matanza tiene cara de cerdo y parece disfrutar al clavar los afilados cuchillos en el cuerpo del animal.No me inspira nada de confianza alguién que se nota que disfruta matando a un animal de esta forma tan salvaje.Los más pequeños se interesan por la matanza al saber que en el futuro serán ellos los que la realicen.También crean lo que será los adornos del ataúd de forma totalmente manual y detallista tal y como veo.

En Kubotanbahan hay un templo con una curiosidad peculiar .En una de las paredes del templo Meduwa Karang hay esculpida en la roca una bicicleta con su ciclista y todo .Me lo muestran dos jóvencitos aprendices de guía que me van dando explicaciones sin entenderles nada.Tras la breve explicación me ponen la mano abierta a la cuál choco los 5 y pongo alguna moneda .Continúo el periplo pasando por Singaraja visitando la ciudad desde el sillín de la moto al no ve mucho encanto en ella.

Por fin Lovina donde me llevo una decepción al ver que no es como me pensaba ,una sola callecita con algún comercio antes de llegar a su típica playa de arena negra en la que no veo a ninguno de los delfines que se encuentran por aquí .Acuden a la playa el día que les viene en gana .Hoy no se pasaron por aquí.

Ahora continuaré dirección Bratan .Según el mapa del que dispongo hay dos formas de llegar .Escojo personalmente el camino secundario en el que sufro una tonta caída en moto en una parte del camino totalmente ascendente en el cuesta acelerar.La motocicleta ha sufrido un pequeño golpe en la chapa junto al motor y yo algún pequeño corte y rasgadura .El camino es cada vez más alto acelero con mucha precaución sin saber bien si dar media vuelta de retorno para tomar el camino principal .Pienso que con lo que llevo ya recorrido no debe faltar mucho con lo que continúo por el tramo escojido por ser un camino no transitado y totalmente natural.Como todo lo que sube baja al fin llego a la parte alta donde se inicia la bajada que te hará atravesar la zona de los 3 lagos Buyan, Tamblingan y Bratan.Cada lago está casi contiguo al siguiente haciendo la zona especialmente hermosa a nivel paisajístico por su flora y fauna,cruzando incluso un tramo de la bajada en la que te sigue algún primate bajo el ruido del motor.

Si se tuviese que escoger uno de los 3 lagos el ganador sería el de Bratan por el templo que alberga.Ese representativo de la imagen de Bali.No es de los más grandes pero si de los mejor ubicados.Como es normal otra ceremonia en su interior.Está parece importante por los centenares de personas que se encuentran totalmente adornados con sus mejores trajes .

Continúo la bajada por la montaña en dirección a ubud con multitud de nuevas paradas por la dichosa lluvia diaria que se produce a diferentes intervalos de tiempo.En motocicleta ,en bajada ,con conductores realmente acelerados y lloviendo de forma fuerte hace que me tome el retorno ya de noche de una forma totalmente tranquila .Comiendo algo en algún puesto de la carreterra ,bebiendo algo en otro puesto más adelante en la carretera ,etc,.. consigo llegar tras 3 horas a Ubud en el que la orientación por la falta de luz me hizo hacer preguntar en varias ocasiones por el buen camino.Al llegar estoy realmente molido .Ha sido ,creo el día mejor aprovechado .He realizado más de 200km a una media de 40km por hora aproximadamente y con multitud e infinidad de paradas por interés o causa mayor.

En el alojamiento de Ubud conozco a una de las masajistas de salón a la cual comento que mañana me marcharé a Australia .Es muy jóven y dulce una de esas de las que muchos se enamorarían al primer segundo de ver su presencia y escuchar su voz.Por la mañana me prepara ella el desayuno personalmente mientras se toma un café conmigo.Parece que hay conexión con ella ,en el que justo es mi último día en la isla.Joder ,la situación me asusta y no se que hacer .me dan ganas de retrasar otra vez el vuelo pero tampoco deseo complicarme la vida ahora con lo que le pido la dirección y me despido con un fuerte abrazo ante su mirada y recomendación de que tenga cuidado con la moto.

Mientras inicio el retorno bajo el aire producido por la velocidad de la moto pienso en dar media vuelta y regresar aunque decido poner punto y final a Bali pensando que todo podría ser solo algo pasajero que con el transcurso de los días iría desapareciendo .

Atravieso la población de Celuk ,en el que se encuentran multitud de tiendas de plata.Visito alguna de ellas.Para el que desee comprar plata ,los precios en India son la mitad que en Indonesia .En el comercio que visito hay artesanías y joyas en plata de lo que quieras .Algunas tiendas son enormes casas particulares a modo de joyería familiar.Es impresionante la de tiendas de plata que hay .Una tras otra en el mismo borde la carreterra.Deseo comprar algo pero la plata no me convence .Mirare algo por Kuta al final del día antes de embarcar.De Celuk paso al parque de aves de Bali situado a unos pocos kilometros de distancia.El recinto es una especie de jardín en el que hay alojadas multitudes de especies d aves de todo el planeta .No hay casi nadie en su interior con lo que una vez más puedo hacer una visita de forma tranquila.Dentro del parque de aves hay un par de dragones de Komodo a modo de máscotas como representación de fauna única en Indonesia.Multitud de loros ,cacatúas,carroñeros,flamencos ,etc…La entrada al parque es de 6$ .Hoy no me privo de nada ya que debo gastar todas las rupias que todavía dispongo.

Al regresar a Kuta me doy una vuelta por el centro en busca de algo que comprar para su venta en Australia.Compro unas pulseras y collares de madera que me dejan tiradísimas de precio al comprar un centenar ,aunque se que puedo tener problemas a la entrada de Australia al llevar productos de madera tan controlados en la nueva isla.

Me compro una nueva bolsa ya que la que todavía uso tiene algún agujero desde hace ya un tiempo.Al comprar la nueva me desprendo de la antigua regalándosela a un vianante que la podrá arreglar para darle mejor uso.Recojo la ropa que deje hace varios días en la tintorería y regreso al hotel para devolver la motocicleta y recoger la mochila.No se dieron cuelta del golpe en la moto aunque era tan pequeño que pasaba casi desapercibido.

Son ya las 19:30 sin haberme dado cuenta.A las 20:30 sale el vuelo a Sydney .El no usar reloj de mano es una faena en algunas contadas situaciones.Mientras ordeno la mochila solicito un taxi urgente a un empleado del hotel al que le entrego unas rupias de las que debo desprenderme todavía .Antes de que llegue el transporte compro rapidamente tabaco,agua y chocolates para gastar más billetes y subo al taxista al que le ofrezco más dinero por llevarme lo antes posible al aeropuerto sin que me haga perder tiempo.Como si de una persecución se tratase el conductor agarra pequeños callejones por los que no deben llevar a muchos en lo que les implicaria algo de pérdida de dinero en el trayecto.En algún tramo hay algunos metros de caravana,el sudor por los nervios va en aumento.No se si parar a llamar para retrasar el vuelo en el último momento.Lo dejaré en las manos del azar.

Llego a la terminal a tan solo 10 minutos antes de la salida.Embarco la mochila solicitando algún el adelantamiento en la cola por la urgencia y antes de dar la tarjeta de embarque un señor pronuncia mi nombre al ser el único pasajero que falta. Me comenta que unas 200 personas están esperando por mi retraso .Miro la hora en un reloj de pared y le comento que son y 25 cuando el vuelo sale en 5 minutos.

He quedado como el rey y no hice perder nada a nadie .Pues si tan precisos y puntuales son bien sabrán que embarque a tiempo con lo que no me pueden recriminar nada en absoluto. Uno puede subir hasta el último minuto de la hora que marca la salida.

Capítulo 10

diciembre 17, 2006

SINGAPUR

Tomo el autobús dirección a Singapur (4$-5h). Los controles
fronterizos son de lo más rigurosos y a primera sensación que me
produce esta ciudad, isla y país es la de una enorme urbe ( 5 millones
de habitantes) en el que su desarrollo y preocupación por el medio
ambiente se hace latente por cada una de las ordenadas y pulcras
calles por las que atravieso en busca de alojamiento.

Estoy más perdido que nunca sin guía ni plano alguno con lo que me
adentro en un hotel para solicitar un plano de la ciudad que
amablemente me dan. Por mera curiosidad pregunto el precio de la
habitación. Son 100 motivos a razón de 1 $ cada uno, los que hacen que
no me hospede en este establecimiento. En este destino del primer
mundo la renta per cápita supera incluso a la de muchos países
europeos en varios miles de dólares anuales.

Guiado por el mapa, verifico mi ubicación en “Little India” barrio en
donde te puedes chupar los dedos comiendo por 3 euros en algunos de
los chiringuitos de la misma calle, comprarte una película de
Bollywood o hacerte un traje a medida en 24 horas. Parece que esta
zona es la más económica de la ciudad para el hospedaje.

Acudo a Internet para ver si tengo algún mensaje de mis amigos, los
que imagino todavía continúan alojados en casa de una prima de Luís,
que lleva varios años trabajando en una sucursal bancaria de primer
orden. Parece que no hay pistas acerca de ellos con lo que les envío
un correo anunciando mi llegada.

Por este barrio me siento más cercano a la India que a la propia
Singapur. Es como si una pequeña porción de la India estuviera metida
dentro de esta metropoli. Y es que la historia de Singapur, como la de
muchos sitios en Asia, es la historia del colonialismo británico y sus
empresas. Los ingleses, establecidos en Melaka, temían el
expansionismo de
Holanda, y decidieron, con la intervención de Sir Stamford Raffles,
ampliar su presencia en el estrecho para garantizar las rutas
comerciales de la Compañía de las Indias Occidentales entre China e
India.

Así nació Singapur, y enseguida empezaron a fluir miles de emigrantes
de China, Malasia e India, atraídos por el puerto franco y la
protección de la corona británica con una base militar y
naval.Singapur se convirtió en una floreciente colonia, que aumentó su
poder hasta que en la II Guerra Mundial Japón la invadió en 1941. El
final de la guerra supuso el nacimiento de un pujante nacionalismo
multicultural.

Los establecimientos hoteleros no coinciden con lo que busco. El más
económico tiene un coste de 15$. Parece que no hay nada más bajo de
esa cantidad. Es medianoche y sigo sin tener respuesta del grupo.
Aprovecho mi estancia en el pequeño local de Internet para dejar la
mochila tras la mesa del encargado como si de una taquilla se tratara.
Tomo mi pequeña bolsa con el saco en su interior para hacer tiempo a
la espera de aguantar hasta las 8:00 de la mañana, hora en la que ya
podré solicitar un alojamiento en el que no me contabilicen las pocas
horas que queden antes del check out. Transito casi todo el barrio por
entre la multitud de comercios hindús abiertos a todas horas. Que si
un café por aquí, que si otro café por allá: necesito estar despejado
sin caer rendido. Dan las 4:00 de la mañana, hora en la que aprovecho
para estirarme en un pequeño y escondido jardín, bajo unos enormes
edificios residenciales a la espera de que amanezca antes de
instalarme en el hotel o con suerte en casa de la prima de Luís.

Con restos de hierba por la cabeza me levanto para ir a Internet.
Recojo la mochila y acudo al hotel tras no saber nada de mis amigos.
Por suerte me ceden habitación 4 horas antes del check in, con lo que
aprovecho a dormir unas cuantas horas más antes de empezar mi visita
al nuevo país que pese estar tan próximo a Malasia, fueron varias las
diferencias irreconciliables que le llevaron en 1965 a declararse
independiente.

La pequeña habitación con buenas vistas es de lo más confortable y
dispone de nevera y televisión.Tampoco se puede decir que este país
sea excesivamente caro: la misma habitación que aquí cuesta 15 $. en
España se incrementaría algo más. En adelante me entero en la web de
Carlos alias el vagamundos (www.vagamundos.net ) que una de las
mejores
opciones para gente como nosotros es el New 7th Storey
(www.nsshotel.com), en pleno centro, con habitaciones impecables y muy
buen ambiente por 10 dólares
la cama. Qué rabia no haberme enterado a tiempo.

Nada más levantarme acudo a las oficinas de la compañía de vuelos con
la que tengo contratado los servicios, para realizar un primer cambio
de fechas en los pasajes. Las avenidas por las que transito dirección
Orched Street son enormes, lo que me hace recordar a Hong Kong. Los
comercios o centros comerciales se encuentran por todas partes y las
calles hacen resaltar de nuevo la merecida fama de limpieza de esta
ciudad, en la que creo se multa por arrojar un papel al suelo o
escupir en la vía pública.

Es domingo y no lunes como pensaba. Al ser festivo, las oficinas de
la compañía aérea están cerradas. Aprovecho para recorrer a pie la
zona en la que me encuentro hasta que me canso de tanto lujo y
comercio por metro cuadrado. Y es que Singapur es un gran centro
comercial de primerísimo orden. De hecho se organizan viajes
coincidiendo con la gran rebaja anual, de finales de mayo a mediados
de julio, la llamada Great Singapore Sale.

Dejando el tema de consumo que no me invade para nada acudo en metro
dirección a Marina Bay, donde se pueden contemplar
las enormes explanadas de inmensos jardines con vistas a los
rascacielos del distrito financiero. Estoy cerca de la zona portuaria
donde los contenedores de los cargueros forman una especie de mosaicos
tipo puzle que me hace recordar al ingenioso juego “tetris”.

Sigo por la carretera principal a pie en dirección a la isla de
Sentosa. No hay un solo alma por la calle, cosa que me agrada para
verlo todo con más calma sin
ninguno de los típicos ajetreos laborales que imagino se producen en
horas punta. Por el borde del grisáceo pavimento del arcén recibo la
llamada de Luís. Es la primera vez que he dado uso al movil para ser
localizado. Que ilusión poder escuchar una voz amiga. Me comunica
que se encuentra en Singapur y por lo que dice no hay sitio en casa de
su prima. Es de extrañar ya que donde caben dos siempre caben tres: en
todo caso lo que no habrá serán camas. Deberé permanecer las dos
noches solo en el hotel.

Me da la dirección del domicilio donde han quedado todos para cenar. En
un principio no sé si acudir ya que no me considero del todo invitado,
por parte de su prima. Todo sea por ver a mis amigos.

Sentosa es como una especie de islote, que ha sido transformado en
centro de ocio para los habitantes de la ciudad. Tomo en la entrada
una especie de monorail (3$) para bordear toda la isla. El recorrido
durá unos 25 minutos seguidos si no se baja en alguna de sus
múltiples paradas como la de los bosques, playas o atracciones en
general. La zona de la playa no está nada mal, aunque se aprecia su
artificialidad debido a una más que perfecta ubicación y orden. En
otra de las paradas en las que me apeo durante mi segundo recorrido
accedo a un tramo de bosque tropical por el que me adentro desde su
inicio regido por la figura de un dragón de hormigón. Parece que uno
por aquí este de lo más alejado del próximo centro urbano de la
ciudad. Aquariums, granjas de mariposas y demás atracciones naturales
componen el resto de esta pequeña isla dominada por la gigantesca
escultura blanca que representa el “Merlion” animal símbolo de
Singapur mitad león, y mitad pez cuyo significado “la ciudad del
león” proviene de la leyenda de un príncipe malayo que viajando en
barca sufrió un temporal que prácticamente le hizo zozobrar. Al
desembarcar en una isla para repararla, el príncipe vio un animal
salvaje que identificó como un león, lo que le pareció un buen augurio
y decidió fundar allí la ciudad del león. A día de hoy los únicos
leones que habitan en la isla son los del inmenso y moderno
zoológico.

Paseo descalzo por la arena de la playa al atardecer. Los visitantes
empiezan a marcharse cuando me siento junto a una palmera para
contemplar la rosada puesta de sol, en la que fotografío con disimulo
a una pareja acurrucada ante la bonita y romántica estampa. Menos mal
que existen los sueños, para dejar volar la imaginación, en momentos
de tristeza y soledad, cuando no se tiene un hombro en el que apoyarse
o unos labios que besar.

Junto a los elevados teleféricos que aproximan la isla al casco urbano
está también la parada de autobús en la que tomo mi correspondida
línea de regreso al hotel, con el tiempo justo para cambiarme y
ducharme antes de acudir a cenar a la casa de una pareja catalana,
amiga de la prima de Luís. Por suerte, la dirección está a 20 minutos
caminando de mi hotel. Al llegar y tras los saludos amigables cenamos
tortilla de patata y múltiple tapas que tanto extrañe durante los
últimos meses. Me siento en comunidad junto a mis compañeros, la nueva
pareja de catalanes y la prima de Luís con su novio indio. Después de
cenar visualizamos uno de mis cds de fotografías en su portátil que más
tarde aprovecharé para Internet. La pareja de catalanes de la casa se
han instalado en Singapur hace poco con la finalidad de buscar algún
trabajo o negocio que montar. Hablando con ellos me entero de que son
amigos de una antigua compañera de escuela: Natalia Codinach, una
guapa rubia que volvía locos a todos los compañeros de mi aula.
¡Menuda casualidad! A veces, el mundo parece más pequeño de lo normal,
ante estas gratas coincidencias.

Tras despedirme de todos he quedado con mis compañeros a las 8:00 de
la mañana en el consulado de Indonesia, al que quieren acudir para
pedir información sobre posibles peligros o alertas de Sumatra,
nuestro nuevo destino. En mi caso no pienso acudir al consulado,
puesto que dicha información la quiero de
boca de las propias gentes a las que conozco y no de un empleado
burocrático. Según Jazz a partir del lago Toba hay una serie de
conflictos civiles. Por lo que puedo saber dichos conflictos solo se
producen en la zona de Banda Aceh en la punta norte de la isla.

De regreso al hotel me adentro en el barrio de la pequeña India.
Al ser Domingo por la noche miles de residentes hindús permanecen
sentados en algunas explanadas visionando algunos films de India.
Parece todo un acontecimiento muy arraigado a sus profundas costumbres.
Entro en un pequeño comercio para comprar algo de bebida cuando veo
una postal del Esplanade, un teatro inspirado en el Opera House de
Sydney como icono de Singapur. Me hubiese gustado visitarlo pero todo
no se puede en tan poco tiempo.

Mi última mañana en Singapur la aprovecho para cambiar los billetes
de avión desde las oficinas centrales. El grupo parece que acaba de
cambiar las fechas pocos minutos antes que yo según me explica una de
las empleadas. Deberé llamarlos para encontrarnos ya que no coincidí
con ellos al no querer ir al consulado de Indonesia. Tras salir de las
oficinas de la compañía de vuelos me los encuentro casualmente
almorzando en una de las terrazas cercanas. Ellos partiran de aquí a
la terminal de ferrys de Singapur. Les explico que es más rápido
acudir a Melaka donde me informe de que los ferrys son más rápidos y
baratos que desde Singapur. Parece que lo tienen ya decidido con lo
que me resigno a partir desde Melaka por ir con ellos. Al tener la
mochila guardada en el hotel quedo con ellos más tarde en la misma
terminal de Singapur.

Al llegar a la terminal de ferrys situada cerca del aeropuerto
observo que todavía no han llegado, cosa que me extraña ya
que han salido mucho antes que yo. Espero durante hora y media hasta
que decido comprar el billete de 12 $ en dirección Batam, una de las
primeras islas de Indonesia .Durante la espera me conecto a Internet
desde un caro monitor de la terminal para dejarles un mensaje al ver
que no me han dado respuesta. No entiendo que es lo que han hecho, podrían
haberme enviado un simple mail. Mi enfado interior es razonable ya que
he dejado de partir de Melaka rumbo a Sumatra por ellos, con todo lo
que eso me representa en el tema de costes.

Capítulo 9

diciembre 17, 2006
MALASIA

KOTA BAHRU

200 kilómetros de recorrido me hacen llegar hasta Kota Bahru, el otro
paso fronterizo con Tailandia en el extremo noreste del país. El choque cultural
respecto a Tailandia se hace visible en este nuevo territorio musulman donde está
prohibido que una pareja pasee de la mano o se bese en público. El primer vistazo
que doy por la ciudad no provoca mi interés en ella. En su gran mercado central
la mayoría de los comerciantes son mujeres ancladas en sus puestos de alimentación
o artesanías de plata y demás baratijas. No deseo permanecer mucho tiempo buscando cama con lo que tomo el autobús hacia Kuala Lumpur. Todo el trayecto será nocturno
atravesando por Ipoh, a medio camino donde me perderé las Cameron Highlands o
tierras altas de Malasia que dejaré para otra ocasión futura al enterarme de los tortuosos caminos de montaña por los que en absoluto me apetece atravesar en estos momentos tras tantas horas como llevo ya continuadas de camino.

KUALA LUMPUR

La llegada a Kuala Lumpur a las 04:00 de la madrugada me dificulta un
poco la búsqueda de información. He de permanecer en la estación de
autobús hasta que pueda sacar algo de dinero del cajero inoperativo.
Estoy alejado del centro, según me indican, con lo que desisto ir a
pie. Sin poder hacer absolutamente nada, más que esperar, me siento en
una de las sucias mesas del pequeño bar de la estación donde
instantes más tarde conozco a una pareja noruega, estudiantes de
psicología, que me invitan a tomar
un café al saber que no he podido retirar dinero. Pasando el rato
junto a ellos antes de que salga su autobús dirección Singapur, desde
donde retornarán a su país de origen, me explican que han estado
viajando por Asia, tras haber finalizado un postgrado en Melbourne,
ciudad de la que me cuentan hay un buen ambiente de gente joven,
aunque no superado por Barcelona, ciudad en la que residieron y a la
que les gustaría volver, incluso para residir. Las horas pasan
amenizadas por la conversación, hasta que suben a su más que esperado
autobús con la intención de poder dormir algo.

Todavía quedan más de tres horas para que llege mi transporte. Apoyo
el codo sobre la mesa para descansar un rato de forma más cómoda,
evitando como siempre caer dormido sobre la mesa, por las posibles
consecuencias. Al rato, se sienta cerca de mi, un señor que me
pregunta si soy italiano. Le respondo que como si lo fuera, entre
risas, al haberse equivocado de tan poco. El tipo del
bigote resulta ser un sargento de logística de la marina, que
permaneció durante parte de sus travesías en Italia. Se llama Yasmi
Musa y domina el italiano a la perfección: la comunicación entre
nosotros resulta de lo más sencilla y cercana para tan distintas
procedencias. Al explicarle que no puedo salir de la
estación por no poder retirar dinero, Yasmi me invita a un nuevo
café. Desde luego, en menos de 1 hora he podido comprobar que hay
gente buena por metro cuadrado, dispuesta a echarte una mano. No paro
de reírme junto a él cuando me explica sus aventuras de juventud.

Parece un tipo increíble e interesante. ¿Qué mejor forma de pasar el
rato con alguien así ? Amanece recién cuando faltan todavía dos horas
para que pueda cambiar o retirar dinero de la sucursal. Finalmente
ante mi sorpresa, Yasmi saca unas monedas de su cartera ¡Es el importe
exacto que necesito para tomar el autobús! No me puedo creer que haya
tenido un detalle así conmigo sin apenas conocerme. Como compensación,
le pruebo en un sin cesar el aparato masajeador de cabeza
“Sacasonrisas” y le imprimo una
fotografía con mi resucitada impresora. Nos dejamos nuestras
direcciones de correo postal, al ver que no dispone de una
electrónica. Me despido de forma efusiva de él, sentado en el vacío
autobús mientras pienso en que se podría hacer una estadística a nivel
mundial, para catalogar un país económicamente hablando, en función
del total de e-mails que dispone su población.

Los altos carteles publicitarios, anclados sobre las inmensas fachadas de
edificios al más puro estilo ciudad dormitorio pegados junto a la
carretera que anuncian la inminente llegada a la ciudad, ciudad que diviso a lo
lejos, en cuanto contemplo sus famosas Torres Petronas cuyo
acercamiento al mundo islámico a través de sus formas le ha dado una nueva
dimensión de reconocido prestigio internacional.

Apeado en la nueva estación central, me apresuro a retirar el dinero
aproximado que necesitaré para los gastos obligados de alojamiento y
manutención.Próximo a la estación hay un hostal para backpackers o
mochileros, que me encuentro de casualidad. Pertenece a la cadena
internacional de
albergues del mundo: garantía de que los precios son de lo más
ajustados. El precio de la habitación ronda 10 $. Sabía que las
capitales son siempre algo más caras pero no el triple de otras
capitales asiáticas vecinas como Bangkok. Decido quedarme por esta noche sin
buscar demás establecimientos ya que un joven huésped alemán,
residente en la capital, me comenta que éste precio es de lo más
barato que puedo encontrar.

Ocupando mi nueva habitación con dos literas, me cerciono de que si
estuviese con otra persona, el precio real descendería a la mitad. Y
es que en muchos alojamientos, cobran por habitación, ya tenga una o
varias camas. De immediato me pongo a dormir por un par de horas antes
del recorrido que me aguarda.En las grandes urbes siempre hay mucho que ver.

Con la cámara a rastre y las fuerzas algo recuperadas, inicio a pie
el camino hasta la zona centro. Lo primero que hago es acudir a un
local de Internet para ver donde paran Luís y Ángel. Por lo visto
pasaron ya por Kuala Lumpur y no les gusto en exceso, según
cuentan. Se encuentran ya en Singapur, en casa de una prima
de Luís que lleva varios años trabajando en una entidad bancaria del
diminuto país vecino.

Prosigo con rumbo fijado hacia las Torres Petronas situadas a unos dos
kilómetros de distancia. Antes de llegar, la primera sensación
que me produce esta ciudad, no es la más grata, que digamos, aunque una
vez adentrado en pleno centro, bajo los enormes edificios por donde
medio se entrelazan las largas vías de los elevados monoraíles urbanos, la
sensación me cambia. Será de suponer que el cambio de religión puede
haber marcado algo la diferencia, ya que por aquí la gente se parece
de algún modo a la de Occidente, en cuanto a que cada uno parece
pensar más en sus preocupaciones personales y la visible timidez de
las mujeres se hace más que evidente al no mostrar ningún tipo de
afecto en público.

En pleno distrito financiero el auge del gran desarrollo urbanístico
se puede apreciar en todos sus sentidos y por todos los rincones. Al
situarme delante de las Torres Petronas, entiendo esa merecida importancia que
se le puede dar, en definitiva a un edificio. Pero no un edificio
cualquiera, pues hasta el año 2004 estas torres ostentaron el título
de rascacielos
más alto de la tierra o dicho con otras palabras, la construcción
humana que más cerca roza de los cielos. Curiosamente, su creador es
Cesar Pelli, un Argentino afincado en EEUU . El edificio Taipei 101 en
Taiwan las sobrepasó recientemente por una altura de 57 metros,
revalidando el nuevo título mundial.

Próxima a las torres Petronas bajo los contínuos raíles que adornan la
zona de negocios, se encuentra también la inmensa torre de
comunicaciones y demas edificios con los más radiantes diseños
arquitectónicos que reflejan la realidad del nuevo desarrollo
económico de la capital. A cada paso me fijo en los
detalles en las aceras de muchas de las avenidas adornadas con símbolos
típicos islámicos, al igual que las muchas mezquitas tradicionales
como la del Viernes (Masjid Jame) que marca el lugar donde unos
prospectores de estaño fundaron la ciudad en el año 1860, entre la
confluencia de los ríos Kelang y Gombak. De ahí que Kuala Lumpur
signifique ” estuario cenagoso”. Desde las afueras a la
mezquita diviso a los fieles arrodillados en su interior o descansando
bajo la sombra de algunos árboles contiguos.

El idioma malayo es muy curioso porque a diferencia de los idiomas de
los países vecinos, está escrito en caracteres occidentales, eso sí,
perfectamente inintilegibles, excepto aquellas palabras que han
traducido fonéticamente del inglés, como polis por policía, sos cili
por salsa chile, bas por bus, muzium por museo, restoran por
restaurante, etcétera.

Por la noche acudo de nuevo en mi segundo andar hasta las Torres Petronas para
inmortalizarlas y contemplar su futurista iluminación. Me planto en medio de la
calzada junto a mi monopié para retratarla, bajo la atenta mirada de
algunos de los clientes de diversos bares cercanos. El ambiente nocturno está
animado por jóvenes asiáticos y algunos occidentales, que imagino
residen en la ciudad por temas laborales y más concretamente del
sector financiero, en representación de las sedes de sus respectivos
países. En una de las terrazas no paran de regalar botellines de
refrescos para promocionar una nueva marca. Me agencio de unos
cuantos, sin entrar siquiera en el local de donde los reparten ya que
el público es más bien moderno y selecto o sea sin ningún interés
particular hacia mi persona.

De regreso a la pensión, me pierdo por entre callejones oscuros sin un
solo alma merodeando por la zona. Accedo a una avenida principal
donde sin pensarlo, tomo un taxi para no buscarme complicaciones
indeseadas y por no perder más tiempo en encontrar el camino de
retorno.

La temperatura del nuevo día sigue siendo excelente. Un calor justo en
su medida sin dar exceso a la ingesta de más líquidos de lo normal.

Cercano al hostal se encuentra Chinatown, con multitud de
mercadillos adornados con centenares de farolillos en commemoración al
próximo Año Nuevo chino. El barrio es grande, con sus típicos
comercios coloristas y de lo más variados que parecen estar anclados a
la misma acera de la calle. Visitar sus alrededores se hace obligado
para cualquier persona que acuda a la ciudad.

Si los malayos controlan la política, los chinos controlan la mayor
parte de los negocios muy por encima de los indios cuya presencia
parece ser menor.

Caminando por todas las direcciones sin rumbo fijo los muecines gritan
estridentemente por los altavoces de los minaretes.Son las mezquitas
llamando a la fiel oración del mediodía. No imagino cánticos
religiosos emergiendo de las iglesias en mi ciudad en busca de nuevos
fieles.

Tras cenar con los restos del supermercado regreso a la pensión. Las
pilas del despertador han muerto con lo que doy aviso en recepción de
que me despierten bien temprano para tomar el autobús dirección
Malacca.

Dan las 8:00 de la mañana sin haber sido despertado. Hago la bolsa en
total anarquía por las prisas para llegar a la estación, en apenas 10
minutos. Buscando la terminal de salida, verifico que el autobús ha
partido de lo más puntual, con lo que me quedo resignado sin saber
bien que hacer. Me dan ganas de volver al hostal y cantar las cuarenta
al encargado al que solicite que me despertara. Por suerte averiguo
una nueva salida en tan solo 45
minutos. Acudo a la taquilla para comprar el nuevo billete explicando
la perdida del primero.Me cobra solo la mitad de los 4 $ que cuesta el
pasaje y espero mi salida bebiendo el ultimo botellín isotónico de los
que me regalaron la pasada noche.

MALACA

A un par de horas de la capital por autopista,Malaca, que para algunos
significa, “árbol melaka” y para otros “encuentro”en árabe.
Apeado en la pequeña terminal los apacibles aires que me refrescan la
cara me hacen estar en total calma para mi nueva visita.Camino en mi
búsqueda hasta cruzar el puente sobre el verdoso río Malaca que me
adentra en la zona histórica de Malaca.Flores adornadas como
mobiliario urbano y particular de entre los estrechos y melancólicos
callejones coloniales adornados con diseños gráficos orientales que anuncian la
próxima llegada del Nuevo Año Chino.Farolillos colgados por los
balcones,rótulos y pequeños anuncios por las paredes son algunos de
los símbolos para el Año Nuevo Chino, una fecha luni-solar que se
celebra en la segunda Luna Nueva (dato lunar) después del Solsticio de
Invierno (21 o 22 de diciembre – dato solar). Por eso cambia todos los
años y puede suceder entre finales de enero y febrero.

El gran abanico de culturas vecinas en armonia se palpa de entre las
caras de los habitantes: malayos musulmanes,chinos taoístas,chinos
baba-nyonya (adaptados a las costumbres islámicas), indios hinduístas y chittys
(marinos del sur de India casados con malayas),shiks,etc…El
colonialismo dejo huella en Malaca desde que los portugueses la
conquistaran allá por el año 1511 durante más de un siglo. De ahí que
uno de los monumentos de la ciudad sea la Porta de Santiago con el
antiguo escudo lusitano. Si hubo fusión entre malayos y portugueses es
debido a que el rey Joao II de Portugual mando a Oriente a mujeres
para que se casaran con jovenes locales.

Mis contínuos pasos me hacen llegar hasta un molino de viento real de
los Países Bajos o el mayor símbolo distintivo de la ciudad, el
Stadhtuys ( antigua residencia oficial del gobernador alemán) y la
iglesia cristiana rosada de estilo alemán. Alrededor demas casas bajas
color rosado acompañadas por todas partes de los coloristas
tri-roda,los pequeños rickshaws locales estilo triciclo con
las mayores ornamentaciones imaginadas. Por algunas monedas se puede
despertar a algunos de sus propietarios que descansan sobre sus
sillines de tanto pedaleo, para que te den una nueva vuelta por las
cercanías bajo su infinita alegría y buen humor.

Pelando unos cachuetes junto al río, contemplo a una bestia emerger de
entre las oscuras aguas: es un enorme lagarto monitor,similar al de
Komodo tanto en sus formas como en su tamaño.

Prosigo con entusiasmo, fotografiando multitud de motivos que me
encuentro a cada paso,como los carteles que anuncian esas antiguas y
pequeñas tiendas de antiguedades en Jonker Street. Con algo de dinero
no quiero ni imaginar la de productos que compraría para decorar algún
día una humilde morada.

¡Selamat! (saludo), a un anciano agradeciendole los servicios que me
ofrece desde su transporte. Instantes mas tarde junto a una tienda de
artesanías com motivos africanos se encuentra un señor tumbado al
suelo de la calzada. El gran boquete que lleva en sus piernas me hace
pensar de un principio que está muerto en la mismísima callejuela,
hasta que bajo mi asombro veo como junta sus manos en posición
cristiana de rezo dandole un aspecto todavía mayor de cadaver.

Acudo hasta el museo marítimo de la ciudad con un enorme galeón
portugués anclado junto a la entrada. Algún helicóptero militar y
maquinarias bélicas en desuso por fortuna son visibles desde lo alto
del navío perfectamente conservado en el que descanso por unos
momentos dando trabajo a la imaginación desde la cubierta antes de que
lleguen demás visitantes.

Avanzo por la misma calle de adoquines hasta el final del río que
desemboca en la misma costa del estrecho de Malaca, un paso situado
entre Malasia y Sumatra que une el mar de Andamán y el mar de la
China meridional. En promedio, este paso ha sido desde mucho tiempo un
importante punto estratégico comercial para las diferentes vías
marítimas comerciales. Son 150 barcos los que pasan a diario a través
del estrecho, cuyas dimensiones son 800 km de largo y entre 50-180 km
de ancho.

Las naves que ponían rumbo al Mar del Sur de China tenían que contar
con el monzón apropiado. De lo contrario les aguardarían muchos meses
de paciencia en el puerto. Por eso, Malaca se convirtió en el mayor
depósito comercial, de alfombras y porcelanas, especias,sedas y
piedras preciosas, y atrajo desde su fundación, en 1396, gentes de
Asia y Europa.

Desde Malaca cabe la posibilidad de llegar hasta Sumatra vía marítima
tras comprar algún ticket en los pequeños puestos que por aquí se
encuentran. Me dan ganas de comprar uno ya que la salida desde
Singapur imagino resultará mucho más cara. Deniego en el intento, todo
sea por reencontrarme con mis amigos o en última instancia por conocer
algo de Singapur.

Retorno por el mismo camino de ida tras ver el poco encanto que tiene
la costa de Malaca y aprovecho a comer algo en un puesto situado en la
primera planta de un edificio. Varias mesas libres me hacen escoger la
más arrimada a la misma calle donde contemplar y observar a los
vianantes que cruzan por ella como un grupo de chicas de trajes azules y
velos infinitos que se disponen a cruzar la calzada bajo atentas
miradas al semáforo, del que parece sea el primero que han visto en sus vidas.

Una nueva tarjeta de la cámara llena me hace buscar con urgencia algún
puesto donde poder descargar las imágenes. Mi salida a Singapur es en
tan solo una hora, con lo que aprieto a las jovenes dependientas del
primer puesto que encuentro a que me tengan el cd preparado antes de
partir. ¡Parece misión imposible! pero como todo en la vida, con buenos
modales y simpatía, obtengo el nuevo cd en apenas 45 minutos mientras
resuenan las oraciones de la pagoda cercana de Kampung Keling, una de las más
antiguas del país, pertenecientes al 17th centenario y con claro estilo
de Sumatra e influencia hindú.

Camino a paso acelerado mientras alzo el gordo o dedo pulgar en medio
de la calzada con la esperanza de que algún vehículo me acerque lo
antes posible a
la estación antes de tener alguna mala sorpresa. Son 10 minutos de
recorrido con mucho peso a mis espaldas. El calor me
pone aún más difícil el avance hasta que un simpático camionero para encantado
para acercarme y ahorrarme algunos de los minutos del trayecto. A pie
de la pequeña estación el conductor me ayuda a buscar la taquilla
donde comprar el pasaje. Tanta prisa y estres para enterarme de que
las salidas son media hora más tarde. Junto a mi nuevo cómplice me
siento en un pequeño puesto para
invitarle a un café. Por desgracia no tira rumbo sur hacia donde me
acompañaría encantado. El desorden y la desinformación que se palpa en
la estación me hubiese dificultado la búsqueda de mi pasaje sin la
ayuda del buen
hombre de orígen hindú al que retrato en su antiguo camión verde en el
que es el primer disparo de la nueva tarjeta fotográfica recién
formateada.
Otros 200 kilómetros para llegar hasta Johor Baru, el último nucleo malayo,de aspecto
desordenado, antes de entrar a los rigurosos y bien controlados puestos fronterizos de
Singapur.

Capítulo 8

diciembre 17, 2006

TAILANDIA

TAILANDIA

ARANYAPAPET

Otra frontera cruzada, para penetrar en Tailandia, ese único país de todo el sudeste asiático que nunca fue colonizado, aunque los japoneses lo ocuparon durante la II Guerra Mundial, motivo por el cuál en 1939, se adoptó oficialmente el nombre de Tailandia, que significa “la tierra de los hombres libres”.

Pasada la frontera, tomamos un moderno tuk tuk, para acercarnos hasta Aranyapapet, la población más cercana para realizar conexiones a otros puntos del país. Los servicios por aquí están dejados de la mano de Dios, con lo que permanecemos más de dos horas por la zona, en la que aprovechamos para tomar algunos noodles y pescado en un pequeño mercado. Realmente no hay nada que ver por aquí: apenas cuatro casas y alguna pequeña y triste tienda en muy mal estado. Mientras esperamos tranquilamente en lo que creemos es la estación de autobuses, una anciana, nos señala con su firme dedo índice, el otro lado de la calzada de donde sí salen los transportes.

Nuestro siguiente destino es Chantaburi, a 250 Km. (2 $). Por suerte, un antiguo autocar, de color plata metalizado y semivacio, hace que Luís y Yo podamos descansar algo en alguno de los múltiples asientos que ocupamos a nuestras anchas. El hilo musical del transporte es un no parar de esas melódicas canciones de estilo pop thai, idóneas para un público algo más adolescente. Me encuentro algo cansado, con lo que me estiro de cuerpo entero, entre varios de los asientos traseros del autobús.

CHANTABURI

A la llegada a Chantaburi, averiguamos que debemos hacer noche aquí. Parece que estamos algo alejados de las pocas pensiones que debe haber. Nos aconsejan tomar otro tuk tuk para la búsqueda de algún cuarto. Por el momento, paramos a tomar algo en un pequeño establecimiento, donde sirven pescados y algo de marisco. Al rato de la espera para decidir que hacer conocemos a un joven homosexual, de lo más afeminado y peculiar. Uno de esos personajes, que parece ser sacado de una serie de televisión o espectáculo de humor. Sus expresiones, diálogo, gestos y miradas son de lo más cómicos y desenfrenados. Imagino que la gente de la zona lo debe tener, como si de una mascota se tratase. Nos está liando con sus rápidos movimientos de manos y caderas, para que vayamos junto a él, hacia donde no quiero siquiera imaginar. Sin podérnoslo quitar de encima amistosamente, sigue tras nuestros pasos, ya que se percibe que no sabemos hacia donde dirigirnos. Nuestra desorientación, le provoca un estado de humor cada vez mayor. Toda paciencia tiene un límite, con lo que tras más de media hora de espectáculo, le despedimos, sin que éste nos haga el más mínimo caso. Su felicidad y amor inicial, hacia nosotros pasa a convertirse en vicio, cuando incluso nos toca nuestras partes bajas, en medio de la calle, bajo la atención de alguna mirada cercana. A Luís parece que le ha tomado más cariño, y le toquetea en reiteradas ocasiones. La angustiosa cara desesperante de mi amigo, me hace desprender alguna carcajada instantánea. Y es que, la natural y alocada forma de ese ser, hace respetarle. Si yo hiciese lo mismo a otra persona, ésta, seguro que por muy paciente que sea, llegaría incluso a los puños o insultos. Finalmente subimos a un tuk tuk, para poner punto y final. El pequeño carro motorizado de ruido infernal, nos acerca hacia una casa familiar, en la que reciben a huéspedes como nosotros. Nuestra humilde habitación, cuenta con una sola cama, en pésimo estado, que deberemos compartir.

Como es ya habitual, a la llegada a un destino, damos una vuelta cercana de reconocimiento. El alumbrado, parece no existir por este rincón del mundo. Lo único destacable por la zona, es un pequeño local medio escondido junto al río, en el que poder tomar un refresco.

Me levanto algo más cansado que la jornada anterior. La dura cama compartida, puede que haya tenido algo de culpa.

Chantaburi alberga algunas de las minas de zafiros y piedras preciosas más importantes del planeta. Se pueden visitar algunas de ellas como la Khao Ploi Waen (montaña del anillo de zafiro). Por mi parte, como todo lo relacionado con la ociosidad no es de mi agrado, no realizo tal visita.
En Chantaburi, destacan la Catedral de Nuestra Sra. de la Concepción del siglo XIX de estilo francés, el Parque del Rey Taksin, provisto de un lago artificial y las joyerías donde se pueden hacer buenas compras. Más al sur se encuentra Trat, la última provincia del país, frontera con Camboya, y donde lo más notable es el Parque Nacional de las Islas Chang.

Visto y no visto, hay muchas ganas de salir rápido de la ciudad, en dirección a alguna zona de costa, aunque sea de reputada imagen turística. La salida de la ciudad, se nos dificulta debido a las malas indicaciones de la gente. Desde luego, a veces no hay que fiarse de nadie, ya que parece, que cada uno te indica algo diferente. Caminando sin cesar, me incomoda más que nunca, el peso de la mochila en mi espalda. Al fin conseguimos salir en furgón, en dirección a Trat. La travesía de 3 horas, me hace sentir cada vez peor. Tengo algo de fiebre, que espero me desaparezca lo antes posible. Al llegar a Trat tomamos un pickup (0,5$) hasta el embarcadero, situado a una media hora de distancia. El malestar se incrementa y vómito al exterior del pequeño vehículo, que para mi suerte, no dispone de ventanillas. De lo contrario, no quiero ni imaginar, lo que hubiera pasado al expulsarlo todo sin previo aviso. Tras varios vómitos, mi estado es cada vez peor. Sufro fiebres, dolores de cabeza, diarreas y por si fuera poco, me cuesta bastante caminar.

KO SAMET

Finalmente, decidimos tirar hacia la isla de Ko Samet, debido a que por proximidad, nos queda situada más cerca. Al subir al bote (5$ i/v), busco rápidamente un trozo de madera a la espera de que se me pase este malestar general. ¡A ver si con la brisa del aire marino y bajo la sombra me recupero para la llegada! Tumbado de medio lado (siempre escuche que es la mejor posición ante un mareo) contemplo desde la cubierta a unos pequeños lanzando cordeles con la ilusión de pescar algo en las aguas del golfo de Siam.

El cartel de “Parque Nacional” indica que ya hemos llegado. Ya no me duele tanto la cabeza, aunque me cuesta realmente mantenerme en pie. Desde el inicio del embarcadero, varios coches acompañan a los recién llegados a la zona de bungalows, próximas a las playas más concurridas de la isla. Tomamos uno de los vehículos sin saber a donde dirgirnos, ya que no tenemos reservas, ni nada de nada. En una de las últimas paradas nos apeamos, al ver una gran playa. Me tumbo de urgencia, a la sombra de una gran palmera mientras Luís va en busca de camas. A la espera de que encuentre algo, permanezco exhausto, mientras los rostros bronceados de varios locales, se divierten jugando al voleibol o dándose algún chapuzón en compañía de sus parejas o amigos occidentales. La búsqueda de una cama no ha sido posible al tratarse de un 24 de Diciembre. Por si fuera poco, los precios, son el triple de los habituales, por unas simples casetas de madera sin aire acondicionado.

Nos instalamos definitivamente en la playa, de esta exclusiva isla de Tailandia. No creo que haya nadie más en nuestra situación. Por mi parte estoy encantado de permanecer así. ¿Hay algún lugar más auténtico que la misma playa para dormir? Tras reposar toda la tarde en la arena, mientras mi fiel compañero, se toma algún baño o da algún paseo cercano a pie, indagando el terreno, vamos a cenar algo a un puesto cercano en la misma playa, a escasos metros de la orilla, bajo las antorchas que iluminan los rostros de las enamoradas parejas de turistas. Las mochilas las hemos escondido en las ramas del árbol, que hemos ocupado a modo de vivienda.

Es Navidad y continúo sin poder moverme. Me empieza a preocupar el no poder mover un solo hueso, hecho que me imposibilita dar un simple paseo o mover un brazo. Llevo ya, más de 30 horas en el mismo rincón de la playa. El aburrimiento es máximo, aunque más lo sería desde la cama de un hospital. Al menos, los dolores de cabeza, fiebres, vómitos y diarreas han desaparecido.

Hemos amanecido con varias picaduras de mosquito por la cara y brazos. Esto de dormir en la playa sin mosquitera es una auténtica locura. A principio de la tarde, mi organismo me permite poder dar algunos pasos. Aprovechamos para realizar una tranquila excursión en barca alrededor de la isla. Las aguas no son lo transparentes que me hubiese imaginado, pero no están nada mal para realizar snorkeling. La fauna submarina que vemos, tampoco es de lo más exótica. También realizamos algo de pesca, utilizando como caña, un simple botellín de agua en el que está enrollado el cordel y el anzuelo. Un pequeño crío que pesca a nuestro lado, no para de jactarse, en señal de victoria, cada vez que pesca un pez. Lleva 11 piezas pescadas frente a las 5 que ha conseguido Luís, para más adelante cocinarlas en el mismo barco. Dos jóvenes turistas ingleses untan crema en las espaldas de unas chicas tailandesas. Imagino los intereses que se llevaran entre manos, nunca mejor dicho.

El problema al regresar de la excursión, es el ducharse. Dejando las mochilas en un pequeño local de Internet, nos adentramos a unos aseos compartidos de unos bungalows. En el primer intento somos descubiertos, con lo que probamos en un segundo aseo, en el que nos duchamos rápidamente.

Debido al ahorro considerable por camas, nos permitimos una buena cena. Tras dos días sin probar bocado me irá bien para recuperar fuerzas. En la mayoría de los restaurantes, ponen películas made in USA a los turistas, quienes parecen estar encantados. Mientras degustamos algo de pescado con un buen vino blanco nos reímos al ver la conversación de una repelente chica británica junto a sus padres y su pareja, un joven tailandés que parece haber conocido hoy, a los padres de su novia. La imagen de la joven feliz encaja a la perfección con la de la típica turista, que jamás desearía ser en mi vida. Lo único que parece importarle de Tailandia es su aniñado novio. Parece que sea la única persona que haya conocido en su vida.

Menudas Navidades más curiosas estamos pasando. Por suerte me encuentro ya a la perfección. No sé si debería realizarme algunos análisis. En todo caso, esperaré a ver si vuelvo a recaer. Soy de esos que piensa, que es más importante el aspecto psicológico, a la hora de pensar en todo lo referente a la salud.

Permanecemos nuestra última noche, colgados de dos hamacas bajo el reflejo de un despejado firmamento. Que buen momento para reflexionar acerca de lo que sea. Nos levantamos antes del amanecer, en el que para mi sorpresa, lo primero que ven mis ojos es una pareja de monjes budistas caminando por la playa. No parecen encajar mucho en esta isla al igual que nosotros, con lo que ponemos punto y final a nuestra estadía tomando un último baño en nuestra solitaria playa, en la que curiosamente unas delgadas piedras están insertadas en forma vertical sobre las rocas, creando un curioso efecto de inestabilidad.

PATTAYA

Salimos de la isla tras tomarnos un café en el bar del embarcadero. Siguiente parada Pattaya, una localidad por lo visto turística. Varios trucks y un autobús serán necesarios para poder llegar..

Nos apeamos a 4 km. de Pattaya, en plena autovía. Por lo visto el trayecto del autobús era solo de pasada. Caminamos dicha distancia hacia la ciudad, bajo el fuerte calor, ya habitual, en pleno Diciembre. A medida que nos vamos acercando a la ciudad nos cercionamos de la cantidad de prostitución que hay por aquí, y la de ingleses y alemanes que la patrocinan. Tardamos nuevamente en encontrar alojamiento barato, debido a la dichosa masificación turística. El único cuchitril cochambroso disponible parece ser un nido de alimañas, presas de las rapaces nocturnas, en busca del placer de la eterna juventud. Un antipático encargado y algunas fotos de hembras desnudas colgadas por la pared, hacen de este local, el más digno escenario para una película sobre los barrios bajos. Dejamos el equipaje sin siquiera ducharnos, para salir rápido del triste cuarto. Damos una vuelta por el cercano paseo marítimo, que me hace recordar al de cualquier ciudad de costa española. Luís decide tumbarse en la playa mientras yo continúo paseando, ahora que me encuentro tan bien. De paso en paso llego hasta el final del paseo, en el que hay ubicado un gran hotel junto a su piscina exterior, en la que podría sin problema meterme un chapuzón.

Por el paseo marítimo poco concurrido me voy fijando en la multitud de señores de cierta edad, que caminan de la mano de jóvenes tailandesas. De entre las tan frecuentes parejas, se me queda grabada la imagen más exagerada que he podido ver en mi vida, como es un anciano de unos 80 años de edad, con aspecto totalmente enfermizo y demacrado, caminando lentamente, de la mano de una joven, que apenas contará con 18 años. Junto a ellos, un cartel “Welcome to Pattaya” que me hace pensar, en lo representativa que hubiera sido el tomar una fotografía de dicha escena. Si esto es Tailandia, plego, puesto que mi viaje es para huir precisamente de actos tan tristes y patéticos como los que contemplo por aquí.

Luís parece estar encantado en su nueva hamaca, refrescándose con agua de coco. Descanso junto a él, no más de 20 minutos. Está toda la estrecha playa, plagada de turistas que rondan los 50. Muchos, en compañía de prostitutas o compañeros de su propio país. Junto a nosotros se haya un inglés de pelo rizado y algún feo tatuaje junto a una chica de la zona, que se siente reina al ver como su interesada pareja le va pagando sus constantes bebidas. También hay un grupo de maduros italianos, con bañadores negros, tipo slips, los cuales no paran de reírse, cerveza tras cerveza. Parece que estén celebrando una despedida de soltero.

Por la noche, cenamos en algunos de los pequeños puestos callejeros, antes de recorrer el otro extremo de la ciudad, en el que para nuestro asombro, es la zona de más vicio. Bajo un cartel luminoso de South Pattaya, uno se adentra a lo largo de una calle con multitud de bares. En unos se realizan combates de kickboxing o boxeo tailandés, a la vista del viandante. En otros, barras exteriores llenas de prostitutas por todas partes. En algunos de los locales nocturnos, algunas promotoras, disfrazadas con dos trenzas, pecas y faldas rojas de rombos, reparten algún flyer. ¡Esto es el colmo de la burla! Que tengan que disfrazarse de colegialas con tangas es digno de denuncia, como mero reclamo subliminal. También intento adivinar la presencia de los llamados ladyboys (travestíes), tan comunes en éste, el que dicen que es, el país nº 1 en operaciones de cambio de sexo. Es realmente difícil adivinar cuál de ellas es él. Enormes y continuas barras proliferan a lo largo de la ciudad. Al ver tal cantidad de servidoras de la ley por todos los rincones, parece que todas las mujeres ejercen la prostitución (asocias sin querer, la palabra chica igual prostitución). Sé que puede parecer exagerado, pero es la sensación que me da esta ciudad. Me da que pensar en la de confusiones que se habrán dado a chicas que no ejercen. Antes de llegar a la caótica habitación, somos reclamo de varias señoritas, que requieren de nuestra presencia, para que les invitemos a una bebida con el objetivo de tener sexo. Les sonreímos al pasar junto a ellas, al mismo tiempo que les alzamos las manos en señal de despedida.

Fiesta nocturna hay por todas partes, pero es tal el desagrado que acabamos tomando algo, en un simple y melancólico puesto de comida.

Ya en el cuarto, se hace difícil dormir, entre los ruidos de las habitaciones contiguas, de las que no paran de entrar y salir gente, y el reflejo de un enorme anuncio de neón de la fachada del edificio, que me hace recordar esas antiguas películas detectivescas, en las que las luces del exterior se entremezclaban en el oscuro despacho del protagonista.

Empezamos la mañana siguiente de la peor forma posible, al romperse de forma natural, un gran espejo que colgaba milagrosamente de una de las cuatro paredes del ruin cuarto. ¡Solo nos falta que nos lo hagan pagar! Para no infundir sospechas, hacemos las bolsas para cargar con ellas hasta la recepción, antes de dar las llaves. Al salir del cuarto y descender las dos primeras plantas, una señora de la limpieza nos hace darle las llaves, a la espera de revisar el cuarto. No le damos el placer de esperarnos, con la excusa de que tenemos prisa. Salimos rápidamente del edificio, en busca de acudir al templo de la verdad: una enorme e integra construcción en madera tallada, del aspecto de una catedral de 40 metros de altura. El precio de unos 15 $ nos hace desistir con lo que retiramos dinero de un cajero y tiramos millas.

CHON BURI & SI RACHA

Continuamos el trayecto en dirección a Chon Buri, donde tomamos otro truck en dirección al parque de animales en Si Racha. La importancia del parque radica, en que es uno de los mayores centros del mundo de tigres en cautividad, albergando algunos centenares de dicha especie. Elefantes haciendo malabarismos sobre la cuerda floja o sobre personas, carreras de cerdos, tigres caminando, adiestradores que introducen sus cabezas en la boca de algún cocodrilo o chimpancés pedaleando en triciclo, hace demostrar la oculta maldad del ser humano, que bajo el pretexto de ayuda a especies protegidas, obtienen grandes beneficios a través de los espectáculos circenses que realizan. En cuanto acaba el fatídico show en pista, me dirijo junto a la misma valla de protección, para fotografiar impulsivamente el detalle de la mano de uno de los chimpancés atravesando la verja donde se encuentra prisionero. Esa foto habla por sí sola. En los criaderos de tigres del interior del recinto (los tiger cubs) se puede ver otro extraño y lamentable espectáculo; una hembra de tigre amamantando a crías de cerdo disfrazadas con telas negras y amarillas a rayas. Por el lado opuesto, una gran bovina amamantando a las crías del gran felino. Para recaudar más dinero en el parque, sacan las crías de tigre a los visitantes, para que únicamente pagando se puedan realizar una fotografía junto al tierno animal. En mi caso, sin pagar y por el simple hecho de fastidiar, me hago la foto rápidamente, sin soltar una sola moneda. El tigre junto al delfín y el águila son mis animales predilectos, con lo que no he podido resistirme a no tocar a la pequeña cría. Espero algún día, en otro rincón del mundo poder apreciar algún tigre en plena naturaleza. Gibones, boas o cervatillos también son retratados bajo previo pago por algún turista. También se debe resaltar la gran cantidad de cocodrilos ubicados a lo largo de varios recintos, en el que algún turista (como siempre, pagando) le puede acercar un trozo de carne enganchada al cordel de una caña, para que el reptil salte en su busca. Para acabar el recorrido del parque visitamos ” The Quenn Scorpion”, una bellísima joven engalanada con centenares de escorpiones negros por todo el cuerpo.

La mayoría del público como es ya habitual, son gordos, calvos y tatuados ingleses maduros, agarrados de las manos de finitas y joviales tailandesas. No es ningún rumor, esa triste fama que bien merecida tiene Tailandia en cuanto a prostitución y pedofilia.

BANGKOK.

Vuelta a Chon Burri sin perder tiempo, para subir al último autobús de esta intensa jornada hacia Bangkok (1$-3h.) Espero que la famosa metrópoli asiática me sorprenda.

Al llegar de noche y completamente desorientados a la capital, acabamos en una de las más típica y conocidas zonas del planeta para mochileros: la calle de kaoSan Road, que resulta ser una larga y transitada calle, de las que uno jamás se olvidará, al ver reunidas las más diversas nacionalidades en una sola calle. Sería una especie de Ramblas de Barcelona, pero con los precios de los alojamientos mucho más baratos. El escogido por nosotros dispone de Internet, un enorme salón con pantalla gigante, incluso una piscina no incluida en el precio de la habitación (3$)

Por fin estaré unos días seguidos en un mismo punto, con lo que me lo deberé tomar con calma, ya que el trote de estar casi cada día en un sitio diferente, se puede hacer agotador. Para empezar, esta noche solo recorreré la famosa calle de mochileros en la que me sentaré plácidamente en algunas de sus terrazas.

A la espera del reencuentro con Ángel próximamente para pasar el fin de año juntos, empiezo el primer recorrido por los alrededores de la ciudad, adentrándome en un complejo de pagodas cercanas al inicio de Kaosan Road, junto al cercano Royal Palace, que dejaré su visita para más adelante.

El culto que observo de la población a su rey, lo eleva casi a la categoría de un semidiós. Es por dicho motivo que la fotografía del líder invade las calles mediante grandes murales, en los que se le contempla realizando actividades variadas como la caza o la pesca e incluso fotografiando con una conocida marca nipona, ¿cómo de forma casual? Tal adoración por el mandatario no es nada nuevo en el país, ya que Tailandia posee el récord de reinado más longevo: los 48 años del rey Bhumibol Ayulyadej. Al estar su estampa reproducida por todas partes, puede llegar a estar mal visto el dañar a un billete, moneda o sello, al estar impresa su silueta.

Para desplazarme hasta la zona centro de la urbe, tomo un tuk tuk. Por la ciudad este pequeño medio de transporte, se hace realmente idóneo, al poder maniobrar entre los huecos del resto de los vehículos. La distancia hasta el centro se hace larga, hecho que demuestra lo inmensa que es esta ciudad de 7 millones de habitantes. Por el contrario, el inconveniente principal de tomar un tuk tuk, es la intención de algunos conductores, en no cobrarte el trayecto, si deseas visitar algunas tiendas (recomendadas por ellos mismos) en las que te puedes hacer un económico traje a medida o comprar algún producto de bisutería. La razón por la que emplean este método comercial, es que se gana más en comisiones por las compras que pudieras realizar, que en el trayecto urbano en sí. Se debe dejar bien claro al taxista, que solo deseas tomar su vehículo con la única intención de llegar a tu destino, pues de lo contrario, te medio obligan a ir parando por tiendas. Por mi parte, en este primer trayecto, acepto que no me cobre por realizar paradas, allá donde quiera, debido a que no me conozco nada la ciudad, con lo que me irá bien para ubicarme algo y acercarme en dirección centro. En la primera parada que realizamos, en una tienda de ropa, sus empleados, intentan persuadirme en un par de intentos, para que me haga un traje a medida. No creo que me vea jamás con traje y mucho menos hecho a medida. Me parece que lo tendrán un poco difícil para persuadirme.

La siguiente parada es en un Wat ( templo) de los más de 300 que existen en la ciudad. Al querer visitarlo con calma, le digo al taxista que no le necesito, ya que la parada será por un rato largo, con lo que no me arriesgo a que el precio del trayecto suba. Me dice que no hay problema, que me espera. Me estoy oliendo la jugada. Su intención es que acabe comprando algo en alguna tienda. Como lo veo más que improbable, para no hacerle esperar, le pregunto cuanto me costaría la tarifa final, en el caso de no comprar nada (más que nada para no tener sorpresas de última hora). La tarifa que me dice es tan ridícula en comparación a los precios que tengo de referencia, que si decide esperarse, la verdad es que a mi no me importa para nada. Visito entonces, el templo Wat Saket o conocido también como el monte dorado debido a la enorme estupa o chedi, en forma de campana y situada en el patio exterior de la cumbre. Para acceder al templo se deben subir los centenares de escalones que llevan a lo alto, en el que uno debe descalzarse para entrar a su interior. Dentro hay ubicadas unas doradas estatuas de bronce con motivos de Buda, bajo un fuerte olor a incienso. Junto a las figuras, una bandeja con las donaciones de los visitantes. Solo las vistas de la ciudad desde lo alto del patio, ya ha merecido la pena. Un grupo de estudiantes de pintura, sentados en lo alto de los escalones, trazan las primeras líneas del paisaje urbano contemplado a vista de pájaro. Hay también unos monjes budistas, rezando en armonía junto a la campana, mientras les contemplo una y otra vez de forma discreta, para tomarles una instantánea.

Al bajar del templo, me encuentro el tuk tuk aparcado, pero sin el conductor. Tras esperar un par de minutos a que regrese, no sé que hacer. Si llega en cuanto me marche, pensará que me quise escapar. Por lo contrario tampoco deseo aguardar a que llegue. ¡ Debería ser él quién me esperase! Opto finalmente por marcharme mientras pienso indirectamente que todo ha parecido una inocentada para algún programa de televisión. Tiro caminando hacia el templo de Wat Arun, con la pagoda más alta de la ciudad. La decoración de las piezas de este templo me hacen recordar a la de los mosaicos de los bancos del Parque Güell, en Barcelona.

La zona comercial y financiera por excelencia, dispone de amplias avenidas junto a carriles sobreelevados donde se puede tomar algún monorraíl. Sus elevados andenes conectan con la entrada de importantes comercios que nada tienen que envidiar a los de Occidente.Tiendas y sedes de primer orden, donde se puede encontrar absolutamente de todo. Este distrito me recuerda en parte a Hong Kong. De entre los diversos complejos con los que me encuentro, está el World Trade Center, por el que atravieso únicamente para salir al otro lado de la calle.

Para moverse por la capital, también es idóneo tomar algunos de los barcos que navegan por los canales del río Chao Phraya, conectando diferentes zonas. Con tanto canal como tienen, no es de extrañar, que la ciudad se hunda cinco centímetros cada año. Junto a uno de los extremos del río, se sitúa el hotel Península, catalogado como uno de los más lujosos del mundo. Aprovecho para visitarlo por visitar, al permitirme la entrada uno de los porteros. Lujo, lujo y más lujo en los acabados interiores de una cafetería de época y en las pequeñas y exclusivas boutiques. Cerca del hotel se encuentra el hogar del comerciante de seda americano Jim Thompson que desapareció sin dejar rastro en 1967. La casa es hoy un museo de arte con una sala que vende sedas de alta calidad a precios razonables, aunque para más razonables están los bajos precios de la mayoría de los prendas que veo por las calles, las mismas que me hacen comprar un nuevo calzado y pantalón al que empezar a dar uso. La mayoría de la ropa callejera es pura imitación, difícil de diferenciar de las auténticas marcas. También es sabido, la fama en cuanto a imitación de relojes que por aquí se encuentra.

Una de las imágenes más representativas de Tailandia es el mercado flotante. El de Bangkok es bastante turístico por lo que me han dicho, con lo que visito el de Damnoen Saduak, a 80 km. de la ciudad. Está inexistente de Mayo a Julio debido al bajo nivel del agua. Solo permanece abierto, algunos días a la semana, por lo que es recomendable planificar bien su visita, para que no haya sorpresas posteriores. Antes de llegar al mercado, el autobús realiza una parada en un centro de tallas de madera y diversos artículos de lo más turísticos y horteros. Al llegar al canal principal subo a una larga y motorizada canoa que me acerca en dirección al mercado. El resto de las lanchas que navegan en sentido contrario, hace que el oleaje producido salpique hacia los pasajeros del bote. El ser mojados es motivo de gracia por la tripulación, aunque no por mí, al no poder disfrutar del momento al tener que mantener salvaguardada la cámara, bajo la protección de mis manos. Llegamos empapados 10 minutos más tarde al principal canal del mercado. La actividad es frenética. Multitud de estrechos canales por los que deambulan pequeñas canoas con cualquier clase de productos (en su mayoría de alimentación, incluso alguna vajilla u objeto de decoración). Todas las embarcaciones se golpean unas a otras por la gran masificación existente. Durante el recorrido, uno puede comprar directamente cualquier producto que desee. Aprovecho para probar el rambután, esa fruta peculiar procedente de Malasia, con forma de erizo, muy agradable al paladar y de sabor similar a la uva. También se venden cocos naturales para beber su agua. Es la primera vez que me decido a probar el agua de coco, aunque efectivamente, y tal como me imaginaba, no es de mi agrado al tener un sabor excesivamente dulce. Muchas de las barqueras, son ancianas de esa misma época pasada, en que la actividad del mercado, se realizaba de forma natural. Hoy día la actividad comercial está casi programada para el público extranjero, muchos de ellos japoneses, bajo esos dichosos paraguas que utilizan a todas horas a modo de protección solar.

Antes de retornar nuevamente a Bangkok, visito una granja de serpientes, en la que realizan espectáculos, como el de atrapar a una anaconda o a tres serpientes con las manos y boca de uno de los adiestradores. Para demostrar que el show no está trucado, extraen en un vaso ante el público el veneno del reptil.

Con un Sawasdee ( el saludo en tailandés que cualquier viajero escuchará a todas), me despido del resto de los pasajeros del mismo autobús que me deja en el centro de la ciudad. Antes de volver al hostal acabo tomando una Singha (cerveza tailandesa) en una pequeña terraza donde me distraigo contemplando a cada una de las personas que pasean por la calle. La amabilidad de la gente para ser una gran urbe no está nada mal, y es que los tailandeses mantienen la sonrisa por lo general, pese a que todavía sufren los devastadores efectos de la crisis financiera de 1997 que sacudió a su divisa y el reciente impacto negativo en el turismo que provocó la reciente epidemia del SARS.
Es fin de Año y la ciudad está repleta de actividades por todas partes. Me reúno junto a Luís y un recién llegado Ángel, para salir a celebrarlo por Kao San Road. Empezamos comprando una botella de whisky en un pequeño supermercado abierto, para tomarla en la misma terraza de un establecimiento que se encuentra a rebosar. Al rato somos descubiertos con la botella por uno de los camareros, quién nos permite quedar en la mesa al solicitarle los vasos, refrescos y hielos para la mezcla. Charlando tranquilamente entre los tres, acerca de lo vivido y de los planes que tenemos en adelante tomamos las copas bajo el fuerte sonido de los modernos conciertos electrónicos que se realizan desde el escenario instalado al final de la calle. Más tarde entramos en alguno de los pubs de dos plantas, en los que no se puede ni tan siquiera avanzar. El ambiente, en su mayoría está formado por extranjeros de países desarrollados. Esto mismo lo puedo ver en Londres. Acabo por retirarme solo al acudir a un último local en el que solo aprecio ingleses y americanos. Parece que el año no empieza bien. Ángel y Luís prosiguen con la fiesta. De camino a la habitación me cruzo con un grupo de ladyboys que se prostituyen en medio de la calle. Desde luego con un par de copas de más, no quiero pensar la de gente que se habrá confundido. Parece que sea una especie de mito o leyenda urbana, todos esos rumores que todos hemos escuchado alguna vez: que si uno conoce a tal que una noche conoció a una espectacular mujer que resulto ser un hombre. Estoy seguro que debe ser más frecuente de lo que muchos creen.
Son casi las 04:00 de la madrugada cuando me acuesto a la espera de empezar el nuevo y estrenado año.
Madrugo para desayunar en la calle un pancake de chocolate que para mi suerte forma parte aún de la gastronomía de este país. La gente duerme mientras planifico que visitar, desde los pequeños escalones contiguos a un carrito de comida ambulante. Retorno al hostal para despedirme de mis amigos nuevamente. Tanto Luís como Ángel tirarán hoy mismo dirección sur, con la intención de buscar el descanso a través de la fina arena de algunas de las reputadas islas del país. Yo tiraré dirección totalmente opuesta, en busca del indeseado frío de la montaña, aunque recompensado por la variedad de zonas tribales asentadas en la punta del territorio fronterizo al norte del país. Entre las despedidas, una joven del este de Europa, nos muestra mercancías compradas en India como telas o camisas que vende a extranjeros de mochila para proseguir con sus viajes.

Bangkok es un paraíso de la meditación (al tener un 95% de la población, practicante del budismo theradava) y es en mi primer día del año cuando aprovecho para visitar algunos de los recintos habilitados para ello, como el Wat Phra Kaeo, uno de los santuarios más importantes, que fue creado en 1785 para uso exclusivo de la familia real y alberga el pequeño Buda Esmeralda, de valor incalculable, y al que no se puede ni fotografiar. Prosigo al Gran Palacio, un gran complejo lleno de colores, donde el dorado destaca sobre todo lo demás. Durante 150 años fue la residencia del rey, ahora es una de las principales atracciones para los turistas. La visita religiosa tiene que pasar necesariamente por Wat Pho, un complejo del siglo XVIII donde se halla el Buda Reclinado, una impresionante figura dorada de 46 metros de largo y 15 metros de alto. Alrededor, los visitantes tiran monedas en vasos para tener buena suerte y que se cumplan sus deseos.

Cercano al complejo, hay una pequeña escuela, a la que me adentro para tomar una rápida toma de los escolares, a los que pronto les tocará estudiar que toda la hegemonía de su ciudad se debe a que en el s. XIII, Sukhotai se convirtió en la capital del reino Thai, que luchaba contra la grandeza de Angkor. Pero en 1765 los birmanos invadieron el país, destrozando la antigua capital, que se trasladó a lo que hoy conocemos como Bangkok. Apurando el final de mi visita al Royal Palace, observo una guía turística estúpida, que se queja al que no ve correctamente vestido para la ocasión. Se ha de tener en cuenta que acceder en el interior de los templos es sinónimo de respeto para sus dioses, con lo que las faldas y ropas ceñidas pueden molestar a más de uno. Lo mismo sucede en los hogares particulares, y ello se debe también, a que los pies, son una parte impura del cuerpo, y nunca deben colocarse sobre una silla, mesa, o apuntar con ellos a una persona.

Dedicar un mismo día a la visita de más templos puede resultar agotador, por lo que decido cambiar de temática en una fábrica de gemas preciosas al otro lado de la ciudad. Es un inmenso recinto, en el que a su entrada, me ofrecen directamente todas las bebidas que desee, a modo de bienvenida, antes de iniciar la visita. El recorrido empieza en un pequeño taller, donde preparan el material antes de su diseño, por lo que se funde el metal antes de darle la forma. Hay un total de 50 trabajadores aproximadamente, en una larga y laboriosa mesa de trabajo. La siguiente zona, de lujoso acabado, incluye multitud de mostradores en un gran recinto cuadrado, junto a una enorme y exótica pecera central con ejemplares venenosos y algún pequeño escualo. Al finalizar la vista, permanezco en la calle a la espera de pillar un tuk tuk que me acerce de nuevo al centro de la ciudad. Por aquí no parece haber más vehículos que los Rolls Royce de los gerentes de la fábrica de gemas. Realizo autostop de forma inútil al tratarse de una zona alta, hasta que por fin paro a un pequeño carromato que me acerca en dirección centro.

Llegado a la pensión me hago la bolsa rápidamente para empezar a buscar billetes dirección Chiang Mai en algunas de las agencias de la céntrica calle de mi hospedaje.
Para hoy está todo completo según las agencias a las que acudo. Algo desesperado y al no querer dejar para mañana lo que puedo hacer hoy, busco y rebusco, hasta que en una de las pequeñas agencias me comentan que tienen billetes, sin convencerme el precio final que me fijan. Sin saber que hacer, menos abandonar, me dirijo finalmente por mi cuenta y con la mochila a cuestas, a la estación de tren, a unos 25 minutos de pateada.

Son las 19:30 y en la taquilla me informan de una salida inmediata en tan solo 10 minutos. El ticket sale por 15$ con litera. Decido no comprarlo ya que prefiero encontrar otra plaza sin litera, para que me salga más económico. Justo al retroceder de la taquilla, se me acerca una chica ofreciéndome el billete de una amiga suya, que no lo ha podido utilizar. Me lo deja por 8$ (litera incluida). Miro el papel del billete que tiene buen aspecto y se lo muestro a un supervisor cercano con disimulo para saber si tiene litera, cuando la finalidad real era que me afirmase su autenticidad. Al darme respuesta afirmativa tras señalarme el vagón, le pago el dinero a la joven y compro bebida y algo de comida antes de subir.

Desde luego como para fiarse de las agencias. Lo mejor es siempre acudir a la misma estación de transportes para informarse o reservar.

Subo al tren con un par de minutos de anticipo a la salida y aprecio el interior del moderno vagón, con todos sus ocupantes en sus respectivos y anchos asientos, muchos de los cuales están aún sin ocupar. No hay cama a la vista, hasta que veo como un ocupante de la parte posterior reclina el compartimento superior, que pensaba era usado para el equipaje, cuando en realidad se trata de una curiosa litera.

La joven que me vendió el billete, se encuentra en la parte final del mismo vagón junto a sus compañeros que tocan la guitarra bastante bien. Voy a darle las gracias de nuevo, para también saber hacia donde se dirigen. Vamos todos al mismo destino. Parece que están en una especie de excursión de fin de curso.

CHIANG MAI

El trayecto de Bangkok a Chiang Mai es de unas 13 horas, con lo que durante todo el recorrido duermo plácidamente, sin despertarme en ningún momento. Todos los bienes los he salvaguardado en el interior del saco.

Antes de la llegada diviso por la ventanilla algunas de las últimas paradas. Son pueblos rurales de la Tailandia más profunda.

Son las 10:00 de la mañana cuando llego a la estación de Chiang Mai, en la que nada más apearme, empiezan a venir taxistas en mi dirección. Rechazando todas las ofertas, con lo que debo buscarme la vida a pie. Según un pequeño mapa, son tan solo 2 km. al centro. Durante la caminata, voy parando ante estatuas de dorados dragones en la parte principal de alguno de los cientos de templos que hay en la nueva ciudad. Llego sin perdida al Guesthouse o casa de invitados “Eagle” del que tenía buenas referencias. El alojamiento lo regenta una irlandesa casada con un tailandés. La aceptación a los extranjeros por parte de la población, hace que la cultura en el país interactúe, permitiendo que sean miles las personas que vinieron aquí de vacaciones y se quedaron para siempre, montando algún pequeño negocio como este alojamiento en el que vivir el resto de una vida en paz y armonía.

El pequeño y acogedor establecimiento hace que me tumbe agotado durante un par de horas, antes de empezar a recorrer mi nuevo destino. Al despertarme, escucho de la habitación de al lado, una canción española de José Manuel Perales, que está cantando su inquilino. Bajo a la terraza a comer algo y me encuentro con un chico al que nada más verlo supe que era español. Concretamente de Bilbao. Se llama Jon y también viaja por el mundo desde hace tiempo. Al rato de mantener una conversación junto a él, baja otro inquilino que sospecho es mi vecino. En efecto, se llama Xavi, es catalán, aunque reside en Andorra trabajando de topógrafo. Ahora somos tres los españolitos que conversamos en la mesa acerca de cómo hemos llegado a coincidir hasta este punto. Jon trabajaba en una funeraria, con lo que no me extraña nada que haya dado un vuelco a su vida. El caso de Xavi es que lo dejó con su pareja.

Tras la grata conversación, marcho junto a Xavi a dar una vuelta por los alrededores de la simpática ciudad. La vida espiritual, cultural y festiva es muy intensa en Chiang Mai, con varios templos budistas, por los que atravieso a todo momento a lo largo de la ciudad y alrededores. Este territorio se hace ideal para el que desee tranquilidad. Hay casi un templo por cada una de las esquinas por las que atravieso. Sus acabados detallistas y dorados hacen que visite varios de ellos, para contemplar sus interiores. En uno de ellos un grupo de personas permanece orando en el mismo suelo, junto a uno de los monjes budistas, que se encuentra sentado en una silla.

Multitud de agencias de turismo, restaurantes, casas de masaje (3$ 1h), cyber cafés y mercados hacen de Chiang Mai un rincón en el que siempre hay algo nuevo por hacer o descubrir. La mayoría de agencias te venden la idea de ponerte en contacto con tribus primitivas, desde sus sencillos folletos publicitarios en el que casi siempre sale la fotografía de alguna mujer jirafa, como mero reclamo publicitario.

La mejor forma de visitar algo que realmente te interesa, es siempre por libre, sin recurrir al viaje organizado, excepto cuando no se disponga del tiempo necesario. Solo de está manera uno puede realizar las visitas sin ningún tipo de ataduras ni horarios.

Los mercados en Chiang Mai son una auténtica maravilla por la gran variedad de puestos de toda índole que se pueden apreciar. Recorro junto a Xavi el Night Bazar: multitud de calles de la ciudad en el que poder comprar cualquier tipo de productos textiles, gastronómicos o artesanales a muy buen precio. Algunos puestos son de lo más curiosos como por ejemplo uno que veo de ropa de diseño para perros o otro con instrumentos musicales de formas que jamás habría imaginado en mi vida. Xavi no para de comprar, ya que en 5 días retornará de nuevo a Andorra. Le ayudo por momentos a regatear en los precios tras la práctica que adquirí en India. Yo solo busco una agenda o cuadernillo en donde seguir tomando las palabras de mi diario, (en efecto, estas mismas palabras que lees en este justo y preciso instante). Hay tanta variedad de cuadernos, que no sé por cuál decidirme. Transitar por algunas de las calles inundadas de puestos y personas por doquier, puede hacerte perder mucho tiempo si no vas adelantando al resto de los viandantes desde la misma carretera a modo de atajo. Acabando una calle, te comienza otra nueva, todavía más llena que la anterior. Algunos de los puestos de comida, son de lo más originales, al poder degustar por muy poco dinero todo tipo de marisco, zumos de fruta tropical y demás estilos en desconcordancia a la zona de montaña en la que te encuentras.

Regresamos exhaustos al hostal, donde miramos algunos de los cuadernos informativos que tienen, para realizar trekings. En la misma pensión organizan salidas para todo aquel que lo desee. Hay tantas actividades para realizar por la zona, que uno puede llegar a volverse loco para decidir, por cual de ellas se decanta. En el ámbito deportivo, se puede practicar desde puenting a 4×4, ráfting en balsas de bambú, parapente, karting, tiro con arco, bolos, ultraligero, escalada, incluso windsurf y patinaje sobre hielo.

Para los amantes de los animales (sin libertad), hay un zoo, un santuario de monos, otro de reptiles y un reputado centro de conservación de elefantes.

Abro los ojos, sin saber por unos segundos donde me encuentro, hasta que apunto la mirada a uno de los templos que se divisa desde el interior del cuarto. El clima hoy es más seco y suave, no obstante las temperaturas son bastante estables durante las mañanas.

En el hostal, cada inquilino apunta en un cuaderno todo lo que come y bebe, para pagarlo al final de tu estadía Con un sistema tan honesto como éste, imagino que la gente corresponderá de forma adecuada.

Xavi contrata un treking para descender el río en una balsa de bambú. Jon y yo decidimos ir a un campo de conservación de elefantes. Antes le acompaño a una tienda de fotografía para aconsejarle sobre cámaras digitales. Le robaron su réflex en Bangkok y ahora prefiere comprarse una digital por los buenos precios que tienen, pudiendo llegar en algunos casos a la mitad de su coste en España. Con su nueva cámara en su mano, iniciamos la primera etapa de la ruta caminando a la salida de la ciudad, de donde tomaremos un furgón descapotable. Los pasajeros son ancianos con sus nietos que transportan múltiples sacos de comida.

Media hora de recorrido por un entorno algo más montañoso nos hace llegar hasta el centro de rehabilitación de elefantes de Mae Sa (3$). Al cruzar el río situado cerca de la entrada vemos como están reuniendo a decenas de elefantes para realizar los espectáculos. Un enorme cartel informa de los datos de cada uno de los animales, con sus propios nombres, edad y características. La posibilidad de realizar un paseo a lomos de un elefante no es algo que me atraiga en especial, puesto que es calificativo de no-libertad, pero al ver el resto de las instalaciones en el que cuidan perfectamente a esta especie animal, me animo a dar un paseo de media hora junto a Jon, que nunca jamás había visto un elefante en vivo. Está realmente asombrado y perplejo ante la inteligencia que demuestran. El instructor se sitúa encima de la cabeza del animal, para guiarle con la voz y una vara que lleva en su mano. Tras subir por alguna pendiente, el viaje se hace de lo más inconfortable hasta que paramos junto al río, para hacerle repostar agua, que bebe en un sinparar. Al final del mismo río, algunos cuidadores les lavan o dan un simple chapuzón. Antes de retornar, el guía nos toma alguna instantánea con nuestras propias cámaras desde la distancia, en el que el animal avanza al escuchar sus palabras. Bajamos en la pasarela habilitada del inicio del recorrido con el trasero deshecho y 8$ menos en el bolsillo.

Es mediodía, hora en el que los animales realizan el inicio de sus actuaciones. Desde una enorme gradería se contempla el espectáculo en el que los elefantes chutan enormes pelotas de fútbol, tocan la armónica o realizan diferentes equilibrios. También realizan algún número cómico junto a sus adiestradores, quienes planificadamente son levantados y agitados por las duras trompas. Al acabar el show, cada elefante realiza un dibujo mediante los pinceles que toman con la trompa, para que posteriormente se vendan los cuadros a unos 20 $ cada uno. Las ilustraciones son en su mayoría flores, que jamas adivinarías quién fue el artista en cuestión. Parecen más bien dibujos realizados por precoces escolares. Acabamos la visita al parque deleitándonos al ver a una cría de un mes de vida con carita tierna y una altura que ya rebosa el metro y medio de altura.

En conclusión, la finalidad del parque es buena al proteger a la especie. Por lo menos las instalaciones son mejores que las que pueden tener las especies en los pocos metros cuadrados de cualquier zoológico.

Tras la visita al parque y sin transportes regulares por la zona, nuestra intención es bajar a unas cascadas, kilómetros más abajo. De golpe, mi vista apunta a una pareja de japoneses que suben a un todo terreno junto a su guía. Al ver que van en nuestra misma dirección, les pido permiso de forma directa para evitar una posible negativa. Afortunadamente, nos permiten subir junto a ellos. Para entrar a las cascadas se debe pagar un peaje de entrada, con la excusa de que forman parte de un parque nacional. Son 0,5 $ que pagamos desde el vehículo entre nosotros dos, en agradecimiento por habernos bajado. Avanzamos hasta que nos es requerido un nuevo cobro de 5 $ por ser extranjeros. Nos negamos a pagar de forma resignada a los vigilantes en cuanto vemos gente de rostro asiático, entrando sin problema alguno. Al tratarse de pura discriminación, nos apeamos del todoterreno, para hablar con el en teoría encargado del parque, sin conseguir una solución. Insisten en que debemos pagar, con lo que nos retiramos para no perder más tiempo y comenzar a buscar algún camino de acceso alternativo. Tras un rato de búsqueda, Jon no quiere continuar con el intento. Yo desisto al ver la enorme altura de un sendero, por el que seguro se puede entrar al parque, pero dedicando mucho tiempo, que no quiero malgastar. Continuamos el retorno, carretera abajo levantando nuestros pulgares para ver si alguien nos recoge. Sin éxito y tras caminar una media hora por valles abiertos entramos en un pequeño parque botánico y granja de mariposas junto a la calzada, en el que descansar por unos momentos apreciando la flora e insectos del interior. Vuelta de nuevo a la carretera hasta que llegamos a un parque de serpientes y reptiles en el que nos adentramos de forma gratuita, hasta que no nos dejan avanzar más, por el inicio de un espectáculo de cobras, tal y como el que que vi cerca de Bangkok.

Regresamos de nuevo a la dichosa carretera. Al otro lado de la misma, un grupo de jóvenes nos saludan desde la distancia. Resultan ser los adiestradores de otro parque de serpientes cercano. Han finalizado ya su show y están tomando algunos tragos de whisky en compañía de sus familiares y amigos. Nos sentamos junto ellos para compartir unos tragos. Al preguntarles sobre el peligro de su trabajo, uno de ellos me muestra su extenso brazo con varias de las picaduras que ha sufrido. Me explican que son casi inmunes a los efectos del veneno con lo que no usan antídotos. Me dicen que si yo sufriera una picadura, tendría altas probabilidades de fallecer, si no soy atendido a tiempo. No sé si será cierto o no, pero en todo caso, parecen muy buena gente. Desinteresadamente nos ofrecen más bebida y la posibilidad de retornar a la ciudad en la camioneta de unos familiares. Aireados por la velocidad del vehículo que nos acerca, nos miramos sonrientes, por la generosidad recibida. Poco antes de llegar a Chiang Mai aparcamos en una especie de feria de exposiciones donde hay cientos de puestos de gastronomía, transporte, textil, etc… La gran oferta de comida regional, hace que se nos abra el apetito, con lo que comemos algunas alitas de pollo por 0,20 $. Y porciones de una especie de pasta de hojaldre. En uno de los estands de licores dan degustaciones gratuitas, que no rechazamos. En otra de las zonas hay un parque de atracciones, en el que vemos una especie de tonel enorme, que nos llama la atención. Se trata de una atracción muy peculiar. Es un show en el que en una gran base cilíndrica de madera, un motorista y un conductor circulan por su interior hasta quedar completamente a más de 90 º. Sobrecogidos por la excitación en lo alto de la pasarela desde donde vemos el espectáculo, no nos podemos creer que un destartalado vehículo nos pase a menos de medio metro. Para colmo el motorista también llega a circular de lado, pero con las manos separadas del manillar. No hay palabras para describir la nula ley de la gravedad, cuando hay gran velocidad de por medio. Menudo espectáculo tan arriesgado, y por solo medio dólar. Sabía que algo así se realizaba en circos de Malasia o Singapur, pero en un circuito metálico y con varias motos en su interior.

Por la noche nos encontramos de nuevo a Xavi. Compartimos impresiones acerca de las actividades realizadas. Nuestro día parece que ha sido bien aprovechado en comparación con el de Xavi, quien no nos recomienda para nada, descender en una balsa de bambú por un río, pues lo vio muy turístico y de poca emoción.

EL TRIÁNGULO DE ORO (LAOS, BIRMANIA Y TAILANDIA)

Puesto que me queda un día más por la zona, acabo contratando un viaje hacia Chiang Rai y su famoso Triángulo de oro. La razón por la que acabo realizando el tour mediante una agencia es por el hecho de que en mi último día de estancia por la zona, no deseo perder tiempo averiguando las diferentes combinaciones de transportes que necesitaría. Por menos de 10$ visitaré todo lo que deseo de esta nueva zona que me aguarda.

A primera hora de la mañana recién salido el sol de forma más que puntual, viene a recogerme una furgoneta de última generación, que compartiré junto a una estudiante de arquitectura de Nueva York, dos lesbianas holandesas y una pareja americano-japonesa. El guía y conductor es un bajito y parlanchín personaje al que rápidamente se le toma cariño por la simpatía que desprende. Iniciamos el viaje hasta parar pasada una hora y media de trayecto (por muy buenas carreteras) en una hot springs o pozos subterráneos, de donde emanan aguas termales que algunos aldeanos aprovechan para hervir huevos, que más tarde ofrecen al visitante.
Otra hora más de travesía, que aprovecho para leer algo sobre las interesantísimas tribus de montaña del norte de Tailandia, repartidas en unas 10 etnias, con unos 25 grupos diferentes de entre un total de medio millón de personas. Los más representativos son los Akha, de origen tibetano, con 125.000 miembros; los Hmong, con 125.000 habitantes; los Lahu y Lasu, de origen tibetano, los Mieu, de China Central y los Karen, originarios de Myanmar, con 300.000 componentes, lo que le hace ser la etnia más numerosa. Espero ver muchas de esas tribus durante la jornada y para cuando acuda a Mae Hong Son, uno de esos destinos que me encapriché en visitar, desde hace ya algún tiempo, al leer desde alguna librería de Barcelona, algunas de las crónicas o reportajes acerca de éste destino.

Atravesamos la ciudad de Chiang Rai, sin mucho interés de visita, para acercarnos a una pequeña aldea de la montaña, regentada por tribus Akha. Dichos poblados están considerados de los menos sofisticados. No sucede lo mismo con las bonitas y minuciosas artesanías que sus gentes muestran al visitante. No paro de fotografiar a todas las mujeres del poblado, quienes no paran tampoco de pedirme monedas al retratarlas. Como casi siempre, empiezo a probar el masaje de cabeza, como si de un trueque se tratase. Bajo las rojas telas, adornadas en las cabezas de las mujeres, se esconden los ajustados y recogidos moños que hacen pronunciarles más la frente – y yo que pensaba que esas entradas en sus cabezas estaban relacionadas con la alopecia- Muchas de ellas, no desean soltarse el pelo para probar mi extraño aparato. Y con razón, pues el volverse a recoger la cabellera, les llevaría varios minutos.

Una madre porta a uno de sus críos en la espalda y a otro por el pecho, utilizando sobre sus hombros una silla de tela porta-niños ricamente decorada. No me permite retratarles al taparme el objetivo con sus manos, aunque unas caricias honestas a sus pequeños me hacen poder sacar la toma. Me adentro entre las cabañas más escondidas del poblado en donde una anciana, reposa sentada con la cabeza algo cabizbaja. Parece encontrarse triste hasta que levanta su delicado rostro para obsequiarme con su leve sonrisa. Me aproximo para inmortalizarla y en señal de agradecimiento y para que se anime, le regalo una fotografía que tomo, del que creo es su nieto, que juguetea entre las pajas del tejado de la choza.

En la pequeña aldea también hay señoras de las tribus Miao o Hmong, de las que intento adivinar a que subgrupo pertenecen, pues están los Miao blancos, azules, verdes, negros o floreados. Por esta zona imagino pertenecen a los azules o negros (lógicamente por los mismos colores oscuros de sus tradicionales trajes, muy similares a los que vi en Sapa, al norte de Vietnam)

Continuamos el itinerario previsto hasta Chiang Saen, donde se encuentra el Wat Pra That Lampang Luang, un antiguo templo budista de más de 700 años, del que se conservan el chedi y unas restos de sus paredes, así como la figura del Buda principal. Parte del templo está casi en ruinas, aunque se puede percibir la forma originaria del mismo.

Por fin llegamos hasta Mae Sai, la población más septentrional de Tailandia y fronteriza con la vecina Myanmar (Birmania). Un monumento de piedra con forma de puerta templaria, indica que estoy ya en el epicentro del famoso Triángulo de Oro, apodado así por ser la zona limítrofe entre Tailandia, Laos y Birmania. La palabra Triángulo se refiere a la forma geográfica que forman los tres países vecinos y la palabra Oro tiene relación con el símbolo de riqueza que se genera en la zona, en cuanto al tráfico de opio. Se ha de tener en cuenta, que éste, es el primer centro de producción mundial de dicha droga, cuyo derivado es extraído de la amapola.

Varios chiringuitos de artesanías se mezclan junto a unas pequeñas medio disfrazadas con los coloridos trajes Akha, con la finalidad de recibir monedas de algún inocente turista.
El Triángulo de Oro es una zona relativamente extensa. Desde lo alto de una colina se divisa perfectamente la forma triangular que los ríos forman al unirse. La vista es espectacular e incita a la reflexión, al estar todo rodeado por una atmósfera de máxima calma. Junto a la estatua de un enorme escorpión negro, diviso los tejados dorados de las pagodas, que forman parte del terreno anexo de Birmania. Dispongo de dos horas más de tiempo para visitar Mae Sai, con lo que desciendo la colina vigilada por sus dos estatuas con formas de serpientes, hasta un enorme Buda dorado que me anuncia la llegada al centro fronterizo en donde multitud de puestos callejeros hacen de las calles enormes mercados ambulantes donde poder ver cualquier tipo de producto: desde una pipa para fumar opio a un aparato de aire acondicionado de dudosa procedencia. Esta localidad es también un importante centro de compras de jade, piedras preciosas y antigüedades de todo tipo.

Más tarde recorro en una larga y fina lancha motorizada, una pequeña parte del río Mekong para llegar a un conjunto de puestos de venta de souvenirs, situado en Laos. Esta parte de la visita no aporta absolutamente nada. Su única finalidad es dejar al visitante feliz por haber puesto pie en territorio vecino. Espero poder conocer este país con más calma y en otra mejor ocasión, al igual que Birmania, en la que llego a poner pie en su frontera, sin que me dejen acceder a ella, al no disponer de un visado válido de un día (5 $)
Antes del retorno a la Rosa del Norte (apodo con el que también se conoce a Chiang Mai) acudimos a un restaurante donde me puedo servir todos los platos que desee, a excepción de la bebida, que no va incluida en el itinerario. Mientras acabo las variadas frutas del postre, pregunto al guía si hay la posibilidad de poder visitar un campo de opio para fotografiarlo. Por lo general, según me dice son de muy difícil acceso. Se necesitaría tiempo para llegar hasta poblaciones, donde no haya ningún tipo de controles al ser pequeños campos de cultivos propios. Su padre lleva toda la vida fumando opio, sin poder dejarlo al resultar de lo más adictivo. Un derivado del opio es la heroína, con lo que no es de extrañar que en zonas rurales como estas, la tradición de muchos ancianos que todavía lo fuman, haga de este enclave, un mero reclamo para los neohippies más aventureros que pueden incluso visitar un museo dedicado en exclusiva a la planta.

Encontrándome de nuevo en Chiang Mai, voy a un cibercafé para saber de mis conocidos. Ángel y Luís se encuentran en Ko PhanGan, la Ibiza de Tailandia, donde cada luna llena se celebran unas conocidas macrofiestas playeras, con gentes venidas de todo el mundo. Hay quienes no entenderían como pude perderme un acontecimiento como ese. Pero es que para mí el auténtico acontecimiento es retroceder a esas zonas en las que el tiempo parece no haber avanzado para sus gentes.Me da pena pensar en la cantidad de incautos que atrapará el ejército tailandés en ese tipo de fiestas, con su política de erradicación hacia la plantación, producción, tráfico o simple consumo de opio o cualquier otro estupefaciente.

Xavi tiene que regresar para Andorra. Su estadía en Tailandia le ha pasado volando, lo que significa que se lo ha pasado bien. Ha sido muy grato tener su compañía por unos días. Espero reencontrarme con él algún día, por ese pequeño país de los Pirineos. Jon imagino que se encontrará en Mae Hong Son, donde acudiré en un par de días tras visitar antes Pai o Sopong, dos pueblos en la ruta, a mitad de camino de Mae Hong Son.

PAI
Al llegar a Pai tras un duro camino por angustiosas carreteras, en las continuas ansias por conocer todo lo posible, decido recorrer este pequeño pueblecito de montaña en una bicicleta que alquilo durante unas horas, antes de tomar el último autobús que va en dirección Mae Hong Son. En este lugar hay cascadas, aguas termales y toda la gente parece estar en plena armonía con el entorno. La mayoría de los aquí presentes son jóvenes extranjeros de diferentes nacionalidades. El pueblo es como una comunidad en el que cada día hay alguna actividad a realizar, tal y como veo en un panel de anuncios en el que cada una de las hojas de colores que se cuelgan es una actividad diferente a realizar. Subo hasta un pequeño monte desde donde diviso todo el poblado, bordeado por un pequeño puente sobre el río Pai. Antes de entregar la bicicleta y tomar de nuevo la mochila, que me han guardado amablemente en la tienda, me detengo junto a un bonito templo que están rehabilitando entre varios obreros sudados hasta los topes.

Subo al nuevo autobús, repleto de jóvenes. Su conductor, me quiere cobrar el nuevo trayecto. Al disponer ya de billete hasta Mae Hong Son, me hace una rebaja en el precio. No abono el importe al saber donde acabaría el dinero, si se lo entregase . Me hago el tonto ignorándolo y subo la mochila al portaequipajes al ver que el vehículo está a punto de partir. Si debo discutir sobre el precio del billete, que sea al menos una vez hayamos arrancado. Sin más importancia, me siento en la última fila con cara victoriosa. Desde luego muchos intentan sacarte el dinero por cualquier lado.

SOPPONG
Los nuevos caminos embarrados, son de los malos que uno se pueda imaginar. Dos horas han sido las necesarias para cubrir el corto trayecto de tan solo 40 Km. hasta Soppong. Todos los ocupantes del autobús parecen extrañarse al ver que soy la única persona que desciende. En el fondo, este hecho me alegra al ser un claro indicio de que no habrá mucho turismo. Es precisamente lo que quiero encontrar. ¿Habré hecho lo acertado? Desde luego, si no arriesgo, no gano.

Me encuentro solo en la intransitada carretera. Llego hasta unas pequeñas paradas, del que es en teoría, el mercado central. Soppong son solo de 400 metros de calle a ambos lados de la calzada. No hay nada que hacer y está a punto de anochecer. Me dispongo a buscar una cama como sea, para descansar y prepararme para el día siguiente. Junto al desvío de un tramo de la carretera, rodeado de una frondosa vegetación, encuentro el Jungle Guest House. Hay una sola pareja alojada de entre todas las cabañas que tienen. La propietaria denota una evidente alegría al verme. Me acompaña hasta mi cabaña, situada en lo más alto del terreno y me entrega mantas y una enorme mosquitera. Hace bastante frío y las cabañas construidas con simples palos de bambú, dejan ligeras perforaciones por donde entra la humedad. Ahora entiendo el porqué me dio más de 4 mantas. Solo espero que no llueva, eso sí resultaría ser un problema. Las cabañas, por eso, son de lo más simpáticas y acogedoras, separadas unas de otras, por pocos metros de distancia. Tras dejar los bártulos en mi cobertizo, desciendo las endebles tablillas de madera chirriantes de mi choza para acceder a la entrada de la choza principal, construida íntegramente en madera y con un estilo de lo más exótico. Descanso sobre los asientos que disponen sobre las mismas aguas del río, intentando entender algo, de un libro que me han prestado acerca de las tribus que espero ver mañana. Disponen de un enorme mapa colgado de la pared, donde fascinado, veo los diferentes grupos tribales que habitan por la zona. Desde una mayoría de Lahus, Lisu y Karen, a los Sham y demás subgrupos. Soppong está habitado en su mayoría por dichas tribus de las montañas y solo por un 20% de gente Thai. Pido una deliciosa ensalada de frutas para retirarme más tarde pensativo al cuarto, en el que solo deseo soñar con la ruta que me aguarda para la mañana.

Despertado por los sonidos de los pájaros, me levanto plácidamente, recompuesto y con gran energía. Una ligera niebla matinal, antes de la salida del sol, me avisa el comienzo del nuevo día. El entorno es espléndido, todo lo que veo desde la altura de mi cabaña es de un intenso y radiante verdor acompañado del agua que desciende por el río. Desayuno antes de trazarme un itinerario aproximado, que no sé si podré realizarlo por completo, pues los caminos son bastante complicados para hacerlo en bicicleta. Acabo alquilando una motocicleta por los difíciles accesos y para poder ver lo máximo posible.

Inicio la etapa dirigiéndome hasta Ban Cha Bo, una pequeña aldea desde donde se asoman las primeras vistas vertiginosas del entorno rodeado por unas cuantas casas de madera. No hay nadie por los alrededores para preguntar si voy en la correcta dirección. Encuentro a una señora Lahu, de oscuro traje tradicional. No le entiendo nada, pero con la sonrisa que pone ya me vale. Le fotografío antes de que se meta de forma tímida en su hogar. La casa está literalmente pegada a un acantilado. Con un fuerte soplido de viento irían todos valle abajo. ¡Menudo suicidio construir una choza en tan peligrosa ubicación! Continúo hasta el final de la aldea, donde encuentro a unos escolares jugando en un patio de arena, con una sencilla red de voleibol. Los pequeños, al verme, corren rápido hacia mí. Fotografías y masajes por doquier a todos. Una risa por aquí, otra risa por allá. Es tal el escándalo sonoro que creamos, que varios maestros salen de la escuela para ver que sucede. La felicidad que veo en un entorno tan aislado y recóndito como este es digna de admirar. Arranco el motor del aparato bajo la gran despedida de todos para continuar hacia Mae Lana, otro pequeño pueblo, aún más perdido, y bajo un valle al que accedo tras descender por cuestas polvorientas, donde la moto parece resistirse a atravesar el camino lleno de piedras. Desciendo el último tramo de la ruta, esquivando ahora, los enormes hoyos de la calzada, que me hacen estar atento en todo momento, al escaso metro de distancia que me separa del vacío.

Menuda población más tranquila y acogedora. Solo por ver esto, el día ya ha valido la pena. Las casas están engalanadas por flores de intensos colores. A campo abierto, unos agricultores que recogen a mano la cosecha me hacen volver a entender el significado de la palabra tranquilidad. Algunas ancianas trabajan a la sombra de los portones, pelando frutos que introducen en canastillas. La aldea dispone de un precioso templo de tejas verdes y en sus inmediaciones está Tham Mae Lana, una de las más largas cuevas de todo Tailandia, con más de 12 kilómetros de longitud. Al no poder avanzar más, debo retroceder por el mismo recorrido de ida para acudir a nuevas zonas. Vuelta a subir las malditas pendientes y desniveles para acercarme hasta demás poblaciones perdidas de las que no sé siquiera su nombre. Según el pequeño mapa que me tracé son Ban Rai, Ban Nam Bo Sa Pea, Bang Nong Tong, etc. Los caminos, ahora, son más tranquilos poder circular por un terreno llano de color rojizo y algo polvoriento.
La ilusión por ver más zonas se ha convertido en una clara obsesión, pues con tantas tribus por ver, no pierdo tiempo ni para comer. Ya picaré algo por la noche.
Con el depósito a menos de la mitad me acerco a otra de las cuevas más importantes de Tailandia: las cuevas de Tham Lot, cercanas a la población de Ban Tham, donde la población es Lahu o Karen. Los habitantes que cruzo se encuentran a la sombra bajo la gran cantidad de árboles que cubren el terreno. Al llegar al final del poblado un grupo de escolares de camisas azules o rojas (imagino por distinción escolar) se esconden tras la vegetación nada más verme. Paro el motor descendiendo hacia ellos ¡No me lo puedo creer! Me tienen miedo y están huyendo. Para no sobresaltarlos más, me siento junto a una roca para probarme el masaje y sacar la cámara con la que deseo fotografiarles. Tras unos silenciosos minutos, se van acercando de manera sigilosa y confiada. Uno de los pequeños de unos 10 años de edad, parece no temerme a medida que avanza en primera posición. Como recompensa, le lanzo una amistosa mirada con la que probar el masajeador. Las fuertes risas que le provoco, hacen llegar al resto de invitados. Uno a uno voy probando el masajeador mientras doy exceso de uso a la cámara. La docena de críos riendo sin parar, hace llegar a demás compañeros de la zona. Uno de ellos, viste con una antigua camiseta del Fútbol Club Barcelona. Menuda casualidad en esta zona tan remota. Imagino que algún viajero se la regaló hace tiempo o la adquirió en alguna ciudad del país. Los pequeños, ahora, me agarran cariñosamente sin parar. Saco la impresora y hago que posen todos juntos ante las atentas miradas de familiares. Les imprimo la copia al minuto para entregarla en mano al más granujilla de todos, con la intención de que la cuelguen en su escuela. Arranco el motor y marcho encantado y satisfecho al haber conseguido que los críos no teman a una persona de rasgos diferentes a ellos. Al próximo visitante que acuda al poblado seguro que le recibirán con las manos abiertas.

Al llegar a las cuevas, deberé poner fin a la búsqueda de más pueblos tribales por no disponer de más tiempo. La gruta calcárea de Tham Lot se inicia en el curso del río, que se filtra por las entrañas de unas rocas, que cobijan las formas más caprichosas que la acción dilatada del tiempo y el agua, ha querido perpetuar en sus paredes. Los precios de la entrada varían en función del número de personas que las visite o del número de grutas que se contemplen. Por mi sola presencia, decido esperar por unos instantes junto a la entrada, con la esperanza de ver llegar a visitantes con los que compartir los gastos del guía. Tras la inútil espera, una joven guía decide hacerme un precio especial para visitar las cuevas durante una hora. Pago encantado (3 $) mientras prepara el farolillo obligado que necesariamente usaremos en el oscuro interior. De las tres fases en que consta el recorrido, visito las 2 primeras partes. Muchas de las formas de las recónditas rocas son de lo más curiosas: una en forma de seno, otras como palomitas de maíz, un cocodrilo o un mamut. Parte de la gruta se debe realizar por encima del nivel del río, mediante unas pequeñas escaleras. A medida que más avanzo al interior, más se nota la falta de oxigeno. Iluminamos con el farol la gran cantidad de peces que nadan tranquilamente por las oscuras aguas. Al retorno hay una manada de vacas que parecen no haberse alejado jamás de la entrada a la cueva.
Una hora de duración ha sido más que suficiente para la visita de las 2 cuevas principales. Hay también la opción de visitar una tercera gruta en balsa.
Retorno hasta el centro de Soppong para devolver la moto, tomar la mochila y esperar un nuevo autobús a Mae Hong Son. Espero al borde de la carretera hasta que un comerciante me indica que no pasa ningún autobús más por hoy. Algo confundido empiezo a preguntar los horarios a gente que veo por la carretera. Todos responden en negativo, con lo que no se que hacer, la idea era llegar hoy mismo al destino fijado. Solo se me ocurre hacer autostop si deseo llegar a meta, pero con los pocos vehículos que pasan por aquí a estas horas y los peligros que implica el hacerlo de noche, cuestiono si vale la pena arriesgarme. Siempre he querido pensar que la suerte esta del lado de uno mismo, si realmente se desea hacer algo y en efecto, todo sale bien cuando uno de los comerciantes me avisa de que un compañero suyo saldrá hacia mi destino en una hora. Sin pensarlo dos veces, me adentro en la tienda para comer y beber algo, a la espera de poder partir. Mientras tanto, voy ordenando y seleccionando las mejores imágenes del día, para liberalizar algo de espacio en la memoria de las tarjetas digitales. Suprimo minuciosamente las tomas que me quedaron más defectuosas o las de menor agrado a mi modo de ver.
Una hora exacta de espera hasta conocer al simpático conductor, quién sin problema, me deja ocupar el asiento de su tortuoso camión. Dos horas de travesía me aguardan hasta mi soñado destino.

MAE HONG SON
Agradeciéndole en mayúsculas el favor prestado, me deja en pleno centro de la pequeña y nueva ciudad, donde encontrar reposo. Preguntando en uno y otro alojamiento, parece que todo está lleno. Prosigo la búsqueda por demás sitios recomendados, pero parece que no hay suerte. En uno de los establecimientos no hay absolutamente nadie, en recepción. Espero hasta 20 minutos sin que ningún rostro se asome. No puedo entender como no ponen a nadie en la pequeña entrada, pues existe el peligro que les roben el televisor, la radio o la comida que tienen en la nevera. Salgo a la calle, entro y salgo de nuevo, pero nada. Diez minutos más de espera hace que me enfade un poco ante el inexistente servicio que deberían estar obligados a dar. Decido continuar la búsqueda, habiendo tomado prestado de la amarillenta nevera anterior un bote de refresco que me apropio justificadamente por el tiempo perdido.

No puedo creer la mala suerte que tengo para encontrar un simple sitio en el que instalarme. En otra de las casas, un cartel escrito a mano, anuncia la palabra habitaciones. Nada más entrar observo que tampoco hay nadie. Esto no puede ser, parece una situación de lo más irreal. De una cosa estoy seguro – muchos robos no debe haber por aquí – pues resultaría de lo más fácil. De aquí no pienso moverme hasta que aparezca alguien. Con algún que otro “Hello” en un tono más bien fuerte, hago percibir mi presencia a un señor que me ayuda a buscar al encargado de un bar cercano. Con la mochila a rastras entro en el bar-restaurante situado a la vuelta de la esquina, en el que parece celebrarse un aniversario familiar. Nadie por la calle y este bar repleto. Doy con el encargado a la espera de una respuesta, que no me sabe dar. ¡Ya no sé que hacer! Permanezco más enfadado a cada minuto que pasa. Llevo más de dos horas caminando sin parar. Por fin sale del establecimiento una chica que me hace acompañarla en moto a otro local. Hay algo en ella que me resulta extraño de un principio. En cuanto se desprende del casco compruebo que es un transexual. Saluda una y otra vez a cada persona que pasa junto a nosotros. Por aquí, la gente no les mira con caras raras, tal y como harían en Europa. Eso significa que el tema está más que regulado cuando disponen de trabajos relacionados incluso con la hotelería, como es el caso.
De forma cordial, me acompaña a otra pensión cercana para ver si es de mi agrado. Sin hacerle perder tiempo, hago que retorne al restaurante donde trabaja, indicándole que pienso alojarme aquí, sea como sea la habitación. Me abre una anciana para mostrarme el cuarto. Es perfecto para lo que busco. La habitación es tan pequeña que se podría decir que solo es apta para gente que mida menos de 1,85 cm. Las dimensiones de la puerta de entrada parece la de un cuarto de muñecas. Nada más entrar, me tumbo con lo puesto, para dormir tapado por varias mantas en una nueva noche algo gélida.
Recién levantado y con cuidado de no golpearme la cabeza con el bajo techo del cuarto, salgo al exterior de la pensión para desayunar en una pequeña mesa con varios trabajadores que beben unos enormes cafés para despejar sus caras todavía medio somnolientas. La densa y temprana niebla se dispersa con los primeros rayos de luz, haciendo resurgir uno de los chedis dorados del templo de Jong Klang, el más antiguo de la ciudad y de estilo birmano, situado frente al pequeño lago de mismo nombre.

NAI SOI Y LA SIMPÁTICA MªJOSE

Me dispongo a salir de Mae Hong Son, una pequeña ciudad de las montañas, base de asentamiento idóneo para explorar algunos de los últimos rincones que todavía quedan infecuentados por el típico turista de sol y playa que acude a Tailandia.
Alquilo una pequeña motocicleta (por el mismo precio de lo que me costaría una cajetilla de tabaco en mi ciudad) e inicio mi camino en dirección Nai Soi.
Atravesando por bellos parajes a campo abierto, bordeados por una delgada pista de tierra polvorienta, por la que circulo en plena armonía con el entorno que me rodea, sobrepaso alguna pequeña aldea con su riguroso templo budista, a orillas del río Pai, río en donde realizo una primera parada de rigor para saborear ese exquisito momento de calma y libertad.Han sido solo 30 los kilómetros recorridos por donde el tiempo parece no pasar.Las leves crecidas del río en estos primeros días de Enero no me dificultan el atravesar con la moto a través de sus aguas.
La temperatura parece acompañar a estas horas matinales, cosa que no sucede durante la noche, donde se hace indispensable el uso de algo más de ropaje.
Una señal de tráfico me indica que voy por el buen camino. Al ver escrito en ella “cuello largo Karen” y no el nombre en sí, de la aldea (Nai Soi). Me imagino esa dura y triste realidad de lo que ya leí en algunos escritos, acerca de la situación por la que atraviesa esta particular etnia llamada Padaung, perteneciente al subgrupo de los Karen, nombre con el que se aplica a los diferentes pueblos tribales de la Birmania meridional.

Llego hasta el final de la travesía, en una minúscula explanada rodeada de vegetación, en donde un puesto de control militar, me hace saber que he llegado por fin a mi objetivo. Aparco la motocicleta sin atarla, por la evidente vigilancia existente y camino atravesando la barrera de acceso para adentrarme al poblado, hasta que recibo de un militar el aviso de que de marcha atrás para pagar peaje. ¡Sí! efectivamente, un maldito e injusto peaje de entrada de unos 6 $ por el simple hecho de entrar, eso sí, de forma amable.

La excitación aumenta segundo a segundo, hasta que diviso al fondo la primera mujer Padaung. Mi ferviente curiosidad se vuelve tímida al pasar junto a ella. El respeto que mi rostro desprende se hace evidente a medida que doy cada paso, pues los serios y entristecidos habitantes de la aldea me hacen dar cuenta de una de esas injusticias, aun por erradicar;
Las pequeñas chozas, donde habitan y trabajan se podría decir que están orientadas al turismo, cuando ves que en cada una de ellas hay habilitada una pequeña mesa principal con productos artesanales propios para su venta. Así pues, sus gentes están más que acostumbradas a que el visitante llegue con la única finalidad de sacar una foto para rápidamente irse por donde ha venido. Llevo media hora de recorrido y la complicidad que siento hacia esta gente, hace que no desee sacar la cámara.
La tranquilidad con la que todos viven, hace que no tengan la necesidad de insistirte en que compres algunos de sus productos, a diferencia de como haría cualquier otro comerciante normal del resto del país.
He visitado ya todo el poblado, pero no me puedo marchar tranquilo pensando que fui como el resto de los pocos visitantes que llegaron, vieron y se esfumaron. Deseo encontrar una forma natural y humana de acceder a ellos, con lo que se me ocurre montar un nuevo aparato masajeador de cabeza que guardaba para una ocasión especial.
Comienzo a probar el aparato a una anciana, sentada junto a su sonriente nieto, de forma muy suave (para que no le dé un sobresalto con todo lo que eso podría implicar para su cuello), hasta que otras habitantes se acercan a mí, para probar el escalofriante artilugio de cobre.

Al rato, una de las señoras masajeadas empieza a hablarme en castellano para mi sorpresa, con lo que aprovecho para iniciar una charla junto a ella acerca de su situación. Al verme interesado en el tema, me saca un enorme libro escrito en Birmano donde se explican datos acerca de sus orígenes, como esa leyenda que;
“Cuenta que una mujer dragón de extraordinaria belleza fue poseída por el viento y como fruto de esa sorprendente unión se extendieron por la tierra sus descendientes que fueron llamados padaung por la simbología de sus cuellos en honor al dragón”

También me explica la curiosa relación que tienen con diferentes tribus sudafricanas como los ndebele de Zimbawe en el que mujeres y hombres también usan aros alrededor de sus cuellos tal y como observo en una fotografía que me muestra de un hombre de color con dorados anillos por su elevado cuello. Mi mente se queda en blanco cuando la amistosa señora me suelta al aire la pregunta ¿Cómo puede haber esa tradición peculiar, en dos zonas tan opuestas y alejadas una de otra?
Uno se queda de piedra cuando averigua que ni ellos mismos saben con certeza acerca de los orígenes de sus tradiciones.
Por lo que me explica, otra de las teorías se basa en que antiguamente cuando trabajaban en el campo había constantes ataques de tigres que les seccionaban el cuello, reventándoles la yugular, con lo que se cuenta que la intención de los anillos era la de simple protección contra los ataques del feroz animal.
Existen demás suposiciones más realistas, como la que representa el hecho de asociar mayor número de anillos a un mayor rango social o el simple canon de belleza como adorno corporal.
Una última idea menos convincente es la de que los anillos servirían para garantizar la fidelidad conyugal: en caso de adulterio, los anillos serían retirados, así la culpable sería obligada a pasar el resto de su vida acostada o bien sujetándose el cuello con las manos.

Jamás sabremos el autentico origen de tan misterioso suceso, pero la costumbre ahora es mantener la tradición únicamente en las niñas nacidas en miércoles de luna llena, a razón de colocar un aro por temporada desde que cumplen los 5 años de edad. Además de los anillos, la mayoría de las mujeres llevan tobilleras de latón e incluso brazaletes de plata.
La confianza junto a mi nueva mentora va creciendo, lo que hace que ahora sí saque la cámara con la finalidad de regalar copias de recuerdo.

Inaugurada la impresora con la mujer con la que he establecido un primer contacto, proseguirán el resto de mujeres, algunas de las cuales no tienen reparo incluso a la hora de maquillarse ante mí, para demostrar que quieren aparecen en las fotografías lo más bonitas posibles. No es que me haga mucha gracia, pues con el maquillaje se pierde un poco la naturalidad de sus rostros. Para que no todas se maquillen, tomo una pequeña silla de plástico, para colocarla rápidamente en medio del poblado sin que les dé tiempo a arreglarse en exceso.

La cosa se empieza a animar cuando el boca a boca se hace presente en la población. Estoy acaparando toda la atención en la zona, en cuanto sus asombradas caras contemplan perplejas, como va saliendo cada una de las copias imprimidas. Llevo realizadas unas 20 copias mientras me cerciono de que a este paso acabaré el papel sin que pueda retratar a todos los que lo deseen.

Tomo un descanso bajo la sombra de la tienda de mi contacto en la que aparece su hija; una bonita jovencita de 18 años que se me presenta bajo el nombre de Maso o traducido MªJosé.Con un español perfecto me pregunta acerca de mi procedencia. Al decirle Barcelona, me inicia una conversación con algunas frases en catalán. ¡No me lo puedo creer! tiene conocimiento del catalán, vasco y gallego, sin olvidar que según me cuenta tiene en su haber 8 idiomas. Al preguntarle dónde aprendió castellano, me responde que charlando con los visitantes que conoció en el poblado, pues solamente ha salido de aquí en una sola ocasión, cuando les llevaron a un parque de atracciones en Mae Hong Son.

Le pido permiso para sentarme encantado en la tienda junto a ella, para saber más acerca de su vida y de su gente.

Su preciosa sonrisa adornada sobre el maquillaje de sus labios y bajo el reflejo de los dorados aros de latón que cubren su delicado cuello, me hace saber que no me ve como al resto de los pocos turistas que hoy veo en la zona. El interés que esta chica me está suscitando hace que de forma coqueta se desmelene su preciosa y largísima cabellera lacia para centrar mi interés en ella. Por momentos he de reconocer que el pulso de mi corazón late más fuerte de lo normal.

La confianza llega a tal punto, que es ella quien me solicita que nos tomemos unas fotografías juntos mientras me presenta a sus hermanos e incluso a su padre en una de las muchas modestas cabañas que componen el poblado y en las que penetran algún evidente rayo de luz.

Al preguntarle sobre lo que podría suceder si se les retirasen los aros me muestra la fotografía de un libro en el que se ve a una señora sin los aros sometida a un estudio médico en una clínica de Tailandia, donde le realizaron diferentes pruebas científicas. Eso que se escucha que perecerían si se les retirasen los aros está entonces descartado, aunque la débil fragilidad de sus cuellos desnudos les podría ocasionar serios problemas ante un mal movimiento.

Mientras sigo con la interesate charla, observo a su madre, tejiendo en el fondo de la cabaña unas coloridas telas que más tarde colocará en el mostrador para venderlas. Es precisamente ella quien tiene mayor longitud de cuello, 27 centímetros tal como dice de forma orgullosa la simpática Mª José.

Por lo que me explica, la historia de su llegada a Tailandia estuvo condicionada por la situación casi esclavista a la que están confinados en su país de origen (Birmania), donde les obligan a trabajar en los campos de arroz por una miseria y sus derechos no son para nada respetados. En Tailandia al menos les dan la opción de elegir. Y no se siente en absoluto ofendida, porque diariamente su pueblo sea visitado por extranjeros que nunca más volverá a ver. “Seguimos viviendo como siempre pero como si estuviéramos todo el rato en la TV”, me dice. Le encanta hablar con los extranjeros porque aprende mucho más rápido que con un libro y se divierte mucho más, además a los españoles les gustan mucho las bromas, según me cuenta.

Dejo mi equipo en su caseta para acudir a las cuatro maderas que componen una escuela. Varios compartimentos hacen a la vez de diferentes aulas en función de la edad de los estudiantes.
Me adentro en la primera de ellas, atraído por los dulces sonidos emitidos por los más pequeños aprendices quienes repasan sus primeras sumas y letras de una forma original y amena para memorizarlo todo, como es el canto.

Sus caras parecen estar acorde a sus pequeñas miradas tristes y algo cabizbajas, fiel reflejo de la condición por la que atraviesan y de la que parece que fue lo primero que aprendieron en esta vida que les ha tocado vivir.
Mi rostro se cae con disimulo hacia ellos mientras una sensación compasiva me hace reaccionar para cambiar por unos instantes sus expresiones.
Me acerco frente a ellos donde esta situado un joven maestro de apenas 20 años al que amablemente le muestro mi masajeador para que adivine su autentica función. Tras contemplarlo y toquetearlo de forma más que curiosa, al igual que haría un científico, se lo tomo para demostrarle (como si de una nueva materia escolar se tratase), el verdadero efecto que está a punto de descubrir. Emite una nueva y extraordinaria carcajada, bajo la atenta mirada estupefacta de sus alumnos, quienes alzan su vista varios grados arriba. De forma súbita y precipitada, jugando todavía con el factor sorpresa, inicio ordenadamente los masajes a los pequeños, uno por uno, desde la primera fila a la última.
Hay pocos contagios que se puedan decir que son más que positivos y el caso de la risa no es una excepción. Risa llama a risa en el vocabulario humano de la gesticulación.
Tras varios minutos en un sinparar de sacar sonrisas múltiples, aprovecho para rematar la faena, sacando varias fotografías de los pequeños que parecen haber olvidado el significado de la palabra “problema”.

Le comento al maestro, que les traduzca a su idioma, la magia que les voy a realizar en un minuto para cuando regrese de nuevo.
Salgo rápidamente de la escuela para imprimir las fotografías en compañía de MªJosé para retornar con las copias bajo un folio de uno de los escolares, para hacer aparecer como por arte de magia sus imágenes salidas bajo el folio. Están todos anonadados, pero locos de alegría y felicidad. Esa cosa llamada alma o sentimiento me brota a raudales al sentirme más que satisfecho por lo único que he podido hacer de mi persona, por distraer a esos críos, que tendrán colgadas del aula unas fotografías de recuerdo de cuando ese extranjero paso por aquí.
Me adentro en las otras dos aulas para repetir la historia de nuevo. Una pequeña y hermosa doncella tribal me mira con rostro serio y tímido. La dulzura que me desprende su cara será recompensada de inmediato, con unas risas, al igual que el resto de sus compañeros a quienes finalmente hago posar a todos juntos para rematar las últimas hojas de papel que me quedan.

Este es el mejor máster que por desgracia podrán tener, del que espero que sepan que una risa en el fondo es muy fácil de sacar.
Retorno junto a la entrañable Mª José, para compartir unos turrones de Jijona que me enviaron por Navidad. Están duros como una piedra, pero parece que son de su agrado con lo que le regalo el paquete entero para su familia.
Dando una segunda vuelta por el final del poblado, ahora de manera más convencida, me siento ya plenamente integrado, a diferencia de algunos de los escasos turistas que veo, deseosos de sacar sus cámaras para conseguir su particular trofeo.
Visito también una tribu vecina conocida como los Red Karen “big ears”. Se diferencian de las Karen Padaung por tener anillos en el cuello menos adherentes y unos enormes lóbulos producidos por el peso o tamaño de los anillos que decoran sus orejas. Adornados con artesanías de lo más variopintas y collares de monedas y piezas de metal en forma de luna y cauri, se caracterizan también por el rojo intenso de sus trajes.
Una de las primeras ancianas que observo me sonríe en señal de que conoce ya el aparato que amago entre mis manos. Las noticias por el pueblo deben volar a velocidades de impresión, sobretodo al tener en cuenta la poca extensión habitable en la que están asentadas las cabañas. Sin permitirme realizarle el masaje por el enredo que dispone en su cabellera me despido de ella devolviéndole la sonrisa.
Los Red Karen al igual que los Padaung disponen de telares para hilar y tejer sus propios productos o los destinados para el visitante.

Hago otro alto en el recorrido, para observar a una señora que tiende la ropa, lavada a mano con el mismo agua del río.

Parece que es la hora de salida escolar. Los estudiantes no reflejan esa alegría universal que tendrían los estudiantes de una escuela metropolitana al abandonar las clases, pues por aquí, imagino que se divierten más en las aulas que ayudando en las labores artesanales de sus chozas, situadas a cuatro pasos.

Bordeo el final de lo que sería la segunda calle principal en donde tímidamente (…y con toda la razón) se está duchando ante mi presencia, una señora que no se cubre el pecho en un principio. Me imagino que pasaría si sucediera una situación surrealista como esta en mi país, en donde las mujeres mirarían para mal y los hombres para bien.

Al llegar a la última casa del poblado, me detengo pacientemente para observar las técnicas que utilizan para la construcción de unas nuevas cabañas revestidas mediante los manojos de palmas y hojas secas entrecruzadas con tiras de bambú.

Da la sensación de que en el país tailandés han encontrado un refugio más pacífico y tranquilo que al otro lado de la frontera. De los 7.000 padaung censados en Myanmar, 300 se encuentran refugiados en los 3 pequeños asentamientos habitados por la zona y eso se debe a que hacia finales de los años 80,durante la guerra entre el ejército de Birmania, y los grupos rebeldes Karen y los señores de la droga, los habitantes de muchos poblados buscaron territorio al otro lado de la frontera.

El colofón final del poblado lo pone la imagen del “Sagrado Corazón de Jesús”, que engalanaba la fachada de una iglesia de hoja de palma que han construido en un extremo del poblado.

La gente sigue con sus quehaceres de forma natural. Unas muchachas juegan con el balón mientras una familia me muestra su guitarra artesanal de varios kilos de peso, con la que asombrosamente consiguen sacar algunos sonidos melosos, acompañados de la letra de alguna triste canción que sacaría las lágrimas a más de uno.

Los últimos momentos de la jornada los aprovecho para pasarlos junto a Mª José, antes de que deba abandonar el poblado de forma obligatoria, puesto que no está permitido alojarse con ellos. Sincerándome junto a ella, de mi enorme sentimiento de tristeza hacia su gente, le pido que me explique si sufren algún percance por parte de los militares. Al contarme que no se puede ir de la lengua, es cuando percibo que realmente hay algo oculto, que solo ellos conocen. Le insisto educadamente a que me cuente una verdad que parece querer esconderme, debido a posibles represalias, según me cuenta. Me pongo nervioso al ver que no soy capaz de sacarle una confesión que deseo grabar en vídeo con la finalidad de tener una prueba denunciable acerca del incumplimiento de los derechos humanos.

Por otro lado me comenta que todos los beneficios obtenidos con las ventas de sus productos, van destinados a sus personas. Particularmente me extraña mucho, pues ¡de que les sirve el dinero! si no pueden gastarlo siquiera en comprar su propia libertad.

Corren rumores de que son varios los empresarios que realmente se benefician de sus actividades. Incluso se cuenta, que en una ocasión fueron varias las mujeres que transportaron a una feria, para mostrar a la población sus largos cuellos, al más puro espectáculo circense.

Ha sido uno de los días más felices de mi existencia, al haber conseguido cambiar algunos de esos ojos apagados y tristes por el de unas miradas mas bien esperanzadoras.

Me despido de MªJosé con mucha pena, mientras me guardo su dirección de contacto, que no es más que un simple código postal ( todo lo que reciben debe ser supervisado por sus controladores)

Soy la última persona en abandonar este poblado que me quedará grabado de por vida, mientras pienso lo triste que sería también el ver a estas muchachas con minifalda y escote en alguno de los múltiples bares de Chiang Mai o Pattaya frecuentados por maduros occidentales.

De regreso a Mae Hong Son me encuentro por casualidad con Jon. Acudimos a un bar, donde le explico la bonita vivencia acontecida, bajo los sonidos de un grupo de música que ameniza el ambiente. No me encuentro nada inmerso en la terraza del local, al pensar que a escasos 30 Km los hay que no pueden hacerlo. Me despido por segunda vez de Jon para retirarme a mis aposentos, a la espera de consultar con la almohada, donde acudiré mañana.

La experiencia del día anterior me ha impactado tanto que decido visitar otra de las aldeas de Karen Padaung. Nueva moto alquilada para ir en busca de la nueva población. El camino de acceso está lleno de riachuelos por los que debo atravesar. Las aguas parecen algo más profundas que las de la jornada pasada. Voy avanzando con cuidado hasta que un trozo de musgo hace resbalar el ligero neumático de la moto, con tan mala suerte que me hace caer en las mismas aguas, poco profundas del riachuelo. Mi mente está en blanco antes de reaccionar de forma rápida, arrojando la bolsa con todo el material a unos secos matojos. La desesperada situación me hace levantar al instante la motocicleta para comprobar que no ha sufrido mayor daño que el de una pequeña rascada en la parte del motor. Retiro la motocicleta para aposentarla de lado en un árbol. Hay que comprobar como me ha quedado el material. Al abrir la ligera cremallera de la funda de la cámara compruebo que se ha mojado. La sensación que me invade es de lo más temerosa mientras apreto el botón de encendido ¡Verifico lo que me temía! El agua ha penetrado en el interior del aparato. La seco y reseco al sol deseando el milagro. La impresora también se ha mojado algo y no se enciende. Ahora son dos los milagros. Las hojas de papel no sufren daños al estar envueltas por plástico.
Espero media hora a que se sequen los artilúgios y la ropa, dando gracias como siempre a que la vida continúe. Aprieto los botones de encendido de la cámara y la impresora para cercionarme que el equipo ha fallecido.

No quiero preocuparme por algo inevitable. Este es uno de esos momentos malos, que hacen valorar las cosas más que nunca. Mi estado, irremediablemente, se encuentra por los suelos sin saber que hacer.
Solo hay un objetivo en mi mente. Regresar de urgencia a Mae Hong Son sin visitar la nueva aldea. Mi triste estado de ánimo empeoraría aún más sin poder serles de ninguna ayuda.

Me cambio de ropa en la pensión y me dirijo de inmediato a una pequeña tienda de fotografía para ver si pueden revisar el equipo. En la pequeña ciudad parece que no hay nada que hacer. No hay casa oficial ni expertos en el tema.
Sin el equipo me siento muy vacío. Es la primera vez que me doy cuenta que sin la cámara y la impresora no tengo ganas de hacer nada. El equipo ha resultado ser ya una prolongación de mi cuerpo.
Parece que lo más cercano donde me pueden revisar el equipo es en Bangkok, donde se encuentran las oficinas centrales para el análisis y recambio de piezas.

Sin perder un par de días para llegar por vía terrestre a Bangkok, acudo al minúsculo aeropuerto de Mae Hong Son para ver horarios y precios de los vuelos hacia la capital.
Al ver el pequeño aeropuerto, considerado uno de los más peligrosos del mundo al estar anclado entre enormes valles, compruebo que hay un solo vuelo hasta Chiang Mai, en un par de horas. Al ver que quedan pocas plazas libres decido contratarlo por unos 20 $. Sé que esa cantidad no es nada en cualquier país europeo pero ese dinero me representa los gastos completos de unos 4 días.
Siento impotencia y rabia desde el pequeño asiento del avión al no poder fotografiar el despegue del aparato de entre los enormes valles rodeados por las montañas.
Una sola hora de vuelo ha substituido medio día de duras carreteras. Sin pensarlo tomo un tuk-tuk hacia la estación de autobuses, para ver las salidas hacia Bangkok. Por suerte quedan billetes para la capital. Espero más de cuatro horas para subir a uno de los mejores autobuses que utilicé en mi vida. Razones no le faltan: varios monitores de gran tamaño, asientos reclinables a más no poder, servicio de comida, etc. Tanto lujo para las 11 horas de trayecto tiene un coste de 10 $.
Durante la espera del autobús deambulo por el mercado central de la estación para abastecerme de comida y bebida por los próximos días. Durante mis siguientes jornadas no pienso comer en ningún local, que no sea la misma calle. Las razones son que he gastado en un solo día más de 30 $. con lo que durante la próxima semana los gastos deberán ser substituidos a la baja. Y pensar que todo ese importe es lo que se gasta una persona normal en una noche de fiesta en Barcelona.
El mercado de la estación está casi cerrado mientras espero triste bajo los escalones de un pequeño restaurante. Observo a una anciana recoger las ultimas mesas del local. Me da pena al pensar que no le puedo tomar una fotografía. No llevar la cámara bajo el hombro se me hace tan duro como al drogodependiente su dosis diaria. Parece que la anciana se da cuenta de mi penosa situación cuando le arrojo una sencilla sonrisa. El resultado: me trae una especie de pinchos de pollo que le han sobrado. Agradeciéndole con otra sonrisa, pienso que deberé seguir poniendo la misma cara de tristeza en los sucesivos días, si quiero que me den comida de los restaurantes. Total para que se tire, lo aprovecho y me ahorro algo.
Estirado en la plaza del autobús, solo deseo dormir y olvidarme de mi preocupación hasta mi regreso a Bangok en busca de una solución.
Es de noche cuando me despiertan para indicarme que hemos llegado a Bangkok. La nueva estación de autobuses es inmensa y algo desordenada. Debo averiguar que línea llega hasta Kao San Road para dejar el equipaje donde pueda y acudir lo más rápido posible a las oficinas de la marca del fabricante de mi cámara e impresora.
La gente parece no entenderme cuando les indico a donde deseo acudir. Buscando algún puesto de información me topo con una joven mochilera. Imagino que es china por sus rasgos, aunque no por su altura de unos 175 cm. Parece más perdida que yo cuando le pido información. Tomamos finalmente juntos un autobús a la misma dirección. Durante el trayecto me explica que es de Corea del Norte. Me parece que lo más indicado será recomendarle el antiguo alojamiento en el que me hospede, para compartir los gastos de la habitación, siempre y cuando ella lo desee. Solo de esa forma podré dejar el equipaje en un lugar seguro para buscar ligero de equipaje la sucursal donde confío puedan arreglarme el equipo. Le expongo compartir el cuarto y acepta sin problema. Imagino que no es fácil confiar en un chico de buenas a primeras, pero el caso de llevar también mochila habrá ayudado en algo a que acepte.

Una vez llegamos a la zona, parece que está todo ocupado. Recorremos una y otra calle hasta que encontramos tras más de 1 hora de búsqueda, una habitación libre en un edificio considerable. En el local nos atiende una señora de muy malos modales que parece que nos acepte como si de un favor se tratara. Deshacemos mutuamente los equipajes en la habitación donde descanso unas pocas horas en espera de que la ciudad despierte. Mi compañera se encuentra también cansada con lo que aprovecha para tumbarse en la pequeña litera vecina. Al despertarnos quedamos a media tarde para hacer algo juntos. Ella hará algo de turismo por la ciudad mientras yo acudo a pie hasta el distrito financiero para encontrar un enorme edificio, de nombre Bangkok City Tower, donde se albergan las oficinas de mi marca nipona. El paseo se hace largo por las grandes avenidas comerciales. Al situarlo subo las varias plantas hasta las oficinas donde dejo el material para que me realicen el análisis técnico afortunadamente gratuíto. En el caso de que puedan arreglo, solo espero que el presupuesto no se dispare.
Una hora más tarde los resultados son; piezas corroídas por el agua para la cámara, una de las tarjetas de memoria compact flash (por suerte vacía, sin imágenes) para el olvido, la impresora técnicamente correcta aunque no funcione y las baterías también para la basura. No hay solución posible.
Con ganas de llorar salgo del edificio decaído pero con el firme objetivo de comprarme una nueva cámara y batería. Camino a paso acelerado por Siam/Silom Road en dirección a algunos de los enormes centros comerciales donde iniciar la búsqueda. Estoy decidido ya que sin una cámara no me dan ganas de proseguir la ruta.
En la primera tienda que me paro, veo un modelo de cámara digital de segunda mano, con garantía y 6 megapixeles por unos 300 $ al cambio. La buena resolución hace que sea la candidata perfecta en un principio, aunque desisto en cuanto me entero que dicha marca no es compatible con la marca de la impresora. Ese dato no lo había tenido en cuenta, con lo que he de tomar la determinación de si me vale la pena o no. Las posibilidades de una compra rápida decrecen al tener que optar al encuentro en exclusiva de la misma marca, opción que creo más acertada. Prosigo con la ardua labor de búsqueda y comparación de precios de varios modelos en diferentes tiendas. Parece que no hay mucha diferencia de una tienda a otra. Pregunto de forma constante a la gente sobre las tiendas o zonas más baratas de la ciudad. Varios me indican un enorme centro de tecnología por la misma zona. El complejo está compuesto de varias plantas, con multitud de tiendas que hacen que me pase más de una hora anotando sin parar los diferentes precios y modelos en un pequeño papel de cuaderno arrugado. En una de las infinitas tiendas veo una oferta especial de 300 $ para una Leica M de segunda mano. (En España su precio ronda los 1000 $). Reconozco que me pasa por la cabeza el comprarla, al haber sido la cámara con la que cualquier fotógrafo ha soñado en multitud de ocasiones por el silencio del disparador y la gran luminosidad de diafragma o número f. El problema al no ser digital, es que se le puede dar muy poco uso debido a las pocas fotografías que se pueden tomar con ella, al ser necesario multitud de carretes para las fotografías que necesito, más el gasto añadido del revelado de los negativos sin ampliar. Y es que como decía la frase hay dos tipos de fotógrafos, los cazadores intrépidos y los pescadores que esperan. En mi caso particular me siento una mezcla de los dos. Cazador por la urgencia, variedad, comparación y rapidez de las tomas cuando se dispone de poco tiempo. Y pescador, cuando aprecio de antemano que la imagen que deseo tiene tanto contenido, que me merece la pena esperar mucho tiempo, para lograrla o al menos haberlo intentado. Agotado y sin llenar el estómago pongo fin a la búsqueda.
Al regresar a la pensión para encontrar a mi compañera de cuarto, la engreída recepcionista no me quiere dar la llave de la habitación. Los nervios me corroen cuando la ilógica absurda invade mi cabeza sin entender que diantres sucede. Mi tono se acelera ante las negativas de la amargada señora. Más tarde averiguo que piensa que no estoy alojado al no haber dejado el pasaporte cuando me instale. En todo caso sería culpa de ellos si nadie me lo solicitó en ningún momento. El problema ahora es que no recuerdo el nombre de mi compañera: no hay forma de convencerlos. Al decir que procede de Corea parece que no hay nadie alojado con dicha nacionalidad. Furioso hago que me acompañe a la habitación para que me la habra. Por los pasillos la más que maleducada conserje de voz aguda exagerada no para de quejarse hacia mi persona. Por los escalones de acceso a la segunda planta del edificio, la sensación que me invade a cuerpo pleno de forma temblorosa me hace llegar a pensar que la chica Coreana ha podido robarme parte del equipaje antes de abandonar el cuarto. Solo me hace falta algo así ( no es que haya nada de alto valor económico, pero el hecho de pensar que me faltan los cuadros de Nepal, los papeles fotográficos, ropa y demás me haría sentir de lo más desafortunado al no dispone de lo más básico). En la entrada de mi habitación hago que saque la llave maestra para que abra el cuarto. Al abrirme la puerta indicada ¡sorpresa, está todo en su sitio!
Me sabe fatal haber pensado mal de mi compañera. Y todo por culpa de esta empleada incompetente para tan sencillo puesto de trabajo. Con mi nueva cara de satisfacción, la empleada parece no estar convencida de que los bienes que empiezo a toquetear son míos con lo que le hago callar la boca a medida que le justifico de forma previa mediante gestos, algunas de las pertenencias que retiro de la mochila. Aclarado el tema, le cierro de golpe la puerta tras hecharla de mi habitación. Me tumbo más feliz que nunca en la cama a la espera de que acuda Kuly ¡Cómo para no recordarlo!
Expuesto el caso bajo unas risas damos una vuelta por las inmediaciones. Cenamos algo en un puesto callejero donde las pequeñas bandejas de arroz acaparan la mayoría de los menús. Acabamos tomando una cerveza en una de las terrazas donde contemplamos la multitud de viandantes extranjeros que se mezclan entre la población local.

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No deseo estar más tiempo en la capital con lo que compro un billete para ir dirección Pukhet. Me despido de Kuly quien marcha al aeropuerto de retorno a Corea. Me quedan varias horas para partir, lo que aprovecho para mirar las últimas tiendas en busca de mi nueva cámara. Opto por comprarme un modelo algo superior a la cámara estropeada que ya guardé a lo más fondo de mi mochila, para el recuerdo. El precio al menos es la mitad de lo que costaría en mi ciudad. Debo andar con cuidado en el tema de gastos, antes de llegar a Australia, donde necesitaré obtener algunos ingresos extras para poder continuar el viaje.
Feliz como un niño en Navidades apuro los últimos minutos para conectarme a la red desde un pequeño locutorio de la pensión. La conexión es realmente mala en mi ordenador, bloqueándose las pantallas sucesivamente. Al resto de los navegantes parece que les funciona bien con lo que solicito ayuda del encargado quien enfadado me apaga el monitor para mi sorpresa. Al instalarme en otro de los monitores me dice que no puedo utilizarlo. No entiendo que es lo que le pasa conmigo. Imagino que la recepcionista le comento algo de que no deje el pasaporte o el lío que tuve con ella la tarde pasada al no dejarme de un principio ir a mi habitación. Sin rechistar dejo amablemente el cuarto de Internet, ya que no me hace pagar los 10 minutos que estuve conectado. A veces ya me va bien que la gente se enfade sin motivo si eso me supone un ahorro, por poco que sea. Me dirijo a recepción para pedir que me abran el cuartillo donde me guardaron la mochila para tomarla y a continuación pagar a la inepta empleada de malos servicios. No sé que diantres me recrimina a la hora de pagarle. No soporto su aguda voz de pito, con lo que por no oírla le arrojo de mala gana el importe de la noche en monedas para que las cuente si le da la gana, mientras salgo a la salida de la pensión donde me espera el autobús de una compañía de la competencia de los servicios de transporte que ofrecían en esta pensión a la que no pienso volver en mi vida.
Arranca el autobús mientras veo desde la ventanilla como me miran tanto la recepcionista como el encargado de Internet.Con una falsa sonrisa y un adiós con la palma de mi mano en movimiento, me despido de ellos en tono burlesco tal y como se merecen.
Me aguardan 12 nuevas horas de viaje. Ahora y más que nunca aprovecho siempre para viajar de noche para ahorrarme el pagar cama en cada trayecto que realice. Sé que me dirijo a un destino de playa solo de ver el tipo de pasajeros que hay en el autobús, predominantemente jóvenes occidentales.
Me dirijo en dirección sur, pensando tristemente que me perdí varios puntos de interés del Norte del país debido al problema de la cámara. Uno de los destinos que no pude cubrir fue el de Sukkotai, la primera capital de Tailandia de la que solo me quedo con la información que puedo leer acerca de ella

“Sus primeras torres, para aproximarse al hogar de sus héroes caídos, se levantaron en el s. XII cuando la ciudad fue gobernada por el Imperio Khemer de Angkor. Pero pronto, el loto -símbolo de Sukkotai- irrumpió en la ciudad y con él la Edad de Oro del Imperio Thai. En los cinco kilómetros a la redonda donde se hallan dispersas las ruinas de la primera capital, sus Budas se coronan con la flor que simbolizaba la sabiduría y así “el amanecer de la felicidad” -significado de “Sukkotai”- sería el faro que alumbrase la Edad de Oro de la genuina civilización tai. Fue con el segundo rey Sukkotai, Ram Khamheng, con el que se estableció un sistema de escritura que se convirtió en la base del thai moderno”

Parece pues que me deje algo pendiente que visitar para otra ocasión.

A dos horas de camino para Pukhet hacemos una parada para hacer transbordo en furgonetas. Aprovecho para despejarme con un gran café mientras veo como la gente está viendo de un pequeño televisor un partido de fútbol. Me quedo de piedra al darme cuenta de que el partido es de la Real Sociedad, el equipo de toda la vida de Luís.Parece mentira que la gente de aquí tenga interés en ese club, del que imagino que solo miran por tratarse un equipo de la liga española y no por ninguno de sus jugadores, de los que creo que no son reconocidos en el ámbito internacional.

Acabo tomando la furgoneta con un señor mayor procedente de Niza, el resto de los jóvenes van a las zonas de playa de Pukhet. Menudo lujo poder tomar una furgoneta para nosotros solos. Es lo bueno que tiene a veces el ir a puntos no tan turísticos. Mi nuevo compañero de viaje se conoce a la perfección toda la zona de Pukhet, cosa que aprovecho para que me recomiende los puntos de más interés y algunas de las playas más idóneas que visitar.

A casi 1000 Km. de distancia de Bangkok y tras cruzar un largo puente de asfalto entro al fin en la isla de Pukhet, también conocida como la perla de Andaman y la única isla que goza de estatus de provincia. El día es más que perfecto lo que me da más ganas de empezar a utilizar la nueva cámara de la que ya me leí parte de las nuevas funciones de las que dispone.

A pocos kilómetros del centro de Pukhet se haya situado el pequeño aeropuerto en el que me despido del que ha sido otro ocasional compañero de viaje que se dirige a India para encontrarse con otros compañeros imagino también jubilados.

Si Pukhet es famoso por algo imagino que será por sus conocidas playas y no por el pueblo que da nombre a la zona. En Pukhet Town no hay nada que resaltar más que algunos pequeños comercios y un aceptable mercado central. Los precios para colmo son más caros que en el resto del país. Consigo un guesthouse bastante apartado por el que me cobran 5 $.

Como el día me lo voy a tomar con calma no pienso acudir a ninguna zona de playa hasta el próximo día, a la espera de alquilarme una bicicleta con el que recorrer todas las zonas costeras, que imagino no son pocas.

Aprovecho parte del día para conocer el pueblo que se puede visitar en un par de horas y para poner a punto la cámara, anotándome un pequeño esquema de resumen de las funciones más importantes que recordar.

Por fin disparo la primera fotografía en serio y me doy cuenta de la gran luminosidad con la que cuenta la nueva cámara en comparación con la anterior. Siendo tan parecidas noto una mayor claridad en las tonalidades del color de la imagen registrada en la pantalla LCD.

Busco información de tiendas de alquiler de bicicletas para la próxima jornada, realizo Internet y compro una nueva bolsa para la impresora ya que el asa del pequeño maletín de tela barata está dado de sí.

Termino el día visitando el templo de Chalong a pocos kilómetros de distancia para retornar de nuevo al centro en donde visito el mercado central para comprar algo de fruta.

Aprovecho para acostarme pronto en la enorme cama de matrimonio del sencillo cuarto para coger fuerzas necesarias para el pedaleo que me espera al día siguiente.

Me levanto a las 7:00 de la madrugada para almorzar algo rápidamente en el guesthouse mientras observo un póster que me llama la atención por la figura de un hombre atravesándose varios alfileres por la boca: se trata del festival vegetariano de Phuket que se celebra durante el noveno mes lunar chino, entre Septiembre y Octubre. Me explican que dicho festival es de los más conocidos de Tailandia y que se lleva celebrando desde 1825. Durante la celebración del festival son varias las personas que durante las procesiones se perforan dagas por la boca o caminan sujetos por varios clavos enganchados por la piel de su espalda. Asombrosamente todas las perforaciones no les producen nada de sangre. Por lo que tengo entendido esto se produce por haber estado en ayuno.

Me alquilo la bicicleta con la intención es bordear todo el extremo oeste de la isla
donde se hayan situadas las más conocidas playas. Inicio el recorrido hasta la bahía de Chalong donde fotografío alguno de los largos muelles en donde reposan algunas de las coloridas barcas, en su mayoría de madera. Prosigo hasta las playas de Rawai, Naiharn. Las subidas de la carretera se empiezan a hacer evidentes por lo que realizo múltiples paradas para fotografiar cada una de las playas y beber agua constantemente por el calor exagerado. Al llegar a la siguiente playa, la de Kata me paro para reposar media hora en un pequeño puesto de carretera que aprovecho para meterme algo a la boca. No he parado en toda la mañana de dar al pedal y la verdad es que no me dan ningunas ganas de tumbarme en la arena de ninguna de las playas. Prefiero visitar la gran mayoría y disfrutar fotografiándolas. De la playa de Kata prosigo a la de Karon y un bonito descenso a continuación hasta la más conocida zona turística de la isla: Patong. Durante parte del descenso por la carretera un jeep en el que viajan varios jóvenes acompañados de rubias tipo póster parece ensañarse conmigo al no poder adelantarme por la estrecha bajada. No pienso bajar más rápido de lo que voy con lo que tras varios minutos me paro en uno de los desvíos para dejar que el jeep de esos niñatos descienda a toda velocidad antes de que esos imbéciles pongan en peligro mi vida.

Al llegar a Patong, solo hago una rápida parada en su playa para fotografiarla y continuar mi ruta, pues no quiero perder ni un segundo en esta zona repleta de bares con prostitutas y turistas con chicas thai por la playa. Me recuerda a la zona de Pattaya en pequeño. Vuelta a subir pendientes para hacer una parada obligada en un mirador desde el que se divisan las dos bahías que forman las playas de Kamala y Surin.

Estoy algo cansado de tanto trote al llevar unos 70 kilómetros recorridos con lo que vuelvo a descansar algo a la sombra de un árbol. He realizado la mitad del itinerario previsto con lo que deberé apresurarme a continuar hasta una de las las varias cascadas situadas en pleno centro de la isla; la de Jang Pae.El acceso a ella tras dejar la bicicleta junto a la caseta de unos vigilantes me hace adentrar en plena vegetación frondosa junto aun débil riachuelo por el que descansan muchas ramas de gran grosor. Camino por el pequeño camino de piedra para llegar a la cascada en unos 10 minutos en donde por fin puedo contemplar el cielo y unos turistas que se arrojan a la cascada desde unos 10 metros de altura. En el mismo parquing de la cascada hay un centro de rehabilitación de gibones, esa especie de simios anaranjados en vía de extinción a los que no puedo sacar una nítida imagen por el grosor de las celdas en las que los hospedan.

Queda una hora para anochecer con lo que retorno rápidamente hasta el extremo sudeste de la isla (Pukhet Town) para devolver la más que usada bicicleta y recoger el equipaje de la habitación antes de tomar un nuevo autobús en dirección a Phang-Na (65 Baths), a hora y media de distancia.

Al igual que sucedió con Phuket town, Phang-Na no tiene ningún atractivo en especial, (se debe diferenciar Phang-Na de Phang-Na Bay, pues es esta segunda la que goza de interés al tener el status de Parque Nacional). Una sola calle principal compone el centro del nuevo poblado en el que los comercios están ya cerrados Para mi suerte encuentro una casa de huéspedes cercana a la estación de autobús en la que me apeo. Se trata de una casa familiar de tres plantas regentada por un tal MR Kean y su hijo, quienes organizan también diferentes rutas de visita por los puntos cercanos más importantes como las cuevas de Tapan (cielo y infierno), las de Pung Chang (cuevas del elefante) o las de Suwan Kuha con su templo budista. También hay la posibilidad de visitar diversas cascadas cercanas como las de Ramun o Sanang.

Acabo en un pequeño local de Internet para pasar el rato a la espera de que coger algo de sueño par acostarme mientras decido que realizaré la visita a Phang-Na Bay, puesto que ya visité cuevas y cascadas por el resto del país.

Tras los primeros rayos del nuevo amanecer me tomo un hirviente café a la espera de partir para iniciar el itinerario. Parece que finalmente no lo podré realizar al no haber más clientes. Cosa que era de prevenir ante la nula presencia de un solo turista por la zona. El tema es que con mi sola presencia no cubren siquiera los gastos. MR Kean me anuncia que espere un rato para ver si le consigue alguna persona más que se nos una. Pido un nuevo café a la espera de que se produzca lo que parece imposible. Y por si alguien no cree en las casualidades, ahí va una:

Mientras me tomo los últimos sorbos del café aprecio al otro lado de la calle a una bella jovecita occidental cuyo rostro parece algo perdido. Aviso rápidamente a MR Kean mientras emito un silbido a la joven para ver en que le podemos ayudar. Para nuestra buenaventura, está buscando información para acudir a Phang-Na Bay. Es ahora cuando le toca al Sr Kean utilizar sus armas de comercial. La chica acepta realizar la visita junto a nosotros con lo que salimos de inmediato ocupando la parte posterior de una furgoneta para acudir a un pequeño embarcadero, de donde tomamos una larga y fina canoa motorizada para realizar el inicio del recorrido. Mi nueva compañera es realmente bella, de rostro tierno con un pequeño moño que envuelve su rubio pelo. Se llama Mary y es inglesa. Para mi asombro solo cuenta con 18 años y está viajando sola por Asia, proveniente de Nepal, en donde impartió clases de inglés en pequeñas escuelas rurales. No creo que haya muchas jóvenes europeas que se atrevan a viajar solas por países tan alejados de sus culturas. Eso la hace quizás más especial a mi modo de ver las cosas. Me imagino los problemas que puede suponer la mayoría de la gente de nuestros países respecto al hecho de que una joven recién cumplida la mayoría de edad, esté viajando sola con todos los problemas que la gente espera que le sucedan, como violaciones y robos. Y es que una cosa al respecto que se puede decir de Tailandia, es que al ser una población con más de un 90 % de budistas, el sentimiento que se transpira por aquí es más seguro que el de cualquier barrio algo marginal de Europa.

El paisaje general es realmente agradable y muy similar al de Halong Bay (Vietnam) o al de Li River Valley, en Guillin(China). Navegando por estas aguas tranquilas y rodeados de liantes manglares por todas partes, me cuentan que era por aquí donde habitaban enormes cocodrilos ya extinguidos. Al desaparecer los manglares kilométricos se divisan por fin las primeras formaciones geológicas emergentes de las aguas. Formaciones rocosas de alturas considerables sobresalen en solitario, apartadas unas de otras por prudentes distancias. De formas caprichosas algunas y endemoniadas otras, la gran mayoría tienen algún sobrenombre en función del aspecto y forma que presente. Datan de entre 2 y 10 millones de años de antigüedad.

Proseguimos bajo el incesante ruido del motor de la lancha hasta Koh Ping Kan, uno de los islotes de la zona más visitados, por haber sido parte del rodaje de la película “El hombre de la pistola de oro”. Por si alguien pensase que el cine no tiene ninguna influencia solo decir que actualmente a dicho islote se le conoce más ahora con el nombre de James Bond Island desde que se rodara la saga allá por el año 1973.Un largo y estrecho muelle nos hace entrar a la pequeña isla en la que deberemos bajar por unas naturales escaleras de piedra para llegar hasta la pequeña playa con algún típico pequeño comercio para el turista que desee pagar más de lo normal. Desde aquí se aprecia majestuosamente una de las formaciones de piedra que sale del agua ensanchándose cada vez más hasta el tope de su considerable altura.

El siguiente punto en el que nos apeamos es Koh Panyi. Un pequeño pueblo flotante de pescadores de una población malayo-musulmana tal y como demuestra la dorada cúpula deslumbrante de la mezquita central a la que acudo con Mary. Una pequeña escuela vecina me hace reflexionar sobre lo difícil que se puede hacer una vida conviviendo en un poblado tan pequeño y rodeado a los 360º por agua. Las estrechas callejuelas o mejor dicho muelles internos nos hacen llegar hasta algunos de los comercios típicamente musulmanes. En algunas casas albergan en la misma entrada alguna enorme águila de tipo pescadora, que con una pose totalmente erguida parece querer decirte que ahí está ella, la reina de las aves. Disponemos de media hora antes de marcharnos con lo que buscamos algún pequeño local interior donde comer algo. Al momento nos aparece un travestido con un gibón en su hombro. No me permite fotografiarlos a menos que le soltara un billete. Degustamos en una pequeña casa-restaurante un caldo algo picante y algo de pescado a la plancha, que imagino debe ser parte de su dieta principal. Tenemos una pequeña, dormida en una rosa hamaca, a la sombra, justo al lado de nuestra mesa. Antes de abandonar el poblado regresando de camino al muelle en donde esta amarrada la canoa, me paro durante un momento a contemplar a un pescador reparando sus redes de pesca a la entrada de su hogar bajo las atentas miradas de las que imagino son su señora esposa y su ancianísima madre. Cercanos a ellos y sentado en una banqueta sonriente se encuentra un anciano con muletas al que retrato rápidamente sin mucho tiempo antes de subir nuevamente al bote.

Continuamos el itinerario hacia la zona de las cuevas de Tham Lod y Kow Khien, unas pinturas primitivas en lo alto y bordeante de unas rocas junto al agua que datan de más de 3000 años de antigüedad. Con tanta roca, entradas, cuevas y demás no es de extrañar que por aquí se realice kayaking. Un enorme bote anclado sirve de base de donde se puede tomar alguna canoa para darle un poco al remo por esta agua tan calmadas. Mary aprovecha para hacer piragüismo mientras yo le espero en el barco fotografiando los alrededores o los detalles coloristas de las proas de unas canoas del lugar.

Con medio día se ha aprovechado el tiempo al máximo, sin olvidar la comodidad de haber realizado la ruta junto a una nueva compañera en una canoa entera para nosotros dos solos. Y todo por menos de 8$ incluyendo la entrada al Parque nacional, el alquiler de la canoa, el barquero, la gasolina, etc.

De retorno al pueblo de Phang-Na, quedo junto a Mary dentro de una hora en la estación de autobús para ver si hay combinaciones en dirección a Krabi a poco más de una hora de distancia. Al tener ya toda la bolsa hecha y encontrarse mi alojamiento junto a la estación a provecho para dar una última vuelta por la calle principal de Phetkasem hasta que tomando el primer desvío hacia la salida entro en un pequeño pero agradable templo budista sin un solo alma a su alrededor.

Para nuestra fortuna hay líneas directas hacia Krabi. Compro los dos billetes por menos de 2 $ a la espera de entregárselo a Mary en cuanto venga. Descanso a la sombra de una pequeña parada callejera frente al que ya sé que es nuestro autobús. Faltan 15 minutos para partir cuando aparece mi nueva compañera, bajo la buena mirada de los hombres de la estación, para los cuales les debe resultar ser algo de lo más exótico al ser rubia, blanca y de ojos claros. Imagino lo empalagoso que debe ser (que no peligroso), cuando se es una mujer observada por cada persona que pasa a tu alrededor.

Durante el trayecto desde la parte posterior del transporte, en el que bajamos las ventanas completamente debido al sofocante calor del interior, Mary me muestra fotografías de sus amigas en una fiesta de cumpleaños junto a su familia. Al verla en una de las fotografías, abrazada a un chico, le pregunto si es su hermano: resultó ser su novio. Al preguntarle si le hecha de menos me responde afirmativamente de forma tímida.

A la llegada en Krabi, la capacidad de alojamiento parece estar completa al ser temporada alta, el turismo es actualmente la principal actividad económica en la provincia junto al sector agrícola y pesquero. Al encontrar una habitación con una sola cama de lo más estrecha, se la cedo gustosamente a Mary por motivos obvios. Dejo mi equipaje en su interior para proceder a la búsqueda de otra litera, que encuentro justamente en un pequeño hostal cercano, en el que me aseo antes de dar una vuelta por los alrededores para hacer algo de tiempo antes de verme nuevamente con Mary para cenar juntos.

Krabi, cuyo nombre vendría de una clase de espada, está construida en las orillas del río Krabi, no lejos de su desembocadura, donde sus aguas se tiran en el mar de Andamán. Los paisajes que la rodean, están dominados por altas rocas calcáreas que salen de la tierra, talladas por cuevas y cubiertas de selva. Este escenario está presente principalmente en el norte y en el centro de la provincia. Sus playas han sido votadas en varias ocasiones ‘las MEJORES del mundo’ según algunas revistas, de las que sospecho que alguna campaña de marketing habrá de por medio.

Por las principales calles del centro abundan principalmente supermercados y tiendas de ámbito internacional y restaurantes enfocados al turismo.

Las numerosas cuevas y ‘Hong’ (cuevas abiertas por arriba) de la provincia han revelado secretos tales como las pruebas de seres humanos han habitado esos lugares hace más de 43.000 años. Hoy muchas de esas cuevas gigantes albergan templos budistas, santuarios o son el habitáculo de numerosas especies de fauna y flora, tal como el Gurney Pitta, una ave que se creía extinta. El descubrimiento de especies atrae los ornitólogos del mundo entero a las costas de Krabi.

Retornó a la pensión donde conozco a un brasileño, que me informa sobre Indonesia. Por el buen trato recibido, le compenso con una pequeña guía antigua de Tailandia, editada en portugués que compre en Camboya.Le hace gracia el recibirla en su propio idioma, ya que no es frecuente encontrar escritos en tal idioma. Tras arreglarme y asearme en mi pequeño cuarto, acudo a cenar con Mary en los bajos de su pensión, habilitados como zona de bar. Una gran pantalla de televisión ameniza a los comensales, en su mayoría jóvenes viajeros de diferentes puntos del mundo. Tras la cena, me despido de Mary, hasta mi regreso de Koh Phi Phi. Ella no sabe bien que visitar de Krabi antes de partir hacia Malasia.

KOH PHI PHI

Krabi es un buen punto estratégico para embarcarse en ferry hasta Koh (isla) Phi-Phi. En una gran explanada, donde realizan acrobacias unos aviones teledirigidos, está situado el pequeño muelle de donde parto (400 Bth ida-vuelta), para acudir a Koh Phi Phi, formada por dos islas principales (Phi Phi Lay y Phi Phi Don).

En Phi Phi Lay y los acantilados al oeste de Phi Phi Don es donde se encuentran los colectores de nidos de golondrinas, quienes arriesgan sus vidas por los tan codiciados huevos, y es en la parte de Phi Phi Don donde habitan los Chao Naam (gitanos del mar), pescadores seminómadas de los que leí, que bucean a pulmón libre hasta los 60 metros, pudiendo llegar a permanecer más de 3 minutos bajo el agua.

La temporada alta ( diciembre- marzo), hace que acudan grandes cantidades de visitantes a la isla, y que no quede la menor habitación o bungalow para alquilar. Aún así la isla sigue conservando algunas de sus bellezas naturales, bien que para apreciarlas realmente, un buen paseo para escapar de la muchedumbre se me hace necesario.

Hat Yao (Playa Larga) está frente al sur, y alberga algunos de los mejores arrecifes de coral de Phi Phi Don, tal y como anuncian en alguna pequeña tienda de diving. También cabe la posibilidad de hacer escalada libre en alguna de las escarpadas rocas de la isla.

En la costa Este de Phi Phi Don hay otra muy bonita playa, Hat Lanti, idónea para los deportes náuticos. Durante muchos años los habitantes no permitieron la construcción de ningún bungalow aquí, debido a la presencia de una gran mezquita en un palmeral que domina la playa. Pero finalmente la atracción del dinero ha sido más grande. Los administradores del Parque han permitido que el desarrollo de Phi Phi Don continúe sin trabas pero parece que finalmente las cosas se están calmando por si mismo.

Paseo por “ la playa”, mismo título de la película protagonizada por Di Caprio y rodada, casi íntegramente en esta isla.

En la maravillosa bahía de Ton Sai, convertida más en un embalse para barcos, que en una playa tranquila y apacible, cada vez, es más frecuente la construcción de más bungalows. Este no es el lugar para soledad y paisajes. Por otra parte los visitantes que buscan lugares con más vida, serán satisfechos por la amplia gama de restaurantes, bares, comercios de souvenirs y hoteles confortables, que componen lo que sería la zona comercial de la isla. Los precios en la isla son algo más caros de lo habitual, debido a los transportes de mercaderías, desde Krabi y Pukhet. Algunos puestos de comida, situados en la misma playa que forma la bahía, hacen que me tome un pescado a la sombra de una enorme palmera.

Prosigo mi etapa hasta una colina cuesta arriba, desde donde se puede divisar las increíbles vistas generales a toda la isla y la H que forman las bahías de Ton Sai y Loh Dalam, separadas una de la otra por escasos 100 metros. Desde lo alto del mirador, aprovecho para tomar fotografías en formato panorámico y descansar algo, sentado en una roca desde la que contemplo el idílico y justificado paisaje, que me rodea a 360º.

El último barco de regreso sale a las 16:00 horas con lo que dispongo de un par de horas más, para caminar sobre la hierba de los enormes palmerales o trotar en busca de algún detalle fotográfico, como las ramas de un pelado árbol del que empiezan a brotar sus rojas flores o algunos de los barcos-taxis amarrados.

En el trayecto de vuelta, aprovecho para tumbarme en la cubierta de la embarcación, bajo la ondeante bandera de Tailandia que cuelga de la popa. Antes de llegar a Krabi hacemos alguna parada en donde pequeños barcos recogen a algún turista que deseen acudir a alguno de los islotes que componen los alrededores.

Nuevamente en Krabi, me acerco hasta el hotel en el que se alojó Mary, para comprobar si todavía permanece en el. Lamentablemente, me indican que ya partió hacia Malasia. ¡Que pena no habernos dado los e-mails a tiempo!

Visitó el mercado central de krabi para tomar asiento en alguna de las mesas, para cenar algo; desde algún exquisito pincho moruno a alguna de las pequeñas y comunes bandejas con pollo y arroz (0.5$)

HAT YAI

Desde la estación de autobuses situada a 4 Km del centro tomo un nuevo autobús para acercarme hasta Hat Yai, ciudad fronteriza con Malasia. He decidido, como casi siempre, ir por libre en dirección al vecino país. Lógicamente, por mi forma de ser, y por cuestión de precios: desde las agencias de Krabi, los precios hasta K. Lumpur salen por la friolera de 20 $.

Recién llegado a Hat Yai, compruebo que es una de las ciudades más grandes de Tailandia. Tiene fama de ser un próspero centro para los negocios y también dispone de una amplia variedad para el ocio nocturno. Son nulos los visitantes extranjeros en esta ciudad, último punto geográficamente al sur de Asia, en el que impera del budismo, ante de entrar en territorio ya musulmán, como es Malasia.

Si algo curioso hay en Hat Yai, son los diversos restaurantes de serpientes con los que cuenta. El más reconocido de todos es la casa de la serpiente, un amplio restaurante bastante céntrico, especializado en la sopa medicinal de la serpiente, de la que se dice que realza el sistema inmunológico, limpia la sangre, aumenta la vitalidad, calma los dolores de la espalda, etc. Como me encuentro en muy buen estado físico, prescindo de probar ninguna de esas extrañas especialidades culinarias. Puesto que accedo al restaurante con la intención de no comer nada, solicito a uno de sus empleados la posibilidad de realizar algunas fotografías, que me son permitidas sin ningún problema. Las serpientes, mayormente cobras negras, son almacenadas vivas en una jaulas a la vista de todos, antes de que pasen a mejor vida. Uno de los cocineros atrapa al momento a una de ellas con un gancho metálico, para colgarla de una pared, donde la abre en canal, antes de aprovechar todas sus partes. Posteriormente y con la piel sobrante, realizan artículos de bisutería, tales como cinturones, monederos o pulseras que venden en el mismo restaurante.

Camino en la que es mi última tarde en Tailandia, hasta la terminal de autobuses de la ciudad, donde relleno todos los trámites de acceso para la entrada a Malasia.

Sukhotasi me perdí xxxx

Capítulo 7

diciembre 17, 2006

CAMBOYA

CAMBOYA

DEL MEKONG A PHNOM PENH

Hemos pasado ya a territorio de Camboya. Subimos a otro barco, más grande y potente, en el que apenas hay más ocupantes, habrá un total de plazas y vamos sólo cinco personas en su interior. Menuda suerte estamos teniendo, además de poder acomodarnosa nuestras anchas, el recorrido de tres horas se reduce a la mitad de tiempo.

El paisaje por el momento es similar, aunque el río ahora es muchísimo más ancho. Salgo a cubierta y la fuerza producida por la reacción de los stridentes motores hace revolotear mi pelo en todas las direcciones. Me imagino esa Camboya humilde y campesina, arrasada por el terrible genocidio de 1977 donde los Khmeres Rojos entraron en la capital, Phnom Penh, con unas instrucciones muy claras de actuación. En un principio, hasta la ONU aprobó su gobierno, pero la realidad posterior fue bien distinta. En un plazo de 4 años, uno de cada cuatro habitantes (más de 2.000.000 de personas) fueron ejecutadas por muy distintos y estrambóticos motivos: llevar gafas, vivir en la ciudad o hablar un idioma extranjero era ya motivo suficiente para ser considerado persona non-grata.. Se abolió el dinero y las propiedades. Todos llevarían las mismas ropas y peinados. La información a la que se tenía acceso era únicamente la propaganda de la dictadura. Se inició un éxodo consistente en el traslado de las personas de la ciudad al campo y se establecieron centros de reeducación comunes donde instruían a los niños en el uso de las armas. Se generalizó la palabra traidor y se incrementaron las ejecuciones, por ahorrar balas se llegaba a ahogar con bolsas a los prisioneros.

Loung ung (la Ana Frank de Camboya) relata en sus escritos la desastrosa realidad por la que tuvo que atravesar desde los 5 años de edad. Actualmente es la portavoz de la campaña internacional contra las Minas Antipersonales.

El error del nuevo sistema estuvo en tratar de invadir a sus vecinos vietnamitas, acto que provocó la respuesta de Vietnam invadiendo a su vez Camboya. Las guerras continuaron hasta que, tras varios procesos electorales, se implantó la democracia que impera en la actualidad.

Desembarcamos en tierra firme para subir a otro vehículo en dirección a la capital, Phnom Penh, a un par de horas de camino. La carretera no está en muy buen estado y da cierto respeto pensar que todavía quedan unos 10 millones de minas desperdigadas por el país. Los transportes aprovechan al máximo el espacio, las mercancías transportadas sirven también de acomodo para pasajeros locales. Muchas motos con remolque actúan de transporte colectivo, las intento fotografiar en marcha pero la ventana es estrecha, con lo que se me hace algo difícil tomar la instantánea, pongo una velocidad de obturación rápida para congelar el movimiento latente. Casi todo el recorrido es por campos y zonas agrícolas, y de vez en cuando pasamos junto a algún pequeño templo budista, imponente y dorado, en medio de la nada.Llegamos a la capital a las 17:00 de la tarde, por lo que todavía tenemos algo de luz para hacernos una primera impresión de la capital. El hotel que hemos encontrado dispone de dos grandes mosquiteras y la habitación no es de lo mejorcito hasta ahora. La planta inferior del alojamiento es un restaurante al aire libre donde se ve algún que otro turista solitario y de cierta de edad, lo que me hace pensar mal de un principio. No parecen los típicos visitantes occidentales, ni me los imagino recorriendo la capital junto a un guía turístico. Ojalá me equivoque.

Damos una vuelta por pleno centro, donde reina la actividad de los comerciantes callejeros con sus puestos de diferentes índoles. Llegamos hasta el hotel donde se encuentra Jazz y Ángel, con los que cenamos en una pescadería local. Ellos se alojan en un pequeño alojamiento muy próximo a las grandes cadenas hoteleras de la capital. Al acabar la cena no hay casi nadie por la calle, son solo las 22:00 y el vacío es asombroso en comparación con dos horas antes. Retornamos caminado hasta nuestra morada, donde leeré alguna cosa y escribiré parte de lo que hoy reflejo en este diario.

Por la mañana, el aspecto de la ciudad es bien distinto al de la noche. Realizo una visita de lo más completa por el centro, bordeando el río hasta la Silver Pagoda (que de plateada no tiene nada, es casi toda dorada) y puedo algo de los pocos restos que quedan de la cultura jemer. Junto a la pagoda se encuentra el enorme Palacio Real, e inmensas fotografías del rey Norodom Sihanouk, quién abdicó en octubre 2004 en favor de su hijo Norodom Sihamoni, debido a un cáncer que arrastraba desde hace varios años y del que se recupera en China. El actual Rey ha decidido aceptar el cargo por “devoción familiar”. Siendo soltero y sin descendientes, es un personaje muy poco conocido para el pueblo camboyano, y ha pasado casi toda su vida en el extranjero, aunque en los últimos años su padre le solicitó con frecuencia que apareciera en ceremonias oficiales para iniciarle en el protocolo. De hecho, su progenitor ha sido quien ha promovido su candidatura al trono, que también ha apoyado el poderoso primer ministro, Hun Sen. Como no podía ser de otro modo con semejantes padrinos, la votación en el Consejo ha sido un mero trámite, aunque otros 400 miembros de la familia real cumplían los requisitos para reclamar la corona no hereditaria de Camboya.

Norodom Sihamoni nació en 1953 y, desde el comienzo de sus estudios, mostró una fuerte inclinación y un gran talento para la danza, la música y el teatro, disciplinas que han llenado su vida. Ya a los 14 años el nuevo monarca protagonizó “El Pequeño Príncipe”, una película dirigida por su padre, también un cineasta apasionado y prolífico. Su siguiente incursión en el mundo del arte fue en el campo de la danza. El príncipe Sihamoni estudió baile clásico con su hermana, Bopha Devi, estrella del ballet nacional, y en 1970 marchó a Praga para estudiar en el Liceo de la ciudad. Su talento le proporcionó el primer premio de danza clásica en el conservatorio de la capital checa al año siguiente y en 1975 se diplomó en la Academia de Arte Musical.En 1976 regresó a Phnom Penh para estudiar cine pero las convulsiones políticas en su país truncaron sus intenciones. Nada más llegar a la capital camboyana, Sihamoni fue confinado durante tres años junto a sus padres en el recinto del Palacio Real por orden del nuevo hombre fuerte del país, Pol Pot, al que el Rey había apoyado en su lucha contra el golpista Lon Nol. Mientras la familia real sufría un exilio interior, los Jemeres Rojos consumaban uno de los mayores genocidios de la historia.Tres años después pudo huir, junto con la pareja real, hacia Pekín, justo antes de la caída de los Jemeres Rojos, derrocados por el Ejército vietnamita, y aprovechó su libertad recuperada para retomar su vocación artística. Para 1981 el príncipe Sihamoni ya ejercía como profesor de danza clásica en París, y puso en marcha su propia troupe, el Ballet Deva, que representaba obras cuya coreografía diseñaba él mismo. En 1990 fue nombrado director de la Sociedad Jemer Cinematográfica, la Jemara Pictures.En 1992, un año después de los Acuerdos de Paz, fue elegido representante ante las Naciones Unidas del Consejo Nacional Supremo y desde 1993 ejercía de embajador de su país en la sede de la UNESCO, sin dejar mientras tanto de diseñar coreografías. Desde París se mostró como un ardiente defensor del patrimonio cultural y un luchador contra el robo de arte de los templos camboyanos. Ahora sus nuevas responsabilidades le atan definitivamente a su país natal pero de sus viajes y largas estancias en el extranjero le queda un espíritu de ciudadano del mundo y el conocimiento perfecto de cinco idiomas: jemer (la lengua de Camboya), francés, checo, inglés y ruso.

Otra Pagoda de lo más interesante en es la de Vat Phnom, enclavada sobre la cumbre de una colina. Para subir a ella es posible que soliciten al extranjero algo de dinero, aunque yo conseguí evitarlo. En los escalones bajos de la Pagoda hay un pobre elefante dispuesto a dejarse fotografiar si sueltas algún billete y un enorme reloj formado por un fino césped y flores a modo de señal de las horas.

PLAYAS EN SHIANOUKVILLE

Un nuevo destino, muy apetecible, es Shianoukville, a 4 horas de distancia de la capital por tierra. Parte del camino de ida es de tierra rojiza, algo desértico. A la llegada, las nuevas motocicletas esperan a los pasajeros para transportarlos .En mi caso, la dirección es la costa. Durante el trayecto, contemplo un precioso atardecer. No hay mucha construcción, parece que está todo por montar todavía, y los precios, en general, son un poco más caros que en la capital. La playa es de suave arena blanca y el agua es mucho más clara que las playas visitadas en Vietnam

Alquilo una mountain-bike (ésta vez en muy buen estado) para visitar en solitario las diferentes playas de la zona: Hawaii, Victory o Independence. Algunas de ellas están totalmente vacías, sin un sólo extranjero. Me adentro hasta una villa de pescadores en la que las casas de madera se adornan con las miradas de los críos sentados junto a los escalones de acceso, construidos con tablillas de madera. Algunos de los críos se esconden simpáticamente en su interior al notar mi presencia. En una de las casas hay dos hermanos de pelo completamente rasurado. Hago continuas paradas para tomar fotografías. Algunas madres están encantadas de que fotografíe a a sus vástagos, llegando incluso en algún caso a obligarles a posar si se resisten. Regreso por la carretera de costa hacia la playa de Serendipity y Ocheuteal, donde se concentran la mayoría de los pocos viajeros que por aquí se encuentran. En primera línea hay algunos restaurantes sencillos donde degustar diferentes variedades de marisco que te ofrecen las vendedoras ambulantes. Las bandejas que utilizan las transportan en la cabeza de un modo muy natural. En el agua hay alguna lancha para realizar actividades deportivas. Una de las empleadas del local me ofrece una tarjeta en la que se indica una especie de fiesta de playa por la noche en uno de los chiringuitos más alejados.

Aprovecho el final de la tarde para contemplar estirado el rosado atardecer de postal mientras algunos establecimientos se comienzan a llenar de visitantes en busca de cervezas.

Regreso al hotel, que tiempo atrás fue una casa familiar de veraneo. La comodidad y cercanía de la playa hace que me tome un día sabático, en el que solo me muevo para pasear por la playa, comer con la calma que de vez en cuando uno se merece y leer algo de información sobre los siguientes destinos. Alquilo una motocicleta para no cansar siquiera a mis piernas en éste día de calma, y así visito zonas cercanas a la playa.

Por la noche quedamos los tres amigos para ir en la moto en busca de algunos locales nocturnos algo apartados de la zona de playa. El camino se hace divertido al ir los tres en moto, por aquí esto no es ninguna infracción. La búsqueda del local que nos comentan se hace larga, con lo que hacemos un último intento tras subir algunas colinas en el que la velocidad de la moto se pone a mínimo. Pasamos junto a una gasolinera para que nos indiquen el camino y llenar algo el depósito por si volvemos a perdernos. Pasamos junto a un local totalmente aislado, que resulta ser una discoteca medio extraña, en el que hay un solo occidental maduro tomando tragos junto a una chica camboyana. No nos gusta el ambiente y nos retiramos al momento en busca de la fiesta en la playa. Recorremos de nuevo el mismo camino de regreso, unos 20 Km. y comprobamos que la oscuridad en los locales de la playa indican que ya se han cerrado. Preguntando nos enteramos que la fiesta se realiza en el ultimo chiringuito de la playa. Sólo se puede llegar caminando por la orilla. Probamos suerte en busca de algo ya que no es ni la 1:00 de la madrugada. Al poco rato de caminar por la orilla, comenzamos a escuchar un leve sonido de música que nos indica que vamos por el buen camino. Efectivamente es el ultimo local solitario de la playa y el mejor montado en cuanto a decoración se refiere. Consta de un par de barras en la misma playa, una de forma cuadrada, un billar y varias mesas en la zona interior. No hay mucha gente, aunque optamos por tomar unas cervezas escuchando la música desde la arena, junto a una fogata. La mayoría de los presentes son occidentales. Me pregunto dónde se meterán los locales, a excepción de algunos que se mezclan con el turista mientras realizan algunos juegos malabares. El sitio está bien montado pero el ambiente no me gusta. La música es demasiado electrónica, con algún tema a lo chill-out. Hasta por aquí esta ganando la música electrónica al rock de toda la vida o a la propia música tradicional del país.

Al no habernos acostado tarde tras tan poca fiesta podemos levantarnos a una hora temprana para coger otro autobús de regreso a la capital. Ángel se quedará unos días más por la zona, Luís como siempre está indeciso, y yo seguro de mi marcha en busca de otras zonas.
Tomo el autobús junto a Luís, que definitivamente decide venir conmigo. La llegada a mediodía nos permite dar un último vistazo a la ciudad, el interior de su mercado central y los alrededores.
Una de las visitas más realizadas por los turistas es al campo de exterminio de Choeung Ek, que está a sólo 15 Km. de la ciudad, donde se encontraron los restos de casi 9.000 personas asesinadas por los Khmer, de todas las edades, sexo, y condición. Opto por no visitarlo debido a que parece estar todo controlado por empresarios del turismo de Phom Penh. Cuando ves los folletos turísticos que lo anuncian junto a actividades lúdicas diversas, incluso con un campo de tiro, me parece algo grotesco.

DE SKUON a ANGKOR VAT

El siguiente punto de llegada será el minúsculo pueblo de Skuon, desde donde no sabemos que tipo de conexiones habrá para los siguientes puntos de visita del país. Los autobuses paran continuamente para cargar con más pasajeros, te lo has de tomar con calma, más o menos como los chóferes, quienes seguro que no sufrirán jamás de ningún tipo de stress por trabajo. Tras dos horas de camino nos dejan en Skuon, del que sabía de una característica típica de entre sus pocos habitantes como es el hecho de que comen tarántulas a todas las horas del día.Miro y remiro en busca de las tarántulas sin éxito. De repente, sin saber donde encontrarlas me percibo de que están en esas bandejas que portan algunas vendedoras ambulantes. Nos acercamos a una de ellas y comprobamos que esos bultos negros desde la distancia se tratan por supuesto de las encogidas tarántulas, totalmente fritas, aunque conservando su raro aspecto satánico. En una sola bandeja hay cientos de ellas. La gente las compra en bolsas a modo de aperitivo. Necesito ver a alguien digerir una de ellas, pero parece que solo lo hagan en la intimidad. Me río al pensar que todos las compran en señal de valentía, pero luego ninguno se las toma en público. En un pequeño puesto de vendedoras les tomo una fotografía mientras se la ponen en la boca, riéndose pero sin comérsela. Abandono la búsqueda de la toma y vamos a comer a un local en la plaza central, pequeña y polvorienta, junto a una estatua de 2 niños portando una bandera como símbolo de paz de la nueva Camboya. Me introduzco en la cocina del establecimiento para ver si tienen insectos para cocinar, pero nada. Mientras comemos hay una de esas vendedoras de tarántulas que acaba de vender una bolsa a un señor desde su coche. Me levanto en su busca y decido comprarle una sola a precio de bolsa pero sólo si se la come. Ésta finalmente acepta. Primero me la ofrece pero se me hace difícil el probarla al ver una cosa tan fea y desagradable a escasos centímetros. Le entrego el billete pactado y se la introduce en la boca, aunque sin mucho entusiasmo, y comienza a sonreír al escuchar los disparos de mi máquina fotográfica.

KAMPONG CHAM

No hay transportes regulares para salir del pequeño poblado, por lo que tomamos una furgoneta. Llegamos hasta Kampong Cham a otras 3 horas de distancia. Este pueblo es todavía más pequeño que Skuon. No hay casi nada aparte de las paradas junto a la carretera y el gran hotel restaurante donde nos alojamos por sólo 2 $, de una calidad más que óptima para lo que buscamos. Por aquí el aburrimiento puede ser máximo si lo que quieres es dar una vuelta por el exterior. Cenamos en el restaurante del hotel, en el que realizan un espectáculo de karaoke y varias actuaciones musicales a cargo de una pareja de lo más engalanada, tipo baile de salón. Hay varios grupos de jóvenes amigos en las redondas mesas del local. La forma en que te sirven muy correcta, están atentos hasta cuando te falta el pan. A la salida, uno de los empleados del hotel comenta si queremos pasar la noche con unas señoritas por 10 dólares. Sólo nos informa por si requiriésemos de sus servicios para que él nos pusiera en contacto con ellas y cobrar su comisión. Nos comenta que en Camboya todo aquel joven que desee sexo ha de pagar a una chica. En España es diferente, le decimos, y hace como que no se lo puede creer. Lo ve algo imposible por aquí.

Para ir dirección Siem Reap, nuestro próximo destino, cogemos un truck, que forma parte de los transportes que habitualmente cogen los camboyanos para distancias más bien largas. Son los transportes más económicos y locales del país. Opto por tomarlo para saber lo duro que se hace una cosa tan sencilla como el viajar a otro punto del país de la forma más autóctona posible. El precio es muchísimo más barato que los autobuses debido a que en la parte posterior del furgón, de unos 4m2, viajamos un total de 30 personas junto a gallinas e incluso una motocicleta. La sensación es realmente dura e incómoda. No hay forma de poder mover las piernas un solo centímetro. No me puedo imaginar a esta pobre gente viajando siempre de está forma tan dura. Incluso los pequeños parecen estar ya acostumbrados a ello. La brisa del aire amortigua un poco la sensación de estar aprisionado. Hago ceder la plaza de la cabina en el interior del vehículo a una señora que está dando de amamantar a su pequeña. Los precios por viajar en el interior de la cabina con una capacidad para 5 personas son el doble que las plazas al exterior. Hay algún momento en el que paso algún apuro ya que me encuentro en la parte posterior del canto del furgón. Un pequeño bache o giro hace que extraiga medio cuerpo del exterior del vehículo, causándome algún susto al pensar en lo fácil que puede ser caerse a la calzada donde sufrir alguna rotura o simplemente el no poder contarlo.

Otra parte del camino en solitario, la realizo en otra furgoneta en la que viajan dos monjes budistas que me preguntan acerca de mi cultura. Sufrimos un pinchazo en medio de la calzada junto a las cuatro casas de un poblado. Mientras esperamos los recambios de la rueda, aprovecho para estirar las piernas. El terreno es de lo más árido. De una de las casas sale un padre de familia junto a sus dos hijos y su pequeña, a la que lleva en brazos. La pobre cría no para de toser, con muy mala pinta. Está realmente enferma. Me siento realmente mal al pensar que están aislados sin poder optar a cualquier tipo de medicinas. Su cara de dolor lo dice todo, mientras su padre tiene las fuerzas necesarias para incluso sonreírme. Me acerco a ella para darle mi cariño y probarle el masaje, que no consigue sacarle esa sonrisa normal de los que se encuentran sanos. Les imprimo una fotografía que es todo lo que puedo hacer en estos momentos. Tengo una bolsa con algo de comida ya empezada que les doy a sus hermanos. Tras arreglar la rueda iniciamos el camino. Espero de corazón que esa familia y, sobre todo, la pequeña puedan salir adelante. Al subirme en el vehículo me llena de satisfacción ser bendecido por los monjes que me agarran la mano en señal de agradecimiento al haberme visto preocupado por esa familia. Se asoma una pequeña lágrima en mi rostro mientras me dicen en un vago inglés que soy buena persona. Les respondo que cada día aprendo a serlo más y más, y que debo estar agradecido a la gente humilde de su país que son los que de una forma involuntaria me lo van enseñando poco a poco cuando te sonríen, te ofrecen y comparten lo poco que tienen.

SIEM REAP

Finalmente consigo llegar hasta Siem Reap, o traducido “derrota de Siam”, en alusión a los tailandeses expulsados de Camboya.Es en Siem Reap donde se encuentran los templos más relevantes del imperio Khmer (s.IX y XIII), repartidos a lo largo de 50 kilómetros en la zona conocida como Angkor o ciudad Sagrada. Se trata del complejo de templos religiosos más grandes del planeta. El primer monarca de la era Angkor fue Jayavarman II, que en el año 802 ubicó la capital en Roluos, 15 km al sur de Siem Reap.

Los alojamientos van desde 1$ en un dormitorio, hasta cientos de $ en hoteles de lujo para sentirse como un rey Khmer. Uno de los espectáculos que se anuncian es el del tenor catalán José Carreras para una fiesta en fin de año. No quiero ni pensar el precio que puede alcanzar el escuchar una maravillosa voz en un majestuoso entorno como el de Angkor.

De Siem Reap se deben resaltar infinidad de puntos de interés obligados para el viajero: desde el contraste de sus establecimientos, al más puro estilo callejero, a los más nuevos y modernos pubs de música tecnológica sin sentimiento, donde hay miles de frases dejadas por los visitantes a lo largo de las paredes de los mismos.

MAJESTUOSO ANGKOR

Para mi visita a Angkor contrato los servicios de un motorista familiar del regente del alojamiento en el que me albergo. La razón por la que no voy por mi cuenta es simplemente porque uno mismo no puede alquilarse una moto. Supongo que estará todo pactado para que de esta forma muchos puedan trabajar, al llevarte en sus motos o vehículos a los inaccesibles complejos arqueológicos. Los medios de transporte, por eso, son muy variados, desde él tuk tuk hasta el taxi, el tour organizado e incluso la limosina de lujo o el helicóptero. Para ver los templos desde el aire, hay la posibilidad incluso de tomar un globo con cuerda fija que sube a unos 200 metros de altura.Los tickets de visita al Patrimonio pueden ser para 1, 3 y 7 días, y sus precios son de 20, 40 y 60 $ respectivamente. Escojo por razones lógicas el de un solo día, con la intención de realizar la visita desde antes de la salida del sol hasta la misma puesta.

Por lo general, las visitas de un día comienzan el día anterior, se adquiere el ticket por la tarde para poder contemplar la puesta de sol desde Phnom Bakheng, un templo que se abarrota. Está construido en la cima de una colina, con 2 sendas de acceso, una para elefantes y otra para personas y el camino directo de la antigua escalera, ahora casi destruida, que es el que tomo y que es bastante empinado y dificultoso, especialmente para personas de cierta edad. En lo alto del templo la vista es preciosa, llena de armonía y tranquilidad, se puede percibir el entorno natural en el que te encuentras y un anaranjado y mágico atardecer.

Madrugo encantado a las 6:00 de la mañana del día siguiente para empezar la visita a Angkor. Inicio el recorrido en el templo de Bayon, ya que según el joven motorista es la mejor hora para visitarlo, antes de que las masas humanas, en su mayoría japoneses, acudan tras haberse iniciado el amanecer en Angkor Vat, donde la luz solar a primera hora no es precisamente la mejor para la fotografía debido a que el sol se encuentra justo detrás del templo. Bayon esta formado por multitud de bajorrelieves de un detalle increíble, que representan todo tipo de actividades. Podemos ver escenas de batallas, cacerías, barcos pescando, mercados, niños jugando; todo ello con una nitidez que ha sobrevivido al paso del tiempo, más de ocho siglos. Pero lo que hace verdaderamente especial a Bayon son las 37 torres, casi todas ellas con 4 rostros diferentes esculpidos, unos con los ojos abiertos, otros cerrados, otros con un ojo abierto y otro cerrado, algo en lo que todavía los arqueólogos no se ponen de acuerdo en su significado.Paseando por el templo se tiene la sensación de que te están espiando y, efectivamente, mires donde mires, siempre hay un rostro apuntando hacia ti.

El siguiente punto a visitar es la Terraza de los Elefantes y la del Rey Leproso, en una gran explanada que se utilizaba para ceremonias y hoy en día para cenas con espectáculo cuando es luna llena. Hoy es precisamente luna llena, pero los $90 que cuesta la cena, lo deja fuera del presupuesto a un mochilero como yo.La Terraza de los Elefantes tiene figuras y bajorrelieves de elefantes de tamaño natural, y en la Terraza del Rey Leproso (denominada así, por una estatua en mal estado) cientos de figuras se agolpan en varios niveles, no sólo de altura, sino que detrás de una fachada falsa, hay otro muro con más figuras.

En muchos templos hay pequeñas bandas de músicos con algún miembro amputado a causa de las fatídicas y explosivas minas que pisaron. Con lo que la música es una solución a su incapacidad, para poder generarse unos ingresos.

Si hay un templo digno de curiosidad, ese es el de Ta Som, un templo pequeño, la puerta del cual ha sido literalmente engullida por un gigantesco árbol, que la abarca completamente. En un principio estuvo a punto de derribarla, pero ahora precisamente se mantiene en pie gracias al árbol. Es precisamente en este templo donde me encontré al simpático anciano que salía en la foto de portada de la misma guía de Lonely Planet Camboya.

En otros templos como el de Ta Phrom, es donde se han rodado diferentes películas, como “Tomb Raider” y su famosa Lara Croft o “Dos hermanos” los cachorros de tigre del film de J.J.Annaud. Tengo entendido que en algún templo budista de Camboya y Tailandia,sus propios monjes han ido preservando su continuidad mediante cuidados y alimentación obtenida de los ingresos que recaudan con los donativos de aldeanos.

Continúo hacia el templo de Ta Keo, en el interior de la densa jungla y junto a un pequeño río en el que se refleja la silueta del templo. La vegetación es tan frondosa que es digna de dedicarle también algún tiempo en apreciarla.

En cada una de las paradas que realizo, el joven motorista aprovecha para conversar con los colegas del gremio, hasta que cada cliente regresa para continuar su ruta particular. La cámara de fotos tiene hoy mucho trabajo, llegando incluso a media jornada, a quedarse sin nada de batería, lo que aprovecho para tomar algo y descansar sentado un rato mientras se carga. Los jóvenes del comercio en el que descanso me asaltan simpáticamente, llegando alguno incluso a saber que soy español o italiano. Saben alguna frase en cada idioma a modo de estrategia comercial.

Para acabar la jornada, una hora antes del atardecer, me dirijo hacia el que es el más sugestivo de todos los templos: Angkor Vat. El templo está protegido por 6 Km. de muralla y tiene una superficie total de 1 Km. cuadrado, con tres niveles de altura y tres torres imponentes que se erigen sobre el gran foso de agua. Repleto de restauradores, Angkor Vat es el símbolo por excelencia de Camboya, representado en la bandera nacional e incluso con una marca de cerveza del mismo nombre.

En un momento mientras espero en el acceso al templo, me doy cuenta de que no hay absolutamente nadie cerca y aprovecho para sacarme una fotografía sin que se perciba la multitud de visitantes. Parece que camine por mi propia mansión majestuosa, como un emperador.Subo hasta el tercer nivel por infinitas escaleras piramidales, en las que uno debe andarse con ojo. Al menor descuido te vas para abajo y no lo cuentas. Estoy convencido de que alguien se ha matado alguna vez. Desde arriba, la magia del escenario es absoluta, el templo con toda su magnitud, la selva, y a unos metros unos jóvenes monjes budistas orando. Una pura estampa en plena armonía con el anaranjado y místico atardecer.

Al volver, siento que he visto muy poco del total de templos que hay, que me falta mucho por ver, pero también tengo la impresión de que me he llevado algo que recordaré siempre.

Una buena referencia de fotografías de Angkor es John Mc Dermond, quien refleja ese toque especial a través de imágenes en una atmósfera realmente mística.

Por la noche reviso fotografías para seleccionar y paso algunas notas a limpio, voy asumiendo l fructífero que hoy ha resultado este día tan especial en el viaje.

Si el día anterior contemplé las maravillas realizadas por los humanos hoy es el día indicado para contemplar los horrores humanos. Decido averiguar dónde puedo visitar algún centro de rehabilitación de minas antipersonales. No saco nada en claro a través de Internet ya que, según mi información, muchos de los centros de rehabilitación están situados en zonas alejadas. Preguntando, averiguo de la existencia de uno en Siem Reap, al que acudo con gran interés. Junto a un pequeño campo de voleibol donde juegan algunos minusválidos se encuentra el centro de rehabilitación. Las puertas están abiertas al visitante, pero por aquí no hay mucho turista. Junto a la misma entrada unos hierros de formas diversas sirven como improvisadas máquinas de rehabilitación, algunos pacientes están realizando sus ejercicios cuando entro. Una joven sin pierna me mira, tiene una expresión de dulzura en el rostro que contrasta terriblemente con su deformidad y un hombre, delgado y de unos 60 años, me saluda con el símbolo de victoria, como mostrándome su esfuerzo de superación. Ese simple gesto no lo podré olvidar jamás. En el interior del recinto me muestran como fabrican las diferentes prótesis de manos y piernas. El método es totalmente artesanal, con artilugios similares a los de un carnicero o dentista. Un enorme tablón con fotografías muestra imágenes de los pacientes realizando actividades deportivas con sus nuevas prótesis. Me introduzco en una de las habitaciones compartidas, donde se encuentra una niña, imagino familiar de algún afectado. Junto a la habitación hay un pequeño patio en el que algunos pacientes están jugando a la petanca. Entre ellos me sorprende ver a un occidental al que también le falta una pierna, me pregunto cómo, por qué, habrá llegado hasta aquí. Voy hacia la salida, me gustaría hacer algo más pero ni siquiera tengo papel fotográfico encima, así que no puedo regalarles algunas fotografías. Les pido una tarjeta del centro para enviar las copias y me marcho.

A escasos 500 metros del centro de rehabilitación se encuentra un hospital infantil de nueva construcción. Tampoco hay problema para visitarlo, esperas a que alguna de las enfermeras te haga un recorrido y al final del mismo puedes dejar una ayuda económica para su conservación. Hay dibujos de los niños en las paredes y en una sala de espera una madre me mira con tristeza debido a los llantos que emite su pequeña de pocos meses. En una de las habitaciones retrato a algunos de sus pequeños pacientes, sin atreverme a fotografiar, por respeto, a un niño con elefantiasis. Se me acerca sonriendo y le devuelvo una sonrisa, pero inferior a la suya. El pequeño me ha vencido, su sonrisa es mucho más firme y natural que la mía. Continúo la visita del hospital y me enseñan las nuevas salas de operaciones, la cocina exterior y recintos con diferentes niveles de hospitalización. La instalación se ve, en su conjunto, muy correcta. Junto a la cocina otro pequeño arroja lágrimas en un pequeño plato de arroz.

Finalizando casi la estancia en Camboya, opto por dirigirme dirección Poipet, en la frontera con el vecino país de Tailandia. Compartimos un taxi junto a 4 personas más a razón de solo 5 $.
La carretera de la travesía es aceptable, pasando por alguna población poco desarrollada que contrasta con los casinos de Poipet, la bienvenida a Tailandia. Poipet, no nos merece ningún atractivo, por lo que continuamos caminando hasta las oficinas de entrada al nuevo país. Al cruzar la frontera pasas por debajo de dos esculturas parecidas a las de Angkor Vat en las que se lee: bienvenidos al reino de Camboya.

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Capítulo 6

diciembre 17, 2006

HANOI: LA CIUDAD DE LAS MOTOS

Entramos en Vietnam. Una vez pasada la frontera, nos aguardan los taxistas a la espera de clientes, pero no vemos autobuses regulares. Damos una vuelta para comprobar y finalmente aceptamos el servicio de un taxista vestido con toda la parafernalia comunista. Me hace recordar a Fidel Castro: ropa militar y una pronunciada barba canosa. Para completar la escena, mantiene un enorme puro en la boca durante todo el trayecto. Al llegar al poblado más cercano, bajamos y buscamos un medio de locomoción para llegar a Hanoi. Tomamos lo único que hay: una motocicleta de tres ruedas tipo tuk-tuk, pero más tirada, unida a un remolque tipo cabina. Tras más de 40 minutos con permanentes dolores cervicales, entramos en otro poblado desde donde esta vez sí podemos tomar un autobús en dirección Hanoi por tan sólo 3 $. Tres horas más tarde, estamos en Hanoi.

A la llegada a Hanoi una joven nos recomienda un alojamiento, de entre los varios por los que va parando el bus, y nos convence al primer vistazo. Sólo 3,5 $ por una habitación doble con televisión y una (minúscula) nevera, desayuno y todos los plátanos que puedas tomar (en un canastillo en la mesa de la recepción). Junto a la entrada del establecimiento hay 5 ordenadores con conexión a Internet sólo para huéspedes.
Una vez instalados damos un pequeño recorrido por la parte norte de la capital. Las calles están muy oscuras y desordenadas, es fácil perderse. La única iluminación nocturna es la luz de las motocicletas, auténticas reinas del paisaje urbano. Los motoristas usan paños en la boca y las moto taxis no paran de silbarte por si necesitas sus servicios. Los comercios permanecen aún abiertos. Mercancías de toda índole tiradas en la misma calle, en todas direcciones, haciendo incluso en algunos momentos que cruzar al otro lado se haga difícil.
El regreso al hotel tampoco es fácil, la tarjeta que tomé como guía es mas desorientativa que de ayuda. La letra de las indicaciones es minúscula y la gente no me sabe aconsejar. Estoy perdido y no tengo casi ningún punto de referencia, únicamente recuerdo un karaoke cercano al hotel. Lo bueno, dentro de todo, es que no he recorrido mucha distancia, muy lejos no puedo encontrarme. Sigo preguntando entre los viandantes pero sin ningún éxito. Se nota que la gente no sabe guiarse a través de un pequeño mapa. Tras más de 40 minutos buscando y buscando encuentro finalmente el hotel. No me acabo de creer lo que me ha ocurrido: esa falta de orientación no es propia de mí.

A la mañana siguiente doy una vuelta por el centro de Hanoi. Tomo un autobús y, tras dos paradas, bajo: hay un espectáculo en plena calle. Centenares y centenares de niños vestidos con uniformes de colores desfilan con paso militar ―brazos firmes y flexionados, paso a paso, y las espaldas erguidas al máximo―; son las celebraciones de los Sea Games. Se trata de una especie de Olimpiadas Asiáticas que este año se celebran en la ciudad. Me meto en medio del desfile, donde parece que no acceden los fotógrafos locales. Todos los críos están alegres y saltarines, engalanados con diferentes vestimentas en función de su edad. Las más pequeñas llevan trajes de danza. No paro de sacar instantáneas.
En contraposición al desfile, a un lado de la calle, sentado en el suelo, hay un niño vagabundo con la chaqueta hecha añicos y las manos inmensamente sucias. Uno de sus ojos parece estar morado. Me siento junto a él y le saludo. Parece extrañarse en cuanto le dirijo la palabra. Para hacerle ver que sólo pretendo ayudarle le convido a un cigarrillo biri. Sé que no está bien ofrecer cigarros a un joven pero anteriormente le vi buscando colillas por el suelo. Como era de esperar, se lo fuma encantado, algo asustado incluso. No me dirige palabra, aunque se le nota más calmado. Con la pinta que tiene, la verdad es que es normal que la gente no pase a su lado. Como no abre la boca, me propongo el reto de sacarle un sonido de sus labios. Le inserto el masajeador y emite un leve gemido con lo que ya me doy por satisfecho. Parece más calmado, así que le regalo una fotografía.
El desfile continúa con grupos de adolescentes portando pancartas con la imagen de Ho Chi Min, el líder revolucionario de las fuerzas del norte durante la guerra de Vietnam. Fallecido en 1969, es considerado un héroe nacional al que, cariñosamente, se le ha dado el apelativo de Tio Ho debido a la sencillez que le caracterizaba. Sus deseos de ser incinerado y soltar sus cenizas en lo alto de montes de la zona Norte, Centro y Sur del país no se vieron finalmente cumplidos y acabó embalsamado, al igual que Lenin, en el mausoleo de la plaza Ba Dinh, donde pronunció su histórico discurso del Día de la Independencia en 1945.Casi 60 años más tarde, cruzo la plaza y pienso en el poco encanto que tiene.
En las pancartas y panfletos que portan los pequeños, la imagen del ex-líder es alegre, e incluso en alguna fotografía se le ve portando unas pequeñas pesas como símbolo deportivo y de salud.
Prosigo la marcha a pie y me adentro por estrechas callejuelas hasta toparme con una vía férrea en toda regla. Gesticulando, trato de preguntarle a un anciano, menudo y con una expresión simpática en el rostro, si todavía está en funcionamiento. Espero a que pase el tren cobijándome en la entrada de una pequeña casa, con las puertas abiertas. El estruendo producido por el enorme trasto de hierro me hace pensar en lo incómodo que debe ser vivir a un metro escaso de la vía del tren. De pronto, de la casa sale una chica. Charlamos. Se dirige a la universidad y tiene un rato libre, por lo que acordamos ir a tomar un café. Entramos en un local de lo más curioso. Es uno de esos establecimientos que sólo se conocen en compañía de un habitante de la zona. El local está situado en la segunda planta de un edificio por el que se entra a través de un pequeño comercio. Tiene adornos realmente bonitos y una atmósfera tranquila y clásica. Rodeados de pajareras, baldosas de época y una vistas realmente apacibles, aprovechamos para comer algo antes de que se marche a sus clases.

Después de comer marcho hacia el lago de la Espada Restituida, situado en pleno centro de Hanoi. Es un pequeño lago en medio de un coqueto parque, alrededor del cual gira la vida de la capital. En su lado norte, se encuentra el Teatro de Marionetas de Agua (en el que todos los turistas caen inevitablemente) y la zona antigua de la ciudad, con sus pequeñas calles llenas de tiendas en las que sólo se puede circular a pie, en bici o en cyclo, ese invento medio bici, medio taxi. Y en el lado opuesto (sur) del lago, comienza otra parte de la ciudad: la zona colonial, con los grandes edificios de estilo francés; donde se sitúan la mayor parte de las embajadas, hoteles y edificios oficiales. Dentro del lago hay una pequeña isla, a la que se accede por un puente de madera. Me quedo en el puente y aprovecho para comer algo rápido. La isla es muy pequeña, sólo cuenta con una pagoda y un pequeño mirador delante de ella. Allí es donde los habitantes de más edad se reúnen para jugar al ajedrez, un tipo de ajedrez algo diferente del que conocemos y, por lo que me dicen, bastante más complicado.
Junto a la pagoda se erige una tortuga de gran tamaño, y disecada, que fue pescada en el lago hace unos 50 años aproximadamente. La leyenda que da nombre a este lugar dice que un príncipe vietnamita perdió su espada en el lago y que una tortuga le ayudó a recuperarla para luchar contra sus enemigos. Por eso, cuando pescaron la tortuga, la disecaron, con la esperanza, quizás, de que se tratase de la misma tortuga. Parece ser que, en este país, a todo ser vivo que cruce la barrera de la historia o la leyenda le toca permanecer de cuerpo presente para el espectador por el resto de la existencia.
En el parque alrededor del lago hay mucha vida. Las familias se reúnen, los estudiantes andan sentados por los bancos charlando, algunos aprovechan para hacer footing, y, por las mañanas, unos poquitos se acercan a hacer taichi (al igual que en los otros 11 lagos de la ciudad).
En cualquier acto festivo el lago de la Espada Restituida es también el centro de las celebraciones, y aprovechan ese marco perfecto de la isla, en medio del agua, para lanzar fuegos artificiales que se ven por toda la ciudad.
Bordeando el lago se acerca a mí un pequeño vendedor de postales y se me ocurre proponerle un intercambio: dinero por información en vez de postales. La proposición que le planteo es que me acompañe a una agencia y que él pregunte los precios por ir a Halong Bay. En el hotel el precio era de 18$ y en la primera agencia a la que me lleva, el precio que ofrecen es de 13$. Me doy por satisfecho y le entrego un par de $ de recompensa. Igual le he dado una idea para ganarse unos dólares.

Quedo con el grupo para cenar y salir a tomar unas copas a un local llamado Lo Monaco, repleto de extranjeros. Muchos se suben a gritar y bailar encima de la mesa de billar de una forma desenfrenada, para justificar precisamente lo que yo personalmente evito: sentirme como si estuviese en mi propia casa. Me da autentica pena este tipo de diversión (repleto de camisetas con el logo verde de la cerveza nacional Saigon). Aunque sea sólo por llevar la contraria pido una Hue Beer.

Al día siguiente, en Hanoi se respira un aire especial debido al partido de fútbol, sí, sí, fútbol, ese deporte con el que odio pasar las tardes de domingo. El partido que se va a disputar es Vietnam-Tailandia, para pasar a los cuartos de final del campeonato asiático. Esperando en el hotel mientras se juega el partido, aprovecho para conectarme a Internet ahora que no hay mucha gente. De repente, explota la euforia. La victoria de Vietnam hace que las calles empiecen a decorarse de miles y miles de motocicletas. Quedo con el grupo para más tarde, ya que no quiero perderme este hecho peculiar. Si la gente disfruta de la victoria yo disfruto, al menos, de retratarlo. Me sitúo junto al borde de una calle próxima al lago desde donde tomo cientos de fotografías de la alegre locura de la gente. Están todos realmente histéricos de emoción. Para que luego digan que por aquí no hay afición. Hasta la policía circula loca de alegría con las motos. Miles y miles de motos, algunas desplazándose a gran velocidad, y aumentando minuto a minuto. Me quedo por la zona a la espera de captar una toma especial, una de ésas que queda grabada en la retina. El mejor escenario para ver el acontecimiento es junto a un semáforo, así que me siento mientras se escuchan los motores rugiendo y los fanáticos gritos de sus amos ante la señal roja, en espera la bandera verde, como si de una carrera se tratase. Un par de horas de celebración callejera y ni una sola caída, como mucho algún leve golpe de una a otra.
LA BAHÍA DE HA LONG: PASEANDO ENTRE ROCAS

Comenzamos el viaje hacia Halong Bay previo pago en el hotel de 60 dólares por los trámites de visado, alojamiento, comidas y un bono de autobús para todo el país. La tarifa suplementaria del hotel por los trámites del visado es mínima y el precio de éste sale por unos 30 $ aproximadamente.

La salida se realiza de madrugada. Hacemos la parada de descanso en el típico lugar montado expresamente para el turista (los precios son el doble de lo habitual), por lo que no compro nada. Además, a la entrada del establecimiento, han puesto como reclamo a unas pobres niñas tejiendo artesanías para dar lástima a los turistas. No me gustan este tipo de montajes, seguro que ellas ganan una mísera parte de lo que merecen.

El trayecto es de tres horas hasta el embarcadero. Múltiples barcos de barnizadas y relucientes maderas flotan en el agua. En las proas se erigen estatuas con forma de cabeza de dragón, amarillas o rojas, y pueden verse multitud de mesas y asientos sobre la cubierta. Subimos al nuestro y zarpamos. El recorrido es de lo más relajante y exótico, el agua verde y el cielo despejado, y una suave brisa que te revuelve el pelo. Se pueden contemplar infinitos pequeños islotes rocosos por toda la bahía. La primera parada que realizamos es junto a la bahía de uno de esos miles de islotes que forman toda la bahía de Ha long. Este, en concreto, es conocido por las enormes grutas Thieng Cung-Dau Go, adornadas con iluminación artificial para resaltar las extrañas formaciones rocosas. Hay más de 30 cuevas a lo largo de toda la bahía. Son tan curiosas que me distraigo tomando fotos hasta que advierto que no alcanzo al resto de los pasajeros y acabo corriendo de regreso al bote.
La siguiente parada es en un vivero de pescado: alguna tortuga y peces extraños. El vivero, en medio del agua, tiene también un habitáculo de madera verde en el que hay sentada una anciana de pronunciadas arrugas y una actitud algo ida, le pongo más de un siglo de edad. La retrato sin que se dé cuenta, justo en el momento en que abre la boca, acentuándose la sensación de falta de cordura.
Seguimos el trayecto, aunque parece que no hayamos avanzado nada tras 3 horas de recorrido, el mismo paisaje de formaciones rocosas continúa a nuestro alrededor, grandes piedras que emergen del agua. En la parte final del paseo conocemos a un mejicano casado con una tailandesa y a un grupo de joviales jubilados franceses que viajan juntos. Todos ellos son divorciados y están viajando varios meses por Asia. ¡Ojalá llegue a esa edad y les pueda imitar! Es realmente admirable.
De vez en cuando se acerca alguna pequeña barca con la intención de vendernos fruta exótica y marisco muy barato. Llegamos justo al anochecer a Cat Ba, una de las pequeñas y pocas islas con alojamiento para el visitante. Solo dispone de cuatro calles en forma de cuadrado y un sencillo paseo junto al mar, que alberga varios establecimientos gastronómicos, con pequeñas terrazas al exterior, y algún que otro hotel.
Nuestro hotel es una maravilla (para mochileros). Habitación amplia, con cuarto de baño propio y grande, televisión con cable y una nevera llena; sin olvidar el balcón, con vistas a un descampado cercano al mar. Hoy dormiremos muy, pero que muy cómodos.
Salimos a cenar algo de pescado y marisco, uno se lo puede permitir por estos mundos, y antes de regresar al hotel entramos en la única discoteca que hay en la isla. Justo nos encontramos en la entrada a unos compañeros ingleses del mismo hotel de Hanoi. Ahora me doy cuenta de que el recorrido que realizamos debe ser el que recomiendan o casi obligan a realizar a todos los extranjeros, porque entre miles de islas coincidir en la misma con alguien conocido es complicado. El local es grande y tiene karaoke, muy de moda en Vietnam, aunque no parece que se vaya a llenar, así que nos retiramos a la plácida habitación para disfrutarla al máximo.

Almorzamos en el hotel antes de iniciar el regreso a Hanoi. En el autobús me siento junto a un chico al que noto un cierto acento español. Efectivamente, es de Madrid y ha pedido una excedencia en el trabajo para recorrer todo Vietnam. Viene de la zona sur del país y parece que todo ha sido más o menos de su agrado.

SAPA: TRIBUS DE MONTAÑA

Al llegar a Hanoi, regresamos nuevamente al hotel en el que dejamos las bolsas y, una agradable sorpresa, nos permiten tomar una ducha antes de salir. Vamos a comprar billetes de tren dirección Sapa, en la zona norte del país. El precio en el hotel es de 12$; comprándolos en la misma estación cuestan sólo 4$.
Marcho en el primer tren, junto a Luis. Hemos adquirido los billetes más baratos con derecho a butaca. Si se desea litera, los precios se incrementan un par de dólares. Los asientos son de madera dura, incómodos para dormir, por lo que la gente anda tirada por los suelos, que es, en definitiva, el mejor sitio para lograr descansar. Nos tiramos en los asientos de un vagón de clase superior pero la revisor nos echa al instante al comprobar que no disponemos del billete adecuado. Retornamos más tarde y otra vez nos vuelve a sacar; y así hasta que, a la tercera, parece que le caímos simpáticos y desiste. ¿Por qué no aprovechar los mejores asientos si están libres ?

Al no poder dormir de forma continuada, al cabo de un rato nos vamos al vagón-bar. Es de lo más rudimentario, incluso con un horno tradicional. Allí conocemos a un simpático gordito, muy alegre, con el que conversamos y al que sacamos alguna sonrisa con el masajeador. Más tarde, desean probarlo algunos empleados del vagón, e incluso un militar. Tomamos un par de reconfortables cafés en unos vasos que harían pedir la carta de reclamación en mi país. Parece que nos hemos despejado justo al alba ante el evidente cambio de temperatura. La ventana del vagón sin cristal nos hace ver el montañoso paisaje con su niebla matinal incluida, estamos a 3150 metros sobre el nivel del mar. Llegamos a Lao Cai a las 8:00 de la mañana. Es una pequeñísima población de donde se cogen los transportes dirección Sapa .Los trayectos en minibús duran una hora por solo un 1 $.

Nos encontramos al fin en Sapa, ese pequeño rinconcito del norte de Vietnam cuna de las múltiples y curiosas etnias que por aquí se encuentran distribuidas. Parece que es temporada más que baja al comprobar como nos dejan escoger la habitación que deseamos de entre todas las que hay libres. Todo el hotelito es para nosotros. El coste, el mismo de casi todos los que encontramos, 2$ con agua caliente, televisión y unas vistas desde la habitación dignas de recordar. También nos han dejado varias mantas para cubrirnos por la noche, cuando las temperaturas descienden varios grados. Estamos situados muy cerca del pequeño mercado central. Allí comemos unos sabrosos springrolls por 0,60$. Todos nos hemos aficionado a estos rollitos de carne y vegetales idóneos para tomarlos con salsa de soja. Reposamos a continuación un rato en la cama antes de explorar el nuevo pueblo.

Sapa no tiene una extensión muy grande, lo que la hace una zona idónea para recorrer sus alrededores en un marco de naturaleza incomparable. La niebla persiste todavía y la temperatura se mantiene en los 8º. Damos una vuelta por el pequeño mercado y alguna de las pocas callecitas con las que cuenta el pueblo. La gente viste con atuendos típicos de las diferentes tribus del norte como los hmong y los red dao. Varias de esas tribus se encuentran mezcladas por el centro del pueblo a la espera de cruzarse con algún extranjero para ofrecerles sus telas o productos tribales.

Contratamos un sencillo todoterreno para visitar el poblado de Ta Phui. Para nuestra sorpresa, el trayecto es de tan sólo 20 minutos, por lo que nos parecen excesivos los 10$ que hemos pagado. El pueblecito, además, no es ni siquiera una aldea, son sólo cuatro chozas desperdigadas. A la llegada, te reciben los vendedores locales insistiendo en que les compres algún producto. Una niña, en un inglés perfecto, nos acompaña a su casa, situada a un par de kilómetros del centro, para que podamos conocer sus costumbres. Cruzamos un pequeño puente rodeado de campos de pastoreo donde descansan los búfalos de agua y llegamos a la choza de la joven. Sale su familia y nos empiezan a mostrar artesanías variadas. Tras varios regateos, compramos una pequeña bolsita de lana de diferentes colores. El deseo de los lugareños parece ser comprarse televisores, instrumentos tecnológicos e incluso alguna consola de videojuegos, tal y como puedo observar en una choza. Creo que con tanta modernidad lo que van a conseguir es perder sus costumbres poco a poco, sin darse cuenta.

Al retornar a Sapa, tras exigir que se nos devuelva parte del dinero (o no nos bajamos del jeep) conseguimos que nos devuelvan la mitad.
Damos una última vuelta por Sapa. Una preciosa jovencita de lacio y largo pelo oscuro me sorprende con un pequeño instrumento de latón de forma punzante, cuyo sonido es similar al del didgerido australiano. Le pido varias unidades para comprarle y, como no dispone de suficientes, vuelve al poco rato junto a la que parece que es su madre. Me venden unas 15 unidades por menos de 10 $; todos los instrumentos llevan una base de madera hueca y las puntas metálicas están recubiertas de adornos artesanales a modo de protección. El sonido que tiene me encanta. La forma de utilizarlo es situando el aparato en forma horizontal frente al labio de forma que roce con el mismo para que al mover el latón con el dedo produzca un sonido a través del eco del interior de la boca como si de una especie de amplificador al exterior se tratase, capaz de reproducir sonidos vibrantes, pausados, continuos…
Esperamos en la calle más de una hora a la salida del pequeño autobús de regreso a Lao Cai, dando unos chutes a una manzana y a algunas piedras como si de un balón se tratase.
En conclusión, ha merecido mucho la pena acudir a esta zona especial, apartada de las grandes ciudades. A Luis no le hacía mucha gracia venir por aquí, aunque finalmente parece que le ha gustado. Y es que a veces esos sitios de los que piensas que no tienen ningún interés, son justamente los que más te pueden llamar la atención tras su visita. La sorpresa siempre tiene ese gusto agradable.

Diez horitas, o alguna más, de vuelta a Hanoi para acudir de nuevo, y por tercera vez, al hotel donde estuvimos alojados y nos guardaron las mochilas sin cobrar nada durante varios días.
Esperamos a la salida del nuevo autobús. Unos se conectan a Internet mientras yo me quedo dormido en los escalones y la recepcionista me tapa suavemente con una manta. Me imagino la utopía de poder hacer esto en un hostal de un país desarrollado. Más tarde nos dejan incluso una habitación libre para descansar algo. La verdad es que la gente por aquí se comporta fenomenal, ayudándote en lo que buenamente pueden. Así da gusto, aunque es triste pensar que ellos no recibirían el mismo trato si fuesen a Europa.

HUE: EL VIETNAM ETERNO

Nuevo trayecto de diez horas más para Hue. No paramos de coger transportes, en menos de una semana llevamos unas 40 horas encerrados en los diferentes vehículos de ruta.

El hotel de Hue en el que nos deja el autobús sale a unos 10$, con lo que nos apañamos en encontrar uno cercano mucho más barato, y, la verdad, no es difícil encontrarlo. Al ver la nueva habitación no nos lo podemos creer, por solo 2$ dispone de televisión y aire acondicionado. Recién instalados, accionamos el aire acondicionado debido al bochorno que se transpira en el interior de la habitación pero la recepcionista sube y nos retira el mando: no está incluido en el precio del cuarto.
Arrendamos una moto por el mismo precio que la habitación más un suplemento de 0,25 $ por llenar el depósito de gasolina y llegamos hasta Minh Mang Tomb, donde reposan los restos de varios emperadores del país. Nos adentramos unos metros, sin acceder al recinto ya que te cobran por su visita el mismo precio que el hotel y la moto juntos. Un señor, imagino que comisionista de viajeros, nos lleva a otros restos de tumbas llamadas Thieu Iri Tumb, donde no cobran entrada y no hay turistas, con lo que la propuesta resulta de nuestro agrado. Atravesando pequeños caminos forestales, llegamos a una explanada en la que hay unas estatuas junto a un búnker externo con restos de metralla y disparos en las paredes. Los americanos mataron a todos los que aquí se refugiaron durante la guerra de Vietnam. Realmente te sientes especial al no contemplar la presencia de ningún otro ser por la zona. Estamos totalmente solos en lo que ha sido el escenario de una batalla histórica. La mayoría de las estatuas de 1,5m. de guerreros, con perilla incluida, se mantienen en buen estado, rodeadas de húmeda y verdosa hierba. Por lo que aprecio no hay el más mínimo tipo de protección en la zona.

Al cabo de un rato nos dirigimos a la Pagoda budista de True Lam. Se trata de una bonita sinagoga junto a un cementerio con estatuas budistas recubiertas por variadas especies de plantas que incitan la espiritualidad de los monjes. Toda la zona es frondosa y en el centro de un pequeño lago cercano hay una estatuilla de color que me hace pensar en la similitud que tiene con esas estatuillas de enanos de colores tan típicas y burdas en los pequeños jardines de chalets europeos.
Comemos un gran plato de arroz con grasa de pollo por 0,4 $ en el puesto de unos amigos de nuestro nuevo guía-acompañante. Continuamos la visita yendo a la escuela budista de Bau Quoc, donde enseñan chino a sus estudiantes. Hay jóvenes estudiando de pie en el exterior del templo, solitarios y en plena concentración. Al entrar en el templo existe un pequeño patio repleto de plantas diversas e incluso algún bonsái. Se nota que todo lo budista es distinto, no hay ningún tipo de restricción, ni siquiera para entrar en los cuartos de oración. Nos despedimos del guía y le pagamos voluntariamente un par de dólares por barba.
Seguimos la travesía en la pequeña motocicleta cargada nuevamente de combustible. Al llegar a pleno centro de Hue tienes la sensación de adentrarte en el pasado, una vez cruzado el río. Atrás queda la ciudad moderna, los hoteles,etc… Delante, protegida todavía por algunos lienzos centenarios, está la Ciudadela, la que fue la fortificación más grande construida por la monarquía vietnamita. La muralla medía más de 10.000 metros. Diez puertas franqueaban el acceso a este mundo restringido. Un canal rodea la Ciudadela, y hay hojas de loto flotando en las aguas verdosas. La torre de la Bandera, que también es conocida como de los Caballeros del Rey, la más alta de su clase en todo Vietnam, se alza sobre dos puertas que se abren en la muralla. Al costado de las puertas, por dentro, están los Nueve Cañones Sagrados, cuatro al lado de una, cinco de la otra, los protectores simbólicos tanto del palacio como del imperio. Puro simbolismo, ya que nunca pudieron funcionar como tales. Los cuatro que están junto a la puerta de Ngan representan a las cuatro estaciones, y los cinco de la puerta de Quang Duc a los cinco elementos: el agua, el fuego, la tierra, la madera y el metal. Dentro es como estar en otro mundo. No se ve un coche, la calle es de tierra y hay árboles altos que dejan caer lánguidamente las ramas casi hasta rozar el suelo. Pasan gentes en bicicleta, alguna mujer tocada con su sombrero cónico y dos cántaros colgados de los extremos de un balancín. Una imagen del Vietnam eterno.

Justo detrás de la torre de la Bandera, la Puerta del Mediodía es la entrada principal a la Ciudad Imperial y era utilizada como tribuna para las festividades de la corte, como las ceremonias de Distribución del Calendario o de la Proclamación de los candidatos aceptados en los exámenes. Probablemente sea la estructura más espectacular de todo Hué, con sus puertas, sus terrazas, sus adornos, su cerámica de muchos colores; cada detalle está cargado de símbolos. Por aquí pasan todos los visitantes, y es el lugar donde se concentran los vendedores de postales y algunos mendigos. También, tristemente, mutilados por las minas que todavía están desperdigadas por los campos de Vietnam y que demandan una moneda.
Por allí se accede al pabellón de los Cinco Fénices, soportado por 100 columnas, según el concepto oriental que considera este número infinito e incontable. Después se llega a Diên Thái Hòa, el palacio de la Armonía Suprema, que al albergar el trono imperial era considerado el centro del país. Dentro y fuera del palacio hay nueve dragones, y todas las columnas que pueblan el palacio como un bosque están decoradas con dragones y nubes. No es de extrañar si se tiene en cuenta que el dragón, igual que el número nueve, simboliza al monarca. Sin embargo, toda esta fantasía oriental, este esplendor de otros tiempos, choca con el erial, que es casi todo el resto de la Ciudad Imperial y la Ciudad Púrpura Prohibida. Sólo la Biblioteca Real está parcialmente reconstruida. Es la huella de la guerra. En 1968, Hué permaneció en poder de las tropas norvietnamitas, con su bandera ondeando en lo alto de la torre, durante 25 días. Para retomar la ciudad, la aviación survietnamita y la artillería norteamericana bombardearon la Ciudadela, arrasándola completamente. La Ofensiva Tet, como es conocida, fue una de las batallas más sangrientas de toda la guerra. Más de 10.000 personas murieron y una parte importante de la herencia cultural de este país saltó en pedazos. Un verdadero capítulo del Apocalipsis. Tet, el Año Nuevo vietnamita, un momento tradicional de alegría y buena voluntad, probablemente tenga una connotación amarga desde entonces en Hué.
Anochece sin poder acabar la visita alrededor de más puntos del interior de la enorme y majestuosa Ciudadela.
Madrugo solo para visitar de nuevo, y de forma más tranquila, la zona de la Ciudadela. Hay algunas partes del río llenas de plantas acuáticas, y entre ellas cruzan las pequeñas canoas con productos recogidos para la venta. Unas gotas de lluvia caen sobre los grandes nenúfares. Un pequeño museo militar con tanques y ametralladoras que dan al exterior contrasta con el verdor de esperanza de la fina hierba situada bajo las pesadas máquinas bélicas.

Regreso por otro puente con 4 carriles por el que atraviesan miles de bicicletas dirección al hostal, donde la recepcionista nos solicita el importe del folleto de información que nos dio a la llegada. No nos devuelve los pasaportes a menos que se los devolvamos. Ángel lo ha perdido o tirado ya que eran unas fotocopias con un mapa de la zona.¡Qué vergüenza que te quieran cobrar sin ni siquiera anunciártelo de un principio! Hacemos que llame al gerente del hostal, pero nos dice que debe cobrar los 0,6$ que cuesta. Le pruebo el masaje y, antes de pagar, le saco una pequeña sonrisa a la pobre empleada que sólo cumple órdenes.
HOI AN:

Salida dirección a la ciudad antigua de Hoi An, a 4 horas de distancia desde Hue. Esta pequeña ciudad es de lo más pintoresca. Reinan los comercios textiles, de fama por su relación calidad-precio, y tiene un encanto especial ―declarada hace 25 años como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco―. La pequeña infraestructura con la que cuenta hace notar que es una zona muy visitada por el viajero. La parte de playa es de tipo tropical, con fina arena blanca, aunque el agua no es del todo transparente. Hay algunos resorts y nuevas construcciones turísticas en lo que, seguro, será una zona plenamente turística con el tiempo. Los alrededores naturales del poblado son realmente apacibles, hay pequeños bares junto al río, en un marco incomparable para darse un buen atracón de lectura tumbado en alguna hamaca de bambú bajo los altos palmerales. Hoy es día de luna llena con lo que varias casas lucen farolillos típicos de adorno.
Camino solo por la oscuridad nocturna bajo el reflejo de la luz producida por algunos de los farolillos que venden en algunos comercios. Acudo de un lado a otro de la zona centro atravesando el mercado, en el que me cruzo con alguna rata en busca de restos de alimentos. Continúo paso a paso hasta penetrar en la zona del templo de Phuc Kien y el Puente Japonés de madera.

Comer en alguno de los muy decentes y melancólicos restaurantes de Hoi An es casi obligado debido a la buena calidad y precio de los alimentos.
Es por esta zona donde he tomado algunas fotos que me dejan muy satisfecho al reflejar la autentica atmósfera del Vietnam puro: una anciana con el típico sombrero vietnamita caminando junto al muro de una casa en un día de lluvia con tonos azulados, o un anciano barquero en espera de captar algún pasajero en su canoa.

La lluvia persiste, estoy sentado en un silla bajo la lona de un comercio y frente a un pequeño embarcadero en el que la gente está subiendo con las bicicletas a un gran bote de madera para cruzar a la otra orilla del río. Es algo tan normal aquí, y tan diferente a mi tierra… y, sin embargo, qué similares somos los seres humanos, aunque nos separen miles y miles de Kilómetros de distancia.

A unos 30 kilómetros de distancia de Hoi An está situada Danang zona donde se encuentra Marble Mountain, que como el propio nombre dice, se caracteriza por unas enormes montañas de mármol de donde se extrae la piedra para realizar estatuas y esculturas de gran tamaño.
La moto que alquilamos funciona mal a los pocos kilómetros, por lo que regresamos para que nos den una nueva antes de que las consecuencias empeoren a más distancia del recorrido.

Al llegar, nos topamos con varios comercios donde se pueden ver diferentes figuras de mármol. Mientras observo como tallan una figura, me comentan que una estatua de mármol de un Buda regordete y sonriendo, de 1,5 metros de altura por 70 de ancho, cuesta 300 dólares. El transporte en carguero de la escultura sale por 150 $ más. Si sobrara el dinero me darían ganas de comprar varias. Subimos caminando por los escalones ascendentes de la montaña hasta un pequeño templo en donde una bonita música instrumental de fondo convida a permanecer en plena armonía con el entorno. Una gruta interior en la montaña alberga un pequeño templo junto a esculturas de guerreros a modo de guardianes. Desde lo alto de la montaña se ven unas buenas vistas de toda la zona de costa y la parte superior de una pagoda de tejas verdosas.

NHA TRANG

La siguiente parada en el país será Nha trang. Medio día más de trayecto algo tortuoso, parecido al que realizamos hacia Katmandú. Llegamos a las 7 de la mañana y nos dejan disponer de la habitación sin tener que esperar a las 12. La ciudad es algo desordenada, con un gran mercado central y un paseo marítimo de lo más normalito en el que utilizan unas balsas de bambú y resina de formas redondas a modo de bote con remos. El puerto está repleto de embarcaciones pesqueras de colores, rojas y azules, y con formas bastantes similares. Hay barrios próximos a la costa de muy mala pinta, similares a las favelas. Sus casas están hechas de cualquier material. El día no acompaña y la decepción que tenemos con la ciudad es enorme. Me lo imaginaba mucho más atractivo por las imágenes que de aquí había visto. De playas maravillosas nada de nada. Será cuestión de buscar esos rincones con más encanto al día siguiente, ya que la lluvia lo invade todo.

El grupo, decepcionado, se marcha a Muinne pero yo decido quedarme todavía en Nha Trang para conocer algo más. Hoy el día es soleado por lo que me alquilo una bicicleta por un poco más de medio dólar.
Inicio un largo recorrido acudiendo primero a Hong Chong, donde no veo las rocas macho y hembra (diferenciadas por motivos evidentes) que me dijeron. Pese a todo, el nuevo día, más despejado, cambia mi impresión sobre la ciudad viéndola algo más atractiva que a la llegada. Continúo a las Cham Towers, dentro del complejo de Ponagar (conocido localmente como Thap Ba) y situadas a 1 kilómetro del centro de la ciudad. Actualmente quedan solo 4 de las 8 torres originales, construidas entre los siglos VII y XII. La importancia de éstas torres radica en que son los restos mejor conservados en Vietnam de la cultura Cham. En el interior de una de las torres hay una especie de capilla de oración, y en el exterior, frondosos árboles se entremezclan con pequeños budas de colores como si se tratasen de amuletos de la suerte. La entrada a las torres sale por 1 $.
Cruzando el río por uno de los muchos y largos puentes me encuentro, también en bicicleta, a uno de los señores divorciados que conocí en el barco de Halong Bay. Me comenta que se enfadaron entre ellos por lo que hoy se separaron para encontrarse más adelante. Qué gracia me hace pensar que a su edad, más de 60 años, viven con el carácter de jóvenes de menos de 30.Tomo un descanso de tanto pedaleo tomando una cerveza con él en un pequeño bar llamado Banana Split, donde aprovecho para comer. Buena comida, ajustados precios y deliciosos pancakes de chocolate, de los mejores que he probado hasta la fecha.

Tras coger fuerzas continúo el recorrido en bicicleta hasta Bao Dai, donde está el muelle de Cau Da, situado al final de la ciudad, a unos 6 kilómetros siguiendo el recto paseo. Mientras pedaleo por el carril de la derecha, se me acercan dos jóvenes en una pequeña motocicleta, riéndose y explicándome algo sobre que el motor de la moto les falla, motivo por el que deben ir a tan baja velocidad. Me han acompañado hasta la misma entrada del parque donde me dicen que se puede entrar gratis por unos arbustos. Me insisten de tal forma que me hace repensarlo y pagar por la entrada principal el ridículo importe. El parque no está mal, tiene incluso una pequeña playa y un embarcadero. No hay absolutamente nadie por aquí. Desde lo alto del parque se contempla gran parte del inicio de la costa de Nha trang.

Al salir del parque me dirijo a la pagoda de Longson en busca del cementerio que alberga un Buda blanco de 15 metros de altura. Al poco rato de empezar el desplazamiento aparecen de nuevo los dos muchachos junto a su ruidosa moto. Uno de ellos lleva toda la pierna tatuada, no deben contar con más de 15 años cada uno. Me acompañan todo el rato junto a la bicicleta. No entiendo nada hasta que, al pararme para que me indiquen en el mapa donde se encuentra el Buda me sucede la peor anécdota hasta la fecha: al dejar el mapa en el canastillo de la bici me dicen que hace algo de aire y que me lo guarde en otro sitio para que no se vuele. Justo en el momento en que tomo el mapa arranca el motor de la moto y me agarran las dos bolsas de plástico que llevo encima. Tras un forcejeo rápido acaban llevándose una de las bolsas y la otra cae finalmente al suelo. Me quedo blanco, no les puedo seguir en bicicleta y no sé en que bolsa metí la cámara de fotos. Ante la duda, me agacho para saber cuál es la bolsa que se cayó al suelo. La toco suavemente apreciando que en ella está el impermeable rojo encubierto donde guarde la cámara. ¡No me lo puedo creer!, la suerte ha estado de mi lado. Me imagino la cara que pondrán esos aprendices de ladrón cuando vean que en el interior de la bolsa que tomaron solo había papeles de información y publicidad. Me siento feliz pudiendo contar todavía con la cámara. Sin ella el viaje no sería ya lo mismo. Paro a un policía para exponerle el caso pero no parece querer hacerme caso. Sin complicarme, continúo mi camino, estando atento a la presencia de alguna moto por si se les ocurriera regresar.

Consigo llegar al Buda blanco, digno de contemplar en lo alto de un pequeño monte. Junto a la estatua hay tumbas con las fotos de sus ocupantes y un penetrante olor a incienso. Me paro ante la losa de un pequeño muchacho, me pregunto cómo habrá fallecido. Desciendo por las escaleras de la pagoda de Longson y también aprecio un Buda gigante, recostado de lado, y un monje repicando campanas a lo lejos. Me cruzo con una anciana que me solicita dinero. Su cara delata una tristeza evidente. Como siempre he dicho que es triste pedir pero más triste es robar, le suelto unas monedas en recompensa al compararla con los jovencitos que me intentaron robar. Al marcharme le hago un retrato, para cerciorarme y agradecer el poder contar todavía con mi compañera de viaje, que es ya una prolongación constante de mi brazo.

MUINE: RELAX EN LA PLAYA

Se acaba Nha trang y empieza Muinne, donde el grupo se ha instalado en un hotel de lujo por 30$ sólo para poder ver el dichoso fútbol desde la televisión de la habitación. Por mi parte, me alojo en un resort junto a la playa por 2,5$. La habitación es de bambú, rodeada de altas palmeras, y a escasos 10 metros de la playa. Duermo plácidamente.

A la mañana siguiente, alquilo una nueva bicicleta y recorro toda la carretera de la costa, unos 10 Km., cruzando estrechas callejuelas repletas de escolares hasta un pequeño puerto. Uno de los pescadores tiene una pata de palo y está desenredando una red. Unos compañeros suyos, que están arreglando pequeños desperfectos en las coloridas barcas, me convidan a té helado. La gente más amable de todo Vietnam la he encontrado por aquí.

Buscando posteriormente un lugar donde comer, me introduzco en una casa pensando que es una especie de bar o algo similar. Resulta ser un hogar normal, donde la señora de la casa me sirve comida mientras intentamos mantener un dialogo bilingüe. Parece estar encantada al servirme la comida y yo al aceptarla. Al acabar de comer no me deja pagarle nada con lo que le regalo una foto de recuerdo.

Un par de kilómetros más de recorrido y pincho una rueda. Me encuentro a unos 20 kilómetros de distancia de mi zona, con lo que hago autostop junto a la bicicleta. En menos de 5 minutos me recoge un camión que me deja en un pequeño taller donde me repararan el pinchazo por unos céntimos, aunque al poco rato se me vuelve a desinflar. Vuelvo a poner el dedo y esta vez me recoge una motocicleta, el trayecto en la parte posterior de la pequeña moto con el peso de la bicicleta encima no hace precisamente agradable el retorno. Me deja a unos 5 kilómetros de distancia y vuelvo caminando, tratando de aprovechar lo que queda de luz solar.

Iniciamos la mañana siguiente en la playa de mi resort, donde el grupo acaba por instalarse para no seguir pagando los 30$ del anterior hotel. Por aquí se tiene la sensación de que 30$ es todo un dineral.¡Y en el fondo lo es! si pensamos que por 2 $ hay alojamientos muy aceptables aunque no cuenten con piscina ni canal de cable. Las playas son de arena blanca, no muy fina, pero se extienden a lo largo de toda la costa, y el agua es similar a la del Mediterráneo. Alquilamos motos para recorrer la zona, esta vez todos juntos. Acudimos hasta las dunas rojas, en las que unos pequeños te prestan, o mejor dicho, te alquilan unos cartones para deslizarte por ellas. Estos pequeños están hechos todos unos negociantes a tan precoces edades.
Buscamos en continuados intentos el White Lake, aunque no hay forma de encontrarlo. En el pequeño mapa que disponemos no se indica muy bien y la gente de la zona no te sabe indicar nada.

Para regresar el grupo no sabe el camino de retorno. Ángel y yo apostamos el precio de la noche de hostal a quién acierte cuál de los dos caminos ante los que estamos será y gano la apuesta, creo que mi orientación vuelve a ser buena. El grupo ahora desea pasar toda la mañana en la playa, con lo que me tomo la moto solo para recorrer alguna zona y no perder tiempo tomando el sol, no me gusta nada estar tirado en la arena sin saber qué hacer. A los pocos kilómetros me doy cuenta de que no hay mucha gasolina en la moto, por lo que no avanzo mucho más. Es una zona en la que no hay ni casas, ni gente y mucho menos gasolineras, que por aquí no son más que tenderetes con botellas donde introducen el combustible.

De regreso a la playa para buscar al grupo, me cruzo con una zona de tumbas de color azul. Muchos de los cementerios en Vietnam tienen las losas de colores llamativos. Por uno de los caminos forestales por los que atravieso me quedo encallado al haber mucha arena, por lo que decido no hacer más el tonto en busca de lo que ni siquiera conozco no sea que me quede tirado con la moto.

Al llegar de nuevo a la playa Jazz está tumbada al sol, Ángel se está dando un chapuzón y Luis realizando flexiones. Salgo ahora junto a Luis para poner gasolina y dar otra vuelta. Por entre los árboles encontramos un pequeño riachuelo rodeado de arenisca rojiza: parece un trozo de Marte. Tras evitar una caída nos damos cuenta de que las llaves se han perdido. No sabemos si apagar el motor en las paradas que realicemos, en el caso de no arrancar nos quedaríamos aislados. Optamos por seguir la marcha, sin parar el motor en ningún momento por si las moscas, hasta que llegamos al bungalow del resort y comprobamos que el motor arranca sin la llave. Nos duchamos y arreglamos para salir a cenar a algún restaurante barato de la zona. Hay multitud de hoteles y restaurantes de gran calidad, por lo que miramos los precios de algunos de los más económicos. Mientras miramos la carta de uno de ellos, nos dicen que entremos. Justo al sentarnos nos comienzan a sacar platos y más platos. Les comentamos que no queremos tanta cosa, que no somos ricos, y nos explica que es la comida que sobró de un grupo que ceno anteriormente. Los platos son de lo más variado y suculentos: ¡no nos lo podemos creer!.
Al principio, nos da algo de reparo ante tanta amabilidad, pero al rato le cogemos gusto. Para beber no paran de traernos cervezas nacionales. El guía que nos ofrece la comida es muy buen tipo, alegre y muy sociable. Bebemos junto a la compañía de 2 camareras, una de las cuales me roza con el pie debajo de la mesa al más puro estilo de una película cómica, no puedo creer la escena, algo surrealista, que nos esta pasando. Mientras tomamos las cervezas nos sorprendemos cuando el guía nos pone música española en el local: Rosario y Jarabe de palo. Parece que les encante este tipo de música. Nos comenta también que le gustaría ir algún día a España, pero por cuestión de dinero es algo casi imposible. De recuerdo imprimo una fotografía del momento tan alegre y cordial .

Me espero a la salida del bungalow para tomar un autobús a la 1:00 de la madrugada mientras el grupo reposa. Me queda una hora de espera por lo que me tiro en la arena de la playa, tocando la armónica mientras miro las estrellas en la limpia y despejada noche. La razón por la que marcho antes que ellos es porque está zona ya la tengo vista y no deseo pasar el día tumbado a la bartola como hacen los pocos extranjeros que hay por aquí.

HO CHI MIN (SAIGON) y EL DELTA DEL MEKONG

Ahora me dirigiré a Saigón, a unas 5 horas de distancia. El minibús está casi vacío. Tiene capacidad para 15 personas aunque sólo somos 6. Hay un grupo de americanos y una hermosísima joven vietnamita.

A la llegada a la capital me encuentro bastante cansado, no he podido dormir nada en el viaje. Y eso que ocupé varias plazas del vehículo. Debo apresurarme en buscar un hotel barato lo antes posible ya que deseo estirarme ni que sea un par de horas. Junto a la parada donde me ha dejado el autobús hay una agencia de viajes de la que sale una señora para ofrecerme sus servicios. Me muestra una habitación cercana y otra algo más barata en el interior de un domicilio particular. Me alojo sin casi pensármelo, pues es decente, barato y familiar. Reservo otra habitación anticipadamente para el grupo, que llegará un día más tarde. Me tumbo unas horas antes de dar una vuelta por la zona en la que estoy alojado, que no es otra que la de la calle Pohn Ngu Lao, el barrio barato ideal para mochileros, situada al oeste del distrito 1.

Visito la catedral de Notre Dame, formada por dos altas torres de estilo neorrománico situada frente a una pequeña plaza con la estatua de la virgen María. A escasos cien metros se encuentra la famosa oficina de correos de la capital en un edificio colonial, con un gran retrato en la pared interior de Ho Chi Min. Fotografío a unos novios que posan junto a la catedral en la que acaban de contraer matrimonio. Sus trajes son exactamente iguales que los de occidente, ¿serán de la minoría cristiana? También hay una gran torre de comunicaciones junto a la oficina de correos que dispone de una gran entrada en forma de arco. Por la ciudad hay multitud de símbolos de los Sea Games, mascotas en forma de toro naranja repartidas por todos lados.

Hoy es 14 de diciembre (mi aniversario). Voy a Internet para comunicar al grupo la dirección del hostal que les he reservado. Sin tener todavía respuesta, me los encuentro de casualidad a su llegada a la capital. Dejamos las bolsas y vamos a comer todos juntos para celebrarlo. Es sábado en la capital, y además mi cumpleaños, por lo que una salida nocturna es casi obligada. Compramos unos botellines de licor de sabor similar al whisky y una bolsa de hielos que nos trocean con un machete. El hielo lo tienen a la intemperie en grandes bloques, que van descuartizando poco a poco. Tomamos las copas en la azotea de la casa donde nos alojamos. Hablamos de detalles e impresiones personales, hasta que pillamos un taxi para ir al famoso local Apocalipsis Now. Al llegar nos encontramos con que está cerrado, son más de las dos, así que nos llevan a un pequeño bar cercano con billar y algunas prostitutas que enseguida se nos acercan. Tomamos una copa y nos vamos a otro local, el Sahara, un pub cuya clientela es mayoritariamente extranjera y las habituales vietnamitas de pago. En el centro de la sala hay un billar donde suben algunas chicas para exhibirse. Son las 5:00, estamos animados y continuamos hacia el local contiguo, Guns and Roses. Cierran más tarde, pero es muy estrecho y agobiante y sólo hay prostitutas. Alguna se nos arrima mientras acabamos la copa junto a la misma entrada pero no hacemos caso. Dan ya las 6:00 de la mañana y acabamos almorzando un pancake en un bar próximo.

Me levanto a las 15:00 con algo de resaca. Es el día que más tarde me he levantado. Me da rabia el hecho de haber perdido el día, aunque la celebración de un cumpleaños no es algo que pase todos los días. Recorremos parte del centro juntos y hago un poco de guía, llevo dos días más en la ciudad. Buscamos algo de información sobre el que será nuestro último destino en Vietnam, la zona del Mekong. En las agencias, los precios de los tours para el Mekong salen por 20$ por una sola noche de estancia. Como siempre, lo realizaré por libre para ahorrarme costes.

Mientras Ángel y Jazz se encuentran por el Mekong todavía continúo junto a Luis en Saigón. Visitamos el llamado Museo de los Horrores donde se refleja la barbarie de la tristemente famosa guerra. Hay fotografías tremendas de vietnamitas deformes, americanos sonriendo con restos descuartizados por explosiones o torturas sufridas por prisioneros de guerra. También se conservan restos del armamento, tanques, incluso un helicóptero militar, junto a dibujos realizados por niños con motivos de paz.

Tras el museo, vamos al mercado de Ben Thanh, en pleno centro de la capital económica y cultural del país. La multitud de paradas de pescados o carnes invitan al curioso a sentarse para probar algún que otro plato. También es de destacar la Opera House, hoy Teatro Municipal, el enorme Palacio de la Reunificación o el majestuoso City Hall o Hotel de la Ville.

Al día siguiente salimos hacia el delta.

Se nos ha hecho tarde y acudimos al hotel para recoger las bolsas y contratar dos moto taxis que nos lleven lo antes posible a una estación de furgonetas donde salen trayectos hasta Chan Tho, a unos 140 kilómetros de distancia por 2,5$. Nos bajamos en la población anterior, My tho para echar un vistazo a esta pequeña ciudad, aunque no sabemos si habrá transportes de salida.
My tho está lleno de casas flotantes. Desde la bajada de la furgoneta se debe tomar otra motocicleta para que te acerque al inicio de la ciudad. El río Mekong es del mismo color oscuro que imaginaba y uno de los ríos más largos de Asia, con 4.909 Km. de longitud. Nace en el Himalaya y, después de cruzar el Tibet, pasa por China, Myanmar, Tailandia, Laos, Camboya y Vietnam, donde desemboca creando uno de los deltas más grandes del mundo, mi actual etapa en el viaje.
Caminando por las calles de My tho, algunos jóvenes nos invitan a tomar unos tragos de aguardiente y degustar algo de arroz. La gente por el sur de Vietnam es más cordial que por el norte. Varias de las estatuas de la ciudad son del omnipresente Ho Chi Min, y parece que sus habitantes todavía quieren tener su imagen viva.
My Tho es una capital provincial al suroeste de Saigón, en la región del delta del Mekong. La ciudad en sí no tiene demasiado interés, pero es una base excelente para explorar el área. En la propia ciudad tenemos la iglesia o el mercado, pero quizás lo más interesante es contemplar la vida diaria de My Tho desde la orilla del río que cruza la ciudad, con multitud de edificios y barcos en sus márgenes. Ésta es una imagen muy interesante.
Una excursión recomendable de medio día desde My Tho es alquilar una barca para ir a la isla de Con Phung (también conocida como Coconut Monk). En esta isla hay un monasterio en desuso, pero lo realmente interesante de esta excursión es el trayecto en sí (la visita a la isla es la excusa perfecta), ya que es un agradable paseo en barca por los canales del delta que permite apreciar con calma la orografía de la zona, los cultivos, o la vida en los canales. Para alquilar la barca debemos ir al extremo sur de la calle Trung Trac, dónde se encuentra el muelle de los ferrys.
Tomamos dos motos para dirigirnos a la salida de la ciudad, donde debemos averiguar si hay transportes hacia Can tho. Hemos tenido suerte y queda todavía transporte: 1,5$. En el interior del autobús nos sentamos en asientos opuestos ya que está todo repleto de pasajeros. Me siento junto a una anciana que me convida a plátanos. Luis se ha quedado dormido junto a la ventanilla abierta. Aprovecho para filmarle, mientras me pregunto porque no utilizo más la función del vídeo que tiene la cámara.
Tres horas más tarde, y tras cruzar el río a bordo del pequeño autobús introducido en una barcaza de carga, hemos entrado en la capital del Mekong: Can Tho, puerto fluvial sobre el delta del Mekong. Una red de canales lo enlaza con los distritos arroceros del delta.
Es completamente de noche y no tenemos idea de adónde ir. Nos encontramos en las afueras con lo que se hace necesario el uso de una nueva moto taxi hacia el centro. Su conductor nos lleva hasta un alojamiento del que sabemos no nos cobran el precio real. Encontramos otro alojamiento próximo por la mitad de precio y de aspecto muy similar al anterior y nos quedamos. Una vez instalados damos el primer vistazo a la ciudad, con la mala suerte de desorientarnos al regresar a la habitación. Estamos deambulando durante casi 2 horas sin encontrar el alojamiento. Parece imposible que nos cueste tanto encontrarlo pero el problema es que no recordamos el nombre ni ningún punto de referencia cercano con lo que la gente no nos puede ayudar mucho. La caminata en su busca se llega a hacer algo pesada ante la desesperación de ver que hemos cruzado ya por un sinfín de calles repetidas. Nos encontramos una especie de bar en el parking de una casa donde el hijo de la familia nos sirve un refresco con mucho hielo para nuestro sofoco. Unos pasos más y casualmente nos topamos con el hotel, en el que rápidamente subimos los 3 pisos de altura para tumbarnos exhaustos.

Al día siguiente lo primero que hacemos es ir hasta el embarcadero para alquilar una canoa motorizada de madera. Los precios en las agencias son de unos 10 $ por persona, aunque si contratas los servicios de algún barquero desde el mismo muelle te sale por menos de la mitad. Contratamos los servicios de una señora tras algo de regateo. Será un paseo de 4 horas en la canoa con múltiples paradas, por ejemplo el mercado flotante de Cairang, el mas bonito mercado flotante del Delta de río Mekong. Vamos pasando por los estrechos canales y visitando mercados flotantes, el primero, Phong Dien,.donde vemos a las barcas en plena transacción como si de una lonja flotante se tratara y me tomo una enorme sandía. La gente vive en las barcas, las usa de vivienda y de lugar de trabajo. En varias de ellas hay colocadas algunas hamacas donde descansan en sus ratos libres. Durante las paradas con la canoa, la barquera para los motores para ahorrar gasolina y emplear los brazos a modo de motor ligero. Cruzamos canales estrechos llenos de vegetación donde reinan miles de palmerales a juego con la oscura agua del río. Realizamos una nueva parada en un hogar con especies botánicas y algunos animales exóticos como varias serpientes e incluso un pequeño simio que tienen enjaulado de mascota. A la hora del almuerzo, nos traen infinidad de frutas por unas monedas. Por los hogares de la zona crían enormes cerdos que les aprovisionan para el futuro. También somos testigos de una pelea de gallos, con los apostantes frenéticos mientras los animales se despedazan. Sin embargo, me resulta imposible saber cual de los dos fue el ganador y cual el vencido.
Cinco horas han sido suficiente para hacerse una idea de lo que esta zona. Sus habitantes centran su vida y trabajo en torno al río, que, en definitiva, es el núcleo de la vida de todas las especies. Y los botes son el medio, botes a modo de gasolineras, restaurantes, casas, transporte, matadero, etc.…
Satisfechos plenamente, tomamos un autobús para Chau Doc, la última parada en el país, con la intención de llegar a Camboya lo antes posible. A la llegada a la pequeña terminal, la insistencia de sus gentes se nos hace desagradable: no puedes llegar a Camboya de ninguna forma. Vía terrestre parece que resulta imposible debido al estado del camino, con lo que medio te obligan a que tomes otra barca motorizada hacia la frontera vía marítima. Entramos en un hotel de varias estrellas, cosa impensable por esta zona en la que no hay ningún tipo de lujos y nos informan de que realmente se hace obligado el uso de los barcos para cruzar hasta el siguiente país. Las salidas son a primera hora de la mañana con lo que deberemos permanecer un día más en la zona. Buscamos un hotel a unos 2 kilómetros del embarcadero. En la calle un joven nos ofrece los precios de los barcos que buscamos. Empieza tirando alto por unos 10 $. Rechazamos sus servicios pero éste parece no darse por vencido. Le comentamos que vimos precios más baratos y nos lo baja a 8$. Nos comenta que se pasará por nuestra habitación por la mañana para recogernos. Le respondemos que no se moleste ya que iremos por libre al embarcadero. Recorremos el ultimo pueblo del país en el que sigo viendo estatuas de Ho Chi Min.

A primera hora de la mañana, llama a la puerta de la habitación el persistente vendedor de tickets. No le abrimos y se queda esperando fuera. Parece que le dé rabia que no le compremos los tickets, pero actuando de ese modo, seguro que ya no nos convencerá. Salimos, cargados con las mochilas hacia un bar cercano para tomar un café. El vendedor nos sigue todo el rato para saber el motivo por el que no le compramos los tickets. La razón es que vimos precios más baratos del precio final que nos dio. Llegamos a la zona portuaria donde finalmente conseguimos un barco pequeño que compartiremos cómodamente junto a 2 alemanes. En otros de los botes que vemos hay muchísimos más pasajeros. Volvimos a tener suerte al decidir ir por libre. La nueva travesía por el infinito Mekong dura un par de horas, durante las cuales atraviesas por pequeñas entradas del río donde las señoras limpian los utensilios de sus casas o la ropa en la misma orilla del río. También utilizan sus aguas a modo de baño con jabón incluido. Antes de llegar a la frontera fluvial con Camboya adelantamos a una lancha en la que está Jazz junto a una masificación de personas en su interior. Nos hace gracia pensar que pago más que nosotros por ir organizada, para acabar en un bote más lento y lleno de turistas.

Entre alojamiento, barcos, motos, comidas y demás, los gastos totales desde la salida de Saigón no han superado los 25$, la mitad de lo que nos hubiese costado por hacerlo a través de alguna agencia.

En el puesto fronterizo a Camboya, debemos esperarnos un rato para pagar las tasas aduaneras, con lo que tomamos algo en un pequeño puesto junto a dos pequeños de la etnia Cham, una de esas minorías religiosas procedentes del Islam que quedan todavía repartidas por Vietnam, y en especial por el delta del Mekong. Los Cham son una etnia de origen malayo-indonesio, pero de influencia cultural india. Su reino se extendió desde el siglo II hasta el XVII por la zona central del país. Cuando el Islam llegó, pocos Cham lo adoptaron. Sin embargo, en algún momento entre 1607 y 1676, el rey de los Cham se hizo musulmán, lo cual llevó a que muchos miembros de esta etnia abrazaran el Islam también.
Los pequeños Cham nos han tomado cariño, aunque con la intención de vendernos cualquier pasta de las que llevan en una pequeña bandeja. No contaran con más de 10 años y ya necesitan buscarse el pan.
Nos avisan que ya podemos acceder a la oficina fronteriza, donde pagaremos los 30 $ por el nuevo y dichoso visado en una pequeña caseta militar. Por el camino de tierra se nos cruza una moto cargada con varias decenas de ocas o gansos a modo de alforjas .Ésta será la última imagen que veré de Vietnam.

Capítulo 5

diciembre 17, 2006

HONG KONG Y SUR DE CHINA

¡Qué ganas tengo de continuar la ruta terrestre! tras las 4 horas de vuelo hasta Hong Kong. El aeropuerto es inmenso, está situado en la isla de Lantau y es uno de los más grandes del mundo, constantemente se ven obras de ampliación. Del mismo aeropuerto se toma una especie de metro interno que te deja en el exterior, desde donde cogemos un autobús al centro de la ciudad por 3,5 $.
Es un día algo nublado. La carretera del aeropuerto hacia la península de Kowlon está unida por el puente más largo del mundo. Ya desde allí comienza a divisarse la enorme arquitectura urbana de la que fue antigua colonia británica hasta el año 1997.

Tras media hora estamos en pleno centro urbano. La primera sensación que ronda por mi cabeza es la de una enorme metrópoli de gran similitud a Nueva York, al menos como yo la recuerdo de años atrás. Bajamos, casi por casualidad, en una de las múltiples paradas de autobús donde nos informaron que hay varios alojamientos, aunque por aquí habrá por todas partes, el hormigón es visible por todos lados. Sólo poner el pie en la acera, un joven que reparte folletos publicitarios nos ofrece alojamiento al precio razonable de 8 $. Me habían comentad lo caro que era Hong Kong, motivo que me hizo preocupar antes de la llegada, pero en vista de lo visto, y en comparación a España, es inclusive algo más barato.
Los viandantes se cuentan a millares por las anchas calles repletas de comercios, predominantemente tecnologías de última generación. El edificio en el que nos adentramos es una especie de colmena, habitaciones estrechas y ningún tipo de salida al exterior ni luz natural. Se nota que “hay mucho chino en China” en cuanto te das cuenta del aprovechamiento del espacio. La habitación que nos muestra es realmente pequeña. Dos literas estrechas casi pegadas y un minúsculo baño que hacen que no supere un total de 5m2.
Damos un primer vistazo a la ciudad, a la que ya puedo definir como el Nueva York de Asia, razones no le faltan. Los enormes rascacielos no tienen nada que envidiar a los de la capital financiera americana. El lujo es evidente. Hoteles infinitos adornados con Rolls Royce: leí que es la ciudad que cuenta con más coches de lujo del planeta por metro cuadrado. Multitud de puestos de comida diversa engalanan las calles, iluminadas con esos típicos y relucientes carteles de neón, tan retratados en imágenes de folletos comerciales.

Hoy es sábado, por lo que tocará hacer una salida nocturna tras la nula diversión que nos encontramos por India y Nepal. Ángel y Jazz siguen sin apuntarse, salgo con Luis. Tomamos el botellín de whisky Everest que compramos en Nepal, y nos vamos hacia la zona de fiesta, en la isla de Hong Kong, cerca del distrito financiero. Para llegar, subimos al metro que nos deja en la zona del Soho. Recién salidos de los modernos subterráneos (con cristales que te protegen de las vías y monitores de anuncios publicitarios), nos encontramos una calle llena de gente y varios bares. Parece mentira, pero la mayoría de los presentes son occidentales, y eso no me gusta. Espero que no sea una zona turística de esas que frecuenta únicamente el extranjero. Cada bar tiene su terraza, en la que puedes tomarte una cerveza envuelto en música pop a todo volumen. En el interior de los bares, multitud de ingleses viendo fútbol, gritando y tragando líquido como degenerados. Sólo les falta ponerse un cordel para no perderse uno del otro. No parece que haya gente local. Nos han comentado que muchos de los presentes son occidentales residentes procedentes de la infinidad de multinacionales que están presentes en Hong Kong.
Acabamos a las 7:00 de la madrugada, pero el pub continúa repleto. Queríamos fiesta y la hemos tenido, pero el aguante, cuando no estas entrenado, se resiente a cierta hora. El retorno a nuestra humilde y minúscula morada se hace largo, descansamos en un banco y casi nos quedamos dormidos. Vuelta al metro de retorno para posteriormente desayunar algo y regresar al mini habitáculo a tumbarnos.

A las 11:30 de la mañana nos despierta un despejado Ángel, yo he debido descansar sólo 3:30 horas. Esto de dormir poco se empieza a hacer rutinario.
Acudo a la embajada de China para hacerme el visado. Preferí sacármelo en Hong Kong por si resultaba más barato. El precio es de unos 30 $, algo más barato que desde España. Recorremos la zona financiera y el SOHO, justo por donde anduvimos de fiesta unas horas atrás, para acabar comiendo en un restaurante vietnamita rodeado de comercios chinos de alimentación exótica: restos de una especie de lagartos y serpientes que parece que están disecadas.
Durante toda la tarde me dirijo caminando desde la zona centro hasta Peak Road. Hay que subir por la montaña y mientras lo haces vas cruzándote con majestuosos apartamentos de lujo y algún que otro Ferrari. Hay transporte para subir (un tranvía-funicular: el Peak Tram), pero prefiero hacerlo a pie para contemplar la magnífica panorámica de Hong Kong desde lo alto. Tras más de dos horas caminando cuesta arriba, levanto el dedo pulgar a la espera de que algún vehículo me suba hasta la última etapa del tramo, se me hace eterno. Nada. Continúo la subida. Voy haciendo alguna parada corta para sacar tomas de los rascacielos. El último tramo es realmente malo para hacerlo caminando, notas el aliento de los coches que pasan a tan sólo unos centímetros. Parece que donde hay dinero la humanidad se resiente, éste es el único lugar donde ni un solo coche me ha parado desde el inicio del viaje. ¿Será por el sentimiento de inseguridad que existe en las sociedades más desarrolladas? Creo que sí, lamentablemente no se puede confiar en un desconocido.
En la parte superior de la montaña hay un gran centro comercial junto a una terraza natural en forma de camino de tierra. Desde allí se tiene una de las vistas típicas de la iluminada ciudad. Los turistas que se dieron cita aquí son de lo más variopinto aunque todos ellos usen apasionadamente las cámaras. Muchos son asiáticos con equipos fotográficos de varios miles de dólares. Sin trípode, siquiera, me planto la cámara apoyada a diferentes rocas desde donde tomo la bonita y obligada instantánea nocturna. Algunos edificios que se contemplan desde lo alto cambian sus enormes fachadas de color a modo de presentación nocturna. En la bajada de retorno puedo contemplar, a lo lejos, uno de los enormes barcos-restaurantes iluminados con miles de bombillas.

De nuevo salida nocturna, esta vez también con Ángel quién se anima finalmente. Vamos a la misma zona del día anterior aunque al ser domingo ya no es lo mismo. Compramos algunas latas en un centro de 24 horas para tomarlas en unos escalones y allí conocemos a un joven de Boston algo alocado que no para de hacer alusiones sexuales en referencia a la ciudad asiática. Tomamos más tarde un taxi para ser llevados a la Bamba, un local en otra zona del centro algo más llena que la anterior. Parece mentira pero casi todas las chicas que se encuentran en los locales se prostituyen de forma directa o indirecta. Cuando crees que una de esas jóvenes y delgadas asiáticas se interesó por ti, al llegarte una de sus miradas impactantes, resulta que tras un rato de conversación te suelta eso de que por 100$ es tuya toda la noche. Tras la negativa intentan sin resultado sacarte al menos alguna copa.

Al día siguiente me dedico con urgencia a tramitar la visa. Recorro calles y calles a bordo de enormes y finos tranvías de dos plantas en alguno de los cuales me quedo incluso dormido. Me gusta ver el paisaje urbano desde la segunda planta del transporte. Aprovecho el trayecto de algunas líneas hasta las últimas paradas por eso de que me gusta coger transportes sin saber siquiera a donde se dirigen. Al despertarme en uno aprecio la mascarilla que usa para la boca un señor que se ha sentado junto a mí. Me parece una situación ridícula para alguien que vive en una de las ciudades más ordenadas y limpias del planeta. Si no quiere tener contacto con ningún germen o tipo de polución que se marche al campo a soportar a los insectos.
Continúo paseando, adentrándome un enorme parque en medio de la ciudad en donde hay chicos jugando al fútbol bajo las gigantescas estructuras de hormigón de los edificios colindantes.
Ante tanto comercio por todas calles acabo comparando precios de diferentes artículos de tiendas electrónicas, aunque sabiendo de antemano que no voy comprar nada. Los precios de los productos digitales son un poco más baratos que en España, pero se debe andar con ojo con lo que se compra.
Retorno de la isla de Hong Kong a Kowlon en un ferry que tarda sólo 12 minutos de punta a punta. De vuelta al minúsculo habitáculo, me paran algunos porteros de locales nocturnos de masajes tratando de convencerme de los servicios de alguna de las señoritas que salen en los folletos. Me guardo uno de recuerdo, sale la foto de una joven y sugerente asiática de enorme busto portando un ligero bañador. ¡Menuda publicidad! Sólo se entiende Sauna y un número que imagino es el precio en dólares. Uno de esos porteros me dice que conoce chicas jovencitas, muy jovencitas. ¡Menudo asco de tío!

El grupo se encuentra ya en Guantzhou mientras yo todavía continúo sólo en Hong Kong. En mi último día de estadía compro el billete para Guantzhou a media tarde para ver algo más de la ciudad. Acudo hasta la isla de Lambau en donde se encuentra el Buda Gigante dorado. Es la estatua budista más grande del planeta. Mi sorpresa llega al averiguar que el trayecto ya dentro de la isla hacia el Buda es de más de una hora, solo la ida, con lo que al calcular el tiempo de ida, de visitarlo rápido y de regresar me doy cuenta que casi no alcanzo a coger el bus que ya tengo pagado. Desisto entonces retornando al centro donde me preparo la bolsa para el nuevo trayecto. A veces la poca planificación de las cosas tiene este aspecto negativo de no poder hacer lo que uno realmente desea por cuestión de tiempo, y algo de desorganización.

La aduana para entrar en territorio chino está a 3 horas de distancia. El recorrido es feo y gris, notándose a cada kilómetro por el que avanza el autobús los restos de edificios típicos de régimen comunista. No podría vivir jamás en un sitio así. Colmenas grisáceas sin nada a su alrededor a modo de vivienda.

En la aduana obligan a apearse del autobús a todos los pasajeros para la entrega de papeleo y visados. La sensación seria que me causo el pasar por los controles de acceso se agravó más mientras degustaba un líquido embotellado de amargo sabor. Vista, olfato, oído, sabor y tacto son los cinco sentidos a los que no les estoy dando un buen uso en este preciso momento.

Me apeo en la que creo es la penúltima parada del autobús de esta nueva ciudad de siete millones de habitantes, donde el grupo me comentó que debería bajar en su busca. Compruebo que el conductor del transporte no se enteró de que debía bajar en la penúltima parada. Siempre parece que afirman con la cabeza aunque no entiendan lo que se les pregunta. Parecen estúpidos con tanta educación que no lleva a ningún lado. Los modales de muchos, por aquí, son lamentables, en mi opinión, ya que parecen sentirse inferiores solo al ver su forma de saludar, hablar etc. …Me comentaron en una ocasión que la población china siempre se ha sentido inferior respecto a occidente por un tema relacionado con la estatura. Menuda gilipollez, pensaba, aunque parece que sea verdad al ver como te miran la mayoría.
Espero en la que ya sé que no es la penúltima parada. Llamo al grupo para saber dónde están alojados y me indican la parada de metro más cercana a donde se encuentran. Buscando mi parada de metro me topo con una chica que me ofrece servicios de guía turístico comentándome algo de su casa, madre y pasar la noche. No sé si es una prostituta o qué. Trabaja en un inmenso hotel, tal y como indica su uniforme, aunque igual desea buscar un cliente para su tiempo libre. Me da su tarjeta con el teléfono y me dirijo a la boca de metro que me ha indicado. Antes de llegar al metro me para otro agente hotelero que parece haber salido de un espectáculo de humor circense. Rellenito de carnes con un auricular al oído, traje oscuro y su vocabulario comercial no para de comentar que hace reservas para todo a través de su móvil. Me indica las tarifas de uno y otro hotel de precios algo elevados. Parece tontín si cree que un personaje como yo, con la pinta que llevo va a contratar sus servicios. Aprovecho para indicarle el hotel que me dio el grupo de referencia y me indica que está a una hora caminando y se prepara a llamarles hasta que me despido de él con la que es ya la segunda tarjeta personal en tan solo 20 minutos de estancia en la ciudad.

Si fuera la gente me parecía algo tonta por su gesticulación, dentro del metro soy yo el que parece subnormal al no entender el funcionamiento de entrada. Es una ficha amarilla que se debe introducir en una máquina pero no lo consigo. Parece que coger el metro sea como dar a una ficha en un puesto de feria. Dentro del vagón todas las miradas de los pasajeros se dirigen hacia mí. Me miran con caras extrañas y curiosas. Me bajo, tras varias paradas, en la que creo que es la correcta. Ni estoy seguro ni puedo fiarme ya de las indicaciones que me han dado. No vi mucha gente en el metro. Tenía esa imagen de miles de personas agolpándose en las puertas de los vagones a más no poder. Supongo que solo será en Japón, donde me enteré que van a hacer vagones unisex para evitar los tocamientos.
Me encuentro por fin al grupo en la entrada del hotel que me indicaron, que no es el hotel en el que están alojados sino en el que se encontraban más cercano para poder quedar conmigo. Vamos caminando juntos por una gran avenida comercial en la que te encuentras a cada esquina con un conocido fast food. La calle está repleta de gente. Se nota que es el país más poblado del planeta. Por el camino paramos a tomar unos pinchos de pollo por un dólar en un puesto callejero. La forma en la que te atienden es una mezcla entre una actitud miedosa y respeto total. La gente es sencilla y simplona, aunque parecen buenos tipos en el fondo.

El hotel es el mejor hasta la fecha, y su precio de 6 $. Dispone de una amplia habitación, con baño y televisión incluidos. Es la 1:00 de la madrugada cuando el grupo se acuesta. Por mi parte, no tengo todavía nada de sueño y me dirijo a dar una vuelta por los alrededores para hacerme una idea de la nueva ciudad aunque sea de noche. Caminando junto al río llego hasta el mercado de pescado, en el que la actividad de trabajo es incesante con las descargas de los camiones y la puesta en orden de los productos. Me encuentro realmente raro en medio del mercado donde todos me miran pero ninguno me devuelve el saludo. Estos chinos son raros hasta en su propio territorio. Saliendo del mercado hay una cafetería para trabajadores en el que una mujer está pegando e insultando a un hombre. Jamás había visto nada igual. Han pasado casi un par de horas mientras retorno al hotel n busca de la nueva y ancha cama que me espera.

Hoy toca acudir por fuerza al consulado de Vietnam para obtener un nuevo visado. Tiene un coste de 65$ y no te lo pueden hacer al momento. Se deben esperar un par de días por todo los trámites. Rellenamos los formularios pertinentes pero precisan de una dichosa fotografía tipo carné. Luis no la tiene (faltan solo 5 minutos para el cierre de la oficina) así que no se le ocurre otra que recortar la fotografía plastificada del DNI. Salvados por la campana. Ahora el problema es saber los horarios de los trenes o autobuses dirección Nanning sin poder comprarlos ni reservarlos ya no sabemos que día y a qué hora tendremos el nuevo visado.

Aprovechamos el día para hacer algo de turismo. Me sorprende el gran desarrollo que se percibe al ver los rascacielos de esta ciudad china, una de las más grandes de todo el país y de la que jamás había tenido referencias.
Visitamos la pagoda del templo de Liurong (Templo de las seis higueras de Indias) cuyo interior alberga una gran torre y una capilla con tres enormes estatuas doradas de Buda. Son de destacar las 1.023 pequeñas imágenes de Buda, talladas en la columna del templo, sobre un fondo de nubes arremolinadas. El coste de entrada al templo es de 1$, aunque es fácil que te dejen entrar a su interior de forma gratuita si se dice que se va a visitar rápido, aunque luego estés un largo rato en su interior. Junto a la salida del templo hay una pared donde se cuelga la prensa diaria para que la gente pueda leerla gratis. Caminando me topo con un joven que está utilizando una lupa para quemar un papel. En menos de 10 segundos se inicia la llama producida por la fuerza e intensidad de la luz solar. Comemos en un local en el que me sirvo pollo, arroz, pato y patatas por 0,5$ a modo de bufete.

Un monumento del pasado de Guangzhou que resulta sorprendente es la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, construida por misioneros europeos llegados a China a partir de la dinastía Ming (1368-1644). La iglesia y el convento adyacente datan de 1863. Su construcción llevó 25 años y es obra de un arquitecto francés que basó los planos en la catedral de Notre Dame de París.

Por su larga tradición como importante puerto de la China meridional, tanto los residentes de Guangzhou como los navegantes extranjeros tenían por costumbre acudir al Templo del Dios Nanhai (dios del Mar del Sur), en el distrito de Huangpu, para suplicar su amparo antes de embarcarse. Incluso los emperadores chinos enviaban a sus almirantes al templo para pedir protección a la deidad.

El grupo marcha a descansar al hotel a media tarde, momento que aprovecho para ver un hermoso atardecer mientras paseo alrededor del río de la perla (Xi Jiang). Retrato en la hora mágica, fotográficamente hablando, a algunas personas en bicicleta, sentadas por los bancos o haciendo footing.
Son las 18:30, es ya de noche y acudo nuevamente al hotel para hacer una siesta de un par de horas que el cuerpo me pide tras estar caminando cada día diez horas y descansar menos de seis. Al levantarme voy a buscar a un callejón a Luís y Ángel. Me los encuentro sentados en un sitio de lo más cutre tomando unos pinchos de los que siempre me acordaré por su gran sabor y bajo precio. Los puestos de comida son simples carretillas junto a una mesa destartalada y cuatro pequeñas banquetas. Por el módico precio de 1 $ me como un pincho de pollo, pescado y una bandejita de fideos sin ni siquiera poder acabármela. Estos puestos callejeros no están legitimados, por lo que siempre hay algún susto, los propietarios están preparados para desarmarlos al menor aviso de alguna patrulla. Mientras acabamos de tomar los pinchos conocemos a un pakistaní muy arreglado que nos comenta que todas las chicas que están solas por esas oscuras calles son prostitutas y cobran 5 $ por hora. Nos comenta de ir a un club pero la calle en la que se encuentra no ofrece buen aspecto y nos retiramos.

Debemos ir al consulado a las 15:00 para recoger el visado y a continuación, y de forma urgente, a la estación de tren donde el horario de salida hacia Nanning es tan solo 50 minutos más tarde.
Aprovechamos el resto libre que nos queda de la mañana para hacer alguna ultima visita por la ciudad, como por ejemplo el parque Yuexiu que cuesta menos de 1 $. El interior, a lo largo de sus jardines junto a los estanques de agua, alberga una pequeña cascada y patios donde practican yoga, e incluso un campo de bolos de hierba realmente enorme. En una hora de visita no da tiempo a nada, aunque tampoco nos podemos arriesgar a perder mucho el tiempo antes de coger el tren. Regresando al hotel vemos a unos ancianos pescadores junto al río quienes con un simple cordel han pescado una especie de serpientes o anguilas.

Cogemos un taxi para llegar al consulado, recoger los visados y tirar para la estación, donde por suerte hay billetes. El tren está algo vacío, por fortuna. Podemos estirarnos en varios asientos. Al despertarme me encuentro que el grupo no está y me enfado, no les dirijo la palabra debido a que la mochila la deje en otro compartimiento del mismo vagón, sin que me avisaran de su nuevo cambio de ubicación. Con lo fácil que es que te roben la mochila. Bien que lo sabían, al cambiar ellos las suyas. Parece mentira que estos detalles tan importantes los pasen por alto. Yo sería incapaz de hacer lo mismo. El paisaje del recorrido es algo gris. Llegamos a primera hora de la mañana a Nanning tras medio día de tren.

Es todavía de noche en la nueva ciudad. La estación está situada junto a una plaza que parece ser el centro de la ciudad. Los comercios empiezan a abrir y buscamos información de horarios de autobuses para entrar lo antes posible a Vietnam. Recorremos la ciudad en el nuevo autobús que nos llevará, en menos de dos horas, a la frontera de China con Vietnam, situada a 200 km. de distancia. La ciudad que dejamos parece grande y algo desordenada. En una de las agencias cercanas a la estación veo una fotografía de las cavernas de Yiling que no da tiempo a visitar.

Ya en la frontera, rellenamos los nuevos formularios de entrada y nos hacen pagar 2 $ por tasas médicas y demás. Lo vemos extraño y no deseamos pagarlas al nuevo agente oficial, quién sin pagar no nos da el permiso. ¡Qué rabia da no saber si son unas tasas obligadas o son para el beneficio del agente aduanero

Capítulo 4

diciembre 17, 2006

KATMANDÚ: TANKAS Y BICICLETAS

Salida a un nuevo país, Nepal, dirección a Katmandú a primerísima hora de la mañana. Me paso la mayor parte del trayecto asomado por la ventana, golpeándome la cabeza mirando un paisaje que se mantiene constante aunque con algo mas de vegetación. Las gentes y los poblados en los que paramos son muy similares. El autobús para en la frontera India y al recoger la mochila del capó, me doy cuenta que no está atada mi chaqueta. La reclamo pero no aparece por ningún lado. Será por el viento, me dicen, por una mano ajena, más bien. Así que ya no tengo chaqueta para el frío y estoy entrando en Nepal aunque, eso sí, tengo menos peso en la bolsa.
Rellenamos los trámites aduaneros (incluidos los 30 malditos dólares de la visa de entrada por echar una firmita). Contemplo en el formulario la posibilidad de entrada gratis, pero sólo si se permanece 3 días en el país, cosa imposible por las distancias a menos que lleves prisa y seas transportista.
Esperamos el inicio del nuevo día junto a otros mochileros, algunos ya mayores como una pareja de suecos con mochilas de época. Me dan cierta envidia, ojalá llegué a su edad para volver de nuevo. Hablamos con ellos, hay huelga de transportes, pero parece no importarles, diría que están enamorados. Otra pareja, en este caso de madrileños, con la que cenamos a la intemperie nos dice que hubo gente que tuvo que esperarse hasta 3 días. Esperando la comida en la terraza del hostal, vemos desde lo alto como, para nuestra sorpresa, arranca el autobús. Así que dejamos los refrescos, empezamos a correr y conseguimos pararlo y subir. Me siento en la parte posterior y al poco rato de la salida aparecen de golpe en el autobús unos críos que solicitan dinero por haber subido las mochilas al capó. El autobús para. Parece que hay algún problema. La gente no entiende nada de lo que pasa y los jóvenes vuelven a pedir dinero como si de unos guerrilleros se tratase por cobrar un rescate. Hay gente que les da algo, nosotros, y varios más, nos negamos sin hacerles el más mínimo caso. Cada poco rato hay controles debido a la huelga. Es el viaje en autobús más duro que he realizado en mi vida, desde las 14:00 hasta la 1:30 de la madrugada para recorrer sólo 200 Km. a través de unas carreteras más que lamentables. En algunos momentos los botes del vehículo son comparables a los de una feria de atracciones. El paisaje, por el contrario, es magnífico. De unas 5 personas sentadas que empezamos el recorrido en la parte posterior del bus, acabamos 8, apretadas a más no poder. Solo alguna pequeña parada de pocos minutos para comer rápidamente hace algo llevadero el viaje. Hubo algún momento del trayecto en el que, para estar más cómodo, saco parte de mi cuerpo al exterior hasta que otro rápido vehículo en dirección contraria pasa rozándonos y desisto.
Tras llegar a Katmandú con la espalda molida, cogemos sin pensar un taxi en dirección al primer alojamiento barato al que nos quieran llevar. La zona a la que nos acerca el taxista es demasiado céntrica (y cara), pero al estar tan rendidos no nos preocupa demasiado, sólo queremos tirarnos cuanto antes en la cama del hostal (3 $, unas 200 rupias nepalíes).
Al despertar placidamente y ya recompuestos nos percatamos de que nos hemos instalado en un agradable hostal, con un amplio jardín donde nos sirven el desayuno. Para visitar la ciudad a tu aire, lo mejor es alquilar una bicicleta (unas 150 rupias por un día entero). Así que empezamos a pedalear recorriendo Katmandú y tengo la sensación de que ya he estado aquí anteriormente, será por la televisión pienso, o quizás una reencarnación anterior, estamos en tierra de ellas. Nos dirigimos al templo de los monos. Hay que trepar unos cuantos cientos de escalones. Organizamos dos turnos para vigilar las bicicletas. Y eso que por aquí en ninguna tienda de alquiler te hacen dejar documentos: cosa rara. Llego a la cumbre algo cansado y me quedo perplejo ante tanta belleza, es realmente espectacular. Cúpulas doradas que te observan desde todos los ángulos a través de miles de ojos coloreados, las famosas stupas doradas adornadas con multitud de banderines multicolores. Alrededor del templo se encuentran pequeñas tiendas de artesanías muy sugerentes en las que dan ganas de comprar desde una máscara a una marioneta. Es otro momento de deleite para la cámara, a la que le doy un nuevo exceso de trabajo. Todo el templo está rodeado de monos y hay bosques en las laderas de la montaña. Desde lo alto se contemplan unas vistas generales de la capital, aunque el día no está del todo claro. Al coger la bicicleta para continuar la ruta, me saluda un anciano desde su pequeño comercio con un gran logo rojo, la famosa marca de bebidas también está en Nepal. Una señora pasa delante de mí junto a su crío, sujeto firmemente a la espalda y un grupo de señoras mueven con las manos los cilindros de oración. Circular en bicicleta por estas áreas requiere los cinco sentidos, se circula por la izquierda y los vehículos que pasan en dirección contraria lo hacen casi rozándote.
En Katmandú las tiendas son realmente grandes y se da mucha importancia a los deportes de aventura. Tiendas y tiendas, calle tras calle. En un comercio me hace gracia ver unos equipos de esquís, ¿habrá pistas? Creo que no.
Cenamos en una cadena de restaurantes muy reputada especializada en carnes. Por solo 200 rupias puedes digerir un gran plato de carnes variadas con patatas fritas. ¡Y qué ganas tenía de probar carne, tras más de 2 semanas en el olvido! Cenamos en compañía de un chico vietnamita-americano y su amigo canadiense. Tras la cena, vamos a tomar unas cervezas por el Katmandú nocturno, en uno de los muchos bares con terraza en lo alto de un edificio. Me da algo de rabia pagar la cerveza al mismo precio del gran plato de carnes. Me imagino como tuvo que ser la zona varias décadas atrás, en su máximo apogeo en el que los únicos turistas que venían eran jóvenes hippies para conocerse a sí mismos a golpe de talón. Acudimos a otro bar, la música que suena es rock comercial, dedicada a gringos que dejan sus dólares. Ponen incluso un tema de un cantante español, un tal Iglesias. La vida nocturna es sencilla, y sin gente local, solo extranjeros y más extranjeros. Al salir del ultimo pub se produce una pelea en medio de la calle entre pequeños camellos locales. Por la noche, las calles estás llenas de jóvenes ofreciéndote drogas (básicamente marihuana). Son jóvenes algo marginados y por el aspecto que tienen parece que más que vender sólo la consumen en exceso. Antes de despedir al nuestro dicharachero compañero vietnamita, pasamos por delante de una casa de masajes que parece conocer muy bien.
En el hostal organizan salidas para volar en avioneta al Everest. Preguntamos el precio por curiosidad (100 $). Al ver las fotos del folleto dan ganas de realizarlo, otra actividad más de las muchas que van pasando ante mis ojos sin que mi presupuesto pueda asimilarlas. Así que me voy a alquilar otra bicicleta, un medio de transporte más barato, y me voy en dirección a la plaza Durbar. Me paro en una plaza semiescondida entre pequeños callejones para ver a unos niños jugando a canicas, me recuerdan mi niñez. Fotografío a niños y más niños, es un tema recurrente y me estoy aficionando, sus expresiones son las más naturales. Uno de los pequeños retratados lleva maquillaje en los ojos, un símbolo de belleza, y viste un trajecito rojo a lo Santa Claus con un “Happy Birthday” bordado. La de calor que debe estar pasando, no entiendo como le visten tanto. Tras varias paradas más llego a la plaza Durbar. No sé si está permitida la entrada en bicicleta pero no parece que me pongan problemas por ello. Los templos son de arquitectura newarí, con altos escalones ascendentes para subir hasta la planta y con multitud de pequeñas esculturas. La plaza está rodeada de infinitos comercios destacando los de cuadros típicos de Nepal como los famosos tankas en los que se representa parte de la historia de Buda. Tienen motivos dorados y la pintura es muy minuciosa. Comparo precios en diferentes tiendas y son muy similares. En el exterior de una de las tiendas veo la bandera de España junto a la frase “Se habla español”: ¡Menudo reclamo!, en mi caso ha funcionado a la perfección. El comerciante, tras atender a otra visita, me hace sentar y me ofrece té para conversar . Diferentes tamaños, diseños, grabados. Le solicito un presupuesto para comprar varios a precio especial con la finalidad de venderlos en Australia. Me comenta que mucha gente lo hizo y le fue bien. No le creo pero da igual. En el interior de su mesa de cristal tiene multitud de fotografías de clientes, entre las que observo las del músico Gerard Quintana del grupo catalán Sopa de Cabra y algún alpinista español. Le digo que me decidiré al final del día y, sin mucha insistencia, se despide de mí. Comparo en varias tiendas más pero no encuentro nada mejor y me marcho.
Tirando millas a golpe de pedal me adentro en Patan, la segunda ciudad del valle de Katmandú. La magia que rodea su majestuosa plaza Durbar la hace uno de esos rincones especiales para el viajero. De aspecto más que sublime, es digna de ser el escenario para cualquier película de época. Descanso en el escalón de uno de los históricos templos y se me engancha un joven que me explica las labores artísticas de su hermano, maestro del arte de los tankas. Me pide que le acompañe a verlos a su tienda sin ningún compromiso. Ante la negativa empieza a explicar datos históricos con fechas y todo, aprendido de carretilla al más puro estilo de guía precoz . Por mi parte encantado, que me explique todo lo que quiera. Le digo más tarde que tengo que comer algo y me da la tarjeta de la tienda a la que espera que acuda más tarde.
Recorro la plaza y sus alrededores hasta que me pierdo, no sé cómo retornar a la plaza en la que tengo atada la bicicleta. Atravieso a pié campo abiertos, con multitud de trabajadores cosechando al fondo, como si de una bella estampa se tratara, e inicio la búsqueda de la plaza de la única forma que puedo: preguntando a todo el que se cruce conmigo. Para que uno se de cuenta de hasta dónde llega la amabilidad de las gentes de aquí sólo diré que al parar a un señor en su motocicleta para que me indicara, éste ya se ofrece encantado a llevarme directamente .
Tras comer algo y en espera de que me baje algo la comida acudo a la tienda de batiks pero sólo con el propósito de no estar más de 15 minutos, pues son expertos en enredar y sin darte cuenta te puede pasar una hora. Me empieza a sacar cuadros y cuadros pero son algo más caros que los vistos en otras tiendas. Le digo que me interesan para comentarlo a otra persona, con lo que aprovecho para sacar fotografías de los diseños. Me entero de algo peculiar que se puede contemplar en el templo de Jagannarayan, un templo de 2 plantas de ladrillo situado junto al Palacio Real, resulta que parte de las estatuas incrustadas en lo alto representan diferentes posturas del Kamasutra.
Empiezo el recorrido de vuelta hasta que llego a una enorme plaza en la que me desoriento y no sé regresar. Saco un pequeño mapa que cogí del hostal para preguntar calles y veo el letrero de un psiquiátrico frente a mí. Entro y veo a un grupo de personas en el jardín, sigo y me encuentro con el vigilante: trabajo para una revista de salud de España y me gustaría ver las instalaciones y los pacientes para realizar un reportaje. Sin ningún problema me hace firmar en un papel y me acompaña al interior. No me lo puedo creer. En Barcelona he tratado muchas veces entrar para hacer un reportaje y nunca lo he conseguido. En la primera habitación que veo hay 3 personas. Saco la cámara y empiezo a disparar a los huéspedes. Un chico se acerca y me comenta que el no está interno que solo ha venido a ver a su hermano. Le digo que no importa y le enseño las fotos en la pantalla. Acudo a otra habitación en la que hay una decena de pacientes, se ponen muy felices al verme y me hablan con evidentes signos de trastorno pero muy afablemente. Les disparo varias tomas aunque la luz del interior no es muy buena para retratos. Uno se echa a reír como un descosido al ver su foto en la pantalla. Otro esta triste y saco mi masajeador con el que le saco una sonrisa. Todos se ríen mucho al notar el masaje en la cabeza, me siento cada vez mejor más cómplice. Saco la impresora y les imprimo unas fotografías de grupo pero no me da para todos y le digo al gerente que las que falten las pago yo. Le doy unos 2 dólares en presencia de los pacientes para que lleve una de las copias impresas a una tienda y les hagan mas copias para el resto. Todos me acompañan a la salida, me cruzo con una interna con la cara desencajada y se suma al resto para despedirse de mí. Ha sido un momentos especial, realmente me he sentido persona, me he sentido humano y amigo. Espero que haya muchos más..Regreso feliz al centro, ahora estoy decidido a comprar algunos tankas. Resulta que el comerciante sabe algo de catalán por los clientes y empezamos la negociación.. Me baja algo los precios y le compro finalmente una docena a 6 $ la unidad. Y dos más de regalo. Me los envuelve en un tubo plastificado y me dice que el proceso por cada uno es de de unos 10 días. No sé si he hecho bien pero a mí por lo menos me gustan. Ahora volaron unos 70 dólares de golpe. Al regresar me encuentro al grupo en un café Internet. Me conecto también un rato en lo que fue otro día completísimo.

TREKKING: DE NAGARKOT POR BAKTAPHOR HASTA POKHARA.

Nos dirigimos a Nagarkot en autobús para hacer uno de sus famosos trekkings. Tras pasar por varios controles militares ―buscan explosivos― empezamos la ruta. El trayecto en autobús es de una hora aproximadamente. Al iniciar el ascenso por los montes veo a multitud de escolares cargando con sus libros de escuela y al pasar junto a la escuela un hombre nos invita a conocerla. En la pizarra nos escribe los nombres y la procedencia para enseñarlos a sus alumnos al día siguiente. Es el director, o como allí dicen: el principal. Nos muestra todas las aulas, no son más que pequeños cuartos con 4 sillas, mesas y algún dibujo colgado de la pared. Dejamos nuestras dedicatorias en un cuaderno y nos vamos. Por el camino me voy quedando atrás del grupo mientras retrato a cada estudiante con el que me cruzo por el camino. Uno aparece lleno de libros, le pregunto si es listo y todos me lo corroboran. Se le nota. Otro llega con la muñeca rota, enyesada, echándose unas carcajadas. Continuo caminando mientras los pequeños me siguen durante un rato. Me siento como el flautista de Hamelín al tocar mi armónica y ver tras de mí a los pequeños escuchando la música. El grupo sé ha adelantado por lo que me tomo mi tiempo para las fotografías. Conozco por el camino a una joven que dice ser maestra de la escuela anterior que visitamos. Se llama Indira y es muy seria y reservada. Es la profesora de idiomas. Me invita a su casa a tomar un té y acepto, aunque rápidamente, pues todavía me quedan varios kilómetros por recorrer y quedan unas 3 horas de luz. Antes del trekking me fijé un objetivo: encontrar una niña de ojos verdes parecida a la que salió en Time. Al llegar a la mitad del recorrido, en un pequeño pueblecito de montaña la encontré jugando con sus amigos. No me lo podía creer. Mi mirada sólo se dirigía a ella y eso lo percibía sin entenderme, sólo la retrataba a ella cambiándola incluso de posición en función del sol. Mas tarde fotografío al resto felices y radiantes, money money. Les solté algunas monedas pero querían más. Quise imprimirles alguna fotografía pero no tenia ya mucho tiempo que perder y el papel no es que sobrara, prefería emplearlo en otros algo menos felices así que retomo el camino con un pequeño grupo de chicas siguiéndome durante varios metros.
Llego antes de que anochezca a la cota más alta del itinerario. Hay varios alojamientos acogedores, idóneos para entrar en calor ante la inminente bajada de temperatura que vendrá con la noche. Aunque no sé en qué alojamiento se habrá instalado el grupo elijo el primero que veo y allí me los encuentro. Por la noche no hay nada que hacer, a menos que sea degustar un caliente y reconfortante caldo o tumbarse en un sofá a leer un rato, eso sí, arropado con varias mantas. Nos despertamos a las 5:30 de la madrugada para poder coger el autobús antes de que salga el sol y subir al pico más alto de la montaña, dicen que hay maravillosas vistas. No estoy muy convencido pero finalmente me decido y pago125 rupias por el autobús. Al llegar a la cumbre una niebla tremenda imposibilita cualquier vista del Himalaya, incluso del pico más cercano: menudo robo. Hemos pagado 10 veces más que por el trayecto desde Katmandu para no ver absolutamente nada y no nos devuelven ni una sola rupia por no haber contemplado más que niebla.

A las 7:00 estamos de nuevo en el hotel desayunando. Vamos a realizar un nuevo trekking dirección Baktaphor, situado a unos 30 Km de distancia. Son caminos cuesta abajo en medio de hermosos parajes de máxima tranquilidad. Cruzamos pequeños riachuelos, bosques, valles y casas aisladas de piedra y paja. Nos acompaña un buen día y nos vamos encontrando, sobre todo, a niños que han salido en grupos a disfrutar del día de fiesta. Los últimos kilómetros son los peores, ya no hay mucha vegetación y todo es muy parecido, deseo ver algo nuevo. A tan sólo 3 Km. de distancia decidimos coger un autobús hasta el inicio de Bakhtapor; pagamos 5 rupias pero al cabo de poco nos damos cuenta de que otra vez nos han tomado el pelo, apenas quedan 500 metros para la ciudad.
En pocos minutos nos juntamos nuevamente con el resto para adentrarnos en la ciudad. En la entrada hay un cartel que anuncia los precios por ver la ciudad: 10 $ únicamente para turistas. No estamos muy convencidos y es ya mediodía, así que esperamos a entrar a las cinco, la hora en que los vigilantes acaban su trabajo. Mientras esperamos, un joven se acerca y se ofrece a entrarnos por calles más apartadas. Le seguimos pero a unos metros de distancia, para que no tenga problemas. Ya dentro, el joven guía nos busca un buen hostal para acabar su servicio: un par de dólares por persona. Cuesta 2 $ y es realmente rústico, estrecho, pero con algo de encanto.
El pequeño poblado es una maravilla arquitectónica, fue aquí donde se rodó “El último emperador”. Razones de decorados naturales no faltan. Mientras camino por la parte central del poblado siento haber retrocedido en el tiempo.
Es hora de comer, un hotel con una gran terraza exterior en su azotea nos ofrece unas vistas magníficas a los templos del interior del poblado. Al acabar marcho a recorrer el centro solo para tomar fotografías de los templos, los comercios y sus gentes. Hay muchos comercios de artesanía en los que fabrican vasijas de barro delante tuyo, bajo la sombra de algún toldo. También visito unas antiguas fuentes, la gente lava la ropa y se aprovisiona de agua allí mismo. Hay también muchas escuelas de fabricación de Mandalas o Tankkas, esos cuadros coloristas, tan detallados en los que se simboliza la vida de Buda durante sus diferentes etapas. No hace falta saber previamente dónde se encuentran, siempre hay algún aldeano que te guía a ellas para que contemples a sus alumnos y veas las obras, por si quieres adquirir alguna. Los precios son más caros que en Katmandú, aunque puede que los dibujos sean de más calidad. Almorzamos todos juntos en otra terraza y nos despedimos nuevamente para encontrarnos en Katmandú.

De regreso a Katmandú ponemos rumbo a Pokhara, pequeño pueblo cercano al monte Annapurna y sus rebosantes 8 km de altura. Luís y Jazz llegarán más tarde a la zona al haber contratado los servicios de una agencia de deportes. Concretamente van a realizar raffting juntos en el que es, junto con Nueva Zelanda, uno de los mejores entornos del planeta para dicha actividad.
Tomo solo el autobús hacia el nuevo destino. Las paradas en algunos puestos para comer son continuas. También soy testigo de recónditos parajes atravesados por extensos valles y ríos. Al llegar a Pokhara me encuentro con multitud de jóvenes con pancartas de sus respectivos hoteles. La persistencia al descender del autobúses molesta. No decido nada hasta la llegada de Ángel en el siguiente autobús, media hora más tarde escogemos la oferta del hotel Lake and Fire. El nuevo alojamiento es una casa con habitaciones y servicio de bicicletas incluido. Felices, por el precio casi estándar de 2 $ pero esta vez con taxi incluido y bicicletas, que cogemos nada más llegar para recorrer los alrededores.
Pokkhara es un pequeño pueblecito en continuo crecimiento con un precioso y enorme lago bajo las montañas nevadas picos del vecino Anapurna. Recorriendo todo el pueblo con la bicicleta aprecio su fama turística al cruzar junto a algunas parejas de extranjeros sentadas en algunos de sus restaurantes principales. Hay multitud de tiendas especializadas en deportes de aventura con pantalla propia en el exterior. Nos deleitamos con las imágenes de algunos deportes extremos de montaña. ¡Qué rabia que no estén a nuestro alcance!, si no, sería para realizar todos los deportes practicables por la zona. Por el momento nos tendremos que conformar con el único que podemos practicar: mountain bike. Me separo de Ángel para ir a comer. Yo escojo un pequeño puesto de bocadillos de medio metro de largo mientras Ángel prefiere un restaurante de menú de más calidad y precio. El café lo tomamos juntos en el restaurante que él escogió, sentados tranquilamente en las cómodas sillas del establecimiento.
Continuamos bordeando el pueblo hasta que paro de forma súbita la bicicleta para fotografiar a una vaca dando de amamantar a su cría justo en medio de la calzada. Menuda escena más simpática. Paramos junto al lago, en el que hay algunas pequeñas barcas de colores, para pasear a través del lago.
Al retornar al hotel, Jazz y Luís no han llegado todavía. No sabemos si tuvieron algún problema con el transporte o es que no se pudieron conectar a Internet donde les indicamos. Unas horas más tarde, llegan algo enfadados por los continuos retrasos que tuvo el autobús que tomaron y por el tiempo que perdieron al tener que esperar a otros clientes de la agencia de raffting que llegaron al río mucho más tarde. Están realmente decepcionados.
Cenamos en un restaurante de la cadena Everest por 5 $, se le da provecho a la buena carne que te preparan. El día está radiante, ofreciéndonos un armonioso paisaje a modo de despedida de nuestra estancia en Nepal. Tenemos el autobús a las 9:00 de la mañana para retornar a India pero ante nuestro asombro nos comunican que la partida se realizará a las 11:00 de la mañana. Quería haber visitado una leprosería y un monasterio budista próximo de la zona. ¡Menuda decepción!
En vez de haber dado el último vistazo por los alrededores nos pasamos la mayor parte del día en el autobús, bajo un calor abrasador y continuos apretujones por momentos.
Llegamos extasiados, 7 horas más tarde, al puesto fronterizo con India.

REGRESO A INDIA

En el nuevo paso fronterizo aprovecho para saciarme del hambre que he pasado durante el tortuoso trayecto. Nuevamente en territorio indio llegamos hasta Gorakphur, donde la gente empieza de nuevo a incordiarnos. El grupo permanece varias horas en el restaurante de un hotel, dispuestos a esperar en su interior hasta la misma hora de salida del tren a Delhi. Por mi parte aprovecho para recorrer la nueva ciudad, sin ningún atractivo en particular. Está todo destrozado y en muy mal estado.
Mientras avanzo por las calles, siento que soy un blanco perfecto para todas las miradas que se cruzan a mis pasos. Con paso firme y decidido continúo mi camino sin perder el tiempo ante esos que medio te obligan a pararte para ofrecerte sus productos. Pongo punto y final a la ciudad al cruzar por el puente de la estación ferroviaria en donde me topo con alguno de los muchos mendigos que habitan por las inmediaciones. Su situación es realmente lamentable. Al que me pide alguna moneda, le pruebo el masaje como moneda de cambio. No se puede dar a todos. En todo caso, prefiero dar a los que lo necesitan más que los adultos de mediana edad, como, por ejemplo, jóvenes enfermos o ancianos desahuciados. Mientras penetro en la estación de tren, las miradas de los cientos de pasajeros se dirigen hacia el españolito que se dirige a la salida. Me enciendo un cigarro dentro de la estación mientras continúo buscando la salida. Al rato, un policía me para, no entiendo nada de lo que me dice hasta que señala el cigarrillo con su firme dedo índice. Por lo visto está prohibido fumar.¡Menuda contradicción!.Con la de basura y suciedad que hay por todas partes de la estación y sus alrededores me resulta paradójico que esté prohibido fumar.
Al llegar al restaurante del hotel me encuentro al grupo tal y como les deje horas atrás, tirados por las sillas y ahora cansados de esperar. No entiendo por qué prefirieron permanecer en el interior aburridos, en vez de pasear por el exterior aunque seas reclamado por demás viandantes. Recogemos los bártulos y les guío hacia el camino de la estación de tren.
Permanecemos una hora en el vagón antes de partir al final de la tarde. Las ventanas del compartimiento están cubiertas por garrotes que te imposibilitan asomarte de forma plena. En una evacuación de emergencia no quiero ni pensar lo que sucedería ante esta medida preventiva tan ridícula.

Medio día en el interior del tren para llegar a Delhi. La sensación que me deja la capital es diferente a la de la primera vez . Si en un principio todo daba mucho más respeto, ahora lo veo todo de una forma mucho más normal. ¿Se podrá decir que ya me habitué a la India? Buscamos un nuevo hotel en la zona mochilera de Pahar Gan. Luis y Jazz desean en esta ocasión algo decente y no esos cuchitriles a los que ya estoy inmunizado. Buscando alojamiento en común para los cuatro la paciencia me llega a un límite. No pienso seguir perdiendo el tiempo en busca de una cama que sea de su agrado. Pero, por suerte, tras dos intentos más encontramos una pensión de acorde para todos.
La comida del día es en un restaurante recomendado por la pensión en el que hacen un pollo exquisito y unas chapatis de mantequilla que todos repetimos.
Pasamos la tarde separados y por la noche salgo junto a Luís en tuk tuk en busca de un cine, muy alejado de la zona en la que nos encontramos. Los desvíos del conductor nos hace sospechar de sus intenciones, por lo que le damos el toque para llegar a la hora. El joven conductor parece que se ha perdido. Casi nos bajamos algo enfadados debido a su inexperiencia, hasta que, por fin, da con el complejo de cines. Le pagamos algo menos de la carrera por el retraso ocasionado. Enfadado, nos sigue hasta la misma taquilla donde ya le traducen los empleados de los cines los motivos por los que le pagamos menos. Sólo queda una película sin empezar, de título “Sea Biscuit”, protagonizada por Jeff Bridges, un actor que me cae bien. La sala es enorme, con alguna iluminación estrafalaria, la entrada nos sale por 125 Rupias.
Al finalizar el film damos una vuelta por el complejo comercial de los cines, atentos a que no nos aparezca de nuevo el taxista enfurecido. La gente es de nivel adquisitivo muy elevado. Todos visten bien, hay multitud de tiendas de marcas y fast foods. Por aquí no se ve ni un solo mendigo ni gente pidiendo. Me resulta más cercano pensar que estoy en un centro comercial europeo que en uno de Delhi.
Para el tuk tuk de regreso acordamos antes la tarifa con el conductor, para que no haya malentendidos. El trayecto de vuelta a la pobre calle de nuestra pensión contrasta con las calles residenciales y diplomáticas de la zona cercana a los cines.

En nuestro último día en India realizaremos todos los trayectos a pie llegando hasta Lakshmi Narayan ,un colosal templo que fue construido por uno de los hombres más ricos que ha habido en la India moderna y principal benefactor económico de Mahatma Gandhi y del Partido del Congreso antes de la independencia India. Fue él quien hizo el famoso comentario: “Me cuesta dos mil rupias al día mantener a Bapu (es decir, Mahtama Gandhi) viviendo en la pobreza”. Varias torretas de colores rojo y crema se entremezclan con el cielo bajo la entrada, en la que es obligado descalzarte para poder acceder al recinto.
En las afueras del Palacio hay vendedores ambulantes que te ofrecen libros con cientos de sellos. La presentación de los sellos está bien realizada, en un pequeño álbum de color. El precio inicial marcado es de 300 rupias, le ofrezco dos botellines de whiskey a lo que me responde 150 rupias, finalmente lo dejamos en 100. Más adelante, tras pasar por un domador de cobras que sólo te la muestra si le pagas algo me vuelvo a topar a otro vendedor de sellos que, de forma algo desesperada al no querer adquirírselos, me grita desde lo lejos ¡80 rupias! ¡No lo puedo creer!

En nuestra última tarde sin saber qué hacer repito junto a Luis en la búsqueda de un nuevo cine. Ángel y Jazz siguen sin apuntarse con nosotros. Da rabia ver por momentos como se necesitan el uno al otro sin separarse ni un solo segundo. Imagino que si ella no estuviese, Ángel iría al cine junto a nosotros, pero ya se sabe….
El nuevo complejo de cines es aún mejor que el de ayer. Está situado en otra zona exclusiva. Entre todas las películas que hay la mayoría son americanas y no de su propio país, el primer productor mundial de cine en el mundo. Los precios de la entrada, como creo que siempre debería ser, varían en función de la zona en la que tomes asiento.

Nuevo madrugón a las 6:00 de la mañana para llegar lo antes posible al aeropuerto.

Capítulo 3

diciembre 17, 2006
DELHI: LA PRIMERA IMPRESIÓN.

Salimos cargados con las mochilas y tomamos el metro que nos lleva directo al aeropuerto. Tan sólo son unos 40 minutos desde el centro de Londres pero llegamos a Heathrow apenas una hora antes de la salida ─desafortanudamente, será una constante en el viaje─ y nos quedamos estupefactos ante la interminable cola en el mostrador de facturación. Sin embargo, mantenemos la calma y con bastante disimulo (y falta de pudor, lo reconozco) nos ponemos segundos y pasamos. Supongo que en España hubiera habido cierto revuelo pero estamos en Inglaterra y aquí la gente no se cuela, eso queda para los españoles.

Despegamos. El avión, de compañía inglesa, cuenta con monitores propios para cada asiento y películas que todavía no han llegado a España, pero yo prefiero quedarme observando a una azafata india de bello rostro y con un suave pareo de fina seda roja. Se mueve con exquisita lentitud, ofreciendo mantas y una tímida sonrisa a los pasajeros. Voy a necesitar una manta, pienso, y le pido una. De paso, le pido también un botellín de whisky que, sospecho, me ayudará a pasar las 12 horas de trayecto mejor que el moderno monitor. Aprovecho y voy leyendo algunos datos del inminente destino. Dormir en el avión no es lo mío, soy de los que sólo descansa al final y se pasa el trayecto observando al resto mientras echan cabezadas como buenamente pueden (es todo un arte conseguir dormir en el minúsculo asiento). Al cabo de unas horas, el grupo ha caído rendido y yo sigo despierto, momento que aprovecho para sacarles una entrañable foto dormidos, por supuesto, sin su consentimiento. Para pasar el tiempo enciendo el monitor y compruebo mis sospechas: nada interesante, películas excesivamente comerciales para mi gusto. Dejo vagar mis pensamientos y me imagino ya esa India cultural y religiosa, esa rica India de 1600 lenguas y dialectos aunque desgraciadamente tan pobre en desarrollo. Descendemos y me levanto. Desde una de las ventanillas situadas cerca del lavabo del avión puedo vislumbrar unas débiles luces allá abajo, en la distancia, e imagino alguna pequeña población. Al rato puedo ver Delhi.

La primera impresión de la India siempre se recuerda. En mi caso me quedé perplejo observando la gran cantidad de gente que esperaba a los recién llegados. Mucha gente y muchas pancartas, de cualquier cosa, en un aeropuerto mas bien triste y gris, con esa luminosidad amarillenta del tungsteno de la peor calidad. Traspasamos la marea de gente, ─ ¡Mr! mi taxi es el mejor, mi hotel es el mejor─ y acudimos a un puesto oficial de taxis donde las tarifas son fijas. Salimos fuera del recinto en espera del vehículo y empiezo a notar en la respiración un olor extraño para el occidental que acaba de poner su primer pie en tierra india. Es un olor que no consigo asociar a nada concreto, indefinible, pero que siempre recordaré como el olor de la llegada a la India. La salida del recinto se encuentra repleta de coches de los años 70 y los famosos y muy prácticos rickshaws o tuk tuks urbanos. Esos pequeños carromatos, de color verde y amarillo en su mayoría, y aparentemente preparados para tres o cuatro personas, pero cuya capacidad máxima, como puedes comprobar al poco tiempo de circular por Delhi, es realmente ilimitada. Otra cosa que puedes comprobar es que las normas de tránsito no existen. Le indico al taxista que nos lleve a la zona de Pahar Ganj. Según me comentó mi prima Mabel, burgalesa y viajera ocasional de primera, es una de las zonas de alojamiento más baratas. El trayecto hasta el centro de Delhi es realmente diferente: para empezar, la, en teoría, carretera nacional, es realmente lo que nosotros definiríamos como una carretera comarcal, llena de enormes baches y boquetes, que pondrían en peligro incluso al más experimentado motorista. Por el camino se pasa por zonas polvorientas, con algún comercio medio por construir (o por derrumbar según se mire). El tráfico es totalmente caótico, de locos, no por los atascos, sino por la velocidad y el continuo esquive de sus vehículos: la sensación se acerca más a un circuito de autos de choque que a una carretera en sí. Los golpes leves de unos a otros son algo totalmente normal, y lo más importante parece ser tener una buena bocina de hojalata a mano. Máxima contaminación acústica y un lenguaje propio de comunicación. La verdad es que, en un principio, hace gracia, pero acaba siendo cansino tanto ruido y velocidad.

Llegamos al recomendado hostal “Metropolitan” y el espectáculo es absolutamente dantesco, inimaginable para el que no esté acostumbrado. Pensamos que el taxista se ha equivocado de zona. Calles enteras sin saber jamás lo que fue el asfalto, con piedras y obstáculos varios por todos lados. Y vacas. Vacas, vacas y más vacas tiradas en cualquier lugar, inundándolo todo con su olor. Algunas descansan junto a gente cubierta con mantos. Tienen pinta de cadáveres, pero no podemos saberlo del todo, apenas se ve a tres metros. Nuestro alojamiento se encuentra repleto, por lo que nos vamos, con alivio, a otra zona del New Delhi, a unos 3 Km de distancia. Allí nos dan una habitación para 4 personas muy decente, con agua caliente, televisión, un amplio balcón, y un curioso lavabo que parece del siglo pasado. Son sólo unos 10 dólares la noche, a dividir. Aunque son las 3:30 de la madrugada no estamos cansados, así que decidimos ir a dar una vuelta por las cercanías. Bajamos a recepción para que nos entreguen los pasaportes a cada uno (en la India es usual entregar el pasaporte de todos los huéspedes y no el de uno solo como garantía) y el chico de la recepción nos comenta que es de locos ir a dar una vuelta a esas horas. Aún así, queremos salir. Justo entonces, llega un guía turístico, como aparecido de la nada. Nos explica que no es normal que unos extranjeros estén paseando a esas horas y nos acompaña amablemente hasta la esquina de la calle. Realmente, afuera no se ve absolutamente nada, nada abierto ni gente, apenas algún bulto durmiendo. Conversamos un rato con él y su luminoso y sonoro teléfono móvil (símbolo de progreso y distinción), y, finalmente, optamos por regresar al cuarto del hotel. Antes de dormir me quedo leyendo un misterio:

” En el patio del templo de Qutb Minar,en Delhi, existe una columna que consta de una sola pieza de hierro fundido que mide 7 metros de alto y pesa 7 toneladas. Fue erigida por el emperador Kandra Gupta III, que reinó entre el año 380 y el 413 d.C. En 1500 años la columna no muestra ningún rastro de oxidación, ya que no contiene ni azufre ni fósforo. Quizás la columna fue levantada por un grupo de ingenieros que no disponían de recursos para construir un edificio colosal, pero que querían legar a la posteridad un monumento visible que desafiara al tiempo”

Curiosamente en Europa no pudo haberse construido ni una sola pieza de un tamaño similar hasta finales del siglo XIX .

Ya por la mañana, nada más salir del hotel, nos encontramos de forma aparentemente no casual, con un taxista que se nos ofrece para llevarnos a una oficina de información turística, en la que el director es precisamente nuestro guía de la pasada noche: ¡qué casualidad!.Su nombre es Sonic y, cordialmente, nos ofrece algo de beber al pasar a su minúsculo despacho. Como no tenemos del todo definida la ruta que deseamos realizar asigna un taxi a nuestra total disposición por solo 70 rupias al día (1,5 $). Aprovecharemos el rápido y cómodo transporte para conocer diferentes zonas del Old y New Delhi. Mientras circulamos voy dándome cuenta de que nos adentramos por fin en la auténtica capital, llena de miseria por todas partes pero con una singular cotidianeidad, incluso me atrevería a afirmar con un cierto ambiente de felicidad relativa. El tráfico es espantoso a todas horas, y notas la gran población, la gran cantidad de gente en todos lados en esta hiperpoblación tan desmesurada. Nos observan de forma asombrosamente alegre, con algo de seriedad respetuosa, y no se percibe la presencia de ningún otro occidental por la zona. En el transcurso del día solo llegué a ver a una pareja de chicas rubias y a un chico occidentales. Las calles están llenas de comercios y puestos de alimentación callejeros sin ningún tipo de calidad ni medida sanitaria, así que compramos botellas de agua totalmente precintadas y rechazamos el hielo como medida de precaución durante el trayecto. Hacemos un alto en la estación de trenes del Old Delhi para informarnos de los itinerarios pero salimos más desinformados de lo que entramos. En el interior de la misma, somos, como ya empieza a ser costumbre, el foco de atención, pensamos que no debe ser usual ver a extranjeros viajando en este medio de locomoción. Allí saco mi primer retrato: un anciano sentado en mitad de la entrada de la estación con aspecto de haberse pasado allí toda su vida. Compruebo la toma y aprecio unas motas en la pantalla de la cámara; me doy cuenta de que no corresponden a la imagen real sino a la alta polución, invisible para el ojo humano. La mancha tiene la forma de un enorme copo de nieve. En un pequeño puesto anexo a la estación pido unos pedazos de pizza, bastante aceptables aunque más picantes de lo normal, como última comida occidental antes de adaptarme a la gastronomía local.

Regresamos de nuevo a la oficina, donde Sonic nos intenta convencer de una forma cada vez más persistente de la ruta norte. Nos negamos amablemente pese a las constantes bajadas en los precios y pagamos el ridículo coste del taxi. Mientras volvemos al hostal vamos preguntando a la gente si es posible ir dirección Jaipur por menos precio del que nos mencionaron, para hacernos una idea de los precios en boca de la gente que no se dedica al mundo del transporte. Al rato nos recoge, sin pedirlo, otro taxista y nos lleva a otra oficina de información, parece que estén todos compinchados para conseguir convencerte. Los precios son muy similares en todas las agencias que visitamos, por lo que deberemos tomar una decisión con más calma de la ruta a realizar en el hostal.

El sol de la mañana me despierta temprano, son las seis en punto cuando abro los ojos. El clima es de lo más agradable, con una temperatura envidiable para el otoño de España. Me siento algo extraño de poder ir tan ligero de ropa pero me agrada, pienso en lo abrigado que estaba tan solo dos días antes. Decido irme a dar un paseo solo, la sensación que me invade cuando recorro las calles no es la misma que con el grupo, veo todo de diferente manera, más personal, más íntima. Pese a que lo intento, no accedo como quisiera a fotografiar a la gente, creo que necesitaré algo de adaptación al medio. Los niños se dirigen a las escuelas en grupos, caminando o en algún pequeño transporte escolar. Llevan uniformes de lo más variopinto, con motivos de rombos de diferentes colores. Las niñas llevan también corbata, a juego con el resto del uniforme, y la mayoría de ellas tiene dos bonitas trenzas en el pelo. Sigo a un grupo de niñas y busco el momento adecuado para fotografiarlas, intentando pasar desapercibido para dar más naturalidad a la imagen. Me adelanto y las espero junto al poste de una farola para retratarlas. Tras fotografiarlas se dan cuenta de mi presencia, me empiezan a saludar y sonríen al pasar junto a mí. Estoy revisando la imagen y aparece junto a mí un policía muy alto, con una potente moto de montaña de color verde. Empieza a toquetear la cámara y decirme algo que no entiendo, no habla inglés. Lo único que comprendo de su vocabulario es que es policía, cosa obvia al ver su uniforme verde militar. Al rato, el robusto agente para a un joven que pasa frente a nosotros para que me traduzca al inglés sus palabras pero tampoco lo conseguimos. Entonces me hace acompañarle a la comisaría, situada justo al lado de la farola en la que me había situado para la toma; no me había dado cuenta. Ya dentro, me preguntan los motivos por los que fotografié a las niñas y trato de hacerles comprender que no tenía mala intención. Me dicen que está prohibido sacar fotografías a los escolares y. me pide la documentación, pero no la llevo encima. Conversan entre ellos y empiezo a asustarme. Me dice que le acompañe en su motocicleta. Es una situación estúpida pero no me fío, imagino el inicio de uno de esos absurdos malentendidos que acaban trágicamente en las películas y trato de resistirme a subir a la moto. Me sigue insistiendo, en un tono algo superior pero educado. Me vuelvo a hacer el loco como última medida algo desesperada aunque sin éxito. Las piernas ahora me empiezan a temblar algo aunque mantengo la compostura, con constantes sonrisas de extranjero atontado pero amable, para hacerle cambiar de opinión. Finalmente subo y me pide que le indique donde me alojo. No entiendo nada de lo que me está pasando, me doy cuenta de que simplemente me va a llevar al hotel y me voy a ahorrar volver a pié. Llegamos y me dirijo a buscar el pasaporte a la habitación pero el recepcionista me reconoce, le comenta algo y me dice que ya esta todo resuelto. Mientras subo con la intención de darme una buena ducha fría escucho sus carcajadas en el mostrador a modo de anécdota. Ya despejado del susto, subo a la azotea del hostal para sacar alguna fotografía de los edificios colindantes y de la salida firme del sol. Todos duermen y no se han enterado de nada, yo sólo quiero que no me pase nada extraño de nuevo.

Una vez todos levantados, cargamos las mochilas (la mía en concreto pesa 18 Kg.), y nos vamos caminando a la estación central del Old Delhi. Desde la salida del hostal varios tuk -tuks nos empiezan a insistir para que los cojamos, insisten durante varios minutos y llega un momento en que, por no darles la razón, preferimos ir caminando aunque sean unos dos Km de distancia. Llega un momento en que la persistencia de los transportistas es tal que reposamos junto a algún policía para que se alejen. Sabe mal, porque son buena gente que trata de ir tirando, pero realmente te agotan la paciencia. Será cuestión de ir adaptándose. Llegamos por fin a la estación y de nuevo otro lío. Nos dicen que no es posible viajar sin reserva previa. No sabemos si hay plazas (en la India, independientemente de que las plazas estén ocupadas o no, se viaja siempre hasta los topes), por lo que comienzo a sospechar que de lo que se trata es de que viajemos a través de una agencia. Me enfado porque el resto del grupo no piensa como yo, subimos a un coche y, efectivamente, nos llevan a una nueva agencia de viajes. Allí nos ofrecen varias ofertas para la ruta que deseamos hacer, y, finalmente, aceptamos. Son 5 días de viaje en coche, con chofer propio y gasolina incluida. El itinerario es Delhi-Jaipur, Jaipur-Phuskar, Phuskar- Jaipur y Jaipur-Agra. Desde Agra en tren hasta Benarés y luego en autobús hasta Katmandú. El precio: 80 dólares. En la India, 80 dólares es el sueldo de un mes para quien nos lleve, pero tenemos en cuenta que el mismo chofer nos puede llevar a alojamientos más baratos, y que podemos realizar traslados dentro de los destinos previstos, por lo que, pese a que el tren debe ser mucho más barato, lo que ahorramos es tiempo. Salimos al momento, tras cargar las mochilas en el capó de un utilitario blanco de marca alemana. Tras unas 6 horas de trayecto por carreteras polvorientas y alguna parada de reposo, llegamos a Jaipur. En las paradas hago los primeros trueques del viaje: le intercambio a un comerciante 2 collares de piedras azuladas por el sencillo reloj que encontré tirado en Londres.

JAIPUR: CAPITAL DEL RAJASTHAN

Llamada la ciudad rosa por el color de sus casas, Jaipur es la capital del estado de Rajasthan (antes llamado Rajputana, tierra de los rajputs, honrados y valientes guerreros que lucharon hasta la muerte por proteger sus tierras). Fue construida en el siglo XVIII por el maharajá Jai Singh II, del que recibe su nombre: la ciudad de Jai. La terminación pur indica ciudad de origen hindú, a diferencia de la terminación ad, que indica ciudad árabe. Jaipur no siempre fue rosa; en 1883 se pintó con este color que es tradicional de la bienvenida para recibir la visita del príncipe Alberto, esposo de la reina Victoria, y el color rosado, combinado con adornos en blanco, se ha conservado después, dando a la ciudad una personalidad propia y característica.
Entramos, tras cruzar la muralla a través de un gran arco de arcilla rojiza, y me fascino del cambio que veo respecto a Delhi. Todos los comercios son, por lo general, más limpios, el tráfico menos caótico y las avenidas mucho más ordenadas.

El chofer nos lleva a una casa que conoce en la que nos cobran solo dos dólares por alojarnos. Es una especie de torre privada que funciona a la vez como hotel. Imagino que serán muchos lugareños los que den este tipo de alternativa al viajero para incrementar algo su economía para los que no queremos depender de alojamientos de capital extranjero. Al salir a inspeccionar el terreno aprecio que al otro lado de la calle, junto a la entrada de un recinto, hay más luz de lo normal en comparación con el resto de oscuras calles. Entramos al interior del recinto y resulta ser el banquete de una boda hindú, de casta alta. Tras un cruce de miradas con algunos de los invitados, acude a nosotros un señor que amablemente nos invita a pasar a celebrarlo con ellos. Resulta ser el padre de uno de los novios. Nos dan de comer y de beber una y otra vez. Me siento como un negro en una boda de blancos alemanes durante el régimen de Hitler, pero me gusta, aunque no pintamos absolutamente nada. Es otra de las realidades de la India, el contraste, a un lado un banquete y apenas a sólo unos metros, fuera del recinto, gente que nace, vive y muere en la misma calle. Los invitados visten elegantes atuendos de saturados y vivos colores en sus trajes, aunque también podemos ver algunas camisetas de diseño, perfectamente occidentales. La gente nos mira con admiración y felicidad. Mas tarde, me entero de que en una boda india la mera presencia de un occidental es símbolo de prestigio para ellos. Voy retratando a varios de los invitados, esto no sucede todos los días. Nos insisten de nuevo en volver a comer, me inflo de pasta típica, agradable, no picante, y de rotis (pan tipo tarta fina recién hecho). Nos dan vasos de agua de los que sólo yo acepto en confianza sin saber la procedencia. El grupo les repite en reiteradas ocasiones que no tienen sed, dando ligeras sospechas a los que se los van ofreciendo de que tienen algún apuro por el tema sanitario. Pero yo no creo que haya ningún peligro aquí, todo es selecto y bueno. Tras conocer a la mayoría de los invitados, nos presentan al fin a la pareja de recién casados. Nos fotografiamos y voy al hotel para imprimirles una copia en mi pequeña impresora digital para regalársela en señal de gratitud. Es la primera copia de las muchas que espero poder regalar en los próximos meses a gente más desfavorecida y a los que bien seguro les hará mucha más ilusión. La luminosidad en la larga calle ante la que nos encontramos es negra absoluta lo que nos hace retroceder al alojamiento antes de que nuestra desorientación se haga presente sin poder recurrir a ningún tipo de indicación.

Nos dirigimos al centro para visitar los templos: el Kitty Palace, el Palacio del Viento, el templo de Shuomani, la Ciudad Antigua y el templo de Jausarth. Luego de una rápida visita nos vamos a 15 kilómetros de la ciudad para visitar el fuerte Amber, una imponente fortificación, repleta de monos, que se eleva sobre una colina rocosa junto a un pequeño lago. Lo primero que encuentras al entrar en el fuerte son niños, pequeñas manadas que te rodean tratando de venderte viejas postales de colores. Los dejo venir y trato de explicarles que justamente postales es algo que no necesito, estoy cargado de fotografías. Les muestro alguna con el mismo motivo que sale en la postal y dejan de insistir, aunque lo hacen con una gran sonrisa, se dan cuenta de que tienen poco que hacer y les doy algunas monedas por alegrarme la visita. Uno de ellos empieza a chutar una pelota y al poco tiempo estamos todos jugando alrededor del templo. De vuelta a la ciudad me quedo fascinado con la belleza del Palacio de Agua, un pequeño palacio situado en medio del lago cuyas columnas y bóvedas se reflejan majestuosamente en las plácidas aguas que lo bordean. Comemos en un local recomendado por nuestro amigo conductor, donde por tan sólo un dólar te sirven en una bandeja similar a las de los comedores de escuelas de mi país, diversas comidas típicas de la región. En todas ellas figura el omnipresente arroz, base primordial en la dieta habitual de los que menos tienen. Ya aparcados en el centro de Jaipur, aparece de repente un hombre, como salido de la nada ─siempre son comerciantes los que salen de la nada─ que nos habla en perfecto español, aprendido, según nos cuenta, durante su estancia en Sabadell una ciudad cercana a Barcelona. Nos aconseja subir a una azotea para ver mejores vistas del centro, previendo ya que pronto veremos su mercancía. Se trata de bisutería, bastante bonita y sofisticada. Por otro lado, pensamos que podemos sacar algo por ella al revenderla en otra etapa del viaje, Australia, por ejemplo. Mientras mis compañeros se quedan aún un rato en la tienda me voy a comprar algo de fruta y acudo con el chofer a un pequeño templo. Es martes, día de rezo. La devoción que muestran es impresionante, no hay duda, la religión forma parte de la vida diaria en la India. Nadie es indiferente, y todos se respetan, pese a la gran cantidad de religiones existentes. Me siento en las escaleras y me quedo leyendo un fragmento de la guía donde se muestran las características de las diferentes religiones mientras intento ir diferenciando unas de otras en base a las personas que pasan frente a mi.

El hinduismo es la más conocida y extendida como todos sabemos. A diferencia del cristianismo o la religión musulmana no está ligada a un dogma sino que es resultado de una evolución religiosa y cultural. Su característica principal es la creencia en la trasmigración de las almas y en la reencarnación. El Karma, la suma de los actos que realiza a lo largo de su vida una persona, no son recompensados con un cielo o con un infierno, si no en una próxima vida. Se trata de una religión no escrita, es más una actitud ante la vida. Un Hindú puede tener cientos de dioses, uno para cada cosa o no creer en ninguno. Sus tres dioses principales dentro de un orden jerárquico son: Brahma, Vishnu y Shiva. Todos los que veo podrían ser hindús por lógica propia.
El budismo, pese a que Buda nació en la India, está, paradójicamente, más extendido fuera de la India. A diferencia del hinduismo, el cumplimiento de sus preceptos te libera del ciclo de las reencarnaciones, llevándote a un “cielo”, el Nirvana. La doctrina budista considera primordial una conducta recta, la tolerancia y la renuncia a todo empleo de la violencia. Es contrario a las supersticiones y las divisiones en castas. Por aquí no puedo diferenciar a un budista, a menos que sea monje o aprendiz con pelo rasurado y togas anaranjadas, cosa que no veo por el momento.
El Jainismo es una doctrina de auto salvación basada en un rechazo total a la vida mundana. El respeto a la vida de los seres vivos, incluso las más insignificantes criaturas es su precepto máximo. Incluso se tapan con un pañuelo de protección en su boca para impedir dañar un minúsculo mosquito o verlos mirar constantemente por donde pisan. A éstos, mucho menos les voy a ver en esta calle de comercios en la que me encuentro.
Los vistosos Siks son los seguidores de una religión mixta entre el Hinduismo y el Islamismo. Son monoteístas, aunque creen en la reencarnación y en la migración de las almas. Su centro de veneración lo ocupa el Granth Sahib (Libro Sagrado) Es curioso que los practicantes de esta religión, tanto hombres como mujeres jamás se cortan el pelo, llevando la cabellera recogida dentro del turbante. Los Siks no fuman ni beben y renuncian a todo lujo, consideran iguales a todos los hombres. Sin embargo no son pacíficos, por fanatismo pueden llegar incluso a ser violentos según leo desde mi perplejidad. Alguno que otro si puedo observar por el momento aunque lo de violentos es tan relativo.
Los Parsi son monoteístas y partidarios de la doctrina de Zaratustra. Veneran los elementos de la naturaleza, el fuego, el agua y la tierra. Así como la mayoría de estas religiones queman a sus muertos, los Parsis los abandonan para que sean devorados por los buitres y puedan incorporarse al ciclo de la naturaleza.
El Islam se basa en la sumisión a un Dios, Alá, la base de su doctrina está en las palabras de su Dios plasmadas en El Corán. Tienen cuatro obligaciones básicas: Orar cinco veces al día, dar limosna, ayunar durante el mes sagrado de Ramadán y peregrinar, al menos una vez en su vida, a La Meca. Éstos podrian ser cualquiera de entre las riadas de personas que vi hasta la fecha.
Tras la lectura de religiones salgo como impulsado por un repentino fervor religioso que, por otro lado, reconozco como pasajero, retorno al Palacio de los Vientos y me quedo contemplando su fachada por unos minutos. Es imponente, rosa y blanca, con esos pequeños miradores y los millares de ventanas y celosías; donde las damas de palacio podían mirar sin ser vistas. Es un edificio de cinco pisos y los dos superiores, mas estrechos, dibujan la cola de un pavo real. Dejo el palacio y me introduzco en un pequeño templo hindú situado en medio de la calle, iluminado con multitud de velas y repleto de flores colgantes. Fotografío detenidamente a los asistentes y no me ponen ninguna pega, creo que voy aprendiendo. Mientras espero al grupo que anda de compras fotografío a unas vendedoras sentadas en el suelo. Cuando acabo me hacen gestos, pidiéndome algo. Entiendo que es limosna lo que piden y les doy algunas monedas pero la más anciana no parece contenta y me pone muy mala cara. Miro al chofer y me aclara: lo que en realidad quieren es la fotografía, ellas no piden limosna. Me ruborizo, no puedo evitarlo, y me marcho como buenamente puedo: acabo de hacer de perfecto guiri que no se entera. Lástima que no llevase la impresora encima.

Tengo ya completas las 3 tarjetas de memoria de la cámara, así que las dejo en una tienda que encuentro tras muchos intentos de búsqueda, para que me graben lo que será mi primer CD. Mientras esperamos conocemos a unos críos y les regalamos unos plátanos y unas rupias, ellos aceptan las monedas encantados. Pasado un rato vuelvo a la tienda a recoger el CD y al entrar me doy cuenta de que los trabajadores están muy atentos revisando mis fotos de Andorra,España y Londres. Me preguntan y repreguntan; les encanta que les explique cosas de Londres, tengo la sensación de que les estuviese hablando de un paraíso. Uno de ellos es muy joven, me recuerda al típico informático hindú, amable y con pinta de aplicado, con las obligadas gafas de montura dorada. Según mi prima Natalia, la razón de que los mejores informáticos del mundo procedan de India está en que la mayor parte de los cálculos matemáticos que realizan los hacen mentalmente. El CD con las 3 tarjetas me cuesta 350 rupias (5$), justo el doble de lo que cuesta en España, pero prefiero pensar que han sido honestos.

Caminando nos encontramos con una celebración en mitad de la calle, cientos de personas con farolillos metálicos u otros menesteres. Es la celebración de una boda. Aparece ante mí un personaje peculiar: larga melena oscura y vestimenta a lo drag queen. Lo retrato hasta que me pide dinero y trato de sacármelo de encima. El chofer me confirma: no le deis dinero, son los mismos de la celebración los que le pagan. Se trata de una especie de animador místico-festivo.
De regreso al hotel comprobamos que se está celebrando otro banquete nupcial justo en el jardín. Lo contemplamos desde la terraza, fumándome un biri (cigarrillo corto, típicamente hindú cubierto por una fina hoja de eucalipto) con el chofer. Bajamos al jardín y en menos de lo que canta un gallo ya estamos otra vez invitados. Al verme de nuevo comiendo de gorra sólo por ser occidentales me viene a la cabeza lo que pasaría si un hindú se autoconvidase en una de nuestras bodas, tan perfectas. Charlamos con ellos, por los alimentos y los ropajes ya se aprecia que son de casta alta, muchos tienen negocio propio, alguno, incluso, nos comenta que posee joyerías en Londres. Me lamento al ver al chofer en el balcón y no en la celebración, no se siente invitado. Llega la novia en una especie de carro real, que transportan hasta el altar donde desciende y yo aprovecho para disparar: es mi instantánea preferida hasta el momento. El fuerte colorido del traje de seda, bordado por todas partes, la naturalidad de su mirada, las manos tatuadas de henna, el encuadre, la luz, todo me parece perfecto. He captado ese instante, tan difícil y tan valioso. Tras la comida empieza el baile, grandes éxitos americanos con incluso alguna “Macarena” o “Asereje” incluidos, y no en nuestro honor. Acabo autoinvitando al chofer a formar parte junto al resto de invitados, bailando y tomando una copa con él. Y es que en un boda hindú hay momentos en que es realmente difícil saber quiénes están invitados y quiénes no si el recinto es un enorme jardín y los invitados se cuentan por centenares. Eso de las entradas con invitación no funciona por aquí.

PUSHKAR: EL FESTIVAL DE CAMELLOS

Siguiendo la recomendación de mi prima, nos dirigimos ahora hacia Puskhar, un trayecto de unas pocas horas, apeandonos antes de la llegada en algún puesto de descanso donde ofrezco tanto al conductor como a un comerciante cercano mis últimas lonchas de jamón serrano. Sus reacciones hablan por sí solas ante la extrañeza de nuestro producto estrella. El pequeño pueblo de Pushkar, tranquilo y acogedor ―cosa rara en la India― es conocido por tener una de las ferias de comercio de animales más conocidas: el Pushkar Mela (dedicado a Brahma), en la que nómadas de toda la India acuden por una semana al desierto del Thar, a las afueras de Pushkar, para vender sus camellos y sus caballos. Se realizan subastas durante varios días de noviembre hasta llegar al momento cumbre: el día de luna llena. Es entonces cuando finaliza y todos los presentes, para celebrarlo, se bañan en las sagradas aguas del Lago Pushkar.

La primera impresión que me llevo de Pushkar es que parece cuidado, tiene menos miseria de lo visto hasta ahora. En el centro se erigen enormes casas azuladas cuyos tonos se confunden con la visión lejana del lago. Las calles son estrechas y más bien poco transitadas, a excepción de la zona más comercial que bordea al mismo lago en donde gentes y viajeros de todos los rincones se reúnen en este momento del año, una mezcla de atuendos, rostros y lenguas que no pasa desapercibida para nadie. Hacia las afueras, junto a pleno desierto, se realizan todas las actividades del festival. En el camino hacia allí me llama la atención un vetusto parque de atracciones, como de hace 50 años, los alambres y las torres parecen estar a punto de desplomarse con sus sonrientes ocupantes. Junto al parque se encuentra una enorme explanada, sí, estamos en pleno Rajastán, con alguna pequeña montaña y arena y más arena que empieza a formar el desierto del Thar. Contemplar el espectáculo desde lo alto de la explanada es hermoso, tierra y tierra que cambia de color con la luz del día y, a lo lejos, el desierto, oscuro y silencioso. En una esquina, mezcladas entre las tiendas de vivos colores, las siluetas de los camellos y el bullicio. Es uno de los mejores momentos en lo que llevamos de viaje y lo guardo agradecido durante un par de horas con mi cámara.

Pushkar también se puede reconocer por la gran cantidad de pequeños comercios relacionados con la bisutería. Miramos en algunas tiendas anillos, pulseras y collares. Yo espero comparar productos y precios ya que tengo la impresión de que los artículos que veo por aquí serán aun más baratos en otras urbes. La idea es comprar 100 dólares en el material, cada joya tiene un 92 %de plata aproximadamente. El precio medio de un juego de anillo, pulsera y pendientes es de aproximadamente un dólar. En una de las calles junto al río me encuentro a un anciano rasta de religión sik (con más de 1 metro de cabello) que vende una especie de tarjetas religiosas. Le fotografío disimuladamente junto a la pared en la que está apoyado, un bonito fondo azulado, con la esperanza de que no me pida dinero (si tuviese que dar a todos los que inmortalicé en mi cámara se me acabaría el presupuesto en dos días). Antes de que caiga el sol vamos a la terraza de un bar, junto al lago, para descansar y tomar un refresco. Desde allí contemplo el magnifico atardecer, de postal, rodeado de malabaristas y músicos ambulantes tocando el djembe.

Es una pena pero debemos retornar a Jaipur a hacer noche, lamentablemente decidimos dejar allí las bolsas. En el camino de retorno nos volvemos a encontrar un banquete de boda.¡Desde luego parece que es la época de las bodas! Como ya expertos, nos autoinvitamos y conseguimos comer alguna cosa, algo cansados, eso sí, por lo que decidimos dejar el día por zanjado. Ha sido un día interesante por todo lo visto y vivido, un día provechoso, estoy contento, por mí y por mi fiel compañera: mi querida cámara.

AGRA: EL TEMPLO DE LA TRISTEZA.

De Jaipur a Agra hay 6 horas de camino. La carreteras son horribles, llena de baches y curvas. Vamos muy lentos, y por el camino nos encontramos pidiendo dinero por ver a sus mascotas haciendo piruetas. Se trata de osos malayos ―de aspecto similar aunque más pequeños que los osos pardos de nuestra península―, especie casi en peligro de extinción (solo quedan unos 80). Los ponen a caminar y a dar saltitos para hacer gracia a la gente. Los fotografío y esta vez sí me toca pagar alguna moneda aunque me dé rabia, en realidad estoy contribuyendo a la explotación. Fotografío a un segundo oso desde el coche apresurándome y nos marchamos, la carretera es algo mejor y, además, ya no hay peajes. A mitad de camino hacemos un alto en un restaurante cualquiera. Mientras el grupo acaba de comer merodeo por la zona en busca de algo interesante y cuando acudo de nuevo al restaurante ya no están. Viene un camarero enfadado y me entrega una moneda, resulta ser la moneda que dejaron (inocentemente) de propina, es una cantidad demasiado ridícula para su orgullo. Vuelvo al coche y allí están, nos reímos algo avergonzados y nos preparamos para partir. Leo en uno de los folletos que voy guardando, que hay un parque nacional muy próximo donde aún quedan tigres. Digo aún porque de los 50.000 tigres censados a principios de siglo se pasó a 2.000 en 1969 debido a la caza indiscriminada. A punto de desaparecer, el ‘Proyecto Tigre’, iniciado en 1973 por el Fondo Mundial para la Protección de la Naturaleza junto al gobierno indio, consiguió que se crearan parques y reservas donde este magnífico animal pudiera sobrevivir. Me da pena no poder visitar el parque, no tenemos tiempo. ¡Otra vez será!

Al llegar a Agra me quedo decepcionado de lo que es la ciudad en sí, aunque ya me había hecho a la idea por los comentarios que escuche de otras personas. Parece mentira que en una ciudad que alberga una de las 7 maravillas realizadas por el ser humano no haya casi ningún reclamo más para su visita. Es realmente una ciudad desaliñada y poco atractiva pero el hotel en el que nos instalamos es muy decente. Busco algún local de Internet para comunicarme con familiares y amigos, los cuales no saben nada de mi existencia hasta el momento. Hay un solo local cercano, las conexiones fallan bastante y son excesivamente lentas. Se debe tener paciencia, ya que estamos acostumbrados a una rapidez absoluta incluso para las comunicaciones. El precio es de menos de medio dólar la hora. Tras saber que todos están bien y dejar el rastro de mis pasos, marcho tranquilo a la habitación donde me quedo dormido leyendo la historia del Taj Mahal:

La historia se remonta a principios del siglo XVII. El norte de la India estaba dominado por la quinta dinastía del Imperio Mongol y la capital del Imperio se situaba en Agra, una ciudad situada a unos 200 Km de Nueva Delhi. El emperador mongol, Shah Jahan, sufrió la pérdida de su segunda esposa, Arjumand Banu Begam (la más amada por él), tras dar a luz a su decimocuarto hijo durante una campaña militar en Burhanpur, y tal era el amor que sentía el emperador hacia ella que mandó construir el mausoleo más hermoso jamás construido: el Taj Mahal. La construcción de esta magnífica obra arquitectónica duró 22 años (1631-1653), y fueron necesarios 22.000 trabajadores y más de 1.000 elefantes para transportar los materiales traídos de todos los rincones de la India y Asia, así como las piedras preciosas traídas desde Bagdad, China, Afganistán, el Tíbet, Egipto, Persia, Yemen, Rusia y Ceilán, con el objetivo de decorar los interiores y exteriores de la construcción. El Taj Mahal, cuyo significado es “Palacio de la Corona”, se erige como una de las joyas más bellas de la humanidad, construida enteramente con mármol blanco, con incrustaciones de piedras preciosas y complicadas inscripciones caligráficas. Su diseño, basado en las tradiciones india, persa e islámica, ha inspirado a poetas y escritores de todo el mundo: “No es una pieza de arquitectura, como lo son otros edificios, sino las orgullosas pasiones del amor de un emperador labradas en piedras vivientes. Diseñado por gigantes y terminado por joyeros” o “Falso bajo el sol, falso al claro de la luna, especie de pescado plateado construido por el hombre, con un enternecimiento nervioso” son algunas de las expresiones que ha inspirado esta gran obra. El monumento se sitúa junto a la orilla del río Yamuna, circunscrito en un recinto amurallado donde se incluyen esculturas, fuentes, mezquitas y jardines. El diseño geométrico del Palacio se altera con la asimetría generada por la tumba de la princesa, situada a un extremo del recinto, junto al río. Las consecuencias de la construcción de esta obra de amor fueron la ruina económica del Imperio debido a los altísimos costes de la construcción. Esto favoreció que el hijo del emperador, Aurangzeb, le derrocase y encerrase en el Fuerte de Agra hasta el final de sus días. Desde su encierro Shah Jahan pudo contemplar su maravillosa obra de amor hasta su muerte.

Al día siguiente acudimos a la entrada donde hay una larguísima cola. El precio para el extranjero es de 15 dólares oficiales, demasiado para mi presupuesto. Mientras el grupo hace la cola para entrar al recinto, recorro los alrededores en busca de una solución alternativa para visitarlo, pero nada, solo doy con otra entrada de pago menos transitada (sin colas de turistas) situada en medio de laberínticos callejones donde predominan pequeños comercios. Sin haber conseguido mi objetivo, acudo nuevamente a la entrada principal y entablo conversación con un joven de seguridad a ver si me permite el paso. Parece simpático pero no puede hacer nada, no depende de él. Le comento que ese dinero me representa 4 días de gastos hasta que me indica que la mejor vista para él es donde acude la gente local, pasado un puente ubicado a unos 4 Km. al otro extremo del río. Al menos tengo una alternativa por el momento con lo que la esperanza recae. Al caminar hacia la salida del recinto observo unas familias que penetran por el fondo de un camino poco concurrido. Decido seguirles a ver si hay suerte y me emociono al ver que un señor que me quiere cobrar por entrar de forma ilegal. De 30 rupias que me solicita en un principio le bajo a 10. Sé que es una medida poco honesta pero prefiero que gane la moneda un particular que no el gobierno. La entrada es para llegar al río que bordea la muralla exterior. Desde allí contemplo muy de cerca la torre principal, aunque no debe ser lo mismo que desde los jardines interiores. Abandono ya más intentos y voy al coche en busca del chofer. Le comento que no quise pagar la entrada y que accedí muy de cerca del objetivo pero desde el exterior. Al explicarle sobre la zona al otro lado del río desde donde se puede contemplar, tal y como me explico el chico de seguridad, el chofer me responde que sabe a qué lugar en concreto se refería. ¡Por qué no me lo dijo antes! Me comenta que el amanecer y el atardecer son los mejores momentos para verlo. De momento tengo mis 15 dólares y la posibilidad de un intento de verlo desde otro ángulo gratuito al día siguiente.

Cenamos, debido a la insistencia de Luis, en una famosa pizzería americana. No recomendaría a nadie este tipo de gastronomía en un viaje que no fuera a EE.UU. ( a menos que sea un momento de antojo máximo) por el motivo de que no es parte de la cultura gastronómica de este país y porque económicamente vale el triple que la comida local. Por lo menos, los sabores de la pizza, algo picante, están adaptados al país. Al día siguiente me despierta el chofer a las 5;30 para ir a ver el alba junto al Taj Mahal desde la orilla del río. El grupo se queda en la cama. Al llegar me siento realmente feliz, rodeado de una densa bruma matinal a modo de decorado mágico junto al entorno del recinto. Éste es otro momento en el que juego sin parar con la cámara. Junto a la orilla del río hay unos críos musulmanes jugando y unas barquitas que dan paseos por la zona: realmente es el amanecer más bonito visto por mis ojos. Regreso al hostal a dormir un poco, a ver si puedo soñar con lo que acabo de ver como si todo hubiese sido verdaderamente un sueño: soñar lo que se acaba de ver, en vez de soñar con lo que se va a ver.
Comemos en un buen restaurante junto al chofer para invitarle por la ayuda y amabilidad prestada durante todos los días. A pesar de que no es un restaurante lujoso, el interior está prácticamente vacío y me siento algo mal al no comer en la calle. Veo más lógico dejar el dinero a un humilde vendedor de comida callejero que a un empresario de hostelería invisible que ni siquiera nos atiende. Tras la comida acudimos todos juntos para ver el atardecer del Taj Mahal desde la misma zona a la que acudí de madrugada. El grupo me comenta que desde este ángulo la toma general es mucho más bonita que desde el interior. El reflejo del palacio en el agua del río es sublime. Algún camello merodea por la zona para que los contados extranjeros que se enteran de este sitio puedan subir a sus lomos.

Volvemos al hotel y de nuevo a cargar con los kilos del equipaje para dirigirnos ahora a una estación de tren situada a unos 20 Km. rumbo a Benarés. Nos despedimos del que ha sido nuestro guía-amigo y le damos una buena propina de todo corazón, el pobre hombre cuenta con 3 hijos que mantener con un sueldo de tan solo 150 dólares al mes. Por si fuera poco, tras una gran y efusiva despedida nos regala una réplica en miniatura del Taj Mahal en señal de recuerdo y amabilidad, auténtica muestra del carácter orgulloso del ciudadano indio.

BENARÉS: LA CIUDAD DEL ADIÓS.

Antes de subir al tren me aprovisiono de una botella de agua para el trayecto y me dirijo a los lavabos de la estación. Entro y escucho unos angustiosos sonidos junto a la vía. Me asomo posteriormente a la vía para verificar lo que me temía: efectivamente se trata de centenares de enormes ratas que ocupan parte de la vía ferroviaria a modo de hogar y en la más repleta oscuridad. Aquí este tipo de odiados y temidos roedores están a salvo de todo peligro por parte del humano, no les hacen nada, incluso me enteré de la existencia de algunos templos en por el Norte de India en los que parte de sus inquilinos son enormes ratas de casta sagrada, que conviven junto a los devotos que las alimentan sin ningún temor incluso con los pies descalzos.

Al subir al tren la impresión no es la que me esperaba. Cierto es que son máquinas de hierro ya desfasadas y oxidadas pero me lo imaginaba mucho peor. Buscamos los asientos pertinentes y ¡sorpresa!: se encuentran todos ocupados a modo de literas, uno de ellos por una anciana.¡Cualquiera se atreve a decirle algo! Sin saber muy bien donde ponernos, de repente reclinan las literas para convertirlas en asientos y ya podemos colocarnos. En total somos unas 8 personas en el compartimiento. Junto a mí están sentados un farmacéutico y un ingeniero con los que converso e intercambio mensajes escritos sobre papel. El texto que ellos me dejaron decía concretamente “India, el mejor país del mundo” y algo así como buenos deseos a vuestra llegada, bienvenidos. Se nota que están orgullosos de su país. Me habla de la reencarnación y recuerdo una historia que leí una vez:

“Una niña india, al aprender a hablar, les dijo a sus padres que su nombre era otro y que había vivido en Estados Unidos, especificando localidad y dirección. Según ella, tenía tres hijos y les dijo sus nombres. Y más crecía, más hablaba sobre esta historia y mayor era su angustia de no estar allí. Investigaron y se enteraron de que dicha persona había fallecido poco antes del nacimiento de la niña, pero sus hijos eran ya personas mayores y estaban con vida. La niña fue trasladada al lugar, reconociendo todo lo que allí había. Uno de los hijos recordó que al morir su madre no les había dicho donde estaban escondidas sus joyas. Al hacérselo saber, la niña mostró debajo de que árbol del jardín, las había enterrado y al cavar en ese sitio, aparecieron.”

Doy algún pequeño recorrido por el tren pero es todo igual, gente y más gente metida donde pueden. Me pregunto si todos habrán pagado el ticket y si pagaron el mismo precio tanto los que ocupan un asiento ajeno como los que ocupan el suelo de los pasillos. Sigo pensando firmemente que los vagones son mejor de lo que me imaginé. Finalmente convertimos de nuevo los asientos en literas. Donde creía que había solo 4 camas, resulta que salen 2 más del techo que ni pensé. Ocupamos los respectivos lugares de reposo cada uno, con la mochila a modo de almohada por si las moscas. El trayecto hasta Benarés será de media jornada.

Nada más salir de la estación nos asaltan los conductores de tuk tuks al dar mi primer paso. Seguimos con las mismas, obviarlos educadamente hasta que nos damos cuenta de que estamos realmente alejados del centro y tomamos uno. Son sólo las 6 de la mañana y la calle esta repletísima de gente que va y viene en dirección al Ganges, el río sagrado de la India. Leprosos y apestados, brahmanes y opulentos, titiriteros y encantadores de serpientes, parias y jovencitas de piel tersa, pedigüeños, agonizantes: todos acuden a las aguas en una confusa masa. Allí se desnudan, lavan sus ropas, exponen sus vergüenzas, liberan sus pechos, dejan que sus túnicas se adhieran al cuerpo, meditan, cruzan las manos sobre el ombligo, pliegan y dislocan los músculos y las articulaciones en inverosímiles posturas de yoga, se afeitan, se cortan las uñas, se anudan el moño e incluso hacen sus necesidades. A cada segundo que pasa es más fácil perderse. Los roces de las mochilas con la gente que transita son frecuentes y algunos ponen caras enfurecidas, como si fuese intencionado. Lo comento entre risas mientras buscamos un nuevo alojamiento por calles más estrechas para evitar los atascos. Es la primera vez en India que tengo la sensación de haberme adentrado en ella, desde un punto de vista profundo y antagónico. Como dijo el escritor inglés Mark Twain “Benarés es más antigua que la historia, más antigua que la tradición”. Creo que jamás debe ser el primer destino a visitar en India. Es mejor dejarlo para el final, para apreciarlo realmente. A mi modo de definirla, y aunque suene duro, podría decirse que está ciudad sagrada y de peregrinación es, perdón por la expresión, “mierda con encanto”, ves todos esos seres olvidados y despreciados vagando sin rumbo, los continuos apagones, excrementos de vacas enormes en medio del camino, incineraciones de cuerpos muertos a centímetros de ti, ancianos esperando ansiosos la muerte,…, y todo esto rodeado y englobado por una palabra en mayúsculas: suciedad.

Mientras seguimos en la búsqueda de una cama que no aparece, un joven que se aprecia de nuestro sin saber, nos indica un hostal. Vamos a visitarlo para tomar una referencia. Nos instalamos finalmente en el Yogi Lodge, del que puedo dar uno de esos datos interesantes de recomendación para el viajero como que “tiene las mejores vistas de Benarés”,aunque la decoración y los materiales no estén precisamente a la altura de la vista. La ubicación es muy correcta, escasos 300 metros de la orilla del Ganges. Tiene un ático doble exterior con la función de restaurante desde el que se puede apreciar toda la ciudad y el río. Los huéspedes son en su mayoría jóvenes. Las habitaciones son de lo más sencillas, disponen de lavabos propios, pero ¡qué lavabos!; o le falta el agua a uno o está inundado el otro. El uso de chanclas se hace obligado si no tienes instintos suicidas. Una vez descargo el peso que cargué en mi espalda vamos a comer al ático. Pruebo el Chop Shuey, de sabor excelente y bonita presentación, será a partir de ese Chop Suey que me aficionaré, hoy es uno de mis platos favoritos cuyos ingredientes son pollo troceado, tofu, brotes de bambú, pimiento, champiñones, cebolla, zanahorias, soja, etc… El término Chop Suey quiere decir “mezcla de restos” y tiene su origen en la comida que se preparaban los chinos que, en Estados Unidos, trabajaban en el siglo XIX en la construcción del ferrocarril. Como siempre la comida más buena es aquella cuyos orígenes son de lo más humildes.

Salimos del hostal para visitar la ciudad y unos jóvenes comisionistas nos quieren dar a entender que es corriente acompañarles a su “supuesta”propia tienda de telas de seda. Rechazamos la oferta de visita por el momento y visitamos algunos de los famosos crematorios situados tras estrechas callejuelas repletas de puestos de comerciantes y, por supuesto, vacas, vacas de todos los colores y todos los tamaños. Diviso en la cercanía las humaredas de los cuerpos incinerados sobre los Ghats (las terrazas junto a escalones que descienden directamente al río, allí es donde los hindúes incineran a sus difuntos). El Ganges es un río sagrado, eso es indudable, pero también es un río contaminado. Para solucionar parte de ese problema se ha procedido a una solución anecdótica: soltar tortugas carnívoras con la finalidad de que digieran los restos de los cuerpos humanos que se dispersan por el río. Junto a los crematorios se contemplan una serie de habitáculos, allí es donde los ancianos sin recursos esperan a que les llegue la muerte. Es desolador. Nos cuentan que la espera se vuelve más dura en cuanto han conseguido el dinero suficiente para pagarse los kilos de leña necesarios para su cremación. El agradecimiento por parte de los ancianos a los que se les da ayuda es enorme, y la satisfacción de sus caras es algo que jamás podré olvidar. Les entrego unas 100 rupias, algo normal para los casos de espera extrema.Según me comenta un autoproclamado guía que se adhirió a nosotros, no se pueden hacer fotografías en está zona, aunque existe la posibilidad de realizarlas si se entrega una suma de dinero a la familia del difunto. Personalmente lo respeto, pero no comparto el entregar unos 10 $ a alguien que va a quemar a un familiar cuando a pocos metros hay gente esperando la muerte. A mi modo de ver es como sacar un beneficio particular de una desgracia. Serán 10 nuevos dólares ahorrados por no sacar las fotografías que me hubiese gustado realizar de la muerte conviviendo con la vida. Recorro posteriormente diferentes ghats contemplando la multitud de personas que se bañan en el río, sumergiéndose incluso. Veo también a algún fiel que no tiene reparos hasta en beber sorbos de la oscura agua.

A principios del mes de noviembre se celebra en Benarés el festival de Kartik Purnina (luna llena), una importante fiesta con la que hemos topado casualmente. Por la noche toda la zona cercana al río queda cubierta de diferentes lamparillas, bombillas y velas de lo más variadas, acompañadas de una plena y radiante luna llena. Las barcas que pasean por el río reclaman hasta 50 $ para ver el espectáculo de farolillos y fuegos desde las aguas. En ella flotan barquitas con millares de pequeñas velas depositadas en el río a modo de ofrenda.

A un par de horas para la medianoche regreso al hotel tras pasar junto al templo de Kashi Vishwanath, El templo tiene una torre dorada de 15 metros de altura para cuya construcción se empleó una tonelada de oro puro donada por un Maharajá. La entrada a éste templo dedicado al Dios Shiva no está permitida a los extranjeros. Termino el día cenando en la azotea del hostal ante la magnífica e iluminada vista nocturna de la ciudad junto al débil reflejo de algún fuego artificial que provocaría las risas del comité principal de pirotécnicos de Valencia.

Dedicamos el siguiente día a visitar la ciudad de forma más tranquila. Me doy cuenta de que la gente por aquí no está tan encima del extranjero como en el resto de los destinos. Caminando por las cercanías, los barqueros me van insistiendo en coger sus barcas. El problema para tomar un bote es que, al ir solo, el precio se multiplica si no hay más gente. Durante el día grande del festival, los precios se dispararon por la gran demanda que hubo y hoy que las barcas no se llenan, me sale caro porque no hay demanda ¡menuda paradoja! Un joven me hace una propuesta interesante; si tomo su barca: me deja el precio de una sola persona y no el de un grupo. Le deberé recomendar a alguien que conozca en señal de agradecimiento. El remero es amable y para su desgracia hoy no hay mucho trabajo, por lo que prefiere llevarme a mi sólo que quedarse esperando a grupos que igual no aparecen durante el resto de la tarde-noche. En el recorrido me explica que a primera hora de la mañana es posible, aunque difícil, ver la presencia de delfines rosados (de morro redondo, típicos del paso del Amazonas por Colombia y Brasil, y del paso del Mekong por Camboya). Al cabo de un rato nos cruzamos con otra barca y su dueño me regala una de las velas que flotan introducidas en pequeñas bases adornadas de minúsculos collares de flores anaranjadas. Al tomar la vela y depositarla en el río miro al hombre y me doy cuenta de que en realidad me la ha vendido y no regalado como había pensado de forma más que ilusa. Me la vendió desde un principio de una forma tan segura y rápida que la acepté casi sin pensar en que se debía pagar por soltarla. Para todo lo que sean ventas los indios son auténticamente genios del comercio: se te adelantan sin dejarte tiempo ni para reaccionar. Mientras nos alejamos de su barca me lo quedo mirando. Espero que no recoja la vela que me ha endosado para vendérsela a otro. Continúo la travesía por las tranquilas aguas hasta que desembarcamos frente a un crematorio y el barquero me presenta a la familia del difunto. Me comenta, como ya hicieron varios antes, que no se puede sacar fotos a menos que se negocie con la familia. Reconozco que por momentos me tentó la idea, no todos los días pasan ante tus ojos situaciones como está, estoy a escaso medio metro del cadáver, puedo diferenciar una pierna del brazo, ambos totalmente carbonizados. La familia del difunto ―por lo general un viejecito más bien anémico y desfallecido― lo transporta hasta el lugar de la cremación sobre sus hombros. Antes han envuelto cuidadosamente el cadáver en papeles, refajos y cintas de colores brillantes. El cortejo es grave, silencioso y desfila con lentitud. Por fin depositan el fardo con unción y le aplican fuego en varios puntos con la ayuda de unas largas varillas. En la operación intervienen todos: familiares, deudos, amigos del finado, incluso los niños. Es un ritual realizado desde hace miles de generaciones. Ni le falta ni le sobra nada, ha quedado así decantado en su aparente sencillez. A diferencias de nuestros protocolos funerarios de judeocristianos, este no asusta, no repele. Curiosa e inesperadamente ni siquiera el olor desagrada, como podríamos esperar. Estamos, en cualquier caso, a millones de años luz de los entierros occidentales, con su dulzona necrofilia, sus duros ataúdes y sus estribillos de pésame. En el mismo ghat en el que me encuentro, hay decenas de cuerpos totalmente envueltos esperando para la siguiente incineración, y junto a ellos, kilos y kilos de leña amontonada. Acabo de contemplar a la muerte como lo que es, algo normal y transitorio. Trato de sacar alguna fotografía de los crematorios desde la distancia pero no me quedan bien, es de noche, el motivo está alejado y no puedo sujetar bien la cámara en el bote. Me despido del joven prometiéndole mis más fieles recomendaciones por los servicios prestados.

Al día siguiente me dedico a pasear por el centro. Por las calles más transitadas hay cientos de tiendas de artesanías que merecen ser visitadas. Y es que Benarés siempre ha tenido fama por su artesanía. El trabajo delicado y minucioso en los saris (el vestido tradicional de las mujeres en la India), en las alfombras y en los objetos de madera es simplemente extraordinario. Todas las mujeres indias sueñan con ellos. Los tejedores locales fabrican seda que tiene demanda no solamente en la India sino también por todo el mundo. El detalle con que están fabricadas las alfombras de Bhadohi es comparable a cualquier alfombra persa o similar. Además, Benarés también es famosa por las Gharanas, familias que tienen por tradición la música clásica y por los instrumentos de música. Aparte de los saris y las alfombras de seda, también se pueden encontrar objetos de bronce, cobre, marfil, y de piedra trinchada, asimismo pulseras de cristal, juguetes de madera y de cera, obras de zari y joyas exquisitas de oro. Los lugares principales para ir de compras son City Chowk, Godoulia, Vishwanath Lane, Gyan Vapi, Thatheri Bazar, Dasashvamedh, Goldhar y Lahurabir. Todas las tiendas donde se vendan artículos pequeños para regalar o recuerdos del lugar, y que están licenciadas por el Comité de Turismo del estado de Uttar Pradesh son buenas para comprar cosas originales.

Estoy mirando absorto objetos en una tienda cuando se produce un apagón y permanece todo a oscuras durante unos minutos. Mientras permanezco en la más completa oscuridad me pongo a pensar en que éste es el único momento en la calle hasta la fecha, en el que he pasado totalmente desapercibido. Es un momento digno de apreciar, al principio te puede hace incluso gracia sentirte grande y especial, ser el foco de atención y generar las miradas de los demás pero con el tiempo se puede hacer insoportable si no te habitúas.

Antes de acostarme recuerdo la noticia que me ha dado mi querida madre: El Príncipe de España se casa con una periodista del telediario. No sé quien es y tampoco me importa mucho, aunque pasa por mí la imagen de una presentadora que recuerdo haber visionado alguna noche. Pero pronto me doy cuenta de que en vez de pensar en la cara de susodicha debería centrarme en espantar a un pequeño lagarto enganchado de la pared del cuarto.¡Esto es India!

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DELHI: LA PRIMERA IMPRESIÓN.

Salimos cargados con las mochilas y cogemos el metro que nos lleva directo al aeropuerto. Tan sólo son unos 40 minutos desde el centro de Londres pero llegamos a Heathrow apenas 1 hora antes de la salida ─desafortanudamente, será una constante en el viaje─ y nos quedamos estupefactos ante la interminable cola en el mostrador de facturación. Sin embargo, mantenemos la calma y con bastante disimulo (y falta de pudor, lo reconozco) nos ponemos segundos y pasamos. Supongo que en España hubiera habido cierto revuelo pero estamos en Inglaterra y aquí la gente no se cuela, eso queda para los españoles.
Despegamos. El avión, de compañía inglesa, cuenta con monitores propios para cada asiento y películas que todavía no han llegado a España, pero yo prefiero quedarme observando a una azafata india de bello rostro y con un suave pareo de fina seda roja. Se mueve con exquisita lentitud, ofreciendo mantas y una tímida sonrisa a los pasajeros. Voy a necesitar una manta, pienso, y le pido una. De paso, le pido también un botellín de whisky que, sospecho, me ayudará a pasar las 12 horas de trayecto mejor que el moderno monitor. Aprovecho y voy leyendo algunos datos del inminente destino. Dormir en el avión no es lo mío, soy de los que sólo descansa al final y se pasa el trayecto observando al resto mientras echan cabezadas como buenamente pueden (es todo un arte conseguir dormir en el minúsculo asiento). Al cabo de unas horas, el grupo ha caído rendido y yo sigo despierto, momento que aprovecho para sacarles una entrañable foto dormidos, por supuesto, sin su consentimiento. Para pasar el tiempo enciendo el monitor y compruebo mis sospechas: nada interesante, películas excesivamente comerciales para mi gusto. Dejo vagar mis pensamientos y me imagino ya esa India cultural y religiosa, esa India de 1600 lenguas y dialectos aunque desgraciadamente tan pobre. Descendemos y me levanto. Desde una de las ventanillas situadas cerca del lavabo del avión puedo vislumbrar unas débiles luces allá abajo, en la distancia, e imagino alguna pequeña población. Al rato puedo ver Delhi.

La primera impresión de la India siempre se recuerda. En mi caso me quedé perplejo observando la gran cantidad de gente que esperaba a los recién llegados. Mucha gente y muchas pancartas, de cualquier cosa, en un aeropuerto mas bien triste y gris, con esa luminosidad amarillenta del tungsteno de la peor calidad. Traspasamos la marea de gente, ─mi taxi es el mejor, mi hotel es el mejor─ y acudimos a un puesto oficial de taxis donde las tarifas son fijas. Salimos fuera del recinto en espera del vehículo y empiezo a notar en la respiración un olor extraño para el occidental que acaba de poner su primer pie en tierra india. Es un olor que no consigo asociar a nada concreto, indefinible, pero que siempre recordaré como el olor de la llegada a la India. La salida del recinto se encuentra repleta de coches de los años 70 y los famosos, y prácticos, tuk tuks urbanos. Son esos pequeños carromatos, de color verde y amarillo en su mayoría, y aparentemente preparados para tres o cuatro personas, pero cuya capacidad máxima, como puedes comprobar al poco tiempo de circular por Delhi, es realmente ilimitada. Otra cosa que puedes comprobar es que las normas de tránsito no existen. Le indico al taxista que nos lleve a la zona de Pahar Gan. Según me comentó mi prima Mabel, burgalesa y viajera ocasional de primera, es una de las zonas de alojamiento más baratas. El trayecto hasta el centro de Delhi es realmente diferente: para empezar, la, en teoría, carretera nacional, es realmente lo que nosotros definiríamos como una carretera comarcal, llena de enormes baches y boquetes, que pondrían en peligro incluso al más experimentado motorista. Por el camino se pasa por zonas polvorientas, con algún comercio medio por construir (o por derrumbar). El tráfico es totalmente caótico, de locos, no por los atascos, sino por la velocidad y el continuo esquive de sus vehículos: la sensación se acerca más a un circuito de autos de choque que a una carretera en sí. Los golpes leves de unos a otros son algo totalmente normal, y lo más importante parece ser tener una buena bocina de hojalata a mano. Máxima contaminación acústica y un lenguaje propio de comunicación. La verdad es que, en un principio, hace gracia, pero acaba siendo cansado tanto ruido y velocidad..
Llegamos al recomendado hostal Metropolitan y el espectáculo es absolutamente dantesco, inimaginable para el que no esté acostumbrado. Pensamos que el taxista se ha equivocado de zona. Calles enteras sin saber jamás lo que fue el asfalto, con piedras y obstáculos varios por todos lados. Y vacas. Vacas, vacas y más vacas tiradas en cualquier lugar, inundándolo todo con su olor. Algunas descansan junto a gente cubierta con mantos. Tienen pinta de cadáveres, pero no podemos saberlo del todo, apenas se ve a tres metros. Nuestro alojamiento se encuentra repleto, por lo que nos vamos, con alivio, a otra zona del New Delhi, a unos 3 Km de distancia. Allí nos dan una habitación para 4 personas muy decente, con agua caliente, televisión, un amplio balcón, y un curioso lavabo que parece del siglo pasado. Son sólo unos 10 dólares la noche, a dividir entre los cuatro. Aunque son las 3:30 de la madrugada no estamos cansados, así que decidimos ir a dar una vuelta por las cercanías. Bajamos a recepción para que nos entreguen los pasaportes a cada uno (en la India es usual entregar el pasaporte de todos los huéspedes y no el de uno solo como garantía) y el chico de la recepción nos comenta que es de locos ir a dar una vuelta a esas horas. Aún así, queremos salir. Justo entonces, llega un guía turístico, como aparecido de la nada. Nos explica que no es normal que unos extranjeros estén paseando a esas horas y nos acompaña amablemente hasta la esquina de la calle. Realmente, afuera no se ve absolutamente nada, nada abierto ni gente, apenas algún bulto durmiendo. Conversamos un rato con él y su luminoso y sonoro teléfono móvil (símbolo de progreso y distinción), y, finalmente, optamos por regresar al cuarto del hotel. Antes de dormir me quedo leyendo un misterio:

” En el patio del templo de Qutb Minar,en Delhi, existe una columna que consta de una sola pieza de hierro fundido que mide 7 metros de alto y pesa 7 toneladas. Fue erigida por el emperador Kandra Gupta III, que reinó entre el año 380 y el 413 d.C. En 1500 años la columna no muestra ningún rastro de oxidación, ya que no contiene ni azufre ni fósforo. Quizás la columna fue levantada por un grupo de ingenieros que no disponían de recursos para construir un edificio colosal, pero que querían legar a la posteridad un monumento visible que desafiara al tiempo”

Curiosamente en Europa no pudo haberse construido ni una sola pieza de un tamaño similar hasta finales del siglo XIX .

Ya por la mañana, nada más salir del hotel, nos encontramos de forma aparentemente no casual, con un taxista que se nos ofrece para llevarnos a una oficina de información turística, en la que el director es precisamente nuestro guía de la pasada noche: ¡qué casualidad!.Su nombre es Sonic y, cordialmente, nos ofrece algo de beber al pasar a su minúsculo despacho. Como no tenemos del todo definida la ruta que deseamos realizar asigna un taxi a nuestra total disposición por solo 70 rupias al día (1,5 usd). Aprovecharemos el rápido y cómodo transporte para conocer diferentes zonas del Old y New Delhi.
Mientras circulamos voy dándome cuenta de que nos adentramos por fin en la auténtica capital, llena de miseria por todas partes pero con una singular cotidianeidad, incluso me atrevería a afirmar con un cierto ambiente de felicidad relativa. El trafico es espantoso a todas horas, y notas la gran población, la gran cantidad de gente en todos lados. Nos observan de forma asombrosamente alegre, con algo de seriedad respetuosa, y no se percibe la presencia de ningún otro occidental por la zona. En el transcurso del día solo llegué a ver a una pareja de chicas rubias y a un chico occidentales. Las calles están llenas de comercios y puestos de alimentación callejeros sin ningún tipo de calidad ni medida sanitaria, así que compramos botellas de agua totalmente precintadas y rechazamos el hielo como medida de precaución durante el trayecto. Hacemos un alto en la estación de trenes del Old Delhi para informarnos de los itinerarios pero salimos más desinformados de lo que entramos. En el interior de la misma, somos, como ya empieza a ser costumbre, el foco de atención, pensamos que no debe ser usual ver a extranjeros viajando en este medio de locomoción. Allí saco mi primer retrato: un anciano sentado en mitad de la entrada de la estación con aspecto de haberse pasado allí toda su vida. Compruebo la toma y aprecio unas motas en la pantalla de la cámara; me doy cuenta de que no corresponden a la imagen real sino a la alta polución, invisible para el ojo humano. La mancha tiene la forma de un enorme copo de nieve. En un pequeño puesto anexo a la estación pido unos pedazos de pizza, bastante aceptables aunque más picantes de lo normal, como última comida occidental antes de adaptarme a la gastronomía local.
Regresamos de nuevo a la oficina, donde Sonic nos intenta convencer de una forma cada vez más persistente de la ruta norte. Nos negamos amablemente pese a las constantes bajadas en los precios y pagamos el ridículo coste del taxi. Mientras volvemos al hostal vamos preguntando a la gente si es posible ir dirección Jaipur por menos precio del que nos mencionaron, para hacernos una idea de los precios en boca de la gente que no se dedica al mundo del transporte. Al rato nos recoge, sin pedirlo, otro taxista y nos lleva a otra oficina de información, parece que estén compinchados para conseguir convencerte. Los precios son muy similares en todas las agencias que visitamos, por lo que deberemos tomar una decisión de la ruta a realizar en el hotel.

El sol de la mañana me despierta temprano, son las seis cuando abro los ojos. El clima es de lo más agradable, con una temperatura envidiable para el otoño de España. Me siento algo extraño de poder ir tan ligero de ropa pero me agrada, pienso en lo abrigado que estaba dos días antes. Decido irme a dar un paseo solo, la sensación que me invade cuando recorro las calles no es la misma que con el grupo, veo todo de diferente manera, más personal, más íntima. Pese a que lo intento, no accedo como quisiera a fotografiar a la gente, creo que necesitaré algo de adaptación al medio. Los niños se dirigen a las escuelas en grupos, caminando o en algún pequeño transporte escolar. Llevan uniformes de lo más variopinto, con motivos de rombos de diferentes colores. Las niñas llevan también corbata, a juego con el resto del uniforme, y la mayoría de ellas tiene dos bonitas trenzas en el pelo. Sigo a un grupo de niñas y busco el momento adecuado para fotografiarlas, intentando pasar desapercibido para dar más naturalidad a la imagen. Me adelanto y las espero junto al poste de una farola para retratarlas. Tras fotografiarlas se dan cuenta de mi presencia, me empiezan a saludar y sonríen al pasar junto a mí. Estoy revisando la imagen y aparece junto a mí un policía muy alto, con una potente moto de montaña amarilla. Empieza a toquetear la cámara y decirme algo que no entiendo, no habla inglés. Lo único que comprendo de su vocabulario es que es policía, cosa obvia al ver su uniforme verde. Al rato, el robusto agente para a un joven que pasa frente a nosotros para que me traduzca al inglés sus palabras pero tampoco lo conseguimos. Entonces me hace acompañarle a la comisaría, situada justo al lado de la farola en la que me había situado para la toma; no me había dado cuenta. Ya dentro, me preguntan los motivos por los que fotografié a las niñas y trato de hacerles comprender que no tenía mala intención. Me dicen que está prohibido sacar fotografías a los escolares y. me pide la documentación, pero no la llevo encima. Conversan entre ellos y empiezo a asustarme. Me dice que le acompañe en su motocicleta. Es una situación estúpida pero no me fío, imagino el inicio de uno de esos absurdos malentendidos que acaban trágicamente en las películas y trato de resistirme a subir a la moto. Me sigue insistiendo, en un tono algo superior pero educado. Las piernas ahora me empiezan a temblar aunque mantengo la compostura, con constantes sonrisas de extranjero atontado pero amable, para hacerle cambiar de opinión. Finalmente subo y me pide que le indique donde me alojo. No entiendo nada de lo que me está pasando, me doy cuenta de que simplemente me va a llevar al hotel y me voy a ahorrar volver a pié. Llegamos y me dirijo a buscar el pasaporte a la habitación pero el recepcionista me reconoce, le comenta algo y me dice que ya esta todo resuelto. Mientras subo con la intención de darme una buena ducha fría escucho sus carcajadas en el mostrador. Ya despejado del susto, subo a la azotea del hostal para sacar alguna fotografía de los edificios colindantes y de la salida firme del sol. Todos duermen y no se han enterado de nada, yo sólo quiero que no me pase nada extraño más.
Una vez todos levantados, cargamos las mochilas (la mía en concreto pesa 18 Kg.), y nos vamos caminando a la estación central del Old Delhi. Desde la salida del hostal varios tuk -tuks nos empiezan a insistir para que los cojamos, insisten durante varios minutos y llega un momento en que, por no darles la razón, preferimos ir caminando aunque sean unos dos Km de distancia. Llega un momento en que la persistencia de los transportistas es tal que reposamos junto a algún policía para que se alejen. Sabe mal, porque son buena gente que trata de ir tirando, pero realmente te agotan la paciencia. Llegamos por fin a la estación y de nuevo otro lío. Nos dicen que no es posible viajar sin reserva previa. No sabemos si hay plazas (en la India, independientemente de que las plazas estén ocupadas o no, se viaja siempre hasta los topes), por lo que comienzo a sospechar que de lo que se trata es de que viajemos a través de una agencia. Me enfado porque el resto del grupo no piensa como yo, subimos a un coche y, efectivamente, nos llevan a una nueva agencia de viajes. Allí nos ofrecen varias ofertas para la ruta que deseamos hacer, y, finalmente, aceptamos. Son 5 días de viaje en coche, con chofer propio y gasolina incluida. El itinerario es Delhi-Jaipur, Jaipur-Phuskar, Phuskar- Jaipur y Jaipur-Agra. Desde Agra en tren hasta Benarés y luego en autobús hasta Katmandú. El precio: 80 dólares. En la India, 80 dólares es el sueldo de un mes para quien nos lleve, pero tenemos en cuenta que el mismo chofer nos puede llevar a alojamientos más baratos, y que podemos realizar traslados dentro de los destinos previstos, por lo que, pese a que el tren debe ser mucho más barato, lo que ahorramos es tiempo. Salimos al momento, tras cargar las mochilas en el capó de un utilitario de marca alemana. Tras unas 6 horas de trayecto por carreteras polvorientas y alguna parada de reposo, llegamos a Jaipur. En las paradas hago los primeros trueques del viaje: le intercambio a un comerciante 2 collares de piedras azuladas por el sencillo reloj que encontré en Londres.

JAIPUR: CAPITAL DEL RAJASTHAN

Llamada la ciudad rosa por el color de sus casas, Jaipur es la capital del estado de Rajasthan (antes llamado Rajputana, tierra de los rajputs, honrados y valientes guerreros que lucharon hasta la muerte por proteger sus tierras). Fue construida en el siglo XVIII por el maharajá Jai Singh II, del que recibe su nombre: la ciudad de Jai. La terminación pur indica ciudad de origen hindú, a diferencia de la terminación ad, que indica ciudad árabe. Jaipur no siempre fue rosa; en 1883 se pintó con este color que es tradicional de la bienvenida para recibir la visita del príncipe Alberto, esposo de la reina Victoria, y el color rosado, combinado con adornos en blanco, se ha conservado después, dando a la ciudad una personalidad propia y característica. Entramos, tras cruzar la muralla a través de un gran arco de arcilla rojiza, y me fascino del cambio que veo con Delhi. Todos los comercios son, por lo general, más limpios, el tráfico menos caótico y las avenidas más ordenadas.
El chofer nos lleva a una casa que conoce en la que nos cobran solo dos dólares por alojarnos. Es una especie de torre privada que funciona como hotel. Al salir a inspeccionar el terreno aprecio que al otro lado de la calle, junto a la entrada de un recinto, hay más luz de lo normal en comparación con el resto de oscuras calles. Entramos al interior del recinto y resulta ser el banquete de una boda hindú, de casta alta. Tras un cruce de miradas con algunos de los invitados, acude a nosotros un señor que amablemente nos invita a pasar a celebrarlo con ellos. Resulta ser el padre de uno de los novios. Nos dan de comer y de beber una y otra vez. Me siento como un negro en una boda de blancos pero me gusta, aunque no pintamos absolutamente nada. Es otra de las realidades de la India, el contraste, a un lado un banquete y apenas a sólo unos metros, fuera del recinto, gente que nace, vive y muere en la misma calle. Los invitados visten elegantes atuendos de saturados y vivos colores en sus trajes, aunque también podemos ver algunas camisetas de diseño, perfectamente occidentales. La gente nos mira con admiración y felicidad. Mas tarde, me entero de que en una boda india la mera presencia de un occidental es símbolo de prestigio para ellos. Voy retratando a varios de los invitados, esto no sucede todos los días. Nos insisten de nuevo en volver a comer, me inflo de pasta típica, agradable, no picante, y de rotis (pan tipo tarta fina recién hecho). Nos dan vasos de agua de los que sólo yo acepto en confianza sin saber la procedencia. El grupo les repite en reiteradas ocasiones que no tienen sed, dando ligeras sospechas a los que se los van ofreciendo de que tienen algún apuro por el tema sanitario. Pero yo no creo que haya ningún peligro aquí, todo es selecto y bueno. Tras conocer a la mayoría de los invitados, nos presentan al fin a la pareja de recién casados. Nos fotografiamos y voy al hotel para imprimirles una copia en mi pequeña impresora digital y regalársela en señal de gratitud.
Salimos de la boda y nos dirigimos al centro para visitar los templos: el Kitty Palace, el Palacio del Viento, el templo de Shuomani, la Ciudad Antigua y el templo de Jausarth. Luego de una rápida visita nos vamos a 15 kilómetros de la ciudad para visitar el fuerte Amber, una imponente fortificación, repleta de monos, que se eleva sobre una colina rocosa junto a un pequeño lago. Lo primero que encuentras al entrar en el fuerte son niños, pequeñas manadas que te rodean tratando de venderte viejas postales de colores. Los dejo venir y trato de explicarles que justamente postales es algo que no necesito, estoy cargado de fotografías. Les muestro alguna con el mismo motivo que sale en la postal y dejan de insistir, aunque lo hacen con una gran sonrisa, se dan cuenta de que tienen poco que hacer y les doy algunas monedas por alegrarme la visita. Uno de ellos empieza a chutar una pelota y al poco tiempo estamos todos jugando alrededor del templo. De vuelta a la ciudad me quedo fascinado con la belleza del Palacio de Agua, un pequeño palacio situado en medio del lago cuyas columnas y bóvedas se reflejan majestuosamente en las plácidas aguas que lo bordean. Comemos en un local recomendado por nuestro conductor, donde por tan sólo 1 dólar te sirven en una bandeja similar a las de los comedores de escuela diversas comidas típicas de la región. En todas ellas figura el omnipresente arroz.
Ya aparcados en el centro de Jaipur, aparece de repente un hombre, como salido de la nada ─siempre son comerciantes los que salen de la nada─ que nos habla en perfecto español, aprendido, según nos cuenta, durante su estancia en Sabadell. Nos aconseja subir a una azotea para ver mejores vistas del centro, previendo ya que pronto veremos su mercancía. Se trata de bisutería, bastante bonita y sofisticada. Por otro lado, pensamos que podemos sacar algo por ella al revenderla en otra etapa del viaje, Australia, por ejemplo. Mientras mis compañeros se quedan aún un rato en la tienda me voy a comprar algo de fruta y acudo con el chofer a un pequeño templo. Es martes, día de rezo. La devoción que muestran es impresionante, no hay duda, la religión forma parte de la vida en la India. Nadie es indiferente, y todos se respetan, pese a la gran cantidad de religiones existentes. Me siento en las escaleras y me quedo leyendo un fragmento de la guía donde se muestran las características de las diferentes religiones:

El hinduismo es la más extendida. A diferencia del cristianismo o la religión musulmana no está ligada a un dogma sino que es resultado de una evolución religiosa y cultural. Su característica principal es la creencia en la trasmigración de las almas y en la reencarnación. El Karma, la suma de los actos que realiza a lo largo de su vida una persona, no son recompensados con un cielo o con un infierno, si no en una próxima vida. Se trata de una religión no escrita, es más una actitud ante la vida. Un Hindú puede tener cientos de dioses, uno para cada cosa o no creer en ninguno. Sus tres dioses principales dentro de un orden jerárquico son: Brahma, Vishnu y Shiva.
El budismo, pese a que Buda nació en la India, está, paradójicamente, más extendido fuera de la India. A diferencia del hinduismo, el cumplimiento de sus preceptos te libera del ciclo de las reencarnaciones, llevándote a un “cielo”, el Nirvana. La doctrina budista considera primordial una conducta recta, la tolerancia y la renuncia a todo empleo de la violencia. Es contrario a las supersticiones y las divisiones en castas.
El Jainismo es una doctrina de auto salvación basada en un rechazo total a la vida mundana. El respeto a la vida de los seres vivos, incluso las más insignificantes criaturas es su precepto máximo. Es curioso ver a los Jainistas con un pañuelo de protección en su boca para impedir dañar un minúsculo mosquito o verlos mirar constantemente por donde pisan.
Los Siks son los seguidores de una religión mixta entre el Hinduismo y el Islamismo. Son monoteístas, aunque creen en la reencarnación y en la migración de las almas. Su centro de veneración lo ocupa el Granth Sahib (Libro Sagrado) Es curioso que los practicantes de esta religión, tanto hombres como mujeres jamás se cortan el pelo, llevando la cabellera recogida dentro del turbante. Los Siks no fuman ni beben y renuncian a todo lujo, consideran iguales a todos los hombres. Sin embargo no son pacíficos, por fanatismo pueden llegar incluso a ser violentos.
Los Parsi son monoteístas y partidarios de la doctrina de Zaratustra. Veneran los elementos de la naturaleza, el fuego, el agua y la tierra. Así como la mayoría de estas religiones queman a sus muertos, los Parsis los abandonan para que sean devorados por los buitres y puedan incorporarse al ciclo de la naturaleza.
El Islam se basa en la sumisión a un Dios, Alá, la base de su doctrina está en las palabras de su Dios plasmadas en El Corán. Tienen cuatro obligaciones básicas: Orar cinco veces al día, dar limosna, ayunar durante el mes sagrado de Ramadán y peregrinar, al menos una vez en su vida, a La Meca.
Salgo del templo y, como impulsado por un repentino fervor religioso que, por otro lado, reconozco como pasajero, retorno al Palacio de los Vientos y me quedo contemplando su fachada por unos minutos. Es imponente, rosa y blanca, con esos pequeños miradores y los millares de ventanas y celosías; donde las damas de palacio podían mirar sin ser vistas. Es un edificio de cinco pisos y los dos superiores, mas estrechos, dibujan la cola de un pavo real.
Dejo el palacio y me introduzco en un pequeño templo hindú situado en medio de la calle, iluminado con multitud de velas y repleto de flores colgantes. Fotografío detenidamente a los asistentes y no me ponen ninguna pega, creo que voy aprendiendo. Mientras espero al grupo fotografío a unas vendedoras sentadas en el suelo. Cuando acabo me hacen gestos, pidiéndome algo. Entiendo que es limosna lo que piden y les doy algunas monedas pero la más anciana no parece contenta y me pone muy mala cara. Miro al chofer y me aclara: lo que en realidad quieren es la fotografía, ellas no piden limosna. Me ruborizo, no puedo evitarlo, y me marcho como buenamente puedo: acabo de hacer de perfecto guiri que no se entera y, además, prepotente.
Tengo ya completas las 3 tarjetas de memoria de la cámara, así que las dejo en una tienda para que me graben lo que será mi primer CD. Mientras esperamos conocemos a unos críos y les regalamos unos plátanos y unas rupias, ellos aceptan las monedas encantados. Pasado un rato vuelvo a la tienda a recoger el CD y al entrar me doy cuenta de que los trabajadores están muy atentos revisando mis fotos de Londres. Me preguntan y repreguntan; les encanta que les explique cosas de Londres, tengo la sensación de que les estuviese hablando de un paraíso. Uno de ellos es muy joven, me recuerda al típico informático hindú, amable y con pinta de aplicado, con las obligadas gafas de montura dorada. Según mi prima Natalia, la razón de que los mejores informáticos del mundo procedan de India está en que la mayor parte de los cálculos matemáticos que realizan los hacen mentalmente. El CD con las 3 tarjetas me cuesta 350 rupias (5$), justo el doble de lo que cuesta en España, pero prefiero pensar que han sido honestos.
Caminando nos encontramos con una celebración en mitad de la calle, miles de personas con farolillos metálicos. Es la celebración de una boda. Aparece ante mí un personaje peculiar: larga melena oscura y vestimenta a lo drag queen. Lo retrato hasta que me pide dinero y trato de sacármelo de encima. El chofer me confirma: no le deis dinero, son los mismos de la celebración los que le pagan. Se trata de una especie de animador místico-festivo.
De regreso al hotel comprobamos que se está celebrando otro banquete nupcial justo en el jardín. Lo contemplamos desde la terraza, fumándome un biri (cigarrillo corto, típicamente hindú) con el chofer. Bajamos al jardín y en menos de lo que canta un gallo ya estamos otra vez invitados. Al verme de nuevo comiendo de gorra sólo por ser occidentales me viene a la cabeza lo que pasaría si un hindú se autoconvidase en una de nuestras bodas, tan perfectas. Charlamos con ellos, por los alimentos y los ropajes ya se aprecia que son de casta alta, muchos tienen negocio propio, alguno, incluso, nos comenta que posee joyerías en Londres. Me lamento al ver al chofer en el balcón y no en la celebración, no se siente invitado. Llega la novia en una especie de carro real, que transportan hasta el altar donde desciende y yo aprovecho para disparar: es mi instantánea preferida hasta el momento. El fuerte colorido del traje de seda, bordado por todas partes, la naturalidad de su mirada, las manos tatuadas de henna, el encuadre, la luz, todo me parece perfecto. He captado ese instante, tan difícil y tan valioso. Tras la comida empieza el baile, grandes éxitos americanos con incluso alguna “Macarena” o “Asereje” incluidos, y no en nuestro honor. Acabamos autoinvitando al chofer, bailando y tomando una copa con él. Y es que en un boda hindú hay momentos en que es realmente difícil quiénes están invitados y quiénes no si el recinto es un enorme jardín y los invitados se cuentan por centenares.

PUSHKAR: EL FESTIVAL DE CAMELLOS

Siguiendo la recomendación de mi prima Mabel, nos dirigimos ahora hacia Puskhar, un trayecto de unas 3 horas. Este pequeño pueblo, tranquilo y acogedor ―cosa rara en la India― es conocido por tener una de las ferias de comercio de animales más conocidas: el Pushkar Mela (dedicado a Brahma), en la que nómadas de toda la India acuden por una semana al desierto del Thar, a las afueras de Pushkar, para vender sus camellos y sus caballos. Se realizan subastas durante varios días hasta llegar al momento cumbre: el día de luna llena. Es entonces cuando finaliza y todos los presentes, para celebrarlo, se bañan en las sagradas aguas del Lago Pushkar .
La primera impresión que nos llevamos de Pushkar es que parece cuidado, tiene menos miseria de lo visto hasta ahora. En el centro se erigen enormes casas azuladas cuyos tonos se confunden con la visión lejana del lago. Las calles son estrechas y muy transitadas, gentes y viajeros de todos los rincones que se reúnen en este momento del año, una mezcla de atuendos, rostros y lenguas que no pasa desapercibida. Hacia las afueras, junto a pleno desierto, se realizan todas las actividades del festival. En el camino hacia allí me llama la atención un vetusto parque de atracciones, como de hace 50 años, los alambres y las torres parecen estar a punto de desplomarse con sus sonrientes ocupantes. Junto al parque se encuentra una enorme explanada, sí, estamos en pleno Rajastán, con alguna pequeña montaña y arena y más arena que empieza a formar el desierto del Thar. Contemplar el espectáculo desde lo alto de la explanada es hermoso, tierra y tierra que cambia de color con la luz del día y, a lo lejos, el desierto, oscuro y silencioso. En una esquina, mezcladas entre las tiendas de vivos colores, las siluetas de los camellos y el bullicio. Es uno de los mejores momentos en lo que llevamos de viaje y lo guardo agradecido durante un par de horas con mi cámara.

Pushkar también se puede reconocer por la gran cantidad de pequeños comercios relacionados con la bisutería. Miramos en algunas tiendas anillos, pulseras y collares. Yo espero comparar productos y precios ya que tengo la impresión de que los artículos que veo por aquí serán aun más baratos en otras urbes. Se gastan unos 100 dólares cada uno en el material, cada joya tiene un 92 %de plata aproximadamente. El precio medio de un juego de anillo, pulsera y pendientes es de aproximadamente un dólar. En una de las calles junto al río me encuentro a un anciano rasta de religión sik (con más de 1 metro de cabello) que vende una especie de tarjetas religiosas. Le fotografío disimuladamente junto a la pared en la que está apoyado, un bonito fondo azulado, con la esperanza de que no me pida dinero (si tuviese que dar a todos los que inmortalicé en mi cámara se me acabaría el presupuesto en dos días). Antes de que caiga el sol vamos a la terraza de un bar, junto al lago, para descansar y tomar un refresco. Desde allí contemplo el magnifico atardecer, de postal, rodeado de malabaristas y músicos ambulantes tocando el djembe.

Es una pena pero debemos retornar a Jaipur a hacer noche, lamentablemente decidimos dejar allí las bolsas. En el camino de retorno nos volvemos a encontrar un banquete de boda.¡Desde luego parece que es la época de las bodas! Como ya expertos, nos autoinvitamos y conseguimos comer algo cosa, algo cansados, eso sí, por lo que decidimos dejar el día por zanjado. Ha sido un día interesante por todo lo visto y vivido, un día provechoso, estoy contento, por mí y por mi fiel compañera: mi querida cámara.

AGRA: EL TEMPLO DE LA TRISTEZA.

De Jaipur a Agra hay 6 horas de camino. La carreteras es horrible, llena de baches y curvas. Vamos muy lentos, y por el camino nos encontramos pidiendo dinero por ver a sus mascotas haciendo piruetas. Se trata de osos malayos ―de aspecto similar aunque más pequeños que los osos pardos de nuestra península―, especie casi en peligro de extinción (solo quedan unos 80). Los ponen a caminar y a dar saltitos para hacer gracia a la gente. Los fotografío y esta vez sí me toca pagar alguna moneda aunque me dé rabia, en realidad estoy contribuyendo a la explotación. Fotografío a un segundo oso desde el coche y nos marchamos, la carretera es algo mejor y, además, ya no hay peajes. A mitad de camino hacemos un alto en un restaurante. Mientras el grupo acaba de comer merodeo por la zona en busca de algo interesante y cuando acudo de nuevo al restaurante ya no están. Viene un camarero enfadado y me entrega una moneda, resulta ser la moneda que dejaron (inocentemente) de propina, es una cantidad demasiado ridícula para su orgullo. Vuelvo al coche y allí están, nos reímos algo avergonzados y nos preparamos para partir. Leo en uno de los folletos que voy guardando que hay un parque nacional muy próximo y en él aún quedan tigres. Digo aún porque de los 50.000 tigres censados a principios de siglo se pasó a 2.000 en 1969 debido a la caza indiscriminada. A punto de desaparecer, el ‘Proyecto Tigre’, iniciado en 1973 por el Fondo Mundial para la Protección de la Naturaleza junto al gobierno indio, consiguió que se crearan parques y reservas donde este magnífico animal pudiera sobrevivir. Me da pena no poder visitar el parque, no tenemos tiempo. ¡Otra vez será!
Al llegar a Agra me quedo decepcionado de lo que es la ciudad en sí, aunque ya me había hecho a la idea por los comentarios que escuche de otras personas. Parece mentira que en una ciudad que alberga una de las 7 maravillas realizadas por el ser humano no haya casi ningún reclamo más para su visita. Es realmente una ciudad desaliñada y poco atractiva pero el hotel en el que nos instalamos es muy decente. Busco algún local de Internet para comunicarme con familiares y amigos, los cuales no saben nada de mi existencia hasta el momento. Hay un solo local cercano, las conexiones fallan bastante y son excesivamente lentas. Se debe tener paciencia, ya que estamos acostumbrados a una rapidez absoluta incluso para las comunicaciones. El precio es de menos de medio dólar la hora. Tras saber que todos están bien y dejar el rastro de mis pasos, marcho tranquilo a la habitación donde me quedo dormido leyendo la historia del Taj Mahal:

La historia se remonta a principios del siglo XVII. El norte de la India estaba dominado por la quinta dinastía del Imperio Mongol y la capital del Imperio se situaba en Agra, una ciudad situada a unos 200 Km de Nueva Delhi. El emperador mongol, Shah Jahan, sufrió la pérdida de su segunda esposa, Arjumand Banu Begam (la más amada por él), tras dar a luz a su decimocuarto hijo durante una campa ña militar en Burhanpur, y tal era el amor que sentía el emperador hacia ella que mandó construir el mausoleo más hermoso jamás construido: el Taj Mahal. La construcción de esta magnífica obra arquitectónica duró 22 años (1631-1653), y fueron necesarios 22.000 trabajadores y más de 1.000 elefantes para transportar los materiales traídos de todos los rincones de la India y Asia, así como las piedras preciosas traídas desde Bagdad, China, Afganistán, el Tíbet, Egipto, Persia, Yemen, Rusia y Ceilán, con el objetivo de decorar los interiores y exteriores de la construcción. El Taj Mahal, cuyo significado es “Palacio de la Corona”, se erige como una de las joyas más bellas de la humanidad, construida enteramente con mármol blanco, con incrustaciones de piedras preciosas y complicadas inscripciones caligráficas. Su diseño, basado en las tradiciones india, persa e islámica, ha inspirado a poetas y escritores de todo el mundo: “No es una pieza de arquitectura, como lo son otros edificios, sino las orgullosas pasiones del amor de un emperador labradas en piedras vivientes.”, “Diseñado por gigantes y terminado por joyeros” o “Falso bajo el sol, falso al claro de la luna, especie de pescado plateado construido por el hombre, con un enternecimiento nervioso” son algunas de las expresiones que ha inspirado esta gran obra. El monumento se sitúa junto a la orilla del río Yamuna, circunscrito en un recinto amurallado donde se incluyen esculturas, fuentes mezquitas y jardines. El diseño geométrico del Palacio se altera con la asimetría generada por la tumba de la princesa, situada a un extremo del recinto, junto al río. Las consecuencias de la construcción de esta obra de amor fueron la ruina económica del Imperio debido a los altísimos costes de la construcción. Esto favoreció que el hijo del emperador, Aurangzeb, le derrocase y encerrase en el Fuerte de Agra hasta el final de sus días. Desde su encierro Shah Jahan pudo contemplar su maravillosa obra de amor hasta su muerte.

Al día siguiente acudimos a la entrada donde hay una larguísima cola. El precio para el extranjero es de 15 dólares oficiales, demasiado para mi presupuesto. Mientras el grupo hace la cola para entrar al recinto, recorro los alrededores en busca de una solución alternativa para visitarlo, pero nada, solo doy con otra entrada de pago menos transitada (sin colas de turistas) situada en medio de laberínticos callejones donde predominan pequeños comercios. Sin haber conseguido mi objetivo, acudo nuevamente a la entrada principal y entablo conversación con un joven de seguridad a ver si me permite el paso. Parece simpático pero no puede hacer nada, no depende de él. Le comento que ese dinero me representa 4 días de gastos hasta que me indica que la mejor vista para él es donde acude la gente local, pasado un puente ubicado a unos 4 Km. al otro extremo del río. Al menos tengo una alternativa por el momento con lo que la esperanza recae. Al caminar hacia la salida del recinto observo unas familias que penetran por el fondo de un camino poco concurrido. Decido seguirles a ver si hay suerte y me emociono al ver que un señor que me quiere cobrar por entrar de forma ilegal. De 30 rupias que me solicita en un principio le bajo a 10. Sé que es una medida poco honesta pero prefiero que gane la moneda un particular que no el gobierno. La entrada es para llegar al río que bordea la muralla exterior. Desde allí contemplo muy de cerca la torre principal, aunque no debe ser lo mismo que desde los jardines interiores. Abandono ya más intentos y voy al coche en busca del chofer. Le comento que no quise pagar la entrada y que accedí muy de cerca del objetivo pero desde el exterior. Al explicarle sobre la zona al otro lado del río desde donde se puede contemplar, tal y como me explico el chico de seguridad, el chofer me responde que sabe a qué lugar en concreto se refería. ¡Por qué no me lo dijo antes! Me comenta que el amanecer y el atardecer son los mejores momentos para verlo. De momento tengo mis 15 dólares y la posibilidad de un intento de verlo desde otro ángulo gratuito al día siguiente.
Cenamos, debido a la insistencia de Luis, en una famosa pizzería americana. No recomendaría a nadie este tipo de gastronomía en un viaje que no fuera a EE.UU. ( a menos que sea un momento de antojo máximo) por el motivo de que no es parte de la cultura gastronómica de este país y porque económicamente vale el triple que la comida local. Por lo menos, los sabores de la pizza, algo picante, están adaptados al país. Al día siguiente me despierta el chofer a las 5;30 para ir a ver el alba junto al Taj Mahal desde la orilla del río. El grupo se queda en la cama. Al llegar me siento realmente feliz, rodeado de una densa bruma matinal a modo de decorado mágico junto al entorno del recinto. Éste es otro momento en el que juego sin parar con la cámara. Junto a la orilla del río hay unos críos musulmanes jugando y unas barquitas que dan paseos por la zona: realmente es el amanecer más bonito visto por mis ojos. Regreso al hostal a dormir un poco, a ver si puedo soñar con lo que acabo de ver como si todo hubiese sido verdaderamente un sueño: soñar lo que se acaba de ver, en vez de soñar con lo que se va a ver.
Comemos en un buen restaurante junto al chofer para invitarle por la ayuda y amabilidad prestada durante todos los días. A pesar de que no es un restaurante lujoso, el interior está prácticamente vacío y me siento algo mal al no comer en la calle. Veo más lógico dejar el dinero a un humilde vendedor de comida callejero que a un empresario de hostelería invisible que ni siquiera nos atiende. Tras la comida acudimos todos juntos para ver el atardecer del Taj Mahal desde la misma zona a la que acudí de madrugada. El grupo me comenta que desde este ángulo la toma general es mucho más bonita que desde el interior. El reflejo del palacio en el agua del río es sublime. Algún camello merodea por la zona para que los contados extranjeros que se enteran de este sitio puedan subir a sus lomos.

Volvemos al hotel y de nuevo a cargar con los kilos del equipaje para dirigirnos ahora a una estación de tren situada a unos 20 Km. rumbo a Benarés. Nos despedimos del que ha sido nuestro guía-amigo y le damos una buena propina de todo corazón, el pobre hombre cuenta con 3 hijos que mantener con un sueldo de tan solo 150 dólares al mes. Por si fuera poco, tras una gran y efusiva despedida nos regala una réplica en miniatura del Taj Mahal en señal de recuerdo y amabilidad, auténtica muestra del carácter orgulloso del ciudadano indio.

BENARÉS: LA CIUDAD DEL ADIÓS.

Antes de subir al tren me aprovisiono de una botella de agua para el trayecto y me dirijo a los lavabos de la estación. Entro y escucho unos angustiosos sonidos junto a la vía. Me asomo posteriormente a la vía para verificar lo que me temía: efectivamente se trata de centenares de enormes ratas que ocupan parte de la vía ferroviaria a modo de hogar y en la más repleta oscuridad. Aquí este tipo de odiados y temidos roedores están a salvo de todo peligro por parte del humano, no les hacen nada, incluso me enteré de la existencia de algunos templos en la India en los que parte de sus inquilinos son enormes ratas de casta sagrada, que conviven junto a los devotos que las alimentan sin ningún temor incluso con los pies descalzos.
Al subir al tren la impresión no es la que me esperaba. Cierto es que son máquinas de hierro ya desfasadas y oxidadas pero me lo imaginaba mucho peor. Buscamos los asientos pertinentes y ¡sorpresa!: se encuentran todos ocupados a modo de literas, uno de ellos por una anciana.¡Cualquiera se atreve a decirle algo! Sin saber muy bien donde ponernos, de repente reclinan las literas para convertirlas en asientos y ya podemos colocarnos. En total somos unas 8 personas en el compartimiento. Junto a mí están sentados un farmacéutico y un ingeniero con los que converso e intercambio mensajes escritos sobre papel. El texto que ellos me dejaron decía concretamente “India, el mejor país del mundo” y algo así como buenos deseos a vuestra llegada, bienvenidos. Se nota que están orgullosos de su país. Me habla de la reencarnación y recuerdo una historia que leí una vez:

“Una niña india, al aprender a hablar, les dijo a sus padres que su nombre era otro y que había vivido en Estados Unidos, especificando localidad y dirección. Según ella, tenía tres hijos y les dijo sus nombres. Y más crecía, más hablaba sobre esta historia y mayor era su angustia de no estar allí. Investigaron y se enteraron de que dicha persona había fallecido poco antes del nacimiento de la niña, pero sus hijos eran ya persona mayores y estaban con vida. La niña fue trasladada al lugar, reconociendo todo lo que allí había. Uno de los hijos recordó que al morir su madre no les había dicho donde estaban escondidas sus joyas. Al hacérselo saber, la niña mostró debajo de que árbol del jardín, las había enterrado y al cavar en ese sitio, aparecieron.”
Doy algún pequeño recorrido por el tren pero es todo igual, gente y más gente metida donde pueden. Me pregunto si todos habrán pagado el ticket y si pagaron el mismo precio tanto los que ocupan un asiento ajeno como los que ocupan el suelo de los pasillos. Sigo pensando firmemente que los vagones son mejor de lo que me imaginé. Finalmente convertimos de nuevo los asientos en literas. Donde creía que había solo 4 camas, resulta que salen 2 más del techo que ni pensé. Ocupamos los respectivos lugares de reposo cada uno, con la mochila a modo de almohada por si las moscas. El trayecto hasta Benarés dura media jornada.
Nada más salir de la estación nos asaltan los conductores de tuk tuks. Seguimos con las mismas, obviarlos educadamente hasta que nos damos cuenta de que estamos realmente alejados del centro y tomamos uno. Son sólo las 6 de la mañana y la calle esta repletísima de gente que va y viene en dirección al Ganges, el río sagrado de la India. Leprosos y apestados, brahmanes y opulentos, titiriteros y encantadores de serpientes, parias y jovencitas de piel tersa, pedigüeños, agonizantes: todos acuden a las aguas en una confusa masa. Allí se desnudan, lavan sus ropas, exponen sus vergüenzas, liberan sus pechos, dejan que sus túnicas se adhieran al cuerpo, meditan, cruzan las manos sobre el ombligo, pliegan y dislocan los músculos y las articulaciones en inverosímiles posturas de yoga, se afeitan, se cortan las uñas, se anudan el moño e incluso hacen sus necesidades. A cada segundo que pasa es más fácil perderse. Los roces de las mochilas con la gente que transita son frecuentes y algunos ponen caras enfurecidas, como si fuese intencionado. Lo comento entre risas mientras buscamos un nuevo alojamiento por calles más estrechas para evitar los atascos. Es la primera vez en India que tengo la sensación de haberme adentrado en ella, desde un punto de vista profundo y antagónico. Como dijo el escritor inglés Mark Twain “Benarés es más antigua que la historia, más antigua que la tradición”. Creo que jamás debe ser el primer destino a visitar en India. Es mejor dejarlo para el final, para apreciarlo realmente. A mi modo de definirla, y aunque suene duro, podría decirse que está ciudad sagrada y de peregrinación es, perdón por la expresión, “mierda con encanto”, ves todos esos seres olvidados y despreciados vagando sin rumbo, los continuos apagones, excrementos de vacas enormes en medio del camino, incineraciones de cuerpos muertos a centímetros de ti, ancianos esperando ansiosos la muerte,…, y todo esto rodeado y englobado por la una palabra en mayúsculas: suciedad.
Mientras seguimos en la búsqueda de una cama que no aparece, un joven que se aprecia de nuestro sin saber, nos indica un hostal. Vamos a visitarlo para tomar una referencia. Nos instalamos finalmente en el Yogi Lodge, del que puedo dar uno de esos datos interesantes de recomendación para el viajero como que “tiene las mejores vistas de Benarés”,aunque la decoración y los materiales no estén precisamente a la altura de la vista. La ubicación es muy correcta, escasos 300 metros de la orilla del Ganges. Tiene un ático doble exterior con la función de restaurante desde el que se puede apreciar toda la ciudad y el río. Los huéspedes son en su mayoría jóvenes. Las habitaciones son de lo más sencillas, disponen de lavabos propios, pero ¡qué lavabos!; o le falta el agua a uno o está inundado. El uso de chanclas se hace obligado si no tienes instintos suicidas. Una vez descargo el peso que cargue en mi espalda vamos a comer al ático. Pruebo el Chop Shuey, de sabor excelente y bonita presentación, será a partir de ese Chop Suey que me aficionaré, hoy es uno de mis platos favoritos.
Salimos del hostal para visitar la ciudad y unos jóvenes comisionistas nos quieren dar a entender que es corriente acompañarles a su “supuesta”propia tienda de telas de seda. Rechazamos la oferta de visita por el momento y visitamos algunos de los famosos crematorios situados tras estrechas callejuelas repletas de puestos de comerciantes y, por supuesto, vacas, vacas de todos los colores y todos los tamaños. Diviso en la cercanía las humaredas de los cuerpos incinerados sobre los Ghats (las terrazas junto a escalones que descienden directamente al río, allí es donde los hindúes incineran a sus difuntos). El Ganges es un río sagrado, eso es indudable, pero también es un río contaminado. Para solucionar parte de ese problema se ha procedido a una solución anecdótica: soltar tortugas carnívoras con la finalidad de que digieran los restos de los cuerpos humanos que se dispersan por el río. Junto a los crematorios se contemplan una serie de habitáculos, allí es donde los ancianos sin recursos esperan a que les llegue la muerte. Es desolador. Nos cuentan que la espera se vuelve más dura en cuanto han conseguido el dinero suficiente para pagarse los kilos de leña necesarios para su cremación. El agradecimiento por parte de los ancianos a los que se les da ayuda es enorme, y la satisfacción de sus caras es algo que jamás podré olvidar. Les entrego unas 100 rupias, algo normal para los casos de espera extrema.Según me comenta un autoproclamado guía que se adhirió a nosotros, no se pueden hacer fotografías en está zona, aunque existe la posibilidad de realizarlas si se entrega una suma de dinero a la familia del difunto. Personalmente lo respeto, pero no comparto el entregar unos 10 $ a alguien que va a quemar a un familiar cuando a pocos metros hay gente esperando la muerte. A mi modo de ver es como sacar un beneficio particular de una desgracia. Serán 10 nuevos dólares ahorrados por no sacar las fotografías que me hubiese gustado realizar de la muerte conviviendo con la vida. Recorro posteriormente diferentes ghats contemplando la multitud de personas que se bañan en el río, sumergiéndose incluso. Veo también a algún fiel que no tiene reparos hasta en beber sorbos de la oscura agua.
A principios del mes de noviembre se celebra en Benarés el festival de Kartik Purnina (luna llena), una importante fiesta con la que hemos topado casualmente. Por la noche toda la zona cercana al río queda cubierta de diferentes lamparillas, bombillas y velas de lo más variado acompañadas de una plena y radiante luna llena. Las barcas que pasean por el río reclaman hasta 50 $ para ver el espectáculo de farolillos y fuegos desde las aguas. En ella flotan barquitas con millares de pequeñas velas depositadas en el río a modo de ofrenda.
A un par de horas para la medianoche regreso al hotel tras pasar junto al templo de Kashi Vishwanath, El templo tiene una torre dorada de 15 metros de altura para cuya construcción se empleó una tonelada de oro puro donada por un Maharajá. La entrada a éste templo dedicado al Dios Shiva no está permitida a los extranjeros. Termino el día cenando en la azotea del hostal ante la magnífica e iluminada vista nocturna de la ciudad junto al débil reflejo de algún fuego artificial.

Dedicamos el siguiente día a visitar la ciudad de forma más tranquila. Me doy cuenta de que la gente por aquí no está tan encima del extranjero como en el resto de los destinos. Caminando por las cercanías, los barqueros me van insistiendo en coger sus barcas. El problema para tomar un bote es que, al ir solo, el precio se multiplica si no hay más gente. Durante el día grande del festival los precios se dispararon por la gran demanda que hubo y hoy que las barcas no se llenan, me sale caro porque no hay demanda ¡menuda paradoja! Un joven me hace una propuesta interesante si tomo su barca: me deja el precio de una sola persona y no el de un grupo. Le deberé recomendar a alguien que conozca, pienso. El remero es amable y para su desgracia hoy no hay mucho trabajo, por lo que prefiere llevarme a mi sólo que quedarse esperando a grupos que igual no aparecen durante el resto de la tarde-noche. En el recorrido me explica que a primera hora de la mañana es posible, aunque difícil, ver la presencia de delfines rosados (de morro redondo, típicos del paso del Amazonas por Colombia y Brasil, y del paso del Mekong por Camboya). Al cabo de un rato nos cruzamos con otra barca y su dueño me regala una de las velas que están flotan introducidas en pequeñas bases adornadas de minúsculos collares de flores anaranjadas. Al tomar la vela y depositarla en el río miro al hombre y me doy cuenta de que en realidad me la ha vendido y no regalado como había pensado de forma más que ilusa. Me la vendió desde un principio de una forma tan segura y rápida que la acepté casi sin pensar en que se debía pagar por soltarla. Para todo lo que sean ventas los indios son auténticamente genios del comercio: se te adelantan sin dejarte tiempo ni para reaccionar. Mientras nos alejamos de su barca me lo quedo mirando. Espero que no recoja la vela que me ha endosado para vendérsela a otro. Continúo la travesía por las tranquilas aguas hasta que desembarcamos frente a un crematorio y el barquero me presenta a la familia del difunto. Me comenta, como ya hicieron varios antes, que no se puede sacar fotos a menos que se negocie con la familia. Reconozco que por momentos me tentó la idea, no todos los días pasan ante tus ojos situaciones como está, estoy a escaso medio metro del cadáver, puedo diferenciar una pierna del brazo, ambos totalmente carbonizados. La familia del difunto ―por lo general un viejecito más bien anémico y desfallecido― lo transporta hasta el lugar de la cremación sobre sus hombros. Antes han envuelto cuidadosamente el cadáver en papeles, refajos y cintas de colores brillantes. El cortejo es grave, silencioso y desfila con lentitud. Por fin depositan el fardo con unción y le aplican fuego en varios puntos con la ayuda de unas largas varillas. En la operación intervienen todos: familiares, deudos, amigos del finado, incluso los niños. Es un ritual realizado desde hace miles de generaciones. Ni le falta ni le sobra nada, ha quedado así decantado en su aparente sencillez. A diferencias de nuestros protocolos funerarios de judeocristianos, este no asusta, no repele. Curiosa e inesperadamente ni siquiera el olor desagrada, como podríamos esperar. Estamos, en cualquier caso, a millones de años luz de los entierros occidentales, con su dulzona necrofilia, sus duros ataúdes y sus estribillos de pésame. En el mismo ghat en el que me encuentro, hay decenas de cuerpos totalmente envueltos esperando para la siguiente incineración, y junto a ellos, kilos y kilos de leña amontonada. Acabo de contemplar a la muerte como lo que es, algo normal y transitorio. Trato de sacar alguna fotografía de los crematorios desde la distancia pero no me quedan bien, es de noche, el motivo está alejado y no puedo sujetar bien la cámara en el bote. Me despido del joven prometiéndole mis más fieles recomendaciones por los servicios prestados.

Al día siguiente me dedico a pasear por el centro. Por las calles más transitadas hay cientos de tiendas de artesanías que merecen ser visitadas. Y es que Benarés siempre ha tenido fama por su artesanía. El trabajo delicado y minucioso en los saris (el vestido tradicional de las mujeres en la India), en las alfombras y en los objetos de madera es simplemente extraordinario. Todas las mujeres indias sueñan con ellos. Los tejedores locales fabrican seda que tiene demanda no solamente en la India sino también por todo el mundo. El detalle con que están fabricadas las alfombras de Bhadohi es comparable a cualquier alfombra persa o similar. Además, Benarés también es famosa por las Gharanas, familias que tienen por tradición la música clásica y por los instrumentos de música. Aparte de los saris y las alfombras de seda, también se pueden encontrar objetos de bronce, cobre, marfil, y de piedra trinchada, asimismo pulseras de cristal, juguetes de madera y de cera, obras de zari y joyas exquisitas de oro. Los lugares principales para ir de compras son City Chowk, Godoulia, Vishwanath Lane, Gyan Vapi, Thatheri Bazar, Dasashvamedh, Goldhar y Lahurabir. Todas las tiendas donde se vendan artículos pequeños para regalar o recuerdos del lugar, y que están licenciadas por el Comité de Turismo del estado de Uttar Pradesh son buenas para comprar cosas originales.
Estoy mirando absorto objetos en una tienda cuando se produce un apagón y permanece todo a oscuras durante unos minutos. Mientras permanezco en la más completa oscuridad me pongo a pensar en que éste es el único momento en la calle hasta la fecha, en el que he pasado totalmente desapercibido. Es un momento digno de apreciar, al principio te puede hace incluso gracia sentirte grande y especial, ser el foco de atención y generar las miradas de los demás pero con el tiempo se puede hacer insoportable si no te habitúas.
Antes de acostarme recuerdo la noticia que me dado mi madre: El Príncipe se casa con una periodista del telediario. No sé quien es y tampoco me importa mucho, aunque pasa por mí la imagen de una presentadora que recuerdo haber visionado alguna noche. Pero pronto me doy cuenta de que en vez de pensar en la cara de susodicha debería centrarme en espantar a un pequeño lagarto enganchado de la pared del cuarto.¡Esto es India!


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